martes, 27 de mayo de 2008

Los niños de la guerra

Martes 27.05.2008
Editorial - Programa Nº 338

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“Dejen que los niños vengan a mí”. De esta manera Jesús nos invita a reflexionar sobre las actitudes que muchas veces tenemos con aquellos que son la parte más indefensa de la sociedad.

Leí un cable que dice que la coalición internacional para acabar con la utilización de niños soldados dio a conocer el Informe Global 2008. Allí menciona que existen entre 250 mil y 300 mil menores utilizados en conflictos armados. Me llama la atención la palabra que utiliza un alto mando del ejército de Sha, que dice que “los niños soldado son ideales porque no se quejan, no esperan que les paguen y si les dicen que maten matan”.

Si bien no hay cifras oficiales, estos números que acabamos de compartir son bastante próximos a lo que es una realidad impresionante. Alrededor de 300 mil niños sufren la situación de ser utilizados para la guerra. Quería traer este tema muy a cuento porque los niños son los seres más débiles que tenemos dentro de una sociedad, junto con los ancianos. Por esta razón, los más chicos son un negocio muy interesante.

Me produce mucho fastidio y dolor la información que a diario recibimos de hechos que han sido suscitados por niños, niños violentos, que atacan, que matan, que son prostituidos, robados, vendidos. Abundan los informes sobre la prostitución infantil, tanto la producida físicamente como la virtual que bombardea la web. Niños que no han podido descubrir otra vida diferente que la de la pobreza, la miseria. Niños de la calle que son levantados para ser utilizados en los comercios más viles, para la venta de droga, para el robo.

Los otros días escuchaba esa noticia aberrante según la cual dos menores, dos nenes mataron a una nenita. Realmente, uno se estremece por este tipo de hechos. Pero más allá del estremecimiento, de la tristeza que nos produce, creo que como sociedad debemos pensar qué es lo que estamos haciendo, qué estamos construyendo, qué estamos permitiendo.

Hay una serie de complicidades que permiten que este tipo de cosas sucedan. Tenemos uno de los niveles educativos más bajos de la historia de nuestro país, una escuela pública que realmente deja muchísimo que desear, docentes que están más en la queja que en la formación. No lo digo como una generalización, es una realidad. Maestros mal pagos, que trabajan en escuelas absolutamente carentes de todo, con niños que provienen de hogares pobres y violentos, donde los valores brillan tal vez por su ausencia.

Estamos en una sociedad en estado crítico. Vivimos en una sociedad colapsada, donde los valores parecen cosa del pasado. Me tocó compartir, hace unos días atrás, un pensamiento con mamás y papás con los cuales yo trabajo en catequesis familiar. Hablábamos de los tiempos en que nosotros éramos niños, hace treinta, cuarenta o cincuenta años atrás. En ese entonces la pobreza era mucho más digna, la educación era más importante, existían valores y había respeto.

Hoy, tenemos una sociedad totalmente hipócrita, que se entretiene con los chupetes que en la televisión nos ponen y no queremos mirar lo que sucede alrededor. Uno se conduele cuando ve un padre que le han robado un hijo, por la venta de órganos o porque lo han sacado del país, pero no hacemos mucho más que eso. ¿Qué podemos hacer? Por lo menos, tenerlo presente. Trabajar por una sociedad donde se renueven los valores familiares, no dejar que sigan destruyendo nuestras familias. Si observamos los medios de comunicación, si escuchamos las canciones que les gustan hoy a nuestros jóvenes, vemos que todo apunta a la destrucción de la familia. Y cuando se termine de destruir la última familia, este mundo va a dejar de existir, porque vamos a perder la última célula viva que nos mantiene atados a Dios: familia con valores.

Pero nosotros estamos todavía muy ocupados en enfrentamientos, discusiones, mirando quién ganará en el partido o quien tendrá razón en una discusión. Y en los chicos y en los jóvenes, ¿quién piensa? ¿A quién le importa si todos lo chicos, en el granero del mundo, comen todos los días? ¿A quién le importa si tienen una buena educación, si tienen valores? ¿A quién le importa que haya aumentado el consumo de alcohol en menores de edad? A quién le importa si, de repente, tenemos a alguien que dice defender los intereses de los más desposeídos y, con una sola de sus carteras, cincuenta niños comerían durante una semana.

¿Por dónde pasa nuestra realidad? ¿Qué diario viejo estamos comprando que todavía no podemos entender que nuestro alrededor se está destruyendo? El mundo y nosotros no lo alcanzamos a ver. Que las cosas no alcanzan, que el dinero no alcanza, que la inflación… Y no me cabe duda porque lo sufro como todo el mundo. Pero si no construimos valores, si no defendemos a los niños evitando que se siga robando, interviniendo cuando vemos cosas raras, denunciando, teniendo en claro por dónde pasa el respeto que debemos tener por ellos, nuestros hijos, todos los niños de nuestra sociedad, ricos y pobres, buenos y malos, seguirán sufriendo.

Con mucha razón el otro día una oyente decía en un mensaje: “nadie tiene derecho a juzgar” y eso es verdad. Nosotros no podemos juzgar a nadie, pero sí tenemos derecho a gritar la verdad que Jesús nos propone: háganse niños. Pero para hacerse niños hay que entenderlos y hay que descubrir que son nuestro futuro. Si seguimos permitiendo que se destruya nuestra infancia y nuestra juventud, que sigan robando niños, que los sigan drogando, no vamos a poder recuperar nuestro país. Ojala tengamos muy presente esa simples palabras de Jesús “Dejen que los niños vengan a mi”.

Carlos Guzmán
Coordinador de Contenidos
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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