jueves, 4 de noviembre de 2010

Divide a la sociedad argentina y reinaras…

"No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa". (Mateo 10-34,36)

Comienzo mi editorial citando este extracto del evangelio de Mateo. El mismo me dará pie para poder encadenar el tema de hoy. Antes, me gustaría dejar en claro este pasaje, ya que muchas veces si es sacado de contexto trae confusión.

Jesús dice que podemos esperar conflicto hasta en nuestra propia familia cuando vivimos la fe en su Nombre. Este seguimiento tiene un impacto sobre todos los aspectos de la vida, desde la manera en que concebimos a nuestros hijos, hasta la manera en que enterramos a nuestros difuntos. No es ninguna sorpresa que cuando otros miembros de la familia no comparten nuestra fe, resientan las decisiones que tomamos y el impacto que éstas tienen sobre ellos.

No quiero explayarme más y espero haber aclarado este pasaje de Mateo. Esta situación de tener como enemigos a los de la propia casa la está atravesando nuestra sociedad argentina, o por lo menos una parte de ella. Hoy nuestro pueblo está rodeado, flanqueado de enemigos que lo acechan para destruir lo que construimos diariamente para nuestra familia y comunidad. Digo esto porque hace ya un tiempo que estamos viviendo en un estado de violencia extrema, que se percibe a nivel político y sindical.

Hace unos días, un diario oficialista le hizo un reportaje al líder de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano. El mismo manifestó que si el que hoy es el vicepresidente de la Nación (Julio Cobos) "gana las presidenciales del año próximo, seguramente va a llevar adelante políticas en contra de los trabajadores y poner en riesgo la gobernabilidad". Y, en ese caso, "va a haber confrontación y voy a ser el primero en salir a la calle… saldrán los pibes. Porque no vamos a retroceder".

Estas situaciones prepotentes, que constantemente llevan al conflicto, al enfrentamiento de diferentes sectores, nos muestran que algo está pasando en Argentina que mella su forma de gobierno y su sistema político. Algo pasa con la democracia de este país. Lamentablemente, seguimos viviendo con personas que ejercen de factores de poder y grupos de presión, tanto a favor o en contra del gobierno de turno.

El poder propiamente dicho es manejado por ciertos sectores denominados "factores de poder", quienes son capaces de lograr decisiones del gobierno al ejercer influencia directa sobre el poder.

A la vez, existen otros sectores que nunca llegaron a ser factores de poder, o lo fueron en otra época y hoy han perdido esa condición, y sólo son "grupos de presión" que limitadamente pueden ejercer algún tipo de influencia indirecta sobre el gobierno para lograr una actitud que los beneficie.

Como factores de poder podemos citar al partido político gobernante, a ciertos sectores sindicales, con Hugo Moyano a la cabeza, a algunos grupos piqueteros liderados por Luis Ángel D'elia y a grupos que responden a la filosofía de la activista Hebe de Bonafini, una de las fundadoras de la asociación Madres de Plaza de Mayo (organización de madres de detenidos-desaparecidos durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura que gobernó el país entre 1976 y 1983).

Y esta pequeña aclaración me da pie para citar, nuevamente, a Hebe de Bonafini, presente en la manifestación organizada por la Coalición por una Radiodifusión Democrática, con la consigna "La Ley de Medios es para todos, para los Monopolios también". De su "discurso", lo que más miedo me da a perder la democracia es cuando afirma: "Si tenemos que tomar el Palacio de Tribunales, tomémoslo" y propuso "hacer una marcha por mes si es necesario" para "arrancarles la Ley".

Siempre con autoritarismo, con prepotencia, incitando a la violencia, enfermando a las nuevas generaciones con viejos odios y con nuevos conflictos que no construyen una sociedad en armonía, en paz, en diálogo, en concordia. Esto también demuestra que nuestro país necesita líderes que ayuden a crecer a la comunidad en todos sus sectores y que planteen proyectos positivos que contribuyan al crecimiento y a la prosperidad de todos.

Esta realidad me hace pensar que la representatividad política está fallando en nuestra Nación, y un grave hecho que ha acontecido hace unos días me lo confirma. Gremialistas de la Unión Ferroviaria se enfrentaron con trabajadores tercerizados que exigían su reincorporación a la Línea de Ferrocarril Roca. Los gremialistas intercambiaron piedras, palos e inclusos tiros, provocando la muerte de Mariano Ferreyra, un joven de 23 años militante del Partido Obrero al recibir un disparo a la altura del hígado.

En síntesis: creo que es lamentable que sigan ocurriendo muertes en actos por reclamos, cortes o manifestaciones. Es de profunda tristeza la muerte de este joven, más allá de que compartamos o no el pensamiento político que tenía. Una persona que tendría sueños, proyectos. Digo "tendría" porque ya no los tiene. En él podemos ver a muchos que han perdido la vida de este modo absurdo e innecesario. Y todo esto sucede porque sigue instalada en la sociedad argentina la violencia extrema. Violencia porque todos estos personajes que he nombrado en vez de apaciguar las aguas, las revuelven, las agitan y "utilizan" a jóvenes como Mariano Ferreyra para sus inescrupulosos fines que muy lejos están de construir una Nación segura y justa para todos. Pero lo que más me llamó la atención fueron las declaraciones de nuestra presidenta ante este asesinato. En el marco de las protestas sociales, expresó: "Algunos estaban desde hace mucho buscando un muerto en la Argentina, como no pudieron lograrlo en democracia aparecen bandas como estas…" Sus palabras me recordaron una cita de Mateo 27, 24. En ésta se relata a Jesús frente a Pilato en el momento en que, como en toda fiesta de la pascua judía, el gobernador pone en libertad a un preso a elección del pueblo. El texto dice lo siguiente y la reflexión se la dejo a ustedes: "Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes".

Alfredo Musante
Director Responsable
Programa radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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