martes, 3 de agosto de 2010

¿Qué es la Liturgia?

La palabra Liturgia viene del griego (LEITOURGIA) y quiere decir servicio público, generalmente ofrecido por un individuo a la comunidad. Hoy se usa para designar todo el conjunto de la oración pública de la Iglesia y de la celebración sacramental. Significa originariamente "obra o quehacer público", "servicio de parte de y en favor del pueblo". En la tradición cristiana quiere significar que el Pueblo de Dios toma parte en "la obra de Dios" (cf. Jn 17,4). Por la liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra redención.

La Liturgia, obra de Cristo, es también una acción de su Iglesia. Realiza y manifiesta la Iglesia como signo visible de la comunión entre Dios y de los hombres por Cristo. Introduce a los fieles en la Vida nueva de la comunidad. Implica una participación consciente, activa y fructífera de todos. La Liturgia es también participación en la oración de Cristo, dirigida al Padre en el Espíritu Santo. En ella toda oración cristiana encuentra su fuente y su término. Por la liturgia el hombre interior es enraizado y fundado (cf Ef 3,16-17) en "el gran amor con que el Padre nos amó" (Ef 2,4) en su Hijo Amado. Es la misma "maravilla de Dios" que es vivida e interiorizada por toda oración, "en todo tiempo, en el Espíritu" (Ef 6,18).

En la Liturgia terrena pregustamos y participamos en aquella liturgia celestial que se celebra en la ciudad santa, Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero; cantamos un himno de gloria al Señor con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos, esperamos participar con ellos y acompañarlos; aguardamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que El se manifieste, y nosotros nos manifestamos con El en la gloria.

En la Liturgia, el Espíritu Santo es el pedagogo de la fe del Pueblo de Dios, el artífice de las "obras maestras de Dios" que son los sacramentos de la Nueva Alianza. El deseo y la obra del Espíritu en el corazón de la Iglesia es que vivamos de la vida de Cristo resucitado. Cuando encuentra en nosotros la respuesta de fe que él ha suscitado, entonces se realiza una verdadera cooperación. Por ella, la Liturgia viene a ser la obra común del Espíritu Santo y de la Iglesia. En esta dispensación sacramental del misterio de Cristo, el Espíritu Santo actúa de la misma manera que en los otros tiempos de la Economía de la salvación: prepara la Iglesia para el encuentro con su Señor, recuerda y manifiesta a Cristo a la fe de la asamblea; hace presente y actualiza el misterio de Cristo por su poder transformador; finalmente, el Espíritu de comunión une la Iglesia a la vida y a la misión de Cristo.

El Espíritu Santo realiza en la economía sacramental las figuras de la Antigua Alianza. Puesto que la Iglesia de Cristo estaba preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza, la Liturgia de la Iglesia conserva como una parte integrante e irremplazable, haciéndolos suyos, algunos elementos del culto de la Antigua Alianza:

– principalmente la lectura del Antiguo Testamento;
– la oración de los Salmos;
– y sobre todo la memoria de los acontecimientos salvíficos y de las realidades significativas que encontraron su cumplimiento en el misterio de Cristo (la Promesa y la Alianza; el Éxodo y la Pascua, el Reino y el Templo; el Exilio y el Retorno).

Por eso la Iglesia, especialmente durante los tiempos de Adviento, Cuaresma y sobre todo en la noche de Pascua, relee y revive todos estos acontecimientos de la historia de la salvación en el "hoy" de su Liturgia. Pero esto exige también que la catequesis ayude a los fieles a abrirse a esta inteligencia "espiritual" de la Economía de la salvación, tal como la Liturgia de la Iglesia la manifiesta y nos la hace vivir.

Liturgia judía y liturgia cristiana

Un mejor conocimiento de la fe y la vida religiosa del pueblo judío tal como son profesadas y vividas aún hoy, puede ayudar a comprender mejor ciertos aspectos de la Liturgia cristiana. Para los judíos y para los cristianos la Sagrada Escritura es una parte esencial de sus respectivas liturgias: para la proclamación de la Palabra de Dios, la respuesta a esta Palabra, la adoración de alabanza y de intercesión por los vivos y los difuntos, el recurso a la misericordia divina.

La Liturgia de la Palabra, en su estructura propia, tiene su origen en la oración judía. La oración de las Horas, y otros textos y formularios litúrgicos tienen sus paralelos también en ella, igual que las mismas fórmulas de nuestras oraciones más venerables, por ejemplo, el Padre Nuestro. Las plegarias eucarísticas se inspiran también en modelos de la tradición judía.

La relación entre liturgia judía y liturgia cristiana, pero también la diferencia de sus contenidos, son particularmente visibles en las grandes fiestas del año litúrgico como la Pascua. Los cristianos y los judíos celebran la Pascua: Pascua de la historia, orientada hacia el porvenir en los judíos; Pascua realizada en la muerte y la resurrección de Cristo en los cristianos, aunque siempre en espera de la consumación definitiva.

En la Liturgia de la Nueva Alianza, toda acción litúrgica, especialmente la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos es un encuentro entre Cristo y La Asamblea debe prepararse para encontrar a su Señor, debe ser "un pueblo bien dispuesto". Esta preparación de los corazones es la obra común del Espíritu Santo y de la Asamblea, en particular de sus ministros. La gracia del Espíritu Santo tiende a suscitar la fe, la conversión del corazón y la adhesión a la voluntad del Padre. Estas disposiciones preceden a la acogida de las otras gracias ofrecidas en la celebración misma y a los frutos de vida nueva que está llamada a producir.

La importancia de la Sagrada Escritura en la celebración de la liturgia es máxima. En efecto, de ella se toman las lecturas que luego se explican en la homilía, y los salmos que se cantan; las preces, oraciones e himnos litúrgicos están impregnados de su aliento y su inspiración; de ella reciben su significado las acciones y los signos.

El Espíritu Santo es quien da a los lectores y a los oyentes, según las disposiciones de sus corazones, la inteligencia espiritual de la Palabra de Dios. A través de las palabras, las acciones y los símbolos que constituyen la trama de una celebración, el Espíritu Santo pone a los fieles y a los ministros en relación viva con Cristo, Palabra e Imagen del Padre, a fin de que puedan hacer pasar a su vida el sentido de lo que oyen, contemplan y realizan en la celebración.

El anuncio de la Palabra de Dios no se reduce a una enseñanza: exige la respuesta de fe, como consentimiento y compromiso, con miras a la Alianza entre Dios y su pueblo. Es también el Espíritu Santo quien da la gracia de la fe, la fortalece y la hace crecer en la comunidad. La asamblea litúrgica es ante todo comunión en la fe.

La ANÁMNESIS

El término ANÁMNESIS es utilizado por los teólogos y los liturgistas de la religión cristiana para indicar la parte del canon plegaria eucarística, que sigue al relato de la institución y manifiesta la intención de celebrar la eucaristía según la orden del Señor, en memoria suya.

La celebración litúrgica se refiere siempre a las intervenciones salvíficas de Dios en la historia. El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las palabras proclaman las obras y explican su misterio. En la Liturgia de la Palabra, el Espíritu Santo "recuerda" a la Asamblea todo lo que Cristo ha hecho por nosotros. Según la naturaleza de las acciones litúrgicas y las tradiciones rituales de las Iglesias, una celebración "hace memoria" de las maravillas de Dios en una Anámnesis más o menos desarrollada. El Espíritu Santo, que despierta así la memoria de la Iglesia, suscita entonces la acción de gracias y la alabanza.

La Liturgia cristiana no sólo recuerda los acontecimientos que nos salvaron, sino que los actualiza, los hace presentes. El Misterio pascual de Cristo se celebra, no se repite; son las celebraciones las que se repiten; en cada una de ellas tiene lugar la efusión del Espíritu Santo que actualiza el único Misterio.

La EPÍCLESIS

Este término, EPÍCLESIS es el nombre que recibe en la celebración de la misa la parte que se dedica a la invocación del Espíritu Santo. Deriva del término griego EPÍKLESIS. Como no es posible ninguna liturgia sin la presencia del Espíritu Santo, la epíclesis es una dimensión fundamental de toda celebración litúrgica.

Es la intercesión mediante la cual el sacerdote suplica al Padre que envíe el Espíritu santificador para que las ofrendas se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y para que los fieles, al recibirlos, se conviertan ellos mismos en ofrenda viva para Dios.

La ANÁMNESIS y la EPÍCLESIS es el centro de toda celebración sacramental, y muy particularmente de la Eucaristía.

Las liturgias orientales

Estas familias litúrgicas podemos agruparlas en dos grandes secciones, las orientales y las occidentales. Aunque nosotros equivocadamente casi identificamos "liturgia católica" con "liturgia romana" y nos interesa estudiar sobre todo a ésta, no debemos desconocer algunos rasgos característicos de las orientales. Notemos que las liturgias orientales subsisten hoy en las iglesias orientales, tanto las separadas de Roma (a las que frecuentemente llamamos "ortodoxas") como las unidas a Roma ("orientales unidas") y que en muchos casos las liturgias de los unidos y los separados a Roma se parecen muchísimo entre sí.

Antes de hablar de la liturgia romana mencionemos rápidamente las principales liturgias occidentales.

La liturgia mozárabe (española). Tuvo su momento de esplendor en la época visigoda, (siglo VII). Empezó a ser fuertemente reprimida por la romana hacia el siglo XI y sólo subsiste hoy en un par de capillas (Toledo y Oviedo) como una "reliquia histórica".

La liturgia ambrosiana o milanesa. Remonta sus orígenes a San Ambrosio (siglo IV) y aunque poco a poco fue romanizándose, todavía ha llegado a nuestros días vigente en la diócesis de Milán y algunas zonas vecinas.

La liturgia antigua galicana (Francia). De ella conservamos el libro litúrgico más antiguo de la iglesia latina (siglo V). Tuvo un poderoso influjo oriental. Vivió una especie de renacimiento en los siglos XVII y XVIII en diversas liturgias regionales como la de Lyon.

La liturgia celta. Surgió en los pueblos de origen celta del occidente europeo. Está bastante relacionada con e influida por la galicana. En Inglaterra desapareció ya en el siglo VII bajo el influjo romanizado de los benedictinos. En la Bretaña francesa se mantuvo hasta el siglo IX y subsistió hasta el siglo XII en Irlanda. Todas estas y algunas otras de menor importancia fueron absorbidas por la Liturgia romana. Muy frecuentemente en vez de llamarla "romana" se utiliza o se ha utilizado las expresiones "liturgia latina" o mucho más "rito latino".

Sus más primitivos textos los encontramos en la "Traditio apostólica" de Hipólito (290 - 302). En su desarrollo histórico podemos señalar los siguientes acontecimientos fundamentales.

a) Hacia el año 370 la total substitución de la lengua griega primitiva en la liturgia romana por la lengua latina. (Recordemos que subsistían reliquias como el "Kyrie eleyson" en la misa latina).

b) Hacia el 600 se realiza la reforma del papa Gregorio el Grande que logra una clarificación sobre todo en el sector de los sacramentos.

c) Hacia el 950 comienza la reincorporación de elementos galicanos procedentes sobre todo de Alemania.

d) Pasado el año 1000 comienza con Gregorio VII e Inocencio III la etapa final de esta asimilación. Aparecen los libros litúrgicos oficiales de la curia romana que son extendidos por todo occidente especialmente por los franciscanos.

e) Entre 1568 y 1614 Roma crea de acuerdo con las determinaciones del Concilio de Trento (1545-1563) los libros que unifican la liturgia de la Iglesia latina: Breviario (1568), Misal (de San Pío V, 1570), Pontifical (1598), Ceremonial de los obispos (1600) y Ritual (1614).

Como el Breviario y el Misal no tenían carácter obligatorio en el caso de que existiesen tradiciones, otros ritos diferentes con una antigüedad superior a los 200 años, pudieron conservarse bastantes costumbres locales, aunque fueron pocas las que subsistieron a la corriente romanizadora del siglo XIX. Entre las que se conservaron citemos las de las diócesis de Braga (Portugal), Lyon (Francia) y las liturgias propias de algunas órdenes religiosas (Cartujos, Cistercienses, Premostratenses, Carmelitas, Dominicos...)

f) A mediados del siglo XX comienza una renovación litúrgica cuyos pasos fundamentales fueron la reestructuración de la Semana Santa y el nuevo rito de la Vigilia Pascual (recordemos que la conmemoración de la resurrección se adelantaba al sábado santo por la mañana y que en aquella época no se permitían las misas vespertinas... Por eso hace medio siglo en toda Europa y también América los grandes estrenos teatrales tenían lugar el Sábado de Gloria al anochecer, ya que ya había terminado la Cuaresma y el Señor ya había resucitado).

También hay que entender en relación con esta "Renovación litúrgica" el famoso decreto de Pío X sobre la comunión frecuente y la edad de la primera comunión de los niños que hasta entonces se recibía a los 14 o 15 años. En él se menciona el principio fundamental de la renovación litúrgica, el de la "participación activa" de los creyentes en las festividades de los sagrados misterios y en la oración solemne de la Iglesia.

Quien dio un gran impulso al movimiento litúrgico, con el apoyo del Cardenal Mercier, fue el abad benedictino de Mont-Cesar (Lovaina, Bélgica) y su discurso del 23-IX-1909 en Malinas en el "Día Católico" lanzó un movimiento de renovación litúrgica que llegó muy pronto en Bélgica y Holanda hasta las últimas parroquias, pero que en el resto de Europa se redujo al influjo de las grandes abadías benedictinas.

Después de la guerra europea, la encíclica "MYSTICI CORPORIS" del 29-VI-1943 había abierto ya un paso más, y el centro de pastoral litúrgica de París fundado en 1943 ayudó a la preparación de una serie de elementos que culminaron en la encíclica de Pío XII, la MEDIATOR DEI, del 20-XI-1947, que fue la Carta Magna de la libertad litúrgica, que partiendo de la reforma litúrgica de Pío X la desarrollaba en muchos puntos.

Notemos en el pontificado de Pío XII (1939-1958), además de la MEDIATOR DEI, la aprobación de numerosos rituales con textos y cantos en los idiomas vernáculos, la nueva traducción del salterio a partir del texto original hebreo, la renovación de la Vigilia Pascual y de las ceremonias de la Semana Santa, la simplificación de las rúbricas, el permiso de las misas vespertinas y la simplificación del ayuno eucarístico.

Juan XXIII encomendó al Vaticano II que decidiera sobre las líneas fundamentales de una futura reforma general de la liturgia. El Concilio Vaticano II con la "Sacrosantum Concilium" inició un período todavía no terminado de grandes reformas litúrgicas (uso de los idiomas vulgares, reestructuración de la práctica de los sacramentos, con una gran descentralización que puede llevar a la creación de nuevos tipos de liturgias, pensemos en los pueblos africanos, adaptados a la vida moderna).

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