miércoles, 11 de febrero de 2015

La Batalla de Chacabuco


Cumplimos en esta edición en rememorar uno de esos hechos que fueron garantizando la independencia de Argentina y Sudamérica, la batalla de Chacabuco, contienda decisiva en la que se enfrentaron el Ejército de los Andes, creado por el General José de San Martín en Mendoza, y los ejércitos de realistas españoles, el 12 de febrero de 1817.

No está de más recordar que San Martín, militar nacido en Corrientes, que hizo sus primeras armas en España, volvió a su tierra con una única idea: independizar Sudamérica del dominio español. San Martín cruzó el Atlántico hacia Buenos Aires en 1812, y se insertó rápidamente entre los independentistas locales, que le confiaron la realización de su audaz plan: cruzar los Andes, liberar Chile y luego, por mar, caerles a los realistas por las espaldas del océano Pacífico para terminarlos en Perú.

Y si ni siquiera para un mortal común es fácil trazar esto planes en un papel, el correntino, denigrado por los españoles acusándole de llevar sangre india, en pocos años armó su ejército, le dio una disciplina desconocida y profesionalismos desconocidos hasta entonces y, como un paciente arquitecto al que le negaban recursos y materiales, la dotó de artillería, armas, caballos y alimento.

Con este cargamento, San Martín cruzó la cordillera en 1817 pero, y he aquí su estrategia, envió otros tantos regimientos a hacerlo por otros puntos al mismo tiempo, lo que confundió a Francisco Casimiro Marcó del Pont, jefe chileno de los realistas. Al líder chileno se le hizo muy difícil reunir un ejército, cansado y disminuido tras la derrota de los anteriores intentos trasandinos de independizarse. Simplemente, San Martín se le vino encima, con la ayuda de varios oficiales emigrados chilenos, y alcanzó una victoria fundamental para la continuación de su plan de liberación continental.

La batalla en sí forma parte de la historia militar universal, considerada entre las mejores por su estrategia, nacido del genio y las audacias sanmartinianas, los chilenos y la enorme masa de gauchos, mestizos y afroamericanos que le siguieron en la causa por la liberación. Las columnas se reunieron el 9 de febrero en el Campamento de Curimón y resolvieron atacar en la madrugada del día 12, aplicando una táctica de pinzas por el frente y la retaguardia. Para ellos se dividieron a las tropas disponibles en dos.

Al mando de Miguel Estanislao Soler marchó la 1º División como ala derecha que debía atacar por el oeste, compuesta por varios batallones y escuadrones y 7 piezas de artillería, contando con un total de 2.100 hombres. La 2º División o ala izquierda estaba al mando del chileno Bernardo O’higgins, quien debía atacar por el este; cerca de 1500 hombres y llevaba 2 piezas de artillería. Soler rodeó a los realistas, y O’higgins avanzó por Cuesta Vieja, en dos columnas, enfrentó a los adelantados hasta encontrar al grueso del ejército local, por lo que se replegó al tiempo que mandó comunicar al general San Martín de la situación.

Desobedeciendo las órdenes de San Martín de no comprometer fuego, O’higgins atacó dos veces sin éxito, pero al llegar el Libertador, ordenó al chileno que reagrupara sus fuerzas, y atacara los tres flancos del frente español situados en las colinas. Pronto llegó la división de Soler, lo que consolidó una aplastante victoria, pasada el mediodía a favor de los patriotas. La batalla duró 10 horas. Exultante de alegría por el resultado, San Martín comunicó al gobierno de Buenos Aires que:

“En veinticuatro días hemos hecho la campaña; pasamos la cordillera más elevada del globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile”

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