martes, 18 de marzo de 2008

¡Despertar de nuestro letargo y manifestar públicamente a Jesús!

Martes 18.03.2008
Editorial - Programa Nº 328

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Estamos en un tiempo de reflexión, de retrospección, de examinar nuestro interior. Durante este fin de semana del tiempo de Cuaresma se me presentaron sentimientos un poco encontrados de sorpresa y de novedad, producto de lo que sucedía a mi alrededor y, paradójicamente, me planteaba una serie de dudas.

Frente a la pantalla de televisión, por un lado, la intolerancia y la violencia. Otro muerto, producto de la desesperanza que se presentaba a través de la violencia de mucha gente que levantaba estandartes de guerra, que despreciaba la vida y el amor. Y, en contraposición, se nos presentaba un festival que un pastor evangélico, junto con gran parte de la comunidad evangélica de nuestro país, organizaba en el centro mítico de Buenos Aires, el ombligo de nuestro país: el obelisco. Un lugar elegido por lo general para festejar tantos acontecimientos. A veces también en el obelisco se reúnen para protestar. Pero esta vez estaba allí un grupo muy numeroso de hermanos cristianos, convocados por un pastor evangélico que ha hecho de su vida un camino de transformación para la gente, armando festivales en distintas partes del mundo.

Me golpeaba en el corazón y en el cerebro este contraste entre la violencia y la paz. Muchísima gente reunida allí en el centro de nuestra ciudad de Buenos Aires nos mostraba cuántas personas esperan un mensaje de paz, cuánta gente aguarda una palabra de amor, una caricia en el alma. Jóvenes, niños, ancianos cantando, celebrando la vida y escuchando el mensaje que este argentino radicado en Estados Unidos vino a traer al país.

Por el otro lado, el luto de la violencia y de la muerte, de lo incomprensible del hombre. Paradójicamente, esto se presenta en este fin de semana que celebramos el Domingo de Ramos. El cual tiene dos situaciones trascendentes en la celebración: un pueblo vivando al Rey batiendo palmas y levantando olivos, y como contraste, el abandono en el despojo de la cruz.

Para cerrar este editorial y concluir, me queda una gran pregunta que me gustaría trasladárselas y poder compartirla con ustedes ¿Por qué nosotros los católicos estamos tan desmovilizados? ¿Por qué, si tanta gente anhela la paz, nosotros no somos capaces de juntar más de un pequeño grupo de gente para determinadas situaciones y manifestar públicamente el AMOR a Dios?

Los católicos nos reunimos en las peregrinaciones a Luján o en grandes eventos puntuales, como las fiestas fuertes de la Iglesia. Pero no tenemos la necesidad de juntarnos a gritar que queremos la paz y reunirnos en forma masiva. Creo que todos estamos detrás de un mismo objetivo. Todos seguimos a un mismo hombre Dios, todos portamos una cruz como estandarte. Sin embargo parece que algunos tienen una mayor capacidad de gritar a los demás: "Presente". Los que seguimos a Jesús y llevamos adelante su mensaje todavía estamos tratando de reunirnos y de juntarnos y de organizar comisiones para ver cómo lograrlo.

Carlos Guzmán
Coordinador de Contenidos
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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