martes, 8 de septiembre de 2009

Historia del Obelisco Egipcio en la Plaza de San Pedro

Junto con el Obelisco Esquiliano y Quirinal, el Obelisco de la Plaza de San Pedro del Vaticano, son los tres únicos de Roma que carecen de inscripciones en sus caras, por lo que se desconoce por orden de quien se mandó construirlo o erigirlo. Algunos creen que salió de las canteras de Aswan y que data del reinado de Amenemhat III, mientras que otros se decantan por el Emperador de Roma, Octavio Augusto, quien lo erigió en el Foro Juliano de Alejandría, Egipto.

Sobre el año 37 o 40 d.C. es llevado a Roma por el Emperador Calígula, eligiendo para su emplazamiento el Circo de Calígula, posteriormente llamado Circus Gai et Neronis, o Circo del Vaticano, en donde fue dedicado al sol y a los Emperadores Augusto y Tiberio, tal y como reza la inscripción de su pedestal. En 1586, el Papa Sixto V decide trasladarlo y colocarlo frente a la Basílica de San Pedro, Sobre el año 37 o 40 d.C. es llevado a Roma por el Emperador Calígula, eligiendo para su emplazamiento el Circo de Calígula, posteriormente llamado Circus Gai et Neronis, o Circo del Vaticano, en donde fue dedicado al sol y a los Emperadores Augusto y Tiberio, tal y como reza la inscripción de su pedestal.

La ubicación original del obelisco está marcada con una placa cerca de la sacristía en la parte sur de la Basílica de San Pedro, donde permaneció hasta el año 1586 cuando el Papa Sixto V lo movió a su ubicación actual momento en que se añade la cruz superior. En el año 1818, se le añaden los cuatro leones de la base. Durante la Edad Media se creía que la esfera de bronce en la punta del obelisco contenía las cenizas de Julio Cesar. Cuando se cambió la ubicación del obelisco, se cambió el globo de bronce por una cruz y una estrella de bronce de la Familia Chigi.

Por poco este obelisco se hace pedazos mientras era cambiado de lugar. Por órdenes del Papa, nadie podía hablar o hacer ruido y cualquiera que lo hiciera sería excomulgado, esto para procurar una concentración y coordinación entre todos los que participaron en la hazaña. Sin embargo, un marinero desobedeció y gritó que las cuerdas necesitaban agua o se quemarían y haría pedazos el obelisco. El Papa perdonó a este personaje por salvar al obelisco y en gratitud se hizo costumbre que las palmas usadas en el domingo de ramos fueran traídas del pueblo original del marinero, Bordighera.

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