martes, 6 de septiembre de 2016

NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

La primera fuente de la narración del nacimiento de la Virgen es el apócrifo Protoevangelio de Santiago, que coloca el nacimiento de la Virgen en Jerusalén, en el lugar en que debió existir una basílica en honor a María Santísima, junto a la piscina probática, según cuentan diversos testimonios entre los años 400 y 600. Después del año 603 el patriarca Sofronio afirma que ése es el lugar donde nació la Virgen. Posteriormente, la arqueología ha confirmado la tradición. La fiesta de la Natividad de la santísima Virgen surgió en oriente, y con mucha probabilidad en Jerusalén, hacia el s. v. Allí estaba siempre viva la tradición de la casa natalicia de María. La fiesta surgió muy probablemente como dedicación de una iglesia a María, tradición que se relaciona con el actual santuario de Santa Ana. La fiesta fue fijada el día 8 de septiembre probablemente porque, representando María el papel del comienzo o proemium de la obra de la salvación, era muy oportuno celebrar su nacimiento al principio del año eclesiástico según el Monologium Basilianum. Una narración apócrifa, titulada De ortu Virginis (sobre el nacimiento de la Virgen), ponía la concepción en el seno de Ana al primero de mayo, y refería que Nuestra Señora había nacido, a los cuatro meses de gestación.

Al nacer María quedó edificada la mansión para que viniera el Hijo de Dios a morar en el mundo, apareció la nube celestial que traería a esta tierra estéril el Rocío divino y vivificador, que es Cristo, se formó en la tierra la escala misteriosa por la cual vino al mundo el Hijo de Dios. En ese día llegó a la tierra la Puerta por donde entró el Salvador al mundo; la Mesa don-de es servido el Pan del Cielo; el Altar de Oro en el que se ofrece la Víctima en propiciación por nuestros pecados; la Mediadora ante el Mediador; la que cambia en gozos nuestras tristezas y transforma nuestros gemidos en acciones de gracias; la que sirve de Palacio al Rey de reyes; la que hace de templo para que allí viva el Hijo de Dios sus nueve primeros meses de estancia en nuestro planeta. Si cuando terminó de crear los seres del mundo vio Dios que “todo era bueno”, ¿Qué habrá dicho cuando creó a la Santísima Virgen, su obra maestra, su hija predilecta? Por medio de ella venía Dios a restaurar las ruinas del mundo.

Es por eso, que esta celebración, como enseña San Andrés de Creta es, "el principio de las festividades y sirve como puerta hacia la gracia y la verdad" San Juan Damasceno dijo: "el día de la natividad de la Madre de Dios es festividad de alegría universal, pues a través de Ella se renovó todo el género humano, y la aflicción de la madre Eva se convirtió en alegría."

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