miércoles, 28 de abril de 2010

La Argentina… ¿un mundo feliz?

Martes 27.04.2010
Editorial - Programa Nº 438
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“…Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los Ministerios de Propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela…”

Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias de matrimonio se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de doce meses y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez.

A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino…”

Así comienza el prólogo de la novela más famosa del escritor británico Aldous Huxley, publicada por primera vez en 1932, que se llama “Un mundo Feliz”

La novela anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva y cultivos humanos que, combinados, cambian radicalmente la sociedad. El mundo aquí descrito podría ser una utopía, aunque irónica y ambigua: la humanidad es desenfadada, saludable y avanzada tecnológicamente. La guerra y la pobreza han sido erradicadas y todos son permanentemente felices.

Sin embargo, la ironía es que todas estas cosas se han alcanzado tras eliminar muchas otras: la familia, la diversidad cultural, el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía.

Ahora ustedes que me escuchan se preguntaran que significa esto. Simplemente que en el uso de la libertad propia de los hijos de Dios, me atrevo a realizar esta editorial comenzando con esta novela, la cual recomiendo y donde se nos plantea… “Un mundo Feliz” donde todo esta bien, todos son buenos y la vida es muy, pero muy agradable y linda.

¿Saben porque digo esto? Porque desde hace unos años, aquí en nuestro país, los que por el voto popular de la gente hoy son gobierno, nos quieren hacer creer que vivimos: “Un mundo Feliz”.

¿Porque? Si me permiten se los voy a explicar con un aspecto de la realidad para entender la situación en su conjunto.

Uno de los problemas que está instalado en la sociedad argentina es la inseguridad debido a los altos índices delictivos que existen en todo el territorio. A consecuencia de esto podemos observar con horror en los medios masivos y vivenciar tanto en las calles de la ciudad como en el conurbano bonaerense, el modo en que se llevan a cabo robos a mano armado que terminan siempre con una víctima.

Si no es una víctima, tendremos al menos a un ciudadano que trata de sobrevivir diariamente no solo a la inseguridad sino a una sociedad que ha perdido la sensibilidad. Esta situación pone a nuestra gente permanentemente a la defensiva y conviviendo con un alto grado de violencia del cual es harto difícil mantenerse aislado.

Sin embargo, desde el Poder un ministro parlanchín nos instaló, allá por Junio de 2004 una novedosa terminología: "sensación de inseguridad".

Lo más grave de esto, no es solo la inseguridad que vivimos sino la negación de la realidad, reduciendo todo en forma obcecada y grosera a "sensación de inseguridad", como sostuviera el actual Jefe de Gabinete de Ministros.

Este ministro, entre otros funcionarios, culpa a la prensa por la "sensación de inseguridad". El 17 de octubre de 2008, aseguró que la sensación de inseguridad que existe en la población es consecuencia del "repiqueteo de los canales" de televisión que "hacen creer que un mismo hecho pasó tres veces".

También se sumó con sus declaraciones sobre el tema la ministra de la Corte Suprema de Justicia culpando a los medios de comunicación de "exagerar" e "inflar" la inseguridad.

Como no puede ser menos, nuestra presidenta Cristina Fernández se refirió al asunto cuando llamó a no "crear sensaciones" y a “buscar soluciones”. Para luego agregar que “Está comprobado científicamente que si se repite 35 veces durante el día una violación, un hecho delictivo por televisión, vos tenés la sensación de que cuando salís de tu casa te van a violar”, exclamo la primer mandataria.

Al margen de todo esto, como ciudadano me pregunto como pueden gobernar un país y tener cargos políticos personas que participan en programas de televisión que son solo para diversión y entretenimiento del público, donde se ponen a debatir en dichos espacios que no son para eso y discutir con sus conductores para luego quedar en ridículo ante el televidente.

Y me quedo con una de las tantas frases que se dispararon en una de las emisiones televisivas, donde uno de los panelistas le recriminó al Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación que “…Yo quisiera que pasen un día con una persona común y vivan lo que pasa… están viviendo un cuento”.

“… están viviendo un cuento…” ¿que frase no?

¿Ahora los cuentos no tienen final feliz…? Si Musante, como que no. Me lo preguntaba solamente. Por eso me acuerdo de “Un mundo Feliz” donde se quería hacer la sociedad perfecta pero se ocultaba la realidad.

Aquí en nuestro país, un poco más o un poco menos, todos conocemos la realidad. No obstante, desde el poder nos dicen que solo existe una sensación de inseguridad.

Ante todo esto, se ataca a los medios y a los periodistas mientras en medios oficiales la programación y los noticieros nos muestran “Un mundo Feliz”… Para ello tienen que defenestran al resto de los otros medios…

Tal vez no sea necesario decirlo pero quisiera dejar en claro que nosotros no estamos con ningún grupo mediático, ni nos respalda ninguna productora o multimedio importante.

Vale aquí citar el Pacto de San José de Costa Rica estableciendo “…que no se puede restringir el derecho de expresión por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios encaminados a impedir la comunicación y la circulación de ideas y opiniones”.

Vivimos y ahora utilizo la frase matadora: “sensación de inseguridad” en todos los ámbitos y quisiera que no fuera así…

Hay veces que me acuerdo el haber leído lo que le pasó al presidente de la Nación, Arturo Illia que asumiera el 12 de octubre de 1963 y como la prensa nacional y extranjera colaboró en la campaña de desprestigio que se inició contra el presidente y los miembros de su gabinete acusados de lentitud e inactividad.

Como también los medios han colaborado en otros tiempos, aliándose con el poder para desprestigiar y sacar sus buenos dividendos. Esto lo deja muy claro el decreto conciliar INTER MIRIFICA, del Concilio Vaticano II, dedicado a los medios de comunicación social, que en el capitulo cinco, párrafo 5, propone: “…en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación…”

En síntesis: inseguridad, difamación, ocultamiento, dadivas, mentiras, manipulación de las grandes masas, entretenimiento masivo, entre otros.

¡Que cercano estamos a “Un mundo Feliz”! Parece como si la utopía se hallara más cerca de nosotros de lo que nadie hubiese podido imaginar.

Termino con un párrafo del capítulo 17 de esta novela que actuó como disparador en esta editorial con uno de los tantos diálogos entre los personajes, principales de la misma: Mustafá Mond y el Salvaje:

“…En síntesis -dijo Mustafá Mond-, en una sociedad debidamente organizada como la nuestra, nadie tiene la menor oportunidad de comportarse noble y heroicamente. Las condiciones deben hacerse del todo inestables antes de que surja tal oportunidad…”

“El Salvaje expuso: “pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado.

-En suma -dijo Mustafá Mond-, usted reclama el derecho a ser desgraciado.

Muy bien, de acuerdo -dijo el Salvaje, en tono de reto-. Reclamo el derecho a ser desgraciado. -Esto, sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, el derecho a tener sífilis y cáncer, el derecho a pasar hambre, el derecho a ser piojoso, el derecho a vivir en el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana…”

Reclamar el derecho de vivir dignamente y con seguridad parece una utopía pero es mejor que vivir en “Un mundo Feliz”

Alfredo Musante
Director Responsable
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA

Día del Animal

El Día del Animal o Día Mundial de los Animales se celebra cada año el 29 de abril. Nació en Florencia, Italia en 1931 en una convención de ecologistas. Ese día se celebra la vida animal en todas sus formas, y eventos especiales se llevan a cabo alrededor de todo el globo. El 4 de octubre fue elegido originalmente para esta festividad porque es el día festivo por Francisco de Asís, amante de la naturaleza y santo patrón de animales y medioambiente. Numerosas iglesias alrededor del mundo observan el domingo más próximo al 4 de octubre con una Bendición para los Animales.

De todos modos, el Día Mundial del Animal, esta ahora más allá de la celebración de un santo cristiano y hoy es observada por amantes de los animales de todas las creencias, nacionalidades y trasfondos. Bendiciones a animales son realizadas en iglesias, sinagogas y Capellanes de los Animales independientes en parques y campos. Refugios de animales realizan eventos para recaudar fondos y días abiertos, grupos de vida salvaje organizan exposiciones de información, escuelas toman proyectos de trabajo relacionados con los animales e individuos y grupos de amigos o compañeros de trabajo donan a beneficencias de animales o se comprometen a patrocinar a un refugio animal.

Se celebra en homenaje al doctor Ignacio Lucas Albarracín, un incansable luchador por los derechos de los animales, oriundo de San Juan. Su fallecimiento se produjo el 29 de abril de 1926 y por eso, por iniciativa de la Sociedad Protectora de Animales, se eligió este día para conmemorar el "Día del Animal". Albarracín promocionó la sanción de la Ley Nº 2786 de Protección de Animales, promulgada el 25 de Junio de 1891. La misma establece la obligatoriedad de brindar protección a los animales, lo que impide su maltrato y su caza. Además, participó junto con Domingo F. Sarmiento y otros, en 1879, en la creación de la Sociedad Argentina Protectora de Animales. Allí se desempeñó como secretario y luego como presidente, al suceder a Sarmiento.

viernes, 23 de abril de 2010

EL ALFA Y LA OMEGA por TV en “Haciendo Familia”

Buenos Aires, 22-04-10. (AI).- Los conductores del multipremiado programa de radio “El Alfa y la Omega” han sido entrevistados por Olga Muñoz para una nueva edición de su programa de cable “Haciendo Familia”, emisión que podrá ser vista y disfrutada en diferentes días y horarios en la próxima semana.

El programa de cable es uno de los más importantes espacios de comunicación referido a la cultura de la vida partiendo de los valores que aporta a una sociedad la institución familiar. En ese contexto, su conductora Olga Muñoz, consideró oportuno entrevistar a ambos por el modo tan distintivo de hacer comunicación para tratar de acercar a la audiencia el mensaje evangélico.

Conductora y entrevistados compartirán en el programa inquietudes y valores comunes que los motivan a una comunicación que escapa al desesperanzado y falto de compromiso con el hombre que habitualmente se escucha en los medios de comunicación.

“Haciendo Familia”, grabado en los estudios San Gabriel de San Miguel, puede verse por el Canal Nueva Imagen – Señal Satelital María por Canal 79 de Cablevisión, 79 de Multicanal, 20 de Telered, 16 y Canal 5 de Mercedes y 413 del paquete digitalizado. Esta edición podrá verse desde el 23 al 30 de Abril en los siguientes horarios: Martes a la 1 y 17,30 / Miércoles a las 10 y 19,30 / Jueves a las 3 y 22,30 / Viernes a las 9,30.

“El Alfa y la Omega” puede escucharse en vivo o diferido desde el propio blogspot del programa http://www.elalfaylaomega.blogspot.com/ y en 15 radios de Argentina, México, Perú y España.

miércoles, 21 de abril de 2010

Mahoma

Mahoma, nació en La Meca, alrededor del 570/571. Fue hijo póstumo de Abd Allah ibn Abd al-Muttalib, miembro del clan de los hashimí. La costumbre de los más honorables de la tribu de Quraysh era enviar a sus hijos con niñeras beduinas con el propósito de que crecieran libres y saludables en el desierto, para poder también robustecerse y aprender de los beduinos, que eran reconocidos por su honradez y la carencia de numerosos vicios.

El primer milagro que se narra sobre Mahoma en la compilación de los hadices es que el Arcángel Gabriel descendió y abrió su pecho para sacar su corazón. Extrajo un coágulo negro de éste y dijo «Esta era la parte por donde Satán podría seducirte». Después lo lavó con agua Zam Zam en un recipiente de oro y devolvió el corazón a su sitio. Los niños y compañeros de juego con los que se encontraba corrieron hacia su nodriza y dijeron: «Mahoma ha sido asesinado»; todos se dirigieron a él y lo hallaron en buen estado, a excepción del rostro pálido.

Los musulmanes ven este acontecimiento como una protección para que él se apartara desde su infancia de la adoración de los ídolos y probablemente la razón por la que fue devuelto a su madre. Se quedó huérfano a temprana edad y, debido a una costumbre árabe que dice que los hijos menores no pueden recibir la herencia de sus progenitores, no recibió ni la de su padre ni la de su madre. Se dice que ella murió cuando él tenía seis años, por lo que fue acogido y educado primero por su abuelo y luego por su tío paterno, un líder de la tribu Quraysh, la más poderosa de La Meca, y padre de su primo y futuro califa Ali.

A los doce años se dirigió a Basora con su tío y tuvieron un encuentro con un monje llamado Bahira, algunos orientalistas dicen que esto demuestra que Mahoma aprendió de él los libros sagrados, pero los escolares musulmanes refutan esta opinión alegando que no pudo haber aprendido en la hora de la comida ese conocimiento y que además no se registra un segundo encuentro con este monje, en los hadices se narra que Bahira reconoció algunas señales de la profecía de Mahoma y le advirtió a su tío sobre llevarlo a Siria por temor de los judíos y romanos.

Mahoma era de carácter reflexivo y rutinariamente pasaba noches meditando en una cueva (Hira) cerca de La Meca. Los musulmanes creen que en 610 a los cuarenta años de edad, mientras meditaba, Mahoma tuvo una visión del ángel Gabriel. Describió esta visita como un mandato para memorizar y recitar los versos enviados por Dios. Durante su vida, Mahoma confió la conservación de la palabra de Dios (Allah, trasmitida por Gabriel, a la retentiva de los memoriones, quienes la memorizaban recitándola incansablemente que después de su muerte serían recopilados por escrito en el Corán debido a la primordial importancia de conservar el mensaje original en toda su pureza, sin el menor cambio ni de fondo ni de forma. Para ello emplearon materiales como las escápulas de camello, sobre las que grababan los versículos del Corán. El arcángel Gabriel le indicó que había sido elegido como el último de los profetas y como tal predicó la palabra de Dios sobre la base de un estricto monoteísmo, prediciendo el Día del Juicio Final.

A medida que los seguidores de Mahoma comenzaban a aumentar en número, se convirtió en una amenaza para los jefes de las tribus locales. La riqueza de estas tribus se basaba en la Kaaba, el recinto sagrado de los ídolos de los árabes y el punto principal religioso de La Meca. Si rechazaban a dichos ídolos, tal como Mahoma predicaba, no habría peregrinos hacia La Meca, ni comercio, ni riqueza. El repudio al politeísmo que denunciaba Mahoma era particularmente ofensivo a su propia tribu, la qurayshí, por cuanto ellos eran los guardianes de la Kaaba. Es por esto que Mahoma y sus seguidores se vieron perseguidos.

En el año 619 fallecieron Jadiya, la esposa de Mahoma, y su tío Abu Talib. Este año se conoce como el "año de la tristeza". El clan al que pertenecía Mahoma lo repudió y sus seguidores sufrieron hambre y persecución. En 620, Mahoma hizo un viaje en una noche que es conocido como Isra y Miraj. Isra es la palabra en árabe que se refiere a un viaje milagroso desde La Meca a Jerusalén, específicamente al lugar conocido como Masjid al-Aqsa. Isra fue seguida por el Miraj, su ascensión al cielo, donde recorrió los siete cielos y se comunicó con profetas que le precedieron, como Abraham, Moisés o Jesús.

Mahoma llegó a Medina como un mediador, invitado a resolver querellas entre los bandos árabes de Aws y Khazraj. Logró este fin absorbiendo a ambas facciones en la comunidad musulmana y prohibiendo el derramamiento de sangre entre los musulmanes. Sin embargo, Medina era también el lugar donde vivían varias tribus judías. Mahoma esperaba que estas tribus lo reconocieran como profeta, lo cual no ocurrió. Algunos académicos afirman que Mahoma abandonó la esperanza de ser reconocido como profeta por los judíos, y que, por tanto, la alquibla, es decir, la dirección en la que rezan los musulmanes, fue cambiada del antiguo templo de Jerusalén a la Kaaba en La Meca.

Mahoma emitió un documento que se conoce como La Constitución de Medina (en 622-623), en la cual se especifican los términos en que otras facciones, particularmente los judíos, podían vivir dentro del nuevo estado islámico. De acuerdo con este sistema, a los judíos y cristianos les era permitido mantener su religión mediante el pago de un tributo (no así a los practicantes de religiones paganas). Este sistema vendría a tipificar la relación entre los musulmanes y los dhimmis, y esta tradición es la razón de la relativa estabilidad que normalmente existía en los califatos árabes.

Las relaciones entre La Meca y Medina se deterioraron rápidamente. Todas las propiedades de los musulmanes en La Meca fueron confiscadas, mientras que en Medina Mahoma lograba alianzas con las tribus vecinas. Antes de su muerte en 632, Mahoma había consolidado su dominio sobre la península de Arabia. En el año 628, la posición de Mahoma era lo suficientemente fuerte para decidir su retorno a La Meca, esta vez como un peregrino. En marzo de ese año, se dirigió a La Meca seguido de 1.600 hombres. Después de diversas negociaciones, se firmó un tratado en un pueblo cercano a La Meca llamado al-Hudaybiyah. Si bien a Mahoma no se le permitió ese año entrar en La Meca, las hostilidades cesaron y a los musulmanes se les autorizó el acceso a la ciudad en el año siguiente.

El tratado duró solo dos años, ya que en 630 los regentes de La Meca rompieron dicho tratado. Como consecuencia de esto, Mahoma marchó hacia La Meca con un ejército de más de 10.000 hombres, la cual conquistó sin que encontrara resistencia. Mahoma declaró amnistía a los pobladores de la ciudad, muchos de los cuales se convirtieron al Islam. Mahoma destruyó los ídolos de la Kaaba y, por tanto, el peregrinaje en adelante sería al lugar sagrado del Islam. A pesar de Mahoma no estar presente en el asalto a la ciudad, como en todas las batallas por prescripción coránica, Muhammad administraba la quinta parte del botín para repartirlo entre los más necesitados. Los cuatro quintos restantes pertenecían siempre a los combatientes. Cobró un rescate 45 onzas de plata por cada prisionero, rescate que fue repartido entre los necesitados. Muhammad, no llegó nunca a saciarse de comida alguna, en su casa no había sino lo necesario para pasar el día y para los invitados que a ella acudían.

La capitulación de La Meca y la derrota de las tribus enemigas Hunayn permitió a Mahoma tomar el control de Arabia. Sin embargo, Mahoma no constituyó ningún gobierno, sino que prefirió gobernar a través de las relaciones personales y los tratados con diferentes tribus. Después de una corta enfermedad, Mahoma falleció el 8 de junio de 632 en la ciudad de Medina a la edad de 63 años.

San Expedito

Aparece por primera vez en un martirologio italiano de 1781, en que fue proclamado patrono secundario del pueblo de Achiriali (Sicilia) y protector de comerciantes y navegantes. Era conocido en el siglo XVIII en Alemania y Sicilia. Debido a su nombre (que en español significa ‘rápido’), la devoción popular lo considera patrono de las causas urgentes, abogado de las causas imposibles (un título que comparte con santa Rita y san Judas Tadeo). Protector de los militares, los estudiantes, los jóvenes y los viajeros. Patrono de las causas legales demasiado prolongadas.

Es un santo reconocido por los fieles católicos aunque no aparece en la liturgia católica. Su acta de canonización no ha sido revisada por la Iglesia Católica Romana, y su fiesta del 19 de abril no se celebra ampliamente. No aparece en el actual calendario litúrgico porque nada se sabe de su vida.

En 1781, llegó una caja con reliquias no identificadas a un convento de monjas en París. El remitente de la caja (desde la misma ciudad) había escrito sobre la caja «spedito» (‘[correo] expreso’). Las reliquias se habían desenterrado de las catacumbas de la plaza Denfert-Rochereau) probablemente para acelerar el correo. Las monjas supusieron que las reliquias pertenecían a un tal «san Spedito».

Las monjas supusieron que este «san Spedito» había sido el mártir que aparecía en el Martirologio, oraron por su intercesión, y cuando sus oraciones se vieron rápidamente respondidas, la veneración de estos restos se expandió por toda Francia.

Incluso un diario chileno en Internet (en 2008) lo hace contemporáneo de santa Filomena, y afirma que murió en el año 303. Otra versión de esta historia tuvo lugar en Nueva Orleáns (EE. UU.). La capilla de Nuestra Señora de Guadalupe recibió un gran envío con varias estatuas de santos, una de las cuales no poseía ninguna leyenda identificatoria. Sin embargo, como la caja decía «expedite», los destinatarios decidieron que debería ser el nombre de un santo.

Desde fines del siglo XVIII —quizá desde antes— se generó una historia acerca de este santo desconocido. Habría sido siendo comandante de la XII legión romana (de sobrenombre "Fulminante", debido a una hazaña bélica que la volvió célebre) y acuartelada en el distrito de Melitene (en Capadocia), hoy Malatya (Turquía), sede de una de las provincias romanas de Armenia, a finales del siglo III. La legión estaba formada en su mayoría por soldados cristianos.
Su función principal era defender las fronteras orientales de los territorios invadidos por los romanos contra los ataques de los asiáticos

Antes de su conversión al cristianismo, Expedito tenía una vida disipada. En el momento de su conversión se le apareció un cuervo (ave que representa al demonio), el cual lo seducía a no convertirse al cristianismo al grito de «cras cras cras», que en latín significa ‘mañana’. Expedito respondió: « ¡Hodie hodie hodie!», que significa ‘¡hoy!’ y luego aplastó al cuervo con el pie izquierdo.

Una vez convertido, predicó a toda su tropa y los acercó al cristianismo. Eso provocó la ira del emperador Diocleciano. La importancia de su puesto hacía de él un blanco especial del odio del emperador. Fue flagelado hasta sangrar y después decapitado con espada un 19 de abril.

Las imágenes de san Expedito lo presentan con ropa de legionario, vestido de túnica corta y de manto tirado hacia atrás de los hombros (a la moda militar romana), y con postura marcial. En una mano sostiene una palma, en la otra una cruz que ostenta la palabra hodie (‘hoy’, en latín, en referencia a la conocida leyenda). Pisa con el pie izquierdo un cuervo que grita «cras» (‘mañana’ en latín).

Día de la Tierra

La primera manifestación tuvo lugar el 22 de abril de 1970, promovida por el senador y activista ambiental Gaylord Nelson, para la creación de una agencia ambiental. En esta convocatoria participaron dos mil universidades, diez mil escuelas primarias y secundarias y centenares de comunidades. La presión social tuvo sus logros y el gobierno de los Estados Unidos creó la Agencia de Protección Ambiental y una serie de leyes destinada a la protección del medio ambiente.

En 1972 se celebró la primera conferencia internacional sobre el medio ambiente: la Conferencia de Estocolmo, cuyo objetivo fue sensibilizar a los líderes mundiales sobre la magnitud de los problemas ambientales y que se instituyeran las políticas necesarias para erradicarlos. Las Naciones Unidas celebran el día de la Tierra cada año en el equinoccio vernal (alrededor del 21 de marzo). El 26 de febrero de 1971, el secretario general, firmó una proclamación a ese efecto. Al momento del equinoccio suena la Campana de la Paz en la sede central de la ONU en Nueva York.

El Día de la Tierra es una fiesta que pertenece a la gente y no está regulada por una sola entidad u organismo; tampoco está relacionado con reivindicaciones políticas, nacionales, religiosas, ideológicas ni raciales. El Día de la Tierra apunta a la toma de conciencia de los recursos naturales de la Tierra y su manejo, a la educación ambiental, y a la participación como ciudadanos ambientalmente conscientes y responsables. En el Día de la Tierra todos estamos invitados a participar en actividades que promuevan la salud de nuestro planeta, tanto a nivel global como regional y local.

"La Tierra es nuestro hogar y el hogar de todos los seres vivos. La Tierra misma está viva. Somos partes de un universo en evolución. Somos miembros de una comunidad de vida interdependiente con una magnificente diversidad de formas de vida y culturas. Nos sentimos humildes ante la belleza de la Tierra y compartimos una reverencia por la vida y las fuentes de nuestro ser..."

Día del Aborigen

Toda América celebra esta fecha, recordando cada 19 de abril, a quienes habitaron nuestro territorio antes de la llegada de los blancos e imprimieron a la tierra las primeras esencias culturales que, mezcladas a las de los colonizadores europeos, dieron como consecuencia nuestras realidades actuales. La recordación fue instituida por el Congreso reunido en 1940 en la ciudad de Patzcuaro, México, con el objeto de salvaguardar y perpetuar las culturas aborígenes del territorio americano. En la ocasión se reunieron en asamblea un gran número de indígenas que representaban a las poblaciones autóctonas de diversas regiones de nuestro continente.

Se habló de la situación social y económica de estos pueblos, de sus problemas y necesidades. Como resultado de esa reunión quedó fundado el Instituto Indigenista Interamericano, que tiene su sede en México y que depende de la OEA. Por eso es que, a partir de ese año se festeja el Día del Indio Americano cada 19 de abril. Lo que debiera haber sido un histórico encuentro de dos mundos , dos civilizaciones, Europa y América, que beneficiara y enriqueciera a ambas, se transformó, por ambición y soberbia en la Conquista de América, donde el recién llegado, de mayor poder bélico se transformó en el conquistador sojuzgando al nativo o aborigen, Palabra ésta que proviene del latín y que significa desde el origen o desde el principio, despojándolo no sólo de las tierras que habitaban desde milenios sino destruyendo y demoliendo todo, e imponiendo por la fuerza su cultura, procurando aniquilar a la existente.

Pero por suerte, no todo pudo ser destruido. Los valores de las antiguas culturas aborígenes perduraron en los restos de aquellos imponentes templos y construcciones, que por su ubicación permanecieron inaccesibles para los hombres blancos; en la Pirámides que por su magnitud no eran fáciles de demoler; en los códices mayas y aztecas salvados de la hoguera; en los testimonios de mestizos como el Inca Garcilaso de la Vega o de españoles como Fray Bartolomé de las Casas; en las artesanías desenterradas o encontradas, y que especialmente en la memoria de los pueblos autóctonos, que fieles a sus sentimientos y convicciones, continúan amando a la tierra que habitaron Desde el Origen y a la que en sus diferentes lenguas, siguen llamando Madre.

Empobrecidos y relegados, los aborígenes americanos de hoy, no pretenden ya, privilegios por su condición de primeros habitantes del continente, sólo aspiran a que se los trate como iguales, que se les reconozca el derecho a la tierra donde habitan en comunidades, igualdad de oportunidades: de estudio, trabajo y progreso, y el respeto a los valores de sus culturas. El 19 de abril fue instituido, en 1940, por el Congreso Indigenista Interamericano, realizado en Méjico como el DIA AMERICANO DEL INDIO o DIA DEL ABORIGEN AMERICANO. Por decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº 7550 de 1945, esa fecha, reivindicatoria de los derechos de los aborígenes, se reconoció en todo el territorio argentino.

También nos ayuda a tomar conciencia de que esos pueblos han sobrevivido a la colonización europea y que hoy, a 500 años de la llegada de Colón, sus reclamos resurgen con fuerza en todos los países de Latinoamérica. En Guatemala, Ecuador y Perú los indígenas son más de la mitad de la población; en Bolivia, el 45% y en México, el 30%. En todos estos países lo indígena forma parte de la identidad nacional. Y no es para menos, porque son millones de personas cuya ubicación geográfica coincide con la de las grandes civilizaciones precolombinas: en México y Guatemala, los mayas y los aztecas; en Ecuador, Perú y Bolivia, los incas y los quechuas; en Chile, los mapuches; en Paraguay, los guaraníes, quienes también habitan nuestras provincias del norte argentino, como Chaco y Misiones.

La acción creadora del Espíritu de Dios – Programa Nº 437

Anticipandonos a Pentecostés, EL ALFA Y LA OMEGA, irá ofreciendo diferente material sobre este tema.

La importancia que se da en el lenguaje bíblico al ruah como 'soplo de Dios' parece demostrar que la analogía entre la acción divina invisible, espiritual, penetrante, omnipotente, y el viento, tiene su raíz en la psicología y en la tradición de donde se alimentaban y que al mismo tiempo enriquecían los autores sagrados. Aun dentro de la variedad de significados derivados, el término servía siempre para expresar una 'fuerza vital' que actúa desde fuera o desde dentro del hombre y del mundo. Incluso cuando no designaba directamente a la persona divina, el término referido a Dios, espíritu (o soplo) de Dios, imprimía y hacía crecer en el alma de Israel la idea de un Dios espiritual que interviene en la historia y en la vida del hombre, y preparaba el terreno para la futura revelación del Espíritu Santo.

Así, podemos decir que ya en la narración de la creación, en el libro del Génesis, la presencia del 'espíritu (o viento) de Dios', que aleteaba sobre las aguas mientras la tierra estaba desierta y vacía, y las tinieblas cubrían el abismo (Cfr. Gen 1, 2), es una referencia de notable eficacia a 'aquella fuerza vital'. Con ella se quiere sugerir que el 'soplo' o 'espíritu' de Dios desempeñó un papel en la creación: casi un poder de animación, junto con la 'palabra' que da el ser y el orden a las cosas.

La conexión entre el espíritu de Dios y las aguas, que observamos al principio de la narración de la creación, vuelve parecer de otra forma en diversos pasajes de la Biblia y se hace más estrecha porque el Espíritu mismo es presentado como un agua fecundante, manantial de nueva vida. En el libro de la consolación, el segundo Isaías expresa esta promesa de Dios: “Porque derramaré agua sobre el suelo sediento y torrentes sobre la tierra seca; derramaré mi espíritu sobre tu descendencia y mi bendición sobre tus vástagos. Ellos brotarán como la hierba entre las aguas, como sauces al borde de los arroyos”. (Is 44, 3.4). El agua que Dios promete verter es su espíritu, que 'derramará' sobre los hijos de su pueblo. De forma semejante el profeta Ezequiel anuncia “…ya no les ocultaré más mi rostro, porque habré derramado mi espíritu sobre la casa de Israel -oráculo del Señor-.” (Ez 39, 29).

En la narración de la creación, tras la mención inicial del espíritu o soplo de Dios que aleteaba sobre las aguas (Gen 1, 2) no encontramos más la palabra ruah, nombre hebreo del espíritu. Sin embargo, el modo en que es descrita la creación del hombre sugiere una relación con el espíritu o soplo de Dios. En efecto, se lee que, después de haber formado al hombre con el polvo del suelo, el Señor Dios “…sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente”. (Gen 2, 7). La palabra 'aliento' (en hebreo neshama) es un sinónimo de 'soplo' o 'espíritu' (ruah), como se deduce del paralelismo con otros textos: en vez de 'aliento de vida' leemos 'soplo de vida' en Génesis 6, 17. Por otra parte, la acción de 'insuflar', atribuida a Dios en la narración de la creación, es aplicada al Espíritu en la visión profética de la resurrección (Ez 37, 9).

Por tanto, la Sagrada Escritura nos quiere dar a entender que Dios ha intervenido por medio de su soplo o espíritu para hacer del hombre un ser animado. En el hombre hay un 'aliento de vida', que procede del 'soplar' de Dios mismo. En el hombre hay un soplo o espíritu que se asemeja al soplo o espíritu de Dios. Cuando el libro del Génesis, en el capitulo segundo, habla de la creación de los animales (v. 19), no alude a una relación tan estrecha con el soplo de Dios. Desde el capítulo anterior sabemos que el hombre fue creado 'a imagen y semejanza de Dios' (1, 26.27).

Otros textos, sin embargo, admiten que también los animales tienen un aliento o soplo vital, y que lo recibieron de Dios. Bajo este aspecto el hombre, salido de las manos de Dios, aparece solidario con todos los seres vivientes. Así el salmo 103/104 no establece distinción entre los hombres y los animales cuando dice, dirigiéndose a Dios Creador: “Todos esperan de ti que les des la comida a su tiempo: se la das, y ellos la recogen; abres tu mano, y quedan saciados”. (vv. 27.28). Luego, el salmista añade: “Si escondes tu rostro, se espantan; si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra”. (vv. 29.30). Por consiguiente, la existencia de las criaturas depende de la acción del soplo-espíritu de Dios, que no sólo crea, sino que también conserva y renueva continuamente la faz de la tierra.

La primera creación, desgraciadamente, fue devastada por el pecado. Sin embargo, Dios no la abandonó a la destrucción, sino que preparó su salvación, que debía constituir una 'nueva creación' (Cfr. Is 65, 17; Gal 6, 15; Ap 21, 5). La acción del Espíritu de Dios para esta nueva creación es sugerida por la famosa profecía de Ezequiel sobre la resurrección. En una visión impresionante, el profeta tiene ante los ojos una vasta llanura 'llena de huesos', y recibe la orden de profetizar sobre estos huesos y anunciar: “La mano del Señor se posó sobre mí, y el Señor me sacó afuera por medio de su espíritu y me puso en el valle, que estaba lleno de huesos. Luego me hizo pasar a través de ellos en todas las direcciones, y vi que los huesos tendidos en el valle eran muy numerosos y estaban resecos. El Señor me dijo: "Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?". Yo respondí: “Tú lo sabes, Señor”. El me dijo: "Profetiza sobre estos huesos, diciéndoles: Huesos secos, escuchen la palabra del Señor. Así habla el Señor a estos huesos: Yo voy a hacer que un espíritu penetre en ustedes, y vivirán”. (Ez 37, 1.5). El profeta cumple la orden divina y ve 'un estremecimiento y los huesos se juntaron unos con otros' (37, 7). Luego el profeta continúa diciendo: “Al mirar, vi que los huesos se cubrían de nervios, que brotaba la carne y se recubrían de piel, pero no había espíritu en ellos. Entonces el Señor me dijo: "Convoca proféticamente al espíritu, profetiza, hijo de hombre, Tú dirás al espíritu: Así habla el Señor: Ven, espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que revivan". Yo profeticé como él me lo había ordenado, y el espíritu penetró en ellos. Así revivieron y se incorporaron sobre sus pies. Era un ejército inmenso”. (37, 8.10)

El primer sentido de esta visión era el de anunciar la restauración del pueblo de Israel tras la devastación y el exilio: “Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré -oráculo del Señor-.” (37, 14). Sin embargo, a la luz del misterio pascual de Jesús, las palabras del profeta adquieren un sentido más fuerte, el de anunciar una verdadera resurrección de nuestros cuerpos mortales gracias a la acción del Espíritu de Dios.

El Apóstol Pablo, expresa esta certeza de fe, diciendo: “Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes”. (Rom 8,11). En efecto, la nueva creación tuvo su inicio gracias a la acción del Espíritu Santo en la muerte y resurrección de Cristo. En su Pasión, Jesús acogió plenamente la acción del Espíritu Santo en su ser humano (Cfr. Hb 9,14), quien lo condujo, a través de la muerte, a una nueva vida (Cfr. Rom 6,10) que él tiene poder de comunicar a todos los creyentes, transmitiéndoles este mismo Espíritu, primero de modo inicial en el bautismo, y luego plenamente en la resurrección final.

La tarde de Pascua, Jesús resucitado, apareciéndose a los discípulos en el Cenáculo, renueva sobre ellos la misma acción que Dios Creador había realizado sobre Adán. Dios había 'soplado' sobre el cuerpo del hombre para darle vida. Jesús 'sopla' sobre los discípulos y les dice: 'Recibid el Espíritu Santo' (Jn 20, 22).

El soplo humano de Jesús sirve así a la realización de una obra divina más maravillosa aún que la inicial. No se trata sólo de crear un hombre vivo, como en la primera creación, sino de introducir a los hombres en la vida divina.

Con razón, pues, San Pablo establece un paralelismo y una antítesis entre Adán y Cristo, entre la primera y la segunda creación, cuando escribe: “Esto es lo que dice la Escritura: El primer hombre, Adán, fue creado como un ser viviente; el último Adán, en cambio, es un ser espiritual que da la Vida”. (1 Cor 15, 45). Cristo resucitado, nuevo Adán, está tan penetrado, en su humanidad, por el Espíritu Santo, que puede llamarse él mismo 'espíritu'. En efecto, su humanidad no tiene sólo la plenitud del Espíritu Santo por sí misma, sino también la capacidad de comunicar la vida del Espíritu a todos los hombres. 'Por tanto, el que está en Cristo -escribe San Pablo- es una nueva creación' (2 Cor 5, 17).

Se manifiesta así plenamente, en el misterio de Cristo muerto y resucitado, la acción creadora y renovadora del Espíritu de Dios, que la Iglesia invoca diciendo: 'Ven Espíritu Creador'.

viernes, 16 de abril de 2010

Espectacular estreno de “Wojtyla: El musical”

“Wojtyla, el musical” presento el pasado jueves 15 de abril, a sala llena la primera de sus 20 únicas funciones en el Teatro Del Globo.

La obra, que intenta rescatar y homenajear la vida de Juan Pablo II contando un periodo no tan conocido de su vida, recibió la aprobación del público presente que ovaciono de pie a los interpretes.

Con música original de Angel Mahler y dirección artística y puesta en escena de James Murray, Marcelo Kotliar y Chacho Garabal en libro y letra, sobre una idea de Tito Garabal y la participación especial de Vicky Buchino se presentó el único musical de producción y libro argentino en propuestas teatrales.

La historia

La obra musical permite adentrarnos en los años de juventud de Karol Wojtyla. Cuando su Polonia estaba asediada por el régimen Nazi y, tras su caída, por la llegada del Comunismo al poder. Veremos cómo durante su vida, enfrentó perdidas, dolores y amores. Su pasión por el teatro, las letras, su patriotismo y su fe, cuando su vocación sacerdotal aun no estaba madura.

“WOJTYLA, EL MUSICAL” muestra como Polonia fue una de las naciones que mas sufrió bajo la ocupación nazi, viendo a sus hijos sufrir los crímenes más feroces, siendo testigo del “suicido de la humanidad”. Afectado por tanto dolor y tanta violencia, el joven Karol decidió dar un cambio a su vida, respondiendo a la llamada divina al sacerdocio.

Este nuevo musical argentino recuerda cuando Karol Wojtyla tuvo que enfrentarse al totalitarismo y al ateísmo, cuando trabajo como un obrero mas en una cantera para evitar ser deportado, cuando tuvo que llorar la pérdida de sus amigos en la guerra, entre ellos Jurec, un amigo judío revolucionario que desde la infancia fueron íntimos compañeros de vida y fueron separados por la guerra.

A partir del 15 de Abril, todos los jueves a 20hs, Viernes y Sábados a las 21 hs y domingos a las 19hs. Se pueden reservar localidades telefónicamente al 4393-0557 / 4322- 2648 de 11 a 17hs, retirándolas los días 7, 8 y 9 de Abril de 14 a 21 hs en el teatro El Globo. Jueves precio promocional: platea $80, Palco y Super Pul. $60, Pullman $30. Viernes, Sábados y Domingos: Platea $100, Palco y Sup. Pul. $80 y Pullman $50

miércoles, 14 de abril de 2010

Revelación del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento - Programa Nº 436

Anticipandonos a Pentecostés, EL ALFA Y LA OMEGA, irá ofreciendo diferente material sobre este tema.

En las catequesis dedicadas al Espíritu Santo hemos querido, ante todo, escuchar su anuncio y su promesa por parte de Jesús, especialmente en la Ultima Cena, releer la narración que los Hechos de los Apóstoles hacen de su venida, y volver a examinar los textos del Nuevo Testamento que documentan la predicación acerca de él y la fe en él en la Iglesia primitiva.

Pero en nuestro análisis de los textos nos encontramos muchas veces con el Antiguo Testamento.

Son los mismos Apóstoles quienes en la primera predicación después de Pentecostés presentan expresamente la venida del Espíritu Santo como cumplimiento de las promesas y de los anuncios antiguos, viendo la Antigua Alianza y la historia de Israel como tiempo de preparación para recibir la plenitud de verdad y de gracia que debía traer el Mesías.

Ciertamente, Pentecostés era un acontecimiento proyectado hacia el futuro, porque daba inicio al tiempo del Espíritu Santo, que Jesús mismo había señalado como protagonista, junto con el Padre y con el Hijo de la obra de la salvación, destinada a extenderse desde la Cruz a todo el mundo. Sin embargo, para un más completo conocimiento de la revelación del Espíritu Santo, es preciso remontarse al pasado, es decir, al Antiguo Testamento, para descubrir allí las señales de la larga preparación al misterio de la Pascua y de Pentecostés.

Por lo tanto, deberemos volver a reflexionar acerca de los datos bíblicos referidos al Espíritu Santo y acerca del proceso de revelación, que se dibuja progresivamente desde la penumbra del Antiguo Testamento hasta las claras afirmaciones del Nuevo, y se expresa primero dentro de la Creación y luego en la obra de la Redención, primero en la historia y en la profecía de Israel, y luego en la vida y en la misión de Jesús Mesías, desde el momento de la Encarnación hasta el de la Resurrección. Entre los datos que conviene examinar se encuentra, ante todo, el nombre con que el Espíritu Santo es insinuado en el Antiguo Testamento, y los diversos significados expresados con este nombre. Sabemos que en la mentalidad judía el nombre tiene un gran valor para representar a la persona. Se puede recordar, a este propósito, la importancia que en el Éxodo y en toda la tradición de Israel se atribuye al modo de nombrar a Dios. Moisés había preguntado al Señor Dios cuál era su nombre. La revelación del nombre se consideraba como manifestación de la persona misma: el nombre sagrado ponía al pueblo en relación con el ser, trascendente, pero presente, de Dios mismo (Cfr. Ex 3, 13.14).

El nombre con el que es insinuado, en el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo nos ayudará a comprender sus propiedades, aunque su realidad de Persona divina, de la misma naturaleza que el Padre y el Hijo, se nos da a conocer sólo en la revelación del Nuevo Testamento. Podemos pensar que el término fue elegido con esmero por los autores sagrados; es más, que el mismo Espíritu Santo, quien los inspiró, guió el proceso conceptual y literario que ya en el Antiguo Testamento hizo elaborar una expresión adecuada para significar su Persona.

En la Biblia, el término hebreo que designa al Espíritu Santo es ruah . El primer sentido de este término, así como de su traducción latina 'spiritus', es 'soplo', aliento, respiración. En español se puede aún observar el parentesco entre 'espíritu' y 'respiración'. El aliento es la realidad más inmaterial que percibimos; no se ve, es sutilísimo; no es posible aferrarlo con las manos; parece que no es nada, pero tiene una importancia vital: quien no respira no puede vivir. Entre un hombre vivo y un hombre muerto sólo existe esta diferencia: que el primero respira y el otro ya no. La vida viene de Dios: el aliento, por tanto, viene de Dios, que lo puede también retirar (Cfr. Sal 103/104, 29.30). De estas observaciones sobre el aliento se llegó a comprender que la vida depende de un principio espiritual, que fue llamado con la misma palabra hebrea ruah. El aliento del hombre está en relación con un soplo externo mucho más potente, el soplo del viento.

El hebreo ruah , como el latino 'spiritus', designa también el soplo del viento. Nadie ve el viento, pero sus efectos son impresionantes. El viento empuja las nubes, agita los árboles. Cuando es violento, entumece las olas y puede echar a pique las naves (Sal 107/106, 25-27). A los antiguos el viento les parecía un poder misterioso que Dios tenía a su disposición (Sal 104/103, 3.4). Se le podía llamar el 'soplo de Dios'.

En el libro del Éxodo, una narración en prosa dice: 'El Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto' (Ex 14, 21)22). En el capitulo siguiente, los mismos acontecimientos son descritos en forma poética y entonces el soplo del viento del Este es llamado 'el soplo de la ira de Dios' Dirigiéndose a Dios, el poeta dice: 'Al soplo de tu ira se apiñaron las aguas... Mandaste tu soplo, cubriólos el mar' (Ex 15, 8,10). Así se expresa de modo muy sugestivo la convicción de que el viento fue, en estas circunstancias, el instrumento de Dios.

De las observaciones que acabamos de hacer sobre el viento invisible y potente, se llegó a concebir la existencia del 'espíritu de Dios'. En los textos del Antiguo Testamento, se pasa fácilmente de un significado al otro, e incluso en el Nuevo Testamento vemos que los dos significados se hallan presentes. Para hacer que Nicodemo entendiera el modo de actuar del Espíritu Santo, Jesús hace uso de la comparación del viento y se sirve del mismo término para designar tanto el uno como el otro: 'El viento sopla donde quiere..., así es todo el que nace del Espíritu', es decir, del Espíritu Santo (Jn 3, 8).

La idea fundamental que expresa el nombre bíblico del Espíritu no es, por tanto, la de un poder intelectual, sino la de un impulso dinámico, comparable al impulso del viento. En la Biblia, la primera función del Espíritu no es la de hacer entender, sino la de poner en movimiento; no la de iluminar, sino la de comunicar un dinamismo. Sin embargo, este aspecto no es exclusivo. También se expresan otros aspectos que preparan la revelación sucesiva. Ante todo, el aspecto de interioridad. El aliento, en efecto, entra al interior del hombre. En lenguaje bíblico, esta constatación se puede expresar diciendo que Dios infunde el espíritu en los corazones (Cfr. Ez 36, 26; Rom 5, 5). Al ser tan sutil, el aire penetra no sólo en nuestro organismo, sino también en todos los espacios e intersticios; esto ayuda a entender que 'el Espíritu del Señor llena la tierra' (Sab 1, 7) y que 'penetra', en especial, 'todos los espíritus' (7, 23), como dice el libro de la Sabiduría.

Con el aspecto de la interioridad está ligado el aspecto del conocimiento. '¿Qué hombre conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?' (1 Cor 2, 11). Sólo nuestro espíritu conoce nuestras reacciones íntimas, nuestros pensamientos aún no comunicados a los demás. De modo análogo, y con mayor razón, el Espíritu del Señor, que está presente en el interior de todos los seres del universo, conoce todo desde dentro (Cfr. Sab 1, 7). Más aún, 'el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios... Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios' (1 Cor 2, 10.11).

Cuando se trata de conocimiento y de comunicación entre las personas, el soplo tiene una conexión natural con la palabra. En efecto, para hablar hacemos uso de nuestro soplo. Las cuerdas vocales hacen vibrar nuestro soplo, el cual transmite así los sonidos de las palabras. Inspirándose en este hecho, la Biblia establecía un paralelismo entre la palabra y el soplo (Cfr. Is 11, 4), o entre la palabra y el espíritu. Gracias al soplo, la palabra se propaga; del soplo la palabra toma fuerza y dinamismo. El Salmo 32/33 aplica este paralelismo al acontecimiento primordial de la Creación y dice: 'Por la palabra de Yahvéh fueron hechos los cielos, por el soplo de su boca toda su mesnada ' (v. 6). En textos semejantes, podemos vislumbrar una lejana preparación de la revelación cristiana del misterio de la Santísima Trinidad: Dios Padre es principio de la Creación; él la ha realizado mediante su Palabra, es decir, mediante su Verbo e Hijo, y mediante su Soplo, el Espíritu Santo.

La multiplicidad de los significados del término hebreo ruah, usado en la Biblia para designar al Espíritu, parece engendrar una cierta confusión: efectivamente, en un determinado texto, con frecuencia no es posible definir el sentido preciso de la palabra: se puede dudar entre viento y respiración, entre aliento y espíritu, entre espíritu creado y Espíritu divino.

Esta multiplicidad, sin embargo, es, ante todo, una riqueza, porque pone muchas realidades en comunicación fecunda. Aquí conviene renunciar, en parte, a las pretensiones de una racionalidad preocupada por la precisión, para abrirse a perspectivas más anchas. Nos ha de resultar útil, cuando pensamos en el Espíritu Santo, tener presente que su nombre bíblico significa 'soplo' y tiene relación con el soplo potente del viento y con el soplo íntimo de nuestra respiración. En vez de atenernos a un concepto demasiado intelectual y árido, encontraremos provecho al acoger esta riqueza de imágenes y de hechos. Las traducciones, por desgracia, no pueden transmitírnosla en su totalidad, porque se encuentran con frecuencia forzadas a elegir otros términos. Para traducir la palabra hebrea ruah, la versión griega de los Setenta usa 24 términos diversos y por consiguiente no permite captar todas las conexiones que se hallan entre los textos de la Biblia hebrea.

Como conclusión de este análisis terminológico de los textos del Antiguo Testamento sobre el ruah, podemos decir que de ellos el soplo de Dios aparece como la fuerza que hace vivir a las criaturas. Aparece como una realidad íntima de Dios, que obra en la intimidad del hombre. Aparece como una manifestación del dinamismo de Dios que se comunica a las criaturas. Aun sin ser aún concebido como Persona distinta, en el ámbito del ser divino, el 'soplo' o 'Espíritu', de Dios se distingue, en cierto modo, de Dios que lo manda para obrar en las criaturas. Así, incluso bajo el aspecto literario, la mente humana queda preparada para recibir la revelación de la Persona del Espíritu Santo, que aparecerá como expresión de la vida íntima de Dios y de su omnipotencia.

jueves, 8 de abril de 2010

Qué es la Resurrección

El organismo, tras agotarse el ciclo vital y envejecer, se produce la muerte que es el suceso de la incapacidad orgánica de sostener la Homeostasis, dada la degradación del ADN presente en los núcleos de las células y la dificultad cada vez más acentuada de recomponerse, así también como la incapacidad de recomponerse a un ritmo necesario para mantener la Homeostasis, como la que se puede producir tras un accidente o una enfermedad grave.

La resurrección consiste en revertir el proceso de paralización del organismo haciéndolo otra vez estable para que pueda seguir funcionando estable y correctamente antes de la descomposición del mismo. A día de hoy, no hay métodos científicos que reviertan el proceso de Homeostasis. De acuerdo con algunas ideologías, la resurrección sucede en distintos planos. Una de ellas se trata de que el cuerpo físico vuelva a la vida, indistinguible de su situación antes de la muerte.

En este caso el catolicismo habla de resurrección (Juan 11:1-45 habla del caso de Lázaro). Otras son presentadas de modo simbólico, es decir, no se trata de volver en cuerpo físico, sino como un cuerpo fantasma (espíritu) que vuelve de la muerte al mundo sensorial físico. Algunas ideologías reservan la resurrección a una unificación final de elementos corpóreos que no podrá ser deshecha, y en este aspecto lo asemejan a la resurrección de Cristo. En este caso Jesús de Nazaret no volvió al estado anterior de vida humana, por eso se diferencia de una resucitación. Es decir la resucitación no implica volver a morir antes o después, hecho este descartado en la figura de Jesús de Nazaret, por lo que aquí se habla de resurrección de Jesús. También se refiere al nuevo nacimiento de Jesús en forma espiritual, o gloriosa.

Mientras que la resurrección de Cristo es una de las creencias fundamentales del Cristianismo, en otras religiones, y en mitos y fábulas también figuran resurrecciones, en tanto que es un volver a la vida en cierta forma. Siglos antes de la época de Cristo, las naciones celebraban anualmente la muerte y resurrección de Osiris, Attis, Mitra y otros dioses. En la Biblia la resurrección más que una creencia se presenta como un hecho probado y documentado, con testigos oculares, se trata de una expectativa y esperanza. Tanto el concepto, como ejemplos de resurrecciones están registrados en el texto tanto del antiguo como del nuevo testamento. En la Biblia el término tiene el sentido de volver a la vida o reanimar como cuerpo físico (creencia ampliamente esparcida y tomada con absoluta seguridad entre los israelitas), jamás aparece el concepto de unión cuerpo/alma. Entre las registradas tenemos:

Antiguo Testamento

Elías resucita a un niño.
Eliseo sucesor de Elías también resucita a un niño.
Una persona, que en contacto con los huesos de Eliseo, recobra la vida.
El profeta Ezequiel, por mandato de Yahvé, profetiza sobre gran cantidad de huesos esparcidos en un campo y éstos se transforman en un ejército grande en extremo. (Ezequiel 37:10)


Nuevo Testamento

Jesús resucita al hijo de una viuda en Naín.
Jesús resucita a la hija de Jairo.
Jesús resucita a Lázaro.
Cuando Jesús muere, algunas personas resucitaron.
Jesús, después de morir, resucita al tercer día.
Pedro resucita a Dorcas.
Pablo resucita al joven Eutico.


En el Nuevo Testamento, se cuenta cómo Jesús resucita a varias personas. Como el caso de la hija de Jairo, poco después de morir; el hijo de la viuda de Naín, quien fue resucitado en su propia procesión funeraria; y el caso extremo de Lázaro, amigo personal de Jesús, que llevaba cuatro días enterrado. El mismo caso de Jesús quien al momento de su muerte, y de acuerdo al Nuevo Testamento, se abrieron las tumbas, y varios muertos volvieron a la vida. Tras la resurrección de Jesús, muchas de las personas santas que habían muerto también salieron de sus tumbas y entraron en Jerusalén, apareciéndose ante muchos, según el Evangelio según San Mateo

En el nuevo testamento se afirma también que Jesucristo resucitó tres días después de su muerte (ver Mateo 28, Marcos 16, Lucas 28, Hechos 10:40), y así también todos nosotros podremos resucitar (ver 1º Corintios 15:20-22; 1º Tesalonicenses 4:16). Poco después, los mismos apóstoles y santos cristianos realizaron resurrecciones. San Pedro resucitó a una mujer cuyo nombre era Dorcas, y San Pablo hizo lo mismo con un joven llamado Eutychus, que había muerto al caer dormido en una ventana, según relata el libro de Hechos de los Apóstoles

También la Virgen María, según algunos grupos cristianos, fue subida en cuerpo y alma al Cielo (la Asunción de María, que fue aprobada como dogma de fe en 1950 por la Iglesia Católica), aunque los autores divergen sobre si la Virgen había muerto, o solo estaba en un estado similar al sueño (la Dormición de María). En otras tradiciones, la asunción tiene lugar en Éfeso. Aquí vivió sus últimos días, bajo el cuidado de San Juan Evangelista, siguiendo el precepto que le había dado Cristo en la Cruz "Hijo, aquí tienes a tu Madre". Durante siglos, muchas personas han asegurado ver a la Virgen.

En el Antiguo Testamento, se dice que Eliseo resucitó a un muchacho. En cualquier caso, todas estas personas resucitadas murieron después. También son interesantes los relatos bíblicos que cuentan como Enoch y el profeta Elías fueron llevados a la presencia de Dios sin experimentar la muerte, y las creencias de que no se encontró la tumba de Moisés, puesto que también fue resucitado. Ambos aparecen en el pasaje de la Transfiguración de Cristo. El profeta Ezequiel tiene una visión del valle de los huesos secos, devueltos a la vida como un ejército, dentro de la profecía que dice que la casa de Israel será un día devuelta a la vida para vivir en su tierra.

Como derivó desde fuentes judaicas, hay que señalar que el Judaísmo también tiene como principio de fe la Resurrección de los muertos. Una famosa autoridad Judía, Maimónides, indicó trece principios de la fe judía, y la Resurrección es uno de ellos, impreso en el libro de oraciones rabínicas hasta ahora. Es el principio décimo tercero y señala: Creo con fe sincera que los muertos resucitarán, cuando Dios (sea bendito), lo desee. Sea el Nombre (de Dios) bendito, y Su recuerdo se eleve por los siglos de los siglos".

En la época de Jesús, había debates entre los fariseos, que creían en la futura Resurrección, y los saduceos, que no lo hacían, sobre si existía una vida tras la muerte, o podría existir una resurrección general. Jesús declaró estar de acuerdo con los fariseos. La mayoría de las iglesias cristianas enseñan que habrá una resurrección general al "final de los tiempos".

La Resurrección en el Islam

La creencia en, "El día de Resurrección", yawm al-Qiyāmah (también conocido como yawm ad-dīn,"El día del juicio final" y as-sā`a, "La última hora") es también crucial para los musulmanes. El Corán acentúa la resurrección corporal, una rotura del entendimiento preislámico de muerte. Esto declara que la resurrección será seguida de la reunión de toda la humanidad, culminando en su juicio por Dios.

El Corán hace referencia a varios pecados que pueden condenar a una persona al Jahanam (como la incredulidad, la usura y la falta de honradez). Los musulmanes ven el paraíso, Janah, como un lugar de alegría y dicha, con referencias del Corán que describen sus rasgos y los placeres físicos de dicho lugar.

Hay también referencias a una aceptación de mayor júbilo por Dios. Tradiciones místicas en el Islam colocan estos placeres divinos en el contexto de una conciencia extática de Dios.

El difunto, entre la muerte y la resurrección, vive una etapa, una suerte de vida pasajera que el Corán denomina «la vida de intervalo», loarzajiyya. El Corán habla de ella brevemente.

«Cuando la muerte llega a uno de los impíos, éste exclama: "¡Señor mío! ¡Devuélveme a la vida! ¡Tal vez sea capaz de hacer una obra piadosa entre las cosas que desatendí!". No, lo que dice son meras palabras; detrás de los hombres hay una barrera (barzají) hasta el día en que sean resucitados» (Corán 23,101-102).

En otras palabras, los muertos oyen y sienten incluso lo que pasa entre los vivos; sus sentidos son más finos que los de éstos últimos.

La vida barzajiyya -llamémosla «vida de la tumba»-comienza, como ya hemos visto, con el interrogatorio de los dos ángeles. El diálogo entre el muerto y los ángeles se inspira en un versículo del Corán (el 32 de la azora 14): «Dios fortalece a aquéllos que creen con palabra firme en la vida de este mundo y en la vida futura...».

Existe igualmente otra escena en un hadiz del profeta que describe la vida de la tumba: «La tumba puede ser un jardín del paraíso o bien un hoyo del infierno».

Ornar, el segundo califa, se llegó un día al cementerio de Qalib y gritó con fuerza: « ¿Os habéis encontrado con lo que os había prometido vuestro Señor?» Uno de los acompañantes le pregunta: « ¿Gritas a los muertos?». Él le contestó: «Vosotros no me oís mejor que ellos» (según Bujari 1370).

Paradójicamente, el profeta describe las más de las veces los tormentos de la tumba y no su lado paradisíaco.

«El profeta se puso en pie para pronunciar un discurso sobre la prueba por la que pasa el muerto en la tumba, y los musulmanes que lo escuchaban se pusieron a armar un gran ruido (debido a su miedo)» (según Bujari 1373).

Nos sería imposible dar cuenta aquí de todos los de­talles con que se describen los tormentos de la tumba. Sería recuperar un inmenso folclore.

Después viene la resurrección. La llamada a la resurrección comienza con un sonido de trompeta. «Se toca la trompeta: ¡Éste es el día de la amenaza!» (Corán 50,19).

A partir de esta llamada a la resurrección, los infieles se sentirán muy mal. Ellos preferirán proseguir su vida de tum­ba, pues saben lo que les espera cuando llegue su juicio final.

«Se toca la trompeta, y de sus tumbas salen corriendo hacia su Señor. Entonces dirán: "¡Ay de nosotros! ¿Quién nos ha arrancado de nuestros lechos? ¡Esto es lo que el Clemente había prometido! ¡Los profetas estaban en lo cier­to!"» (Corán 36, 51-52).

Según el Corán, la Sunna y todo el patrimonio del Islam, los musulmanes creen que Dios resucitará a todos los que han muerto desde la creación hasta el final de los tiempos.

La Resurrección para el Judaísmo

En nuestro mundo siempre en transición, el hombre contemporáneo se ha visto obligado a ajustar sus esquemas en forma por demás vertiginosa. Así, la cultura judía que se ha mantenido incólume en su porción esencial a lo largo de los años, enfrenta retos cada vez mayores. Sin embargo, en muchos casos, el judaísmo tradicional sorpresivamente da respuesta a dilemas actuales. Temas tan controvertidos y candentes en los tiempos modernos, como el de la resurrección, es ya contemplado siglos atrás por la Halajá o ley judía.

La preocupación por el más allá ha caracterizado a todas las culturas que han desarrollado mitologías para expresar su visión del destino del alma humana y del fin de los días.

El tema de la resurrección ocupa dentro de estas concepciones un lugar prioritario. Dentro del judaísmo, la creencia en la resurrección se ha ido transformando con el correr de los siglos. Entre los primeros hebreos no existía la idea de que los muertos revivirían en sus cuerpos para vivir nuevamente en la tierra. Con el desarrollo del pensamiento mesiánico entre los judíos surgió la creencia en la resurrección. Cuando inician su reflexión sobre el fin de los días, éstos conciben un mundo reconstituido en el que todos los conflictos desaparecerían y en donde los hombres buenos y piadosos se levantarían de su tumba y retornarían a una vida de paz y alegría.

Durante el período bíblico, la muerte era considerada el estadio final del ser humano. La fe en el castigo y la recompensa divinos satisfacía la demanda de justicia de la humanidad. Al hombre común se le concebía como un soplo, cuyos ojos no volverían a ver el bien... como la nube que se desvanece (Job 7:7-9). No obstante, desde los tiempos antiguos, la idea de que el Todopoderoso puede revivir a los muertos se encuentra presente en el pensamiento bíblico: Yo hago morir y hago vivir (Deuteronomio 32:39).

En el siglo VI a.e.c., a raíz del exilio babilónico, los judíos estuvieron en contacto con una cultura distinta que mantenía una visión particular del paraíso y del más allá. Posteriormente, en el siglo IV a.e.c., cuando los griegos conquistan Judea y la influencia de Platón y otros filósofos se deja sentir, la doctrina de la resurrección comienza a ser aceptada entre los judíos, particularmente entre aquellos que se oponían a la dominación extranjera y luchaban por su vida.

La idea de la retribución en una vida posterior fue el corolario necesario a la idea de la justicia divina y la afirmación de su fe. La teología tradicional explicaba el sufrimiento colectivo como producto del pecado y era incapaz de consolar a las víctimas. Eran precisamente los justos los que morían mientras que los apóstatas florecían.

Sin embargo, con esta nueva visión la angustia del momento era mitigada por la creencia de que la injusticia perpetrada en la tierra podría ser rectificada a través de un juicio realizado a los muertos, llamados a la vida en la tierra para ese propósito: Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán (Isaías 26:19). Esto implicaba que los malvados que escaparon al castigo y aquellos leales que murieron sin disfrutar la recompensa por su devoción, serían llamados a la vida para recibir lo que les correspondía.

Posteriormente, a principios de la era común, las dos principales sectas religiosas en el judaísmo -saduceos y fariseos- debatían sobre si la resurrección debía ser aceptada como artículo básico de fe. Los saduceos creían que sólo lo que se encontraba explícitamente ordenado por la Biblia debía ser aceptado, y por tanto, negaban la resurrección. Los fariseos, por su parte, creían que las palabras del Pentateuco estaban sujetas a la interpretación y por ello reivindicaban esta doctrina.

Esta visión fue adoptada posteriormente por las autoridades rabínicas para quienes la doctrina de la resurrección ya era considerada uno de los puntos centrales del judaísmo. Por ello establecieron que todo aquel que niegue la doctrina de la resurrección se excluye a sí mismo del ámbito judío y no tendrá parte en el mundo venidero. Y el décimo capítulo de la Mishná (compilación de leyes orales) comienza diciendo: Todo Israel tiene una porción en el mundo por venir, como lo dice Isaías: Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra.

Siglos después, entre los filósofos judíos medievales surgieron controversias en relación a la resurrección. Tal fue el caso, por ejemplo, de Saadia Gaón (filósofo del siglo IX) quien sostenía que las almas muertas permanecían custodiadas hasta el momento de la resurrección. Maimónides (destacado estudioso del siglo XII) fue quien creó la mayor polémica al afirmar que la verdadera recompensa no era la resurrección de los muertos sino que ésta llegarla después de un período en el que las almas de los justos fueran recompensadas en el mundo venidero, seguido de la resurrección y por último del regreso de los resurrectos al mundo venidero.

A lo largo de la historia, la gran mayoría de las comunidades judías fueron torturadas por querer mantener su fe. La creencia pasional en la resurrección permitió a los judíos aferrarse a su religión y evitó que negaran la existencia de un Dios que con el tiempo los regresaría al mundo.

En el período moderno, entre los círculos más tradicionales se ha mantenido la creencia en la resurrección como un recordatorio de que la salvación del individuo depende del Todopoderoso y que se cumple tanto en el sentido corporal como espiritual. Para las corrientes liberales del judaísmo esta creencia ha sido reemplazada por la fe en la inmortalidad del alma.

Con el transcurso de los años han surgido numerosas polémicas en torno al concepto de la resurrección Han habido aquellos que creen que consiste en regresar el cuerpo a la vida mientras que otros consideran que la resurrección sólo llegará al espíritu y que éste se cubrirá de un cuerpo de gloria y luz. La doctrina judía de la resurrección está compuesta de los siguientes elementos:

La idea de la retribución y la recompensa para el pueblo hebreo como un todo y no simplemente para sus miembros individuales. Desde el punto de vista judío, la redención final siempre será para todo el pueblo. Los profetas, en cambio predecían un tiempo futuro en el que habría paz, justicia y rectitud en el mundo, pero esta recompensa vendría sólo para aquellos que vivieran durante el tiempo de la redención. De este modo, la resurrección de los muertos permite que las almas piadosas a lo largo de la historia compartan el Olam Haba o mundo venidero.

La idea de que el cuerpo y el alma son una unidad única e indivisible, esencialmente iguales en la constitución del ser humano. Ni el alma ni el cuerpo por sí solos pueden ser pecadores o piadosos, sino que los dos deben ser juzgados juntos y así recibir su castigo o recompensa. Sabios y teólogos judíos no concordaban en cuanto a la naturaleza precisa de la resurrección. ¿Los muertos revivirían y se restituirían a la vida física total o los cuerpos permanecerían en el polvo?

La resurrección se dará solamente después del juicio final, con la llegada del Mesías. El concepto de resurrección es distinto al de reencarnación. Los hombres no reencarnan en objetos u en otro ser humano, sino que resucitan en su mismo cuerpo. Quienes creen devotamente en la resurrección se apoyan en la creencia de un Dios justo.

Para ser consistentes con sus pensamientos confían en que los hombres devotos que han sufrido de persecuciones y martirios por su insistencia en mantener su fe deberán ser recompensados. De este razonamiento deducen la idea de que habrá una resurrección física del cuerpo reincorporado al alma y que después, tendrán una larga vida en la tierra, en donde serán recompensados por su sufrimiento. No obstante, a pesar de que el judaísmo acepta la doctrina de la resurrección, es -ante todo- una religión que exalta la vida en este mundo.