miércoles, 16 de septiembre de 2009

Mercaderes de la Salud

Martes 15.09.2009
Editorial - Programa Nº 406
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“Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento. A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mantenimiento y si lo desea participará de mis bienes…". Así empezaba el Juramento Hipocrático, juramento público que pueden enunciar ante sus pares y la comunidad quienes se gradúan en medicina. Su contenido es de carácter ético y sirve para orientar la práctica de su oficio.

Durante casi dos mil años la medicina occidental y árabe estuvo dominada por una tradición que, remontándose al médico griego Hipócrates (s. V a.d.C.), adoptó su forma definitiva de la mano de Galeno, un griego que ejerció la medicina en la Roma imperial en el siglo II.

A partir del Renacimiento, época caracterizada por la veneración de la cultura grecolatina, el juramento empezó a usarse en algunas escuelas médicas. Aún cuando sólo tenga en la actualidad un valor histórico y tradicional, allí donde se pronuncia es considerado como un rito de pasaje o iniciación después de la graduación, previo al ingreso a la práctica profesional de la medicina.

El contenido del juramento se ha adaptado a menudo a las circunstancias y conceptos éticos dominantes de cada sociedad. El Juramento Hipocrático ha sido actualizado por la Declaración de Ginebra, en su Asamblea General de 1948 y revisada en 1968. Les comparto esta revisión.

"En el momento de ser admitido como miembro de la profesión médica, prometo solemnemente consagrar mi vida al servicio de la humanidad; mostraré a mis maestros el respeto y la gratitud que le son debidos; practicaré mi profesión con conciencia y dignidad; la salud de los pacientes será mi primer objetivo; respetaré los secretos que se me confíen aun después de morir el paciente; mantendré por todos los medios a mi alcance el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica; mis colegas serán mis hermanos; no permitiré que consideraciones de religión, nacionalidad, raza, partido político o nivel social se interpongan entre mi deber y mis pacientes; mantendré el máximo respeto por la vida humana desde el momento de la concepción; incluso bajo amenaza, no usaré mis conocimientos médicos en contra de las leyes de humanidad. Hago estas promesas de modo solemne, libremente y por mi honor."

La Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales de Medicina (ALANAM) considera que la ética debe ser el marco conceptual de inspiración y de referencia para todas las acciones concernientes a la formación, ejercicio y desarrollo de las profesiones médicas. Ética y Medicina están ineludible e indisolublemente vinculadas desde sus orígenes en la historia de todas las civilizaciones; la incesante evolución de las formas de vida y de asociación humanas impone revisiones permanentes de enfoques y normas.

Por ejemplo, el Código de Ética médica de la Confederación Médica de la República Argentina, que dicta desde el año 1955, en el Capítulo 1, nos habla de los DEBERES DE LOS MÉDICOS PARA CON LA SOCIEDAD

Art. 1 - En toda actuación el médico cuidará de sus enfermos ateniéndose a su condición humana. No utilizará sus conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad…

Art. 2 - El médico prestará sus servicios ateniéndose más a las dificultades y exigencias de la enfermedad que al rango social o los recursos pecuniarios de su cliente.

Art. 3 - El médico debe ajustar su conducta a las reglas de la circunspección, de la probidad y del honor-, será un hombre honrado en el ejercicio de su profesión, como con los demás actos de su vida…

Ahora… usted que me escucha a través de la radio o vos que estas leyendo esta editorial en nuestro blogspot en Internet se preguntará porque he comenzado citando y hablando del juramento hipocrático.

Como es de conocimiento público desde hace un tiempo que en nuestro país, la República Argentina, se han dado algunos hechos que tienen que ver con el mundo de la Salud.

Desde hace mas de 2 años que se lleva a cabo una investigación donde se comprobó que un importante laboratorio vendía medicamentos robados y adulterados a diferentes droguerías.

Además también se dice que este empresario mantendría alguna relación con los protagonistas del triple crimen que destapó la ruta de la efedrina en la Argentina. Y cuentan “algunos” a través de terceros que “habría” aportado casi un millón de pesos a la campaña presidencial de la actual mandataria de nuestro país.

Pero el volcán hizo erupción cuando hace unos días se vio involucrado el presidente del Consejo de Administración de Solidaridad, Obra Social Bancaria Argentina, y que este ha expresado que "Soy inocente porque nunca pude estar en una canallada de esa naturaleza".

Como pueden observar, el presidente de esa entidad admitió que conocía al empresario, principal acusado en la causa que se sigue por adulteración de medicamentos. Este gremialista aseguró tener “la conciencia tranquila…”

Pero me gustaría detenerme aquí para hacer algunas apreciaciones:

La prensa argentina ha venido haciendo un seguimiento sobre la adulteración de medicamentos, a causa de la cual han sufrido centenares de personas que han sido víctimas de estos “mercaderes de la salud”. Lamentables víctimas.

Pensar en estos actos de terrorismo contra la sociedad, llevada a cabo por seres inescrupulosos, donde el único objetivo no es la salud, sino el dinero o como decimos aquí en la Argentina: LA GUITA. Solo importa LA GUITA y nada más que LA GUITA.

Por eso comenzaba esta editorial con ese juramento hipocrático donde se juramenta dedicar la vida al servicio del cuidado del enfermo y de restablecer la salud a la comunidad donde se tenga injerencia. Esto me hace reflexionar sobre lo que dice el libro del Eclesiástico, en el capítulo 38, versículos 1 al 15, sobre la figura y el servicio del médico:

“Honra al médico por sus servicios, como corresponde, porque también a él lo ha creado el Señor. La curación procede del Altísimo, y el médico recibe presentes del rey. La ciencia del médico afianza su prestigio y él se gana la admiración de los grandes. El Señor hizo brotar las plantas medicinales, y el hombre prudente no las desprecia. ¿Acaso una rama no endulzó el agua, a fin de que se conocieran sus propiedades?

El Señor dio a los hombres la ciencia, para ser glorificado por sus maravillas. Con esos remedios el médico cura y quita el dolor, y el farmacéutico prepara sus ungüentos. Así, las obras del Señor no tienen fin, y de él viene la salud a la superficie de la tierra. Si estás enfermo, hijo mío, no seas negligente, ruega al Señor, y él te sanará. No incurras en falta, enmienda tu conducta y purifica tu corazón de todo pecado. Ofrece el suave aroma y el memorial de harina, presenta una rica ofrenda, como si fuera la última.

Después, deja actuar al médico, porque el Señor lo creó; que no se aparte de ti, porque lo necesitas. En algunos casos, tu mejoría está en sus manos, y ellos mismos rogarán al Señor que les permita dar un alivio y curar al enfermo, para que se restablezca. El hombre que peca delante de su Creador, ¡que caiga en manos del médico!”

Después de haber observado como la Biblia nos pinta la personalidad y el accionar de aquellos que deben ejercer rectamente la medicina, me pregunto que pensará Jesús, médico de las almas, de estos “mercaderes de la salud”.

Estos “mercaderes de la salud” no viven identificados con esa simbología según la cual su tarea de médico de los cuerpos es parte y símbolo de la función del Maestro, redentor de almas. La curación física siempre nos conduce a una renovación interior.

Jesús ve el dolor con realismo. Sabe que no puede acabar con todo el dolor del mundo. Él no tiene la finalidad de suprimirlo de la faz de la tierra. Sabe que es una herida que debe atenderse, desde muchos ángulos: espiritual, médico, afectivo.

Estos “mercaderes de la salud” la única realidad que ven es saciarse con el sufrimiento de las personas y llenarse los bolsillos, no solo con el dinero “sucio y ruin” sino con las esperanzas de vida de cada una de los seres que han estafado.

Además del citado perjuicio a la salud de la población afectada, tenemos como agravante que la falsificación y adulteración de medicamentos atenta contra el dinero del Estado, ya que con la comercialización de un 22,7% de drogas ilegítimas se evaden unos 150 millones de pesos al año.

Esto sucede porque en nuestro país tenemos una enorme falencia en los controles y normas. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen al menos dos motivos por los que en la actualidad es posible que circule en el país una importante cantidad de droga adulterada: por un lado, la ausencia de control por parte de las autoridades sanitarias y por otro, una falta de normas legales rígidas.

Me resta decirles a esas “personas” que con su mugrosa manera de actuar, opacan la excelente labor de centenar de profesionales en el ámbito de la salud que entregan su vida para que todos tengamos una buena calidad de vida.

Pero como hombre de fe me gustaría recordarles que “en el atardecer de la vida, seremos juzgados en el amor” y este juez amoroso y justo no aceptará sobornos como nuestra justicia terrena, ya que en ese momento no podrán librarse de su mano.

Alfredo Musante
Director Responsable
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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