miércoles, 25 de junio de 2014

Historia del Sagrado Corazón de Jesús - 2º Parte

Hace más de 300 años, el Sagrado Corazón de Jesús se manifestó a una privilegiadísima monja del convento de la Visitación de Santa María, en Paray-le-Monial (Borgoña, Francia), Santa Margarita María Alacoque (1647-1690). Estaba rezando delante del Santísimo Sacramento, el 16 de Junio de 1675, cuando Nuestro Señor se le apareció. Después de un breve diálogo, Él apuntó a su pecho, señalando su propio Corazón y dijo:

“Aquí está el Corazón que tanto amó a los hombres, que no ahorró nada hasta agotarse y consumirse, para darles testimonio de Su amor, y, en reconocimiento, no recibe de la mayor parte de ellos sino ingratitudes, por sus irreverencias, sacrilegios y por las indiferencias y desprecios que tienen hacia Mí en el Sacramento del amor. Pero que me es aún más penoso en corazones que me están consagrados y actúan así”.

“Por eso, Yo te pido que el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento se dedique una fiesta especial para honrar Mi Corazón, comulgando en este día y haciendo un acto de reparación, en satisfacción de las ofensas recibidas durante el tiempo que estuve expuesto en los altares. Yo te prometo también que Mi Corazón se dilatará para distribuir con abundancia las influencias de su divino amor sobre aquellos que le presten culto y que procuren que le sea prestado”.


El mensaje conserva toda actualidad, a pesar del paulatino olvido en que ha ido cayendo. Pío IX (1846-1878) fue enfático al expresar su firme esperanza en esa devoción en comentario hecho al P. Julio Chevalier, fundador de los Misioneros del Corazón de Jesús: "La Iglesia y la sociedad no tienen otra esperanza sino en el Sagrado Corazón de Jesús, es Él quien curará todos nuestros males. Pregonad y difundid por todas partes la devoción al Sagrado Corazón, ella será la salvación del mundo”.

Santa Margarita María Alacoque –como cuenta en una carta dirigida a su Superiora, la Madre Saumaise el 2 de marzo de 1686– transcribe un deseo que le fue revelado por Nuestro Señor: “Él desea que usted mande hacer unos escudos con la imagen de Su Sagrado Corazón, a fin de que todos aquellos que quieran ofrecerle un homenaje, los coloquen en sus casas; y otros más pequeños, para que las personas los lleven consigo”. Nacía, así, la costumbre de portar esos pequeños escudos.

La autorización para tal práctica, concedida al principio solamente a los conventos de la Visitación, fue más difundida por la Venerable Ana Magdalena Rémuzat (1696-1730). A esa religiosa, también de la Orden de la Visitación, Nuestro Señor le hizo saber anticipadamente el daño que causaría una grave epidemia en la ciudad francesa de Marsella, en 1720, así como el maravilloso auxilio que los marselleses recibirían con la devoción a su Sagrado Corazón. La referida visitandina hizo, con la ayuda de sus hermanas de hábito, millares de esos Detentes del Sagrado Corazón y los repartió por toda la ciudad donde se propagaba la peste.

La historia registra que, poco después, la epidemia cesó como por milagro. No contagió a muchos de aquellos que portaban el Detente y las personas contagiadas obtuvieron un auxilio extraordinario con esta devoción. En otras localidades ocurrieron hechos análogos. A partir de entonces, la costumbre se extendió por otras ciudades y países. En 1789 estalló en Francia, la Revolución Francesa, en ese período, los católicos encontraron amparo en el Sacratísimo Corazón de Jesús. Entre las pertenencias de la Reina María Antonieta, guillotinada en la revolución, encontraron un dibujo del Sagrado Corazón, con la llaga, la cruz y la corona de espinas y las palabras: “Sagrado Corazón de Jesús, ¡Ten misericordia de nosotros!”

Otra Reina de Francia, también devota del Detente, fue María Leszczynska. En 1748 recibió como presente, del Papa Benedicto XIV, varios Detentes del Sagrado Corazón, en ocasión de su casamiento con el Rey Luis XV. En la región de Mayenne (oeste de Francia), los Chouans –heroicos resistentes católicos, que enfrentaron a los revolucionarios franceses de 1789– bordaban en sus trajes y banderas el Detente del Sagrado Corazón de Jesús. Era como un blasón y, al mismo tiempo, una armadura: “blasón” usado para reafirmar su Fe católica; “armadura” para defenderse contra las embestidas adversarias.

También ostentaron el Detente como “armadura espiritual” muchos otros líderes y héroes católicos que murieron o lucharon en defensa de la Iglesia, como los bravos campesinos seguidores del aguerrido tirolés Andreas Hofer (1767-1810), conocido como “el Chouan del Tirol”. Lo hicieron para protegerse en las luchas contra las tropas napoleónicas que invadieron el Tirol. Más recientemente, los católicos cubanos que no se dejaron subyugar por el régimen castrista tenían especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Muchos fueron hechos prisioneros y llevados al “paredón”, siguiendo el ejemplo de sus hermanos en el ideal católico, los Cristeros de México, también martirizados por odio a la Fe, a comienzos del siglo XX. En la antigua Perla de las Antillas (la actual Isla Prisión) antes de caer en manos de Fidel Castro, había muchas imágenes del Sagrado Corazón de Jesús en sus arboladas plazas. Pero después de la dominación comunista, fueron derribadas y… substituidas por otras del Che Guevara...

En nuestros tiempos en que, debido a la violencia avasalladora y generalizada, los peligros nos amenazan por todas partes, el uso del Detente del Sagrado Corazón de Jesús es de primordial importancia. Llevándolo consigo –también puede colocarse en nuestra casa, junto al material escolar de nuestros hijos, en el automóvil, en el trabajo, sobre la cabecera de un enfermo, etc– estaremos repitiendo en el interior de nuestras almas, lo que dice el Apóstol San Pablo: “Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rom 8, 31).

No hay peligro de que Él no pueda librarnos. Y hasta en medio de las dificultades que la Pro videncia envíe para probarnos, tendremos confianza en la protección divina, que nunca abandona a quienes recurren pidiéndole amparo y protección. Evidentemente, si nuestro pedido de auxilio es por medio de la Santísima Madre de nuestro Divino Redentor, Él nos oirá con mucho más agrado y nos atenderá más rápidamente: la ha constituido en Medianera de todas las Gracias y, al darnos por Madre a su propia Madre, nos manifestó una prueba mayor de amor.

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