martes, 24 de agosto de 2010

San La Muerte

Lo encontramos predominantemente en la Provincia de Corrientes, y también en El Chaco, Misiones y Formosa. Su objeto es el de conseguir trabajo o de no perderlo; hallar cosas perdidas; obtener el amor de alguien, vengarse de un desaire, de una afrenta, de un mal recibido o por no ser correspondido afectivamente.

El culto es obviamente pagano, no existe San La Muerte en ningún Santoral, y no tiene fecha especial de celebración, si bien se suele conmemorar el Viernes Santo y el Día de Todos los Muertos.

Este culto surgió a posteriori de la expulsión de los jesuitas de sus misiones en el noreste de la Argentina y Paraguay en 1767, de ellos también derivan el Señor de la Paciencia, El Señor de La Columna o San Ceono que crearon los naturales de la zona ya sin la orientación dogmática de la Compañía de Jesús.

Se lo conoce también con los nombres de Señor de la Buena muerte, y Señor La Muerte. El amuleto que lo representa sólo tiene efectividad si se encuentra bendecido por un sacerdote católico, en una muestra de claro sincretismo.

Acerca de la utilización del amuleto, para lograr la bendición su dueño lo lleva escondido en la mano mientras le pide al sacerdote que bendiga una estampita, logrando la bendición de ambas cosas.

El paso posterior -agregan- es el de llevar el amuleto durante siete viernes seguidos a otras tantas iglesias. Luego ya se puede utilizar para lograr hacer un "mal" a alguna persona enemiga, a través de oraciones.

LAS LEYENDAS: son recopilaciones históricas del Señor San la Muerte y sus enseñanzas a través de leyendas. En ellas, el Señor transmite a sus devotos principios morales, espirituales y religiosos.

Son importantes incluir como documento para conocer mas sobre él y el mensaje que quiere transmitir a todos los hombres.

Los españoles quedaron perplejos cuando los indios que habitan este lugar antes de ir a realizar sus ocupaciones se encomendaban a los que ellos denominaban un fetiche o talismán que representaba a un hombre descarnado en posición fetal o sentado al cual los indígenas le llamaban ÑANDERU GUAZU o Tupá y que muchos siglos antes de que los españoles descubriesen América se cree que según la adición oral fue en el año 800 de nuestra era lo que seria aproximadamente hace 1200 años y ateniéndonos siempre como fuente la tradición oral Dios Padre se le hace presente a un cacique guaraní de aspecto flaco y descarnado se le revela como Tupá o ÑANDERU GUAZU y se sienta de cuclillas a conversar con el cacique y le cuenta que en el cielo hay una pieza llena de velas , una mas grandes y otras mas pequeñas ,todas encendidas y le explica que las velas representan la vida y que cuando se apagaba el hombre moría y su alma era arrancada de su cuerpo para ser llevado a su juicio.

De ahí que en las estampitas actuales aparece con la guadaña, ya que en las primeras tallas aparece en posición fetal o sentada, y le dice que debía encomendarse el cacique con todo su pueblo tanto en vida como para poder tener una buena muerte, de allí nace el nombre Señor de la Buena Muerte.

Cuenta la leyenda que existió una vez, un rey que fue famoso por ser justo en administrar justicia. Este rey muere y va al cielo. En representación de Dios, éste le reconoce lo justo que había sido en la tierra cuando administraba justicia, y le pide que lo ayude en una labor en la cual él iba a ser idóneo para esa tarea, justamente le encomendó el cuidado de la vida y de la muerte de los humanos, Dios le dijo: “¿Ves todas esas velas encendidas...?, pues esas velas son la vida de los hombres de la tierra. Tu labor será que, cuando una de las velas se termine de consumir, tendrás que bajar e ir a buscar su alma para conducirla ante mi presencia. Mientras las velas estén ardiendo esas personas están vivas, una vez que se haya consumido, es cuando se acaba el tiempo para esa persona, como ves, hay velas mas grandes y velas mas pequeñas, no todos tiene el mismo tiempo de vida allí en la tierra”. Así por orden divina se convirtió en el ayudante de Dios para controlar la existencia de los hombres. Sus devotos se encomiendan a él en la vida y para que los proteja en la hora de la muerte.

En los Esteros del Iberá se cuenta otra leyenda, otra parte de una misma leyenda que forma la historia de este Santito: cuentan los lugareños, que en la región, hace unos 1500 años aproximadamente, había una prisión en donde estaban albergados los leprosos. A estos, por miedo al contagio, los tenían apartados de los demás reclusos, en una edificación alejada. En el pueblo existía una “Payé” (médico brujo), unos dicen que fue un monje Franciscano o un monje Jesuita que cuando Carlos III de España los expulsó de la región, se quedó en el lugar para ayudar a los indígenas. Este Payé era conocido por su poder de curación, a través de la administración de yuyos, brebajes, curaciones “de palabra” y oraciones, la administración de una "agua curativa", su gran amor al prójimo, el cual abarcaba también a los leprosos cuando éste se adentraba en sus celdas para ofrecerle agua a los enfermos en la culminación de sus vidas por medio de la enfermedad.

Entre los nativos donde se originó este mito, los personajes más respetados socialmente eran los Caciques y los brujos o curanderos. Su ciencia se transmitía a una persona por él elegida. El Chamán debía cumplir la altísima misión encomendada por Tupá (Dios), de administrar la vida y la muerte de sus contemporáneos, mediante la realización de curaciones o daño. Cuando envejecía, debía elegir entre los jóvenes de su tribu a quien consideraba merecedor de cumplir tan alto designio. Entonces el elegido debía internarse en el bosque, sentarse sobre un tronco y permanecer durante siete días sin ingerir alimentos ni agua y además aguantar el miedo a las horrorosas apariciones que vería. Si esta prueba era superada, estaría en condiciones de ejercer su trabajo como ayudante a Tupá.

En una ocasión, ya elegido el sucesor, el joven despide de su novia y a pesar que estaba prohibido le revela el lugar donde cumpliría la prueba. Se interna en el monte, elige el lugar para soportar la prueba y espera. Pasados los siete días no regresa a la tribu. Su enamorada va en su búsqueda, y lo encuentra esquelético y muerto.

Llora desconsolada y se lleva de recuerdo una falange como reliquia. Al llegar a su choza encuentra a su madre enferma. Entre lamentos ruega a su amado, aferrándose al huesito, que desde el más allá sane a su madre. Sus ruegos fueron escuchados y su madre sana milagrosamente.

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