miércoles, 30 de diciembre de 2015

HISTORIA DE LA CIRCUNCISIÓN - 1º PARTE

El pueblo judío cimentó su identidad sobre dos ejes: la fuerte cohesión interna y el máximo aislamiento respecto a los pueblos de alrededor. La circuncisión fue el rito principal que se creó para dar cuerpo a estos dos objetivos. Dios cerró con Abraham un pacto en virtud del cual se comprometía a ser el Dios del pueblo que de él nacería, a condición de que él se comprometiese a ser su pueblo. Y que la señal de ese pacto sería la CIRCUNCISIÓN de todo varón que de él naciese, como señal de su consagración a Dios.

La práctica de la circuncisión no es exclusiva del pueblo judío, pero sí que lo es con los caracteres singulares que tiene en Israel: la circuncisión es un acto de vasallaje del pueblo hacia su Señor, mediante el cual le sacrifica simbólicamente cada uno de los hijos que le nacen, sacrificándole una parte ínfima pero significativa de su cuerpo, en señal de aceptación del sometimiento total a Dios, tanto de ellos mismos como de sus hijos.

Son muchos los pueblos, sobre todo africanos, que practican la circuncisión, también ritual; pero la mayoría como un rito de iniciación del adolescente, que pasa así a formar parte de la sociedad de los adultos. Reviste la ceremonia una gran importancia y constituye una prueba del valor y resistencia del iniciado. En el caso de Israel lo más singular es que siendo el pacto entre el pueblo y su Dios, a quien realmente quiere éste ver circuncidado, es a su pueblo, teniéndolo así separado y distinguido de todos los pueblos, a fin de evitar que se mezcle con ellos, con su cultura y con sus dioses.

Esta práctica, además de diferenciar cultural y religiosamente al pueblo de Israel de los de su alrededor, constituía una considerable barrera genética, porque en la medida en que se mantenía en vigor esa diferencia cultural y religiosa con los pueblos vecinos, hacía imposible el matrimonio de un circunciso en un pueblo de incircuncisos, y el de un incircunciso con una mujer israelita, y muy difíciles las relaciones sexuales esporádicas. De este modo la circuncisión contribuía poderosamente a mantener separado al pueblo de Israel de los demás pueblos, justo en la circunstancia en que la mezcla adquiere carácter irreversible, en el acto de engendrar.

La circuncisión era el signo de la alianza dado al pueblo de Dios, obligado a toda Ley, y destinado a participar en las promesas mesiánicas. Significaba, además participar de circuncidar el corazón con sus malos afectos y concupiscencias, para llegar a la vida eterna. El Niño – Dios, legislador y jefe del Antiguo Testamento, estaba sobre esta ley positiva. Pero, no habiendo desdeñado a "forma de esclavo" en la Encarnación, quiere llevar ahora la nota servil del pecado sobre su divina carne, como habría de cargar más tarde con la pena del mismo. Concebido de Espíritu Santo, que o santificaba todo; unido en persona al Hijo de Dios, que es el Santo de los Santos por esencia, no necesita ser circuncidado.

Pero, siendo el Mesías, que realiza todas las figuras y promesas antiguas, se presenta como verdadero hijo de Abraham; honra la Ley, que era el camino hacia Cristo, sujetándose a ella para "cumplir toda justicia" (Mt. 3,14), dando el maravilloso ejemplo de perfecta obediencia y humillación, a fin de hacernos libres de ese yugo de servidumbre. Por su sangre debe ser nuestro Salvador. Esta poca sangre que derrama, obliga a Dios a todo lo demás; con ella empieza a comprar el inefable nombre de Jesús.

En el sigo VI en las Galias conmemoraban en ella la Circuncisión del Señor. En Roma tomó carácter de Octava de Navidad, para equiparar a la Pascua o Pentecostés, únicas entonces, decoradas con este breve ciclo de magnificencia. En otras partes se daba especial relieve a la Maternidad de María que admirablemente, como la luz de la aurora en Adviento, y como realidad espléndida en toda la conmemoración navideña.

San León Magno insiste en el misterio de la Encarnación con sus fórmulas inmortales, que han venido a ser clásicas en la materia y San Ambrosio, a su vez, expone cómo en la circuncisión de aquel, "sometido a la Ley, para granjearse a aquellos que estaban bajo a Ley", "se prefiguraba la futura expiación de toda culpa"La esclavitud de Jesús nos ha hecho libres. Caminemos, pues, no en el espíritu del temor servil, sino en la libertad amorosa y confiada de los hijos de Dios. La circuncisión es, además, figura del bautismo, diciendo el Apóstol: Hemos recibido la circuncisión espiritual de Cristo, siendo sepultados con Él por e bautismo, y con Él resucitamos a la vida de la gracia por la fe, perdonándonos graciosamente todos los pecados. (Col. 2,11 – 13).

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