miércoles, 24 de marzo de 2010

Mons. Oscar Arnulfo Romero

Oscar Arnulfo Romero, o simplemente Monseñor Romero para quienes lo admiramos. Murió de un disparo en el corazón efectuado por asesinos a sueldo el 24 de marzo de 1980 ¿Y quién fue este Romero? Fue arzobispo metropolitano de San Salvador a fines de la década del 70, célebre por su predicación en defensa de los derechos humanos… Y está bueno en estas fechas destacar la figura de una persona profundamente consustanciada con los problemas concretos de su pueblo, que minutos antes de morir llegó a decir: “Como cristiano no creo en la muerte sin resurrección...como pastor estoy obligado a dar la vida por quienes amo… aún por quién vaya a asesinarme”...

Romero nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, del departamento de San Miguel de El Salvador. Era el segundo de ocho hermanos, hijo de Santos Romero y Guadalupe Galdámez. Realizó sus estudios primarios y secundarios en la escuela pública y se destacó en las materias humanísticas. A los 13 años ingresó en la carrera sacerdotal y, con 20, viajó a Roma para estudiar teología. Fue ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942, con el mundo metido en la Segunda Guerra Mundial. Volvió a El Salvador para dar inicio a una activa vida sacerdotal hasta que, en junio de 1970, el papa Pablo VI, que había sido profesor suyo en Roma, lo consagró Obispo Auxiliar de la capital. En febrero de 1977 fue investido como Arzobispo de la ciudad.

Poco antes de asumir, el gobierno había arrestado y expulsado del país a los sacerdotes arquidiocesanos Bernard Survill (que era estadunidense) y Willibrord Denaux (belga). Y apenas nombrado asesinaron a su amigo el Padre Rutilio Grande, junto con dos campesinos. Entonces optó por rechazar públicamente la acción de los organismos parapoliciales, la violencia ideológica, y las resoluciones oficiales que justificaban los secuetros y la tortura, que ensangrentaban a su país y a su pueblo. Se ganó muchos opositores. Dijo entonces a los salvadoreños:

“Ya les dije un día la comparación sencilla del campesino: «Monseñor, cuando uno mete la mano en una olla de agua con sal, si la mano está sana no le sucede nada; pero si tiene una heridita ¡ay! ahí le duele». La Iglesia es la sal del mundo y naturalmente que donde hay heridas tiene que arder esa sal”

Tras la muerte del Rutilio Grande convocó a una misa arquidiocesana, para mostrar la unidad de su clero en la plaza Barrios de San Salvador, que es como la Plaza de Mayo para los argentinos. Sus homilías ganaron tanto en claridad como más oscuras y reales se hicieron las amenazas de muerte que le rodearon. En una de esas multitudinarias misas expresó:

“Yo creo que hemos mutilado mucho al evangelio. Hemos tratado de vivir un Evangelio muy cómodo, sin entregar nuestra vida, solamente de Piedad, únicamente un evangelio que nos contentaba a nosotros mismos”.

Esas homilías, eran transmitidas por la Radio Diocesana YSAX, y las denuncias irritaron a representantes de la oligarquía y a los sectores golpistas que utilizaban al ejército para asesinar a los opositores. En 1979 una Junta Revolucionaria de Gobierno asumió el poder. El terrorismo urbano actuaba con más ferocidad, superado en brutalidad por la lucha antiguerrillera, en una experiencia que revivía en otras tierras lo que venía sucediendo en Argentina desde 1971. Romero escribía mucho. Su diario personal refleja el trato cotidiano con otros pastores, organismos e instituciones públicas y privadas. El consuelo a su pueblo no le quitaba tiempo para impulsar con fervor gerencial la administración de templos y parroquias. Gran parte de su obra puede visitarse en Internet: en el sitio http://www.cervantesvirtual.com/

Y viviendo con esta juvenil frescura su compromiso con la patria y el bien común, fue asesinado el día lunes 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia de San Salvador. El disparo lo efectuó un francotirador, que impactó en su corazón minutos antes de la Consagración. Tenía 62 años de edad. En 1993, la Comisión de la Verdad creada por los Acuerdos de Paz de Chapultepec para investigar los crímenes cometidos en la guerra civil salvadoreña, concluyó que Romero fue ejecutado por un escuadrón de la muerte formado por civiles y militares de ultraderecha.

La causa por su canonización comenzó 1994. En el 2005, su postulador, monseñor Vicenzo Paglia, informó tras los estudios de la causa que:

“Romero no era un obispo revolucionario, sino un hombre de la Iglesia, del Evangelio y de los pobres”.

El proceso seguirá nuevos trámites, que si son superados, podrían acercar la fecha en que Óscar Arnulfo Romero sea elevado a los altares como el primer santo y mártir de El Salvador.

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