miércoles, 18 de junio de 2008

Amar a tu prójimo

Martes 17.06.2008
Editorial - Programa Nº 341
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“Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo” .

Curiosa paradoja del Señor, que siempre tiene la palabra justa en el momento oportuno para que podamos discernir y entender lo que nos pasa en estos momentos de desentendimiento, distancia y diferencia. Prácticamente cien días de diferencias entre hermanos, en los que actuamos como si fuéramos parte de mundos distintos, de filosofías y pensamiento diferentes. Y parece que las partes no hacen al todo, ya que se miran, se miden y se estudian como enemigos.

Y Jesús nos viene a decir en este evangelio “amen a sus enemigos y rueguen por ellos”. No importa aquí quiénes tienen la razón, porque después de cien días parece que dejó de ser importante que todos hemos perdido la razón, nos hemos visto envueltos en esta estéril discusión, en este diálogo de sordos, en un no querer escuchar y una soberbia que no deja ver ningún tipo de realidad.

Vivimos en la posición de la propia conveniencia, sin encontrar el punto de equilibrio para que esta sociedad sea fundamentalmente justa, que es lo que el Señor espera. Como bien nos dice el evangelio de Mateo, Dios hace salir el sol para todos, un sol que nos ilumina, que nos da calor y también hace caer la lluvia para que nuestros campos puedan ser aprovechados, para que la tierra dé sus frutos y nosotros, hijos de esta tierra, también podamos disfrutar de la mies que de ella se puede recoger.

Vivimos en un paraíso, pero permanentemente nos ponen en medio la manzana y la mordemos. No somos capaces de entender lo que Dios nos ha dado, lo que nos regala, no podemos entendernos entre hermanos. Hay una frase que dice: “Cuando dos o más se reúnen en Mi nombre, allí estaré yo en medio ustedes”. Si deseamos que venga en medio nuestro debemos tratarnos mejor. ¿Por qué esta diferencia entre hermanos, este permanente odio, este rencor, este crear abismos entre unos y otros si todos vivimos en la misma tierra con un mana indescriptible que nos ha dado Dios para poder aprovechar?

Ámense los unos a los otros como yo los he amado. Ése es el mandamiento primero. El 90% de nuestra población dice ser católica, dentro del 10% restante, muchos son cristianos. Por lo tanto, esto que proclama Jesús es una palabra para todos, además, es parte de la humanidad del hombre. Ámense los unos a los otros, ama a tu enemigo reza por él, pide por él. Alégrense de un lado y de otro porque tienen la oportunidad de ver nuevamente el sol de la mañana y caer la lluvia. Vivimos en una cuasi tierra prometida. Tenemos hermosos climas, magníficos paisajes y todo lo que queramos plantar. Pero, lamentablemente, el hombre no se pone de acuerdo.

Ojalá que este tiempo nos sirva, como ha pedido la comisión episcopal, para repensar qué mundo y qué país queremos vivir y compartir. Sin enemigos, sin excluidos, sin diferencias. Donde todo sea compartir el pan, pan para todos sin soberbias. Que ese sol salga todos los días y la lluvia siga enriqueciéndonos cada día más en esta tierra prometida.

Carlos Guzmán
Coordinador de Contenidos
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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