martes, 14 de octubre de 2014

Pablo VI

Giovanni Battista Enrico Antonio María Montini nació en 1897 en Concesio, una población cercana a Brescia, Lombardía, Italia. Inicia sus estudios teológicos en el seminario diocesano de Brescia en 1916 y recibe su ordenación sacerdotal en la catedral de Brescia el 29 de mayo de 1920. Se graduó en la Pontificia Universidad Gregoriana, la Pontificia Academia Eclesiástica y la Universidad Estatal La Sapienza de Roma.

Con un destino en la nunciatura en Varsovia (Polonia), en 1923, inició en seguida una carrera en la diplomacia vaticana (tanto en el exterior como en la curia) que habría de durar más de treinta años. En 1937 el papa Pío XI lo nombró sustituto de la Secretaría de Estado, llegando a ser la máxima autoridad en este dicasterio cuando el papa siguiente, Pío XII, reservó para sí la titularidad del mismo. Estrecho colaborador de Pío XII, éste acabó alejándolo de la Curia romana al nombrarlo arzobispo de Milán el 1 de noviembre de 1954. Pero Juan XXIII lo recuperó el 15 de diciembre de 1958 e incorporándolo a la preparación del Concilio Vaticano II a partir del 11 de octubre de 1962.

La temprana muerte del beato Juan XXIII dejó a su sucesor la difícil tarea de llevar adelante el Concilio y aplicar sus innovaciones a la vida de la Iglesia. A los dieciocho días de la muerte del papa, Montini resultó elegido para esa tarea. Tomó el nombre de Pablo VI y fue coronado papa el 30 de junio de 1963. El nombre que eligió Montini fue Paulus (en latín) pero en castellano siempre se ha traducido como Paulo (al igual que Benedictus como Benedicto y no Benito). Pero con los nuevos cambios del Concilio Vaticano II en especial los periodistas quisieron cambiar la traducción para asemejarse a las transformaciones que sufría la Iglesia, y llevó a un cambio de nombre: Pablo

A él correspondió presidir la segunda sesión del Concilio Vaticano II, abierta el 29 de septiembre de 1963, las siguientes sesiones y el inicio de la aplicación de sus decretos a partir del 7 de diciembre de 1965, en que concluyó la IV y última sesión conciliar. Su pontificado, por tanto, estuvo marcado por la concreción del espíritu del Concilio en la renovación y modernización de la Iglesia católica y de sus enseñanzas. Reestructuró las instituciones vaticanas, internacionalizó el Sacro Colegio Cardenalicio y redujo el predominio abrumador de los italianos, descentralizó el poder papal para impulsar una mayor colaboración de los fieles en la vida de la Iglesia, viajó por todo el mundo para redoblar la presencia pública de la Iglesia y dio un nuevo impulso al diálogo ecuménico con las restantes confesiones cristianas.

Las encíclicas de Pablo VI mostraron la preocupación de la Iglesia por problemas del mundo moderno como el subdesarrollo (Populorum progressio, 1967) o el control de la natalidad (Humanae vitae, 1968). Pero demostraron también moderación ante las presiones que algunos sectores impulsaron tras el Concilio Vaticano II: en contraste con el impulso progresista de los sectores más radicalizados de la Iglesia, Pablo VI se mostró más conciliador, pragmático y conservador. Así, por ejemplo, Pablo VI se negó a alterar el sistema tradicional de elección de los papas para evitar que el cónclave se convirtiera en una especie de Parlamento democrático (1975).

Este aparente conservadurismo no impidió que existieran enfrentamientos con grupos tradicionalistas que se negaban a aplicar las reformas del Vaticano II, en temas como el Ecumenismo, el uso de lenguas vernáculas en la Liturgia, así como la modificación del Ordinario de la Misa, la declaración sobre la libertad religiosa, como fue el caso del movimiento encabezado por el obispo Lefebvre.

Durante su pontificado presidió la apertura de la puerta santa en la Basílica de San Pedro desde el 24 de diciembre de 1974 dando inicio al año santo o jubileo, el cual fue seguido por aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo. En abril de 1978, Pablo VI se manifiesta ante las Brigadas Rojas por el secuestro del político italiano demócrata-cristiano y amigo de juventud Aldo Moro, de quien se conoce la noticia de su asesinato el 9 de mayo y preside su funeral en la basílica de Letrán, mostrándose visiblemente conmovido y siendo posiblemente esta una de las razones por las cuales se deterioró su salud, la cual se agrava el 5 de agosto y fallece el día 6 a las 21.40 horas por un ataque cardíaco.

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