miércoles, 30 de diciembre de 2015

LAS VACACIONES SON PARA DESCANSAR

Por definición, se denomina como vacaciones a ese período, dentro de un año, en que las personas que trabajan o estudian toman un receso en sus actividades, casi siempre en la época estival. La mayoría de los departamentos de Relaciones Humanas de las empresas apoyan este beneficio, no siempre pensando en la salud de las personas, sino, también, porque, a través de este tiempo de descanso, se logra incrementar la productividad de los trabajadores durante el resto del año.

A medida que trascurre tanto el período laboral como el escolar, los trabajadores y estudiantes comienzan a tener menos energía, y sensación de fatiga (astenia), para realizar las tareas habituales. El sistema inmune se debilita, y aparecen ciertos síntomas que se atribuyen a otras causas: cansancio, fatiga, falta de apetito, dolores musculares, de cabeza y molestias en el estómago. Entre estos síntomas psicológicos, surge la tristeza, irritabilidad, intolerancia, ansiedad, trastornos del sueño, somatizaciones, disfunciones o baja actividad sexual y disminución de la libido, falta de concentración y creatividad, y un gran desinterés y desmotivación por el trabajo.

Es sorprendente percibir que, a menudo, por no saber “vacacionar” el estrés, en vez de eliminarse, se incrementa. Los niveles de tensión aumentan haciendo del “supuesto descanso” una experiencia tan agotadora como la vida habitual. Se mantiene la misma inflexibilidad, convirtiendo las vacaciones en un trabajo de verano. Existe algo llamado “ocio culposo”, que es ni más ni menos que esa incapacidad que manifiestan las personas por estar inactivas o cumpliendo otras actividades que no son las cotidianas. Para algunos, este cambio brusco de ocupación a vacío puede suponer un grave problema y un estrés añadido. El no tener nada que hacer es tan malo como tener siempre frenéticamente algo que hacer. En vacaciones, se debe dormir más, dedicarse a la familia, aprovechar los espacios verdes y relajarse. Los padres descargan esta imposibilidad sobre sus hijos buscándoles tareas o entretenimientos y no les permiten, así, disfrutar un verdadero descanso. Las colonias de vacaciones imponen, también, sus exigencias propias.

Las vacaciones son para descansar

Es fundamental olvidarse de los horarios. No obligarse, por ejemplo, a salir a caminar o ir a la playa porque hay que aprovechar todo al máximo. Pero sí gozar de aquello que se pospuso en el correr del año, como estar con uno mismo, meditar o reflexionar. Hay personas con niveles elevados de ansiedad o estrés que no se desconectan de las rutinas y no logran relajarse. Si los niveles de ansiedad no disminuyen en vacaciones o, por el contrario, se incrementan, el período de receso termina transformándose en un estrés en lugar de un descanso. Los días de vacaciones deben ser sinónimo de tranquilidad, descanso y ocio. Si los niveles de ansiedad no descienden y se suman a los que ya se traen, el agotamiento será aún mayor, originando diferentes patologías.

Las vacaciones, masificadas a partir del desarrollo de la sociedad industrial como tiempo necesario para restaurar la potencia laboral, hoy están desvirtuadas cuando dejan de cumplir ese fin. El reposo, en sus dimensiones física (distensión del cuerpo), psíquica (relajación de la mente) y social (desconexión de la rutina), precisa reunir algunas condiciones para ser efectivo. Cuando no se alcanza una cantidad de días suficientes, no se corta con las rutinas habituales o las exigencias de organización del descanso se tornan un trabajo más agobiante que las tareas habituales, se funciona bajo estados de tensión, donde simplemente se cambia el estrés laboral habitual por un estado de estrés vacacional… Una vez en el lugar del supuesto descanso, se continúa con las conductas propias de la supervivencia del más apto: apurarse para encontrar el mejor lugar, consumir exacerbadamente por la necesidad de “disfrutar intensamente todo”, no parar para no “perder tiempo”, competir antes que compartir, cuidarse de los otros.

Por supuesto que estas conductas no son antojadizas, sino que responden a un modelo social donde se sobrevaloran el estatus socioeconómico, el éxito y la capacidad de consumir o mostrar, aun a costa de cierto vacío existencial generado por la carencia o minusvalía de valores intangibles, como pueden ser los culturales, artísticos, afectivos o éticos. Lo importante es que cada uno encuentre su mejor manera de descansar y disfrutar sin presionar o presionar a los demás. Vivir el día a día de las vacaciones contribuye a que éstas se prolonguen más.

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Fuente: Revista On Line San Pablo Nº 476

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