miércoles, 23 de febrero de 2011

Padre José Mario Pantaleo

"Tengo el poder de diagnosticar y curar porque Dios lo dispuso. Soy un brujito malandra que tiene a Dios de su lado"

José Mario Pantaleo nació el 1º de agosto de 1915 en Pistoia, Florencia, Italia, hijo de Ida Melani y de Rafael Enrique Pantaleo. Su familia decidió emigrar a la Argentina debido a la Primera Guerra Mundial, y fue así que se radicaron en la Provincia de Córdoba. El pequeño Mario fue internado en un colegio salesiano, y cuando su familia regresó al viejo continente lo dejaron allí para que siguiera su educación. Pasados unos años, el padre decidió la vuelta de Mario a Italia, y en 1931 ingresó en el seminario de Arezzo, siendo ordenado sacerdote en la Catedral de Mattera el 3 de diciembre de 1944. En 1946 sin destino fijo y teniendo en cuenta el pedido que el obispo Antonio Caggiano hiciera al Papa por sacerdotes para Argentina, Pantaleo visita al padre Pío en busca de consejo. Él lo alentó diciéndole: "Ve, hijo mío, estás en tu camino... Tú también has sido elegido para una singular misión... Adiós, hijo, adiós".

De regreso en la Argentina, se radicó definitivamente en la localidad de González Catán, donde creó dos fundaciones humanitarias, un colegio primario y secundario, un jardín de infantes, una escuela para discapacitados, un polideportivo, un centro de atención a mayores, un centro de capacitación laboral, una panadería y fábrica de pastas manejada por personas discapacitadas, un centro médico, una guardería para hijos de mujeres trabajadoras, una biblioteca con miles de títulos y un taller textil.

Pero lo que realmente destacó al Padre Mario fue su don de curar mediante la imposición de manos. Cientos de miles recurrieron a él a lo largo de décadas, incluidas personalidades famosas como el pintor Raúl Soldi, la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat, el escritor Ernesto Sábato, el historiador Félix Luna, o los ex-Presidentes Arturo Frondizi y Carlos Menem, entre otros. Desde la madrugada podía verse cómo la gente se congregaba en las llamadas "Filas de la Esperanza" para buscar alivio a sus enfermedades.

El Padre Mario tenía algunos problemas de salud, y cuando se le preguntaba por qué no se curaba a sí mismo, sonreía y contestaba que "cuando alguien recibe un don, es para darle a los demás, no para uno". Si bien en sus inicios la policía y los médicos desconfiaban de las actividades del sacerdote, con el tiempo comprendieron que sólo buscaba ayudar. El comisario de la zona fue presionado para detenerlo, pero nunca lo hizo ya que su propio hijo había sido curado por el sacerdote. Sin embargo, fue el clero el que nunca lo aceptó totalmente, y si pudo desarrollar su obra fue gracias a la comprensión de Monseñor Bufano y, a la muerte de éste, de Monseñor Meinvielle (ambos obispos de San Justo).

“En mi interior, una voz muda me decía que tenía una importante misión que cumplir”.
En 1958 Padre Mario decide viajar a Buenos Aires para estudiar filosofía, una vieja pasión de toda la vida. Él escribió al obispo Caggiano pidiéndole ser transferido y luego que su transferencia fue aceptada fue puesto a cargo del Hospital Ferroviario. Fue en éste momento en el que Pantaleo comenzó a ser conocido como cura sanador, atendiendo a un número creciente de personas en su pequeño departamento de Floresta.

De tanto andar, en el padre Mario comienza a surgir la idea de adquirir un terreno en González Catán y afincarse allí, pero antes quería ser autorizado a dar misa en el lugar. La fama de cura sanador que se había ganado hizo que las autoridades eclesiásticas fuesen renuentes a darle una capilla en el lugar. Durante nueve años, además de su trabajo en el Hospital Ferroviario y como sacerdote asistente de la Iglesia Nuestra Señora del Pilar, Mario Pantaleo dormía en un baño del subsuelo del Hospital Santojanni, donde había logrado ser asistente del capellán.

Ricos y pobres siguieron visitando al padre Mario para buscar sanación. Personajes como el historiador Félix Luna, el escritor Ernesto Sábato, la empresaria Amalia Fortabat, ex-presidentes como Carlos Menem y Arturo Frondizi, y el dictador Jorge Rafael Videla, entre muchos otros personajes famosos. El padre Mario atribuía las milagrosas curas a Dios y el se definía sólo como la "guitarra" siendo Dios el "guitarrero".

En 1972 coloca la piedra fundamental de la Iglesia Cristo Caminante que se inaugura tres años más tarde, luego viene la construcción de la Guardería, el Jardín de Infantes, la Escuela Primaria y Secundaria, la Escuela para Discapacitados, el Polideportivo, el Centro de Atención a Mayores, la Panadería, el Centro de Capacitación Laboral, entre otros.

Lejos de rendirse decidió continuar con su sueño y comenzó la construcción de su Obra en González Catán. Con mucho esfuerzo y gracias a sus amigos avanzaba en su objetivo, pero de nada servía levantar la Capilla Cristo Caminante, si no podía oficiar misa. En 1972 es desplazado de su trabajo en el Hospital Ferroviario y comienza una larga lucha para que las autoridades concedan el derecho a la incardinación. El 8 de diciembre de 1975, día de la Virgen, contra viento y marea se inaugura la Capilla que tanto había soñado, pero recién un año después, y gracias a la intervención del Monseñor alemán Antón Herre, logró el ansiado permiso para oficiar misa.

“Pasaron los años y las suelas de muchos zapatos se gastaron, no solo los míos, sino también los de toda la gente que me acompañó en la realización del sueño que traía, agazapado en el corazón, desde el viejo mundo. Y por fin el 8 de diciembre de 1975, luego de interminables idas y venidas, de alegrías y sinsabores, Cristo Caminante llegó al barrio antes olvidado para tomar posesión de su casa. Para visitar todos los hogares”, dijo el Padre Mario.

A finales de la década del 70, el Padre Mario soñaba con una Obra, que le permitiera llegar a más personas. Así comienza a organizarse y junto a sus colaboradores más cercanos busca plasmar su sueño. En quien primero piensa es en las madres del barrio que trabajaban fuera de sus casas y que no tenían donde dejar a sus pequeños hijos. Entonces funda el Centro Materno Infantil, que en ese momento se llamaba Guardería del Niñito Jesús.

En 1978 se crea la Fundación Presbítero José Mario Pantaleo, porque a través del Ministerio de Salud y Bienestar Social, se conseguían subsidios para las ONG’S. La personería jurídica fue lograda gracias al asesoramiento de la Dra. Lidia Correa Aldana, que era la Directora de la Inspección General de Justicia.

En esos tiempos el Padre, ya contaba con la ayuda de Perla Gallardo, su fiel colaboradora. Casualmente, el día de la firma de la constitución de la Fundación, Perla se encontraba en Rosario. Y Guillermo Garavelli, su hijo menor, acompañó al Padre a realizar el trámite. De esta manera, por casualidad, se convierte en co-fundador de la Obra del Padre Mario.

El 19 de agosto de 1992, a pocos días de haber celebrado sus 77 años, muere en la Ciudad de Buenos Aires. Los días que dura su velatorio en su querido González Catán más de quince mil personas pasan doloridas frente a la capilla ardiente.

0 comentarios: