miércoles, 30 de abril de 2008

Educar en valores, un compromiso de todos para un futuro mejor

Martes 29.04.2008
Editorial - Programa Nº 334

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“Educamos para que los jóvenes tengan vida abundante y fecundidad como hombres y mujeres, para que sepan dar vida y hacer que otros crezcan y sean fecundos.” Estas palabras las expresó nuestro cardenal primado, Monseñor Bergoglio, la semana pasada en una misa multitudinaria, donde había gran cantidad de alumnos y autoridades docentes. Esto sucedía el pasado 23 de abril, día en que la Iglesia celebra a San Jorge. Seguramente ustedes tendrán presente la imagen de este santo, montado sobre un brioso caballo blanco y con una lanza que atraviesa al dragón. El dragón para distintas culturas es, tal vez, el símbolo de la maldad y, me atrevería a decir, el símbolo de los miedos.

“Se impone un pacto educativo”, decía Monseñor Bergoglio. Todos somos educadores y debemos hacernos cargo de la educación, por ejemplo educar a nuestros hijos, educar a los que atraviesan su etapa escolar. Esto se supone que es una responsabilidad de la toda sociedad. Todos somos padres, todos somos docentes desde el rol y lugar que nos toque ocupar dentro de esta sociedad. Todos tenemos que asumir la responsabilidad de la educación de nuestros hijos y de todos los niños y jóvenes que pueblan nuestro país. Este es un compromiso para un mundo mejor.

La educación, como todos sabemos, atraviesa un proceso de crisis. En estos tiempos, los que tenemos cierta edad recordamos con añoranza nuestras épocas de haber pasado por las aulas, donde hoy se ha perdido todo tipo de valores. Los jóvenes ingresan a esos lugares, que deberían ser recintos sagrados, para poder aprender. Pero lamentablemente, muchos de ellos ingresan con armas, con altos grados de violencia, resentimiento y con cierta cultura del odio. Este es un tema que nos debería preocupar a todos.

Bien decía nuestro Cardenal que hay tres imágenes en nuestra educación que tienen que ver con los jóvenes y que deben materializar fundamentalmente los docentes, apoyados por todos nosotros.

1. La poda: para que los niños tengan límites. Limites para poder crecer. No para coartarles la libertad, sino para que crezcan rectamente y como corresponde.

2. La contención: porque los educadores deben tener esa sabiduría para evitar la dispersión y para poder fortalecer aquel ideal de cuerpo y de comunidad. De cuerpo sano y de comunidad sana.

3. El fruto, fecundidad: más allá de su formación académica, pobre para nuestros tiempos, se necesita profundizar más en el conocimiento. La tecnología vino de repente a quitarnos capacidad de lectura y de razonamiento.

El otro día compartía junto a mi esposa un programa referente a la Matemática y a la poca utilización del razonamiento que tienen los chicos hoy. Se les explica y se les da las soluciones. Cuando, en nuestra época, era mucho más importante resolver problemas porque nos agilizaba la mente y nos preparaba para hacer frente y superar las dificultades que se nos presentasen en la vida. Buscar soluciones, investigar y razonar.

Además de lo formativo, está la otra parte importante de la educación y totalmente complementaria, la que debemos ejercer en nuestros hogares y que tiene que ver con la cultura de los valores. Parece que lenta y progresivamente vamos perdiendo la acción de cultivar aquellas cosas que nos fueron enseñadas por nuestros mayores. Una sociedad que se aleja de sus valores es una sociedad que se hace más autista, más egoísta. Un niño pre-adolescente o un adolescente que no tenga celular no existe. Esto nos lleva a la cultura del tener, no a la cultura del cultivar.

Ya no leemos, leer pasó a ser una antigüedad. No leemos más ni Juvenilla, ni Robinson Crusoe. Ahora todo es jueguito, ahora todo es violencia. Y esta sociedad nos la devuelve a través de los medios, que han ido creciendo y multiplicando su oferta. Éstos nos devuelven agresividad en programas donde se muestra no sólo la violencia en sí misma, sino la degradación del hombre, el comercio de personas que hacen cualquier cosa por ganar una miserable moneda.

No quiero dejar pasar esta oportunidad y decir que coincido absolutamente con el Cardenal Bergoglio en cuanto a la responsabilidad que nos cabe en esto de ser coherentes con lo que esperamos. Debemos apoyar a nuestros docentes y no desautorizarlos. Porque hoy sucede muy a menudo que los padres nos ponemos del lado de nuestros hijos y desautorizamos a los adultos que los están formando, quienes, tal vez, no estén tan bien formados como deberían.

Hoy en día no se da al colegio el valor de “nuestro segundo hogar”. Creo que como sociedad ya no lo valoramos de esa manera, los docentes, gobiernos y padres nos hemos dejado estar y, en consecuencia, tenemos una educación absolutamente careciente.

Volvamos a trabajar en la educación de los valores si esperamos que nuestra sociedad cambie, si esperamos cambiar el mundo. Empecemos por trabajar en lo que es la educación del futuro, la de nuestros hijos, apoyando a los docentes desde nuestro hogar. No los desautoricemos y pongámonos las pilas en tratar de mostrar un mundo mejor. ¿Cómo? Desde nuestros ejemplos, desde nuestras actitudes, dejando de lado todo aquello chabacano que hoy vemos a través de los medios.

No perdemos nada si apagamos la televisión en los horarios centrales donde nos muestran cómo la gente, por un poco de dinero, hace cualquier payasada. En cambio, ganamos mucho si nos ponemos a escuchar música o a leer un buen libro, tratando que también nuestros hijos lo hagan porque es fundamental.

Carlos Guzmán
Coordinador de Contenidos
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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