miércoles, 30 de marzo de 2011

El sacramento de la penitencia en la historia - 1º Entrega


La penitencia es un Sacramento de la Nueva Ley instituido por Cristo donde es otorgado el perdón por los pecados cometidos luego del bautismo a través de la absolución del sacerdote a aquellos que con verdadero arrepentimiento confiesan sus pecados y prometen dar satisfacción por los mismos. Es llamado un 'sacramento' y no una simple función o ceremonia porque es un signo interno instituido por Cristo para impartir gracia al alma. Como signo externo comprende las acciones del penitente al presentarse al sacerdote y acusarse de sus pecados, y las acciones del sacerdote al pronunciar la absolución e imponer la satisfacción.

Es importante hacer notar que la confesión no es realizada en el secreto del corazón del penitente tampoco a un seglar como amigo y defensor, tampoco a un representante de la autoridad humana, sino a un sacerdote debidamente ordenado con la jurisdicción requerida y con el poder de llaves es decir, el poder de perdonar pecados que Cristo otorgó a Su Iglesia. La finalidad del presente estudio consiste en profundizar en el sustento bíblico e histórico del Sacramento, analizar a la luz de esta evidencia los errores introducidos a raíz de la Reforma Protestante, así como las distorsiones históricas que se manejan en las denominaciones surgidas de esta, al punto de llegar a convertirse en una historia alternativa completamente diferente a la real.

La facultad que tiene la Iglesia para conceder en nombre de Dios el perdón de los pecados proviene del mismo Cristo quien confirió esta facultad a sus apóstoles al decirles. “Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mateo 18-18)

El significado de atar y desatar no se limita a la autoridad de definir que es lícito y que no en cuando a doctrina, sino también a la facultad de conceder el perdón de los pecados, ya que el poder otorgado aquí no es limitado: “…todo lo que ustedes aten…”, “…y lo que desaten…”; poder que a su vez es confirmado explícitamente por Cristo al permitir perdonar o retener los pecados.

Existen numerosas objeciones de parte de las diferentes denominaciones protestantes respecto al Sacramento de la Penitencia. El protestantismo en general declara que no es necesaria la intervención humana para que Dios perdone el pecado y que este debe ser confesado en privado sólo a Dios.

Este tipo de objeción comete el error de confundir a quien concede el perdón (Dios), con el medio que Dios utiliza para administrarlo (el sacerdote). También es incorrecto afirmar que Cristo admitió que sólo Dios perdona el pecado. La Escritura señala que Él tiene facultad para hacerlo, sin entrar en polémica sobre su divinidad: “… Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa…” (Mateo 9-6).

Luego, prueba a través de un milagro físico (el signo externo de la curación del paralítico) lo que es un verdadero milagro espiritual (la realidad interna del perdón del pecado). Así, en la conclusión de esta enseñanza se nos declara: “…Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres…” (Mateo 9-8). Es obvio que esto no se refiere a la sanidad física, que era la prueba tangible de un milagro mucho más portentoso, sino al milagro en sí de la curación espiritual del enfermo a través del perdón de sus pecados. Y aunque Cristo en ese momento hubiese querido reconocer eso implícitamente, esto tampoco tendría por qué impedir que Cristo posteriormente pudiera transmitir ese poder a sus apóstoles, tal como queda firmemente atestiguado en la Escritura.

Tampoco es cierto que ni ningún apóstol o ningún otro obró de confesor, o no existe en la Escritura la mención de confesar pecados a hombre alguno. Existen referencias bíblicas explícitas que echan por tierra estas afirmaciones demostrando que los pecadores arrepentidos no se limitaban a la confesión interior. El evangelio de Marcos narra cómo quienes acudían a Juan Bautista para ser bautizados le confesaban sus pecados: “…La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados…” (Mateo 3,5-6)

Lo mismo se afirma de aquellos que, al convertirse, acudían a los apóstoles: “Muchos de los que habían abrazado la fe vinieron a confesar abiertamente sus prácticas” (Hechos 19-18) Existe evidencia también de que el pecador no solamente debía confesar su pecado a Dios, sino a la Iglesia: “Confiesen mutuamente sus pecados y oren los unos por los otros, para ser curados. La oración perseverante del justo es poderosa” (Santiago 5-16)

Aunque no vemos en estos textos una confesión auricular como la conocemos hoy, podemos ver dos hechos claves: Cristo concedió a los apóstoles la facultad de perdonar pecados, y que el pecador no se limitaba a la confesión interior. ¿Cómo pudieran los apóstoles perdonar pecados secretos a menos que los fieles se los confesaran?

Es incorrecta también la objeción de que cuando en la Escritura se ordena confesar los pecados se refiere a pedir perdón a los hermanos que hemos ofendido. Si bien una ofensa es un pecado, no todos los pecados son ofensas al prójimo y reducir así el significado del texto es desvirtuar su significado real y completo del texto.

Cuando la Escritura habla de confesión de pecados no se refiere a pedir perdón a algún hermano por haberle ofendido. Comparemos esta interpretación con Marcos 1, 5: “Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados”. ¿Deberíamos interpretar que toda la gente de Judea y Jerusalén había ofendido a Juan el bautista? Si lo aplicamos a Hechos 19, 18 “Muchos de los que habían abrazado la fe vinieron a confesar abiertamente sus prácticas” ¿deberíamos interpretar que todos los nuevos conversos habían ofendido a los apóstoles? Notemos que el texto aquí es particularmente claro, porque habla de confesar y declarar “sus prácticas”, no sus ofensas. Recordemos también que el primer ofendido por nuestros pecados es Dios, pues todo pecado es primeramente una violación de la justicia divina.

Evidencia de la Reconciliación en el Antiguo Testamento

La realidad sacramental de la Iglesia es precedida en la historia por su modelo profético, la Ley Mosaica. En ella vemos (Levítico 4 y 5) que Dios exigía un sacrificio ceremonial por los pecados cometidos. El sacrificio se realizaba en el Tabernáculo (luego en el Templo) y delante de los sacerdotes, lo cual en sí es una admisión pública por el pecado. El ejercicio de estas ceremonias no solo era público sino además enseñaba a los pecadores la inevitable consecuencia del pecado: la muerte. El animal que se sacrificaba moría en lugar del pecador. El modo de ejecución de dichos sacrificios es un equivalente del Sacramento de la Reconciliación que no se puede negar y en el que tanto el sacerdote como el fiel tienen una participación claramente definida, vayamos al texto de Levítico 4, 27-35 y con el dejaremos planteado para el próximo programa la evidencia histórica del sacramento de la reconciliación:

“Si es una persona del pueblo la que peca inadvertidamente y se ha hecho culpable, cometiendo una falta contra alguna de las prohibiciones contenidas en los mandamientos del Señor, una vez que se le haga conocer el pecado que ha cometido, presentará como ofrenda por la falta cometida, una cabra hembra y sin defecto. Impondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la inmolará en el lugar del holocausto. Después el sacerdote mojará su dedo en la sangre, la pondrá sobre los cuernos del altar de los holocaustos y derramará el resto de la sangre sobre la base del altar. Luego quitará toda la grasa de la víctima, como se hace en los sacrificios de comunión, y la hará arder sobre el altar, como aroma agradable al Señor. De esta manera, el sacerdote practicará el rito de expiación en favor de esa persona, y así será perdonada”.

02 de Abril - Día del Veterano y los Caídos de Malvinas


El 2 de abril de 1982, el gobierno de facto encabezado por Leopoldo Fortunato Galtieri concretó la ocupación militar de las Islas Malvinas. Los motivos del gobierno militar para tomar esa decisión no eran geoestratégicos, sino que se vinculaban sobre todo con la situación política nacional. Por lo demás, se supuso entonces que el Reino Unido no respondería militarmente a la invasión. Sin embargo, todos esos cálculos terminaron demostrándose como errados y la situación desembocó en una guerra entre Argentina y una de las mayores potencias militares del planeta. El enfrentamiento militar terminó con la esperable derrota de un ejército argentino mal preparado para un conflicto de esas características. El 2 de abril se conmemora el aniversario de ese episodio. Las Islas Malvinas continúan en poder de los británicos, que pretenden incluso extender sus potestades territoriales en 150 millas adicionales sobre las 200 que ya controlan en la plataforma continental del límite exterior de las Islas.

El conflicto bélico del Atlántico Sur se desató cuando tropas argentinas ocuparon las Islas Georgias el 19 de marzo de 1982 y las Islas Malvinas el 2 de abril siguiente. Aunque el gobierno argentino de facto consideró a la toma de las islas como una “reocupación” de su propio territorio y el gobierno británico lo definió como una “invasión” de uno de sus territorios ultramarinos, las raíces del conflicto se encontraban en otra parte. A fines de 1981, Argentina experimentaba una profunda crisis económica, con una inflación del 600% y una creciente movilización sindical. Todo esto, sumado a la política represiva de la Junta Militar que gobernaba al país desde 1976 y a la notoriedad que comenzaban a adquirir las brutales violaciones a los derechos humanos, produjo una creciente oposición a la dictadura.

Fue entonces que el gobierno liderado por Leopoldo Fortunato Galtieri intentó fortalecer su posición política apelando a la euforia nacionalista que la recuperación de las islas podría desencadenar. Por lo demás, los gobernantes argentinos también consideraban improbable que Gran Bretaña respondiera militarmente a la toma de las Islas, de modo que pensaban que podrían aprovechar los efectos políticos de la operación sin enfrentar una guerra contra una de las mayores potencias militares. Sin embargo, Gran Bretaña respondió con el envío de tropas y una fuerte decisión política y militar de recuperar Malvinas, probablemente no porque el gobierno de Margaret Thatcher estuviera interesado específicamente en las islas, sino por otros motivos.

Fundamentalmente, aceptar los reclamos de soberanía argentinos, que habían sido presentados con anterioridad en la ONU, o tolerar una operación militar sobre territorios ultramarinos habría implicado la posibilidad de que eventos de ese tipo se repitieran en el resto de lo que quedaba del Imperio Británico, algo inaceptable para el Reino Unido. Además, en el contexto de la Guerra Fría, Gran Bretaña podía presentar su ingreso al conflicto como parte de una lucha planetaria entre democracia y totalitarismo, y una victoria implicaría una mejora de la débil situación política del gobierno conservador encabezado por Thatcher. Como se ve, tanto la decisión argentina de recuperar las islas como la británica de responder militarmente tenían motivaciones distintas a la disputa por la soberanía o a la protección de los habitantes de las islas.

Una vez desatado el conflicto, su desenlace fue casi inexorable. Algunos países latinoamericanos ofrecieron su ayuda a Argentina, en tanto que Chile, Estados Unidos y varios países europeos asistieron a Gran Bretaña, aun cuando ninguno de estos Estados tuvo una participación militar directa en el conflicto. La aviación argentina logró hundir el destructor británico HMS Sheffield, pero el hundimiento del Crucero General Belgrano y la escasa preparación del ejército argentino para una defensa militar de las islas ante una respuesta británica que se consideraba improbable, llevaron a la rendición argentina del 14 de junio de 1982.

La guerra tuvo consecuencias de grandes proporciones, fundamentalmente en el plano político. En Inglaterra, la victoria militar hizo posible el triunfo del partido gobernante en las elecciones de ese mismo año, algo que estaba lejos de ser seguro antes de la guerra y llevó a una profundización de las políticas conservadoras que caracterizaban al gobierno de Thatcher. En Argentina, el fracaso de la recuperación de Malvinas precipitó la caída del régimen militar y el retorno de la democracia en 1983, con el consecuente juicio a las Juntas Militares por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante su gobierno de facto. La derrota tuvo también otras consecuencias en el país: muchos de los soldados que regresaron de Malvinas fueron estigmatizados por haber participado de una guerra que súbitamente perdió toda la popularidad que le había valido la euforia nacionalista inicial. Aunque los ex combatientes británicos también sufrieron las consecuencias de la guerra en su salud física y mental, los veteranos de guerra argentinos fueron castigados particularmente por las debilidades que el Estado demostró en su asistencia. Un solo dato pinta dramáticamente las dimensiones de esta tremenda realidad: según estadísticas del Ministerio de Salud del año 2004, la tasa anual de suicidios en la Argentina es de 8,2 casos cada 100.000 habitantes, mientras que la tasa anual de suicidios entre los ex combatientes trepa hasta 108,7 casos cada 100.000 habitantes, casi 14 veces más que entre el resto de la población.

La disputa por la soberanía sobre las islas entre Argentina y Gran Bretaña, sin embargo, no se inicia con el conflicto de 1982 ni termina con él, sino que comienza muchas décadas antes y amenaza con prolongarse largamente en el futuro, aunque la ONU insiste con frecuencia en propiciar negociaciones entre ambos países para resolver la cuestión. Es preciso, entonces, analizar brevemente cuáles son los fundamentos expuestos por cada país para sus pretensiones.

El gobierno argentino sostiene su soberanía sobre las islas desde 1833 con los siguientes argumentos:

La soberanía sobre las islas fue transferida por España a Argentina tras la independencia, bajo el principio de Uti Possidetis Juris, que significa “como poseías de acuerdo al derecho, poseerás”.

Gran Bretaña abandonó su asentamiento en 1776 y renunció a su soberanía sobre él en el Tratado de San Lorenzo del Escorial de 1789-90, donde reconoció la soberanía española sobre las costas e islas de América del Sur.

La invasión de 1833 (cuando los británicos recuperaron el control de las islas, ininterrumpido hasta 1982) fue ilegal según el derecho internacional. Las Malvinas se encuentran sobre la plataforma continental submarina argentina, lo que le da al país derecho a la soberanía sobre las islas según la Convención de la ONU sobre la Plataforma Continental de 1958. Los británicos, por su parte, consideran que la cuestión de la soberanía sobre las islas “no es negociable”, incluso tras las resoluciones de Naciones Unidas que se sucedieron desde la década de 1960, al tiempo que también rechazan la posición argentina de que la ocupación británica de las islas es ilegal.

Qué es el Jueves Santo


Hace miles de años, los judíos vivían en la tierra de Canaán, pero sobrevino una gran escasez y tuvieron que mudarse a vivir a Egipto, donde el faraón les regaló unas tierras fértiles donde pudieran vivir, gracias a la influencia de un judío llamado José. Después de muchos años, los israelitas se multiplicaron muchísimo en Egipto y el faraón tuvo miedo de que se rebelaran contra su reino. Ordenó matar a todos los niños varones israelitas, ahogándolos en el río Nilo. Moisés logró sobrevivir a esa matanza, pues su madre lo puso en una canasta en el río y fue recogido por la hija del faraón.

El faraón convirtió en esclavos a los israelitas, encomendándoles los trabajos más pesados. Dios eligió a Moisés para que liberara a su pueblo de la esclavitud. Como el faraón no accedía a liberarlos, Dios mandó caer diez plagas sobre Egipto. La última de esas plagas fue la muerte de todos los primogénitos del reino. Para que la plaga no cayera sobre los israelitas, Dios ordenó a Moisés que cada uno de ellos marcara la puerta de su casa con la sangre de un cordero y le dio instrucciones específicas para ello: En la cena, cada familia debía comerse entero a un cordero asado sin romperle los huesos. No debían dejar nada porque al día siguiente ya no estarían ahí. Para acompañar al cordero debían comerlo con pan ázimo y hierbas amargas.

Las hierbas amargas ayudarían a que tuvieran menos sed, ya que tendrían que caminar mucho en el desierto. El pan al no tener levadura no se haría duro y lo podían llevar para comer en el camino. Les mandó comer de pie y vestidos de viaje, con todas sus cosas listas, ya que tenían que estar preparados para salir cuando les avisaran. Al día siguiente, el primogénito del faraón y de cada uno de los egipcios amaneció muerto. Esto hizo que el faraón accediera a dejar a los israelitas en libertad y éstos salieron a toda prisa de Egipto. El faraón pronto se arrepintió de haberlos dejado ir y envió a todo su ejército para traerlos de nuevo. Dios ayudó a su pueblo abriendo las aguas del mar Rojo para que pasaran y las cerró en el momento en que el ejército del faraón intentó pasar.

Desde ese día los judíos empezaron a celebrar la pascua en la primera luna llena de primavera, que fue cuando Dios los ayudó a liberarse de la esclavitud en Egipto. Pascua quiere decir “paso”, es decir, el paso de la esclavitud a la libertad. El paso de Dios por sus vidas. Los judíos celebran la pascua con una cena muy parecida a la que tuvieron sus antepasados en la última noche que pasaron en Egipto. La fiesta de la pascua se llamaba “Pesaj” y se celebraba en recuerdo de la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Esto lo hacían al llegar la primavera, del 15 al 21 del mes hebreo de Nisán, en la luna llena.

Los elementos que se utilizaban en la cena eran los siguientes:

El Cordero: Al salir de Egipto, los judíos sacrificaron un cordero y con su sangre marcaron los dinteles de sus puertas.

Karpas: Es una hierba que se baña en agua salada y que recuerda las miserias de los judíos en Egipto.

Naror: Es una hierba amarga que simboliza los sufrimientos de los hebreos durante la esclavitud en Egipto, la comían para recordar que los egipcios amargaron la vida sus antepasados convirtiéndolos en esclavos.

Jarose: Es una mezcla de manzana, nuez, miel, vino y canela que simboliza la mezcla de arcilla que usaron los hebreos en Egipto para las construcciones del faraón.

Matzá: Es un pan sin levadura que simboliza el pan que sacaron los hebreos de Egipto que no alcanzó a fermentar por falta de tiempo.

Agua salada: Simboliza el camino por el Mar Rojo.

Cuatro copas de vino: Simbolizan cuatro expresiones Bíblicas de la liberación de Israel.

Siete velas: estas simbolizan la venida del Mesías, luz del mundo.

El jueves santo se encuentra en la encrucijada entre la cuaresma y la pascua. Es el último día de cuaresma, y su misa vespertina da paso al triduo pascual, que es la preparación inmediata para la pascua, al mismo tiempo que comienza ya su celebración. Domina, pues, en este día el ambiente de preparación. Todo en él se encamina a la pascua. Así ocurrió el primer jueves santo, cuando el Señor envió a Pedro y a Juan para hacer preparativos: “Vayan a prepararnos lo necesario para la comida pascual” (Lc 22,8).

El jueves santo se celebran dos misas: la llamada MISA CRISMAL, que tiene lugar únicamente en las catedrales, y la MISA VESPERTINA en la CENA DEL SEÑOR, en las parroquias y casa religiosas. La MISA CRISMAL incluye la consagración de los óleos que se usan para el bautismo y otros sacramentos. En esta liturgia resalta el tema del sacerdocio y su institución por parte de Cristo. La MISA VESPERTINA conmemora sobre todo la institución de la Eucaristía. Ambos temas están íntimamente relacionados entre sí, pero es conveniente distinguirlos con dos celebraciones.

Como ya dijimos, esta misa se celebra únicamente en las catedrales y tiene lugar por la mañana. El obispo diocesano consagra los óleos y preside como celebrante principal. En esta asamblea del pueblo de Dios tenemos una expresiva manifestación de la Iglesia, porque la diócesis es la Iglesia de Dios en miniatura. El obispo concelebra con sus sacerdotes como señal de unidad y fraternidad, y es asistido por ellos en la consagración de los óleos. Los diáconos y otros ministros también están presentes y tienen parte activa en la celebración.

Todos los sacramentos tienen conexión con pascua; son SACRAMENTOS PASCUALES. Debemos recordarlo cuando asistimos a un bautismo, confirmación u ordenación y se usa el santo crisma; y también cuando se unge a alguien con el crisma de los enfermos. El tema principal de la MISA CRISMAL es el SACERDOCIO. Al entregar el misterio de la Eucaristía a la Iglesia, Cristo instituyó también el sacerdocio. Los textos de la misa presentan un conjunto catequético no solamente acerca del sacerdocio ministerial, sino también relativo al sacerdocio general de los fieles. En la antífona de entrada, la asamblea aclama: "Jesucristo nos ha convertido en un reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre". La expresión se repite en la segunda lectura, y de ella se hace eco también el prefacio.

Una de las partes más impresionantes de la MISA CRISMAL, añadida recientemente, es la renovación del compromiso de servicio sacerdotal. Después del evangelio y la homilía, el obispo invita a sus sacerdotes a renovar su dedicación a Cristo y a la Iglesia. Juntos prometen solemnemente unirse más de cerca a Cristo, ser sus fieles ministros, enseñar y ofrecer el santo sacrificio en su nombre y conducir a otros a él. En este acto de entrega, el obispo pide para sí las oraciones de todo su pueblo. La bendición de los óleos y la consagración del crisma puede hacerse después de renovar los compromisos o en otro punto más avanzado de la misa. La tradición más antigua coloca la bendición del óleo de los enfermos inmediatamente antes de terminar la plegaria eucarística; la bendición del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma tienen un interés especial. Todos los sacerdotes con celebrantes se asocian a la plegaria consecratoria, que es una de las más solemnes de la liturgia. Contiene una auténtica lección sobre la dignidad y poder de los sacramentos, en particular del bautismo. El triduo pascual comienza con la misa vespertina de la cena del Señor.

¿De dónde provienen estos dichos? - 2º Entrega


El origen de las palabras y frases populares como "HASTA QUE LAS VELAS NO ARDAN", "PONER LOS CUERNOS", "A CADA CHANCHO LE LLEGA SU SAN MARTÍN" y "VIVA LA PEPA" son utilizadas cotidianamente con sentido inequívoco, pero a la hora de preguntarse qué las originó, las respuestas hacen agua. Sólo los paremiólogos -expertos en refranes- son capaces de dar respuesta a semejante incógnita. Lo que sigue es parte de sus desvelamientos.

HASTA QUE LAS VELAS NO ARDAN

Se originó en los prostíbulos, en épocas en que no existía la luz eléctrica y los relojes eran objetos de lujo. La madama le entregaba al cliente una o varias velas, según lo pagado. Cuando se consumían, el turno había concluido, esto es, había sexo "HASTA QUE LAS VELAS NO ARDAN".

PONER LOS CUERNOS

Del "DERECHO DE PERNADA" que se dice le asistía al señor feudal en la Edad Media, derivó lo de "PONER LOS CUERNOS". Antes de acostarse con la novia, el caballero colgaba en la puerta una ornamenta de ciervo para advertir que nadie entrara so pena de ser decapitado. Mientras tanto, el marido llamaba orgulloso a sus vecinos para mostrar que su señor le había puesto los cuernos.

A CADA CHANCHO LE LLEGA SU SAN MARTÍN

Alude al 11 de noviembre, día de San Martín de Tours, patrono de Buenos Aires, que se celebraba comiendo lechón. Significa que a todos les llega en algún momento la compensación por sus buenos o malos actos.

VIVA LA PEPA

Contra lo que pudiese creerse, "VIVA LA PEPA" no es el grito de alegría de un buscador de oro, sino el que usaban los liberales españoles en adhesión a la Constitución de Cádiz, promulgada el 19 de marzo de 1812, en la festividad de San José Obrero. Como a los José se los apoda Pepe, en vez de decir "VIVA LA CONSTITUCIÓN" -lo que conllevaba llegar a ser reprimidos- los liberales gritaban "VIVA LA PEPA".

martes, 29 de marzo de 2011

BAUTIZAR O NO BAUTIZAR

“Un caso inédito en Latinoamérica, hijos de parejas gay piden que su hijo sea bautizado. La decisión del pastor de la Iglesia Luterana Dinamarquesa, de bautizar a un hijo de una pareja de lesbianas disparó una pregunta para la Iglesia Católica: ¿debe administrar el llamado sacramento de la iniciación cristiana a un niño en esas circunstancias?”

Así con estos titulares doy comienzo mi editorial, mi comentario y lo termino con una pregunta y me viene a la memoria cuales son los requisitos que se piden a los padres que solicitan el bautismo de su hijo. De acuerdo con el canon 868 § 1, para poder bautizar a un niño es necesario contar con el consentimiento de los padres o al menos de uno de los dos, y que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la fe católica. Este es el tenor literal de dicho canon:

1º que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes hagan legítimamente sus veces.

2º que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza, debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres.

El canon 97 § 2 define hasta qué edad se debe considerar niño a una persona; según este canon, es niño quien no ha cumplido siete años de edad; el canon 99 previene que quien carece de uso de razón se equipara a los niños a estos efectos. Por lo tanto, para poder bautizar a un niño hasta los siete años de edad sólo se piden estos dos requisitos enunciados: que consienta al menos uno de los dos padres, y que haya esperanzas fundadas de que va a ser educado en la fe de la Iglesia. Como se puede observar, el Código no exige ningún requisito referente a la, digamos, calidad moral de la relación de los padres. Si a los padres les une una relación contraria a las enseñanzas de la Iglesia, el Código no les prohíbe pedir el bautismo de su hijo; si los padres no están casados, o han atentado matrimonio civil, o sólo pide el bautismo la madre porque el padre no aparece, por el derecho universal de la Iglesia puede ser bautizado, con tal que esté garantizada de algún modo la educación cristiana del hijo.

No se puede juzgar a nadie; no se debe señalar con el DEDO DE DIOS a nadie, no es el objetivo de esta editorial juzgar la conciencia de quienes se encuentren en las situaciones morales descritas arriba, o en otras similares, en contradicción con las enseñanzas del Magisterio. Por eso, si se habla aquí de culpa o incluso de pecado, se hace sólo en referencia al hecho objetivo de que tales conductas son contrarias a la doctrina de la Iglesia. Pero no es mi intención juzgar la culpabilidad de cada uno, pues sólo Dios juzga.

El criterio de la Iglesia en este precepto es el de no castigar al hijo por la conducta de los padres. Se debe tener en cuenta que el bautismo es el sacramento que abre la puerta a los demás sacramentos (cfr. canon 849), y que por ser sacramento, confiere la gracia. Que los padres hayan cometido una culpa no debe impedir que los hijos puedan acceder a las fuentes de la gracia. Por lo tanto, la norma de derecho universal permite que estos niños puedan incorporarse a la Iglesia. Para mayor abundancia, hay que observar que el Código ni siquiera exige que los padres estén bautizados.

Es más, el bautismo que piden puede ser una ocasión para que el párroco hable con los padres, y les anime a que reemprendan su vida cristiana. Probablemente actúe mal el pastor que recibe a estos padres, y ni siquiera les recuerde -con caridad y comprensión, intentando ayudar- que su modo de vida es contrario a las indicaciones de la Iglesia. Pero tampoco debe olvidar el párroco que el bautismo que piden es una oportunidad que se le presenta (al párroco) para intentar acercar a esos padres a Dios.

El sacramento del Bautismo, nos exige valorar y respetar el deseo de todos los que lo solicitan para sus hijos, aún de aquellos que se hallan en situaciones particulares (madres solteras, padres separados, etc.) esto no lo recuerda las Líneas Pastorales de la Nueva Evangelización, párrafo 48, documento de la CEA del , 25 de abril de 1990. No olvidemos que la iniciativa del Bautismo proviene de Dios de tal manera que su inspiración lleva a las familias especialmente a las más humildes, a pedirlo con gozo a la Iglesia para sus hijos recién nacidos.

Entre las normas y condiciones a seguir en el año 1997, el obispo Juan Rodolfo Laise, publicaba en el Boletín Eclesiástico de la Diócesis de San Luis, aquí en la Argentina: "No se ha de negar el bautismo a los hijos de madres solteras. Los párrocos no indaguen ni exijan condiciones especiales a los padrinos de bautismo y confirmación, porque de hacerlo a muy pocos se podría permitir ser padrinos. Manifiesten cuáles son las obligaciones de los padrinos. Más bien hay que exigir a los padres de los bautizados y confirmados la obligación de acompañar a sus hijos en la formación cristiana de sus hijos".

Pero siguiendo con este tema, una mirada teológica permite afirmar que aún cuando los padres no sepan dar razones adecuadas al solicitar el Bautismo e incluso sin saberlo, están actuando motivados por la libre y amorosa elección de Dios que quiere que ese niño sea hijo suyo en Jesucristo. Para evitar ambigüedades, la Iglesia y sus pastores en su conjunto, no puede negarles el Bautismo a los hijos de madres solteras, de uniones civiles, de divorciados con un nuevo vínculo o de personas alejadas de la práctica de la vida cristiana.

En síntesis:
Conviene aclarar que el culto danés –la religión oficial de Dinamarca–, de perfil liberal, no tiene una conducción centralizada y permite un amplio margen de libertad a sus comunidades. Sin embargo, no existe aún una norma taxativa sobre el bautismo de hijos naturales o adoptivos de parejas de gays. De todas maneras, de las normas establecidas en el Código de Derecho Canónico (legislación eclesiástica) puede interpretarse que, en principio, no hay dificultad para que el niño pueda ser bautizado.

La práctica empieza a confirmar la disponibilidad de la Iglesia. Hacia fines del año pasado, un sacerdote en España aceptó bautizar al hijo de una pareja de lesbianas. Es evidente que la decisión queda librada al juicio prudencial del ministro religioso, que debe ver si las exigencias del Código de Derecho Canónico se cumplen. Y que considera que, si los padres no acatan que el matrimonio para la doctrina católica es entre hombre y mujer, el chico no tiene que ser privado del beneficio espiritual que lo libera del pecado original y lo convierte en miembro de la comunidad cristiana.

Por lo demás, la cuestión no es porque los padres sean del mismo sexo, el bautismo de un niño no va contra nada. Pero no puede negarse que siempre habrá una tensión entre la situación de las parejas gay y la doctrina católica en materia matrimonial. En todo caso, el desafío de la Iglesia es más allá de todo esto y me atrevo a decir hasta del mismo Código de Derecho Canónico que es el conjunto ordenado de las normas jurídicas que regulan la organización de la Iglesia católica de rito latino, la jerarquía de gobierno, los derechos y obligaciones de los fieles y el conjunto de sacramentos y sanciones que se establecen por la contravención de esas normas, debemos si EXIGIR como hacía mención en uno de mis comentarios, debemos EXIGIR… para que se cumpla y lo hagan cumplir sobre todo los ministros de la Iglesia, lo que nos plantea Jesús y lo hace saber Juan 13-34, en su evangelio: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros”, ese debe ser el CÓDIGO que debemos hacer cumplir siempre, el Código del AMOR

Alfredo Musante
Programa radial
EL ALFA Y LA OMEGA

martes, 22 de marzo de 2011

¿De dónde provienen estos dichos?

El origen de las palabras y frases populares como "BONDI", "NO QUIERE MÁS LOLA" y "VIVA LA PEPA" son utilizadas cotidianamente con sentido inequívoco, pero a la hora de preguntarse qué las originó, las respuestas hacen agua. Sólo los paremiólogos -expertos en refranes- son capaces de dar respuesta a semejante incógnita. Lo que sigue es parte de sus desvelamientos.

BONDI

La manera porteña de decir que uno va a subir a un colectivo, o BUS para nuestros hermanos latinoamericanos, es "ME TOMO UN BONDI", pero resulta que esta palabra es una derivación brasileña de "BOND" (boleto, en inglés), palabra que lucía en los pasajes de los tranvías que las compañías británicas habían instalado en San Pablo. Como en portugués a las palabras terminadas en consonante se les suele agregar una vocal, "BOND" se convirtió en "BONDI". Más tarde, los porteños la adoptaron para designar al colectivo, que nunca fue inglés y cuyos pasajes jamás se llamaron "BOND".

NO QUIERE MÁS LOLA

Esta expresión es "MADE IN ARGENTINA". Lola era el nombre de una galleta sin aditivos que a principios del siglo XX integraba la dieta de hospital. Por eso, cuando alguien moría, se decía: "ESTE NO QUIERE MÁS LOLA". Y, desde entonces, se aplica a quien no quiere seguir intentando lo imposible.

A SEGURO SE LO LLEVARON PRESO

Viene de Jaén, España, donde los delincuentes eran recluidos en el Castillo de Segura de la Sierra. Originalmente se decía "A (LA PRISIÓN DE) SEGURA SE LO LLEVARON PRESO", que advertía de no robar, para no terminar en Segura. Hoy significa que nadie está libre de alguna contingencia.

MÁS LOCA QUE UNA CABRA

Los corderos, una vez destetados, siguen mansamente a su madre, en cambio los cabritos se disparan a los saltos hacia el monte y su pobre madre se vuelve loca tratando de ubicarlos. De allí lo de "MÁS LOCA QUE UNA CABRA"

La Virgen de Gracia de los Agustinos

La primera noticia históricamente documentada es del año 1401 y se refiere a una cofradía homónima organizada en los conventos agustinianos de San Agustín y Nuestra Señora de Gracia en Valencia (España) y Lisboa (Portugal), respectivamente. Esta advocación evoca el saludo del Arcángel San Gabriel a María, cuando el emisario de Dios le presentó sus planes de salvación y de maternidad; era la alegría para encarnar a su hijo; éste llevaría a cabo la redención de los hombres y ella sería la Madre corredentora; por eso, "Dios te salve María, llena eres de gracia".

Es incierto el origen y circunstancias históricas de la elección del nombre y del culto particular de la Orden de San Agustín a la Virgen de Gracia. Sabemos que desde tiempo inmemorial el culto florecía en los ámbitos agustinianos; pero desconocemos dónde y cómo surgió. Había sido norma generalizada que las órdenes mendicantes, a raíz de su institucionalización apostólica, aprovecharan devociones antiguas ya establecidas en el corazón de los cristianos y las acomodaran a su peculiar manera de pensar.

A partir del Siglo XVI la devoción adquirió gran difusión en toda la Orden; contribuyó en ello el que se empezaron a edificar conventos bajo este epígrafe y también el relato de una leyenda que se extendió posteriormente, según la cual, la Virgen de Gracia habría impedido que el Papa quitara a la Orden el habito blanco que se vestía entonces en su honor.

A partir del Siglo XVII la advocación es considerada como propia de la Orden. Si bien el culto general es antiguo, la liturgia específica no fue concedida hasta 1807; en esta fecha, el Papa Pío VII concedió a la Orden de San Agustín facultad para incluir en su liturgia la festividad en honor de la Virgen Nuestra Señora de Gracia, con Misa y Oficio propios. Se celebra el 25 de marzo, en clara alusión a la escena de la anunciación del ángel a María.

La liturgia como fuente de Vida – 2º parte

¿Qué significa que debemos dar culto a dios “en Espíritu y Verdad”? Nos referimos al diálogo de Jesús con la samaritana: Jn 4,23-24 donde viene la expresión “en Espíritu y Verdad”. El contexto en que se desarrolla el relato: se trata de un viejo problema entre los samaritanos y el resto de los judíos. Desde tiempos de Jeroboam se prohibió a los samaritanos ir en peregrinación a Jerusalén (1 Re 12,25-33) y después del exilio de Babilonia no se les permitió participar en la reconstrucción del templo de Jerusalén (Esd. 4,1-3). Era como excluirlos del culto oficial. Este hecho provocó que ellos iniciaran su culto en otro lugar: el monte Garizín.

Ante el problema planteado dónde dar culto a Dios, Jesús afirma que los verdaderos adoradores de Dios no le adorarán ya en un lugar concreto (por tanto, ni en Jerusalén ni en el monte Garizín) sino “en Espíritu y Verdad”. ¿Qué significa? Esta expresión ha sido interpretada de diversas formas:

Algunos entienden “en espíritu” en oposición a cuerpo. Por tanto, lo importante es la rectitud interior;

Otros lo interpretan desde una perspectiva más psicológica, referido a la intimidad del alma, sería un culto espiritualista;

En tiempos más actuales se interpretó este espiritualismo matizándolo con el “en verdad” en sentido subjetivo: culto sincero, auténtico, verdadero, real.

Sin embargo, la exégesis bíblica nos pone en la pista de una interpretación teológica más correcta:

- “en espíritu” se refiere al Espíritu Santo. Jesús hace depender la liturgia de la acción del Espíritu. El culto verdadero es suscitado por el Espíritu no por la iniciativa de alguien en privado o por su subjetividad.

- “En verdad” se refiere a Cristo y marca el carácter trinitario de la expresión: debe ser adorado el Padre. Esto es posible por el Espíritu que nos conduce a la Verdad: Jesús, revelación del Padre.

Este texto es importante para interpretar correctamente la liturgia cristiana: adoramos al Padre, por medio de su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo. Esto es interesante y práctico: siempre que se realiza un acto de culto Cristo es el centro. La liturgia no será el resultado de la satisfacción por lo bien que lo hacemos en las celebraciones sino un auténtico encuentro con Cristo. Es este un criterio de discernimiento para nuestra forma de vivir la liturgia.

El culto de la Iglesia tiene como centro a Cristo, claro. En la acción litúrgica, la Iglesia evoca y presencializa la obra salvadora realizada por Dios en Cristo. Un comentarista de la carta a los Hebreos, nos señala la novedad del nuevo culto:

La percepción de esta diferencia profunda se mantiene en las expresiones litúrgicas del culto cristiano. No se debe favorecer de ninguna manera el retorno a un culto simplemente ritual, externo, convencional. El culto cristiano no consiste en el cumplimiento exacto de ciertas ceremonias, sino en la transformación de la existencia misma, por medio de la caridad divina.

En el Nuevo Testamento se recurre a términos que señalan la visión de una nueva forma de ver el culto, por ejemplo, la celebración de la Eucaristía jamás se denomina sacrificio sino fracción del pan (Hch 2,42. 46; 20, 7-11; 1 Cor. 10, 16); cena del Señor (1 Cor. 11,20), mesa del Señor (1 Cor 10,21), cáliz de la bendición o cáliz del Señor (1 Cor 10, 16-21). Se ve clara la distancia con el Antiguo Testamento.

Otro dato significativo del NT es la terminología cultual utilizada para designar realidades de la comunidad cristiana o de la vida de los fieles. Así los mismos cristianos son considerados elementos constitutivos del templo (piedras vivas) y partes integrantes del sacerdocio (1 Pe 2,5; 1 Cor. 3,10-17; Ef 2,20ss).

La liturgia cristiana es la traducción y la expresión externa en formas típicamente culturales de una vida consagrada en su totalidad al servicio de Dios a imitación de la de Jesús, que aceptó fielmente la voluntad del Padre como norma de existencia. Nos puede ayudar a pensar un poco este tema la siguiente reflexión:

“Casi obsesivamente nos preguntamos en nuestros días ¿para qué sirve la fe? ¿Qué añade la fe a una vida humana plenamente vivida? Tales preguntas son el signo de un debilitamiento de la vida de fe. El creyente auténtico no necesita tener una respuesta a estas preguntas para creer.

Creer es algo gratuito. Es un don que se acepta libremente, que se recibe gozosamente, por el valor absoluto que en él descubre el creyente. El culto, cuyo parentesco con el juego ha sido resaltado por los liturgistas, expresa muy vivamente esa gratuidad de la fe. Por eso es una actividad esencialmente “desinteresada” y reviste como formas más frecuentes las de la acción de gracias.

Es comprensible que el hombre pragmático, funcionalizado... de nuestros días haya perdido sensibilidad para una actividad puramente “inútil”, totalmente gratuita. Pero, por eso, es tanto más necesario para la vida religiosa recobrar el sentido de la celebración si no se quiere que el pragmatismo y el materialismo terminen por hacer imposible el ejercicio de la actitud creyente”.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Palestina en Tiempos de Jesús – 2º parte

Continuando con este tema y como hiciéramos mención en el programa anterior decíamos que, la grandeza y el escándalo de nuestra fe se hallan en la humanidad y en la concreción de Jesús; él vivió en un país concreto, Palestina; con una geografía y una cultura particular; en una época también muy concreta, el siglo I.

Si queremos comprender la riqueza del mensaje de Jesús, la grandeza de su persona, su lenguaje, sus comparaciones, hemos de estudiar e intentar conocer cómo era el país de Jesús, cómo era la religión de entonces, qué grupos sociales y religiosos había, qué problemáticas políticas y económicas existían... De este modo entenderemos mejor no sólo la persona y el mensaje de Jesús, sino cómo él desborda y transciende a su misma época, para convertirse en centro y clave de la historia humana.

El Sanedrín("Consejo", "sentarse juntos") era la institución más importante de la sociedad judía. Una especie de parlamento con poder legislativo, ejecutivo y judicial. Sólo estaba limitado en sus funciones por los ocupantes romanos.

En la época de Jesús, el Sanedrín constaba de 71 miembros, que se elegían de entre estas tres clases:

-los ancianos (representantes de la aristocracia laica);

-los sumos sacerdotes retirados y los miembros de las cuatro familias de las que se elegían generalmente los sumos sacerdotes;

-los escribas o doctores de la Ley, pertenecientes las más de las veces al partido de los fariseos.

El presidente del Sanedrín era el Sumo Sacerdote. Su cometido era gobernar el país bajo la tutela romana. Los sumos sacerdotes de la época de Jesús fueron: Anás (del año 6 al 15 d.C.) y Caifás, su yerno (desde el 16 al 37 d.C.).

El Sanedrín era a su vez el consejo de gobierno y la corte suprema de justicia para todos los judíos, estuvieran en Palestina o en el extranjero.

Ejercía la justicia según las leyes judías, que eran reconocidas como leyes del imperio para todos los judíos de los países sometidos a Roma. Sus decisiones tenían fuerza de ley, que los romanos se cuidaban de aplicar.

Su competencia se extendía a todas las cuestiones religiosas y a todo lo que se derivaba de la ley judía. No tenía poder para condenar a muerte (esto es algo que se reservaba al Prefecto o Gobernador romano).

Las instituciones religiosas
Fiestas

Las tres fiestas de peregrinación son las más importantes: reúnen al pueblo junto al templo y refuerzan la fe común.

- La fiesta de Pascua sobre la liberación del Éxodo. En esta ocasión acuden unos 200.000 peregrinos a Jerusalén. La tarde del 14 de nisán se inmola en el templo a los corderos que la familia come después de ponerse el sol. La fiesta se prolonga durante 8 días. Se celebraba a primeros o mediados de abril. Su fecha cambia, al igual que nuestra Semana Santa, a causa del calendario lunar. Coincidía con la primera luna llena de primavera.

- Pentecostés, 50 días más tarde, fue primero la fiesta de la cosecha, pero pasó a ser luego, en la época de Jesús, la celebración del don de la Ley en el Sinaí, fiesta de la alianza y renovación de esa alianza. Se celebraba a finales de mayo o primeros de junio, dependiendo de la fecha de la Pascua.

- La fiesta de las Tiendas o de las Chozas es la más espectacular. Para recordar la estancia en el desierto, cada familia se hacía una choza de ramaje en los alrededores de la ciudad. Se celebra a mediados de octubre.


El temploEl templo de Jerusalén era el otro polo de la vida judía. En él se celebraba a diario el culto a Yahvé y los sacerdotes ofrecían los sacrificios. El templo significaba la presencia permanente del Señor en medio de su pueblo.

La LeyLa Ley, dada por Dios a Moisés, debía ser explicada y adaptada a las circunstancias cambiantes de la vida. Ello dio lugar a la Ley oral o tradiciones de los padres. El trabajo de interpretación y adaptación de la Ley fue realizado por los escribas o doctores (verdaderos teólogos y juristas). En tiempos de Jesús muchos pertenecían al partido fariseo y gozaban de una gran autoridad ante el pueblo.

El sábadoEl sábado es, con la circuncisión, la práctica más sagrada. Era el día dedicado a Dios y al descanso. No se podía trabajar, ni llevar encima más de medio kilo de peso y sólo se podía caminar alrededor de un kilómetro.

La sinagogaEra el lugar de reunión de los judíos para la oración y el estudio de la Ley. Más aún que el templo, lejano para muchos y adonde sólo iban en las fiestas, es el lugar donde se forja la fe y la piedad del pueblo. La ceremonia se dividía en dos partes: primero el Shemá, que terminaba con una bendición. Después se hacía la lectura de la Ley, iluminada por un texto de los profetas, y seguida por una homilía.

Grupos socio-religiosos
Sumo Sacerdote

Era el responsable máximo del templo y presidente del Sanedrín. Gozaba de una gran dignidad y una situación económica confortable. Pertenecía al partido saduceo y era colaboracionista con el poder romano. Su cargo era vitalicio, pero los diversos procuradores nombraban y destituían al sumo sacerdote cuando querían.

SaduceosPertenecían a la clase alta del país, aristocracia sacerdotal y grandes propietarios. Políticamente colaboraban con el poder romano, intentando mantener el orden público. Religiosamente eran muy conservadores: se atenían a la Ley antigua, no creían ni en el reino venidero ni en la resurrección.

Sacerdotes
En Israel el sacerdocio era hereditario y se adquiría por nacer en la tribu de Leví. Unos 7000 sacerdotes se encargaban de atender el templo. En general era gente pobre, vivían de las ofrendas y de oficios que se buscaban por su cuenta.

Escribas
La mayoría eran laicos. Su misión consistía en explicar y actualizar la Ley en función de los nuevos tiempos y de los problemas que se planteaban.

Fariseos
La palabra "fariseo" significa "separado". Eran hombres piadosos que conocían bien la Ley y la cumplían a rajatabla (ayunos, penitencia, oración...). Ejercían una enorme influencia entre el pueblo, hasta el punto de que los jefes religiosos seguían siempre sus consejos. Pertenecían a una clase media (artesanos, pequeños comerciantes...). Los fariseos quieren estar separados de los impuros, es decir, de los que no conocen la Ley ni la cumplen. Eran nacionalistas y hostiles a los romanos, pero no usaban la fuerza, sino que esperaba un Mesías que establecería el reino de Dios echando a los romanos del país. Se consideraban el resto de Israel y esperaban en la resurrección de los muertos.

Zelotas o Zelotes
Eran un movimiento extremista y armado. Su nombre significa "celosos de Dios". Pertenecían a las capas más pobres del pueblo (agricultores, jornaleros, pescadores de Galilea...). No se enfrentaban directamente con el ejército romano, sino que organizaban revueltas y asesinatos aprovechando las reuniones masivas. Solían esconderse en cuevas de Galilea y contaban con el apoyo de las clases populares. Entre los seguidores de Jesús había antiguos zelotas: Simón, el zelote, Judas Iscariote.

EseniosEran una especie de monjes que vivían en comunidad a orillas del mar Muerto, en Qumrán. Esperaban la venida de dos Mesías, uno político y otro religioso, que restablecerían la justicia, el final del pecado y la restauración del imperio de Israel.

Pueblo
Era la clase social inferior, la plebe, compuesta fundamentalmente por habitantes del campo, muchas veces descendientes de extranjeros, que no conocían la Ley más que en lo fundamental y ni siquiera eso cumplían. Pertenecían a este grupo los jornaleros, curtidores, carniceros, pastores y todos aquellos cuyos oficios eran considerados impuros. Era la gran masa del país.

Mujeres
La mujer no tenía los mismos derechos civiles ni religiosos que el hombre. Una mujer dependía totalmente de su padre hasta la edad de 12 años. A esta edad, se celebraban normalmente los desposorios, y un año después tenía lugar el matrimonio. A partir de entonces la mujer pasaba a depender totalmente del marido. Éste podía divorciarse; la mujer, no. En el templo, la mujer no podía pasar del atrio reservado a los gentiles y a las mujeres. En el culto de la sinagoga no jugaba papel alguno. Solamente se limitaba a escuchar. En los juicios su testimonio no valía. En resumen, la mujer estaba considerada como menor de edad y una posesión del hombre.

Marginados
En la sociedad palestina había grandes grupos marginados por distintas causas: religiosas, morales o racistas.

- Los publicanos eran marginados porque cobraban, por arriendo de los romanos, los tributos sobre las mercancías importadas. Para que les quedara algo de ganancia tenían que cobrar algo más del tributo. Cometían muchos abusos, y el pueblo en general los odiaba y los tenía por ladrones.

- Algunos enfermos, sobre todo de la piel, leprosos y, de afecciones mentales o nerviosas, endemoniados se veían apartados de toda vida social, incluso de la religiosa. Los minusválidos (cojos, ciegos, paralíticos...), frecuentemente convertidos en mendigos, eran otro tipo de marginados.

- Los gentiles (los que no son judíos) y los pecadores públicos (prostitutas, adúlteras...) eran discriminados por motivos m orales-religiosos.

martes, 15 de marzo de 2011

Qué es un TSUNAMI

El fenómeno que conocemos como tsunami es una serie de grandes olas de extrema longitud de onda y periodo, normalmente generadas por una alteración submarina de gran magnitud y violencia. Cuando se produce un gran desplazamiento de agua, o si el fondo marino es elevado o hundido súbitamente por culpa de un terremoto, pueden formarse grandes olas de tsunami con la ayuda de la fuerza de gravedad del planeta. Estas olas parten de la zona de origen y pueden ser extremadamente peligrosas y destructivas cuando alcanzan la costa. La palabra “TSUNAMI” está compuesta por las palabras japonesas "TSU" (que significa “puerto”) y "NAMI" (que significa “ola”). La palabra completa se interpreta como "OLA DE PUERTO".

A menudo se describe el mismo fenómeno como “ola de marea” u “ola sísmica” pero estos términos pueden ser poco precisos, puesto que las olas de tsunami pueden ser creadas por alteraciones del fondo marino que no son terremotos, como desplazamientos de tierra o erupciones volcánicas, y sus características son diferentes de las olas de marea. Los tsunamis no tienen nada que ver con las mareas astronómicas –causadas por la atracción gravitatoria de la Luna, el Sol y los otros planetas de nuestro sistema. Así pues la palabra japonesa “TSUNAMI” es el término que mejor define el fenómeno y ha sido internacionalmente aceptado puesto que cubre todas las posibles causas que generan este tipo de olas Los tsunamis pueden causar grandes destrozos y una gran pérdida de vidas en pocos minutos en las zonas cercanas o, en cuestión de horas, en las zonas más alejadas del origen; incluso en el otro extremo del océano.

La mayoría de los tsunamis ocurren en la región del Pacífico, pero se sabe que ocurren en todos los mares y océanos. Aunque no son demasiado frecuentes, los tsunamis constituyen un peligro de destrucción significativo. Sus efectos no pueden controlarse, pero los efectos sobre nuestra sociedad pueden reducirse mediante la prevención y la educación. Los tsunamis más destructivos son los generados por terremotos cuyo epicentro o línea de falla está en el fondo marino o muy cerca de él. Esto se produce en las regiones de la Tierra en las que se da una subducción de las placas tectónicas continentales que conforman la corteza terrestre. La gran cantidad de terremotos que hay en estas zonas se debe a la colisión de estas placas continentales que, cuando se mueven unas contra otras, inclinan y/o desplazan grandes áreas del fondo oceánico.

El súbito desplazamiento vertical de estas grandes áreas altera la superficie del océano y provoca el desplazamiento de grandes masas de agua, lo que genera grandes olas destructivas, los tsunamis. Estas olas pueden viajar grandes distancias desde el origen, repartiendo destrucción en su camino. No todos los terremotos generan tsunamis. Normalmente solo los terremotos de magnitud superior a 7,5 en la escala de Richter producen un tsunami destructivo, como fue el caso del ocurrido el 11 de Marzo de 2011 en Japón de 8,9 grados, que ha sacudido a Japón, se trata del quinto mayor sismo conocido en la historia de la humanidad desde que existen registros y el de mayor magnitud producida en Japón desde los últimos 140 años.

Pueden generarse en cualquier océano, mar o lago, de hecho, en cualquier gran masa de agua. Cada región del mundo parece tener un patrón y una frecuencia de aparición de tsunamis, que pueden ser pequeños e inocuos, o grandes y muy destructivos. Una vez se ha formado el tsunami, su energía se distribuye por toda la columna de agua, independientemente de la profundidad del océano en ese punto. La longitud de onda y el período del tsunami dependerán en gran medida del mecanismo que lo genera y de las dimensiones del mismo. Si el tsunami se origina por culpa de un gran terremoto que afecta un área muy grande, su longitud de onda y periodo inicial serán mayores que si el tsunami se origina por un corrimiento de tierras local. El periodo de las olas de un tsunami puede variar entre 5 y 90 minutos.

El frente de una ola de tsunami puede medir hasta 1000 Km. y la distancia entre olas puede variar desde unos pocos Km. hasta más de 200 km. mientras cruzan el océano hasta su destino. La altura de la ola sobre el nivel del mar puede ser de pocos cm. a poco más de un metro (dependiendo, una vez más, de la causa que la origina). Las olas de tsunami en el océano profundo pueden viajar a altas velocidades durante largos períodos de tiempo, perdiendo muy poca energía en el proceso. A mayor profundidad, mayor velocidad a la que se desplazará el frente del tsunami.

¿Cuáles son los factores destructivos de los tsunamis?

Son tres: la inundación, el impacto de la ola en las estructuras y la erosión. Las fuertes corrientes inducidas por el tsunami erosionan los cimientos y provocan la caída de puentes y muros. La flotación y las corrientes mueven casas y vuelcan trenes. La gran cantidad de restos flotantes arrastrados por las aguas es responsable de gran cantidad de daños: los troncos de árboles, los coches y los barcos se convierten en peligrosos proyectiles que colisionan con edificios e instalaciones eléctricas, destruyéndolos y a veces originando incendios. Los fuegos iniciados en barcos dañados en los puertos, u oleoductos o refinerías afectados pueden causar más daños directos que el propio tsunami.

El Desierto en la Biblia

El desierto ha sido un tema largamente explotado como recurso literario y artístico, con ocasión del que se ha buscado con mucha frecuencia el ambiente adecuado para reproducir situaciones humanas de carácter dramático, reales en el orden histórico y aún espiritual o, simplemente, imaginarias.

Concepto bíblico de desierto
El desierto fue igualmente una fuente de inspiración constante para los autores sagrados, tema particularmente querido de los profetas. Para describirlo utilizan varios términos, cada uno con un matiz específico, pero que en ningún caso traducen el concepto general que nosotros tenemos de desierto.

El término más común de los empleados por la Biblia es, en hebreo, MIDBAR, que en su origen significa "conducir" "apacentar" (el ganado). Se utiliza para describir una región solitaria, pero no totalmente estéril o desprovista de vegetación y agua, pues se trata de una región de pastoreo, como nos lo indica Jeremías 9-9: “Yo haré resonar en las montañas llantos y gemidos, y en las praderas del desierto, un canto fúnebre. Porque están abrasadas, nadie transita por ellas, y no se escucha el rumor de los rebaños; desde los pájaros del cielo hasta el ganado todos huyeron, se han ido”.

El término castellano más adecuado para traducir este vocablo hebreo seria "estepa". Quizás el texto bíblico que más nos acerca a nuestro concepto tradicional de desierto sea el Deuteronomio 8,15: “... y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca...”
Pero este texto es la excepción a la regla. El habitante de Palestina, sin embargo, está acostumbrado a una doble imagen de sus desiertos cambiantes sin que pierdan por ello su identidad. En la corta estación que sigue a las lluvias torrenciales del invierno, el desierto se viste de pasajero, pero encantador, ropaje. Es completamente el reverso de la imagen del estío. Los arbustos reverdecen y una alfombra de tímida hierba verde salpicada de infinitas flores de colores variados e intensos hace sonreír al desierto. Y los autores sagrados, abiertos siempre a ver en todo la obra salvadora de Dios, aprovechan esta nueva imagen del desierto como símbolo de esperanza: “¡No teman, animales del campo! Los pastizales de la estepa han reverdecido, los árboles producen sus frutos, la higuera y la viña dan sus riquezas”. (Joel 2,22). “…rebosan los pastos del desierto y las colinas se ciñen de alegría…” (Sal, 65,13).

El desierto bíblico cuenta, además, con una fauna significativa. Son citados, concretamente el león, el chacal, el asno salvaje, el pelícano, el avestruz, serpientes y escorpiones... Y si en buena parte del año ofrece un aspecto reseco y poco acogedor, no faltan fuentes y pozos de agua repartidos por toda su geografía, para alivio de personas y animales: “…El Ángel del Señor la encontró en el desierto, junto a un manantial - la fuente que está en el camino a Sur…” (Gen. 16,7).

Isaías, describiendo la desolación de Palestina después de la conquista asiria, escribe: “…La tierra está de duelo y desfallece, el Líbano pierde el color y se marchita, el Sharon se ha convertido en una estepa, el Basán y el Carmelo se deshojan…” (Is 33,9).

Si hablan de un paraje solitario por donde no pase nadie, recordamos el texto de Isaías sobre la restauración del Pueblo de Dios, tras el destierro babilónico, figura del pueblo mesiánico: “…yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa…” (Is 43,19).

La aplicación de la justicia de Dios sobre su pueblo, cuando éste ha pecado contra Yahvé, o contra los enemigos de su pueblo, da ocasión a los autores sagrados para comparar los efectos de la destrucción que preconizan a una tierra desolada; lo poblado será reducido a escombros, a desierto y ruinas.

“…Te convertiré en ruinas y en oprobio entre las naciones que te rodean, a los ojos de todos los que pasen…” (Ez 5,14), e Isaías: “…Yo confirmo la palabra de mis servidores y cumplo el designio de mis mensajeros. Yo digo de Jerusalén: "¡Que sea habitada!", y de las ciudades de Judá: "¡Que sean reconstruidas!", y yo restauraré sus ruinas…” (Is 44, 26).

En el Antiguo Testamento se nombran unos 15 desiertos. La mayoría y los más importantes por su extensión están situados dentro de la península del Sinaí y en estrecha relación con las tradiciones del Éxodo de Egipto: Ethan, Sin (desierto del Maná), Sinaí (teatro de la teofanía de Yahvé y entrega de las tablas de la Ley) Faran, Cades... Cinco más se encuentran englobados bajo la denominación general de Desierto de Judea.

En el Nuevo Testamento sólo se nombra el desierto de Judea, al iniciarse la predicación del Bautista; en sus confines, la tradición ha colocado el desierto de la Tentación (de Jesús), apoyándose en los relatos de los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, frente a Jericó y no lejos del Jordán. Y finalmente, Mateo (15,23) nos habla de una zona desértica junto al lago de Genesaret donde tuvo lugar la segunda multiplicación de los panes. Topográficamente, el desierto bíblico es muy accidentado en su mayor parte. Altas montañas y profundos valles en la parte sur del Sinaí; colinas y baja montaña, con barrancos muy profundos, en el desierto de Judea.

Cuando Israel atravesó el Jordán, tras el Éxodo de Egipto hacía la Tierra Prometida, selló la primera etapa de su historia. Fue algo como decir adiós a su vida errante. De nómada se convirtió en pueblo sedentario, con hogar fijo. Sin embargo, aunque el desierto quedó de la otra parte, históricamente hablando, el recuerdo de aquella experiencia quedó profundamente grabado en su pueblo, como enseña imborrable para su vida posterior. Todo el mundo recuerda su lugar de nacimiento, e Israel, como Pueblo de Dios, había nacido en el desierto.

Allí había adquirido una identidad mucho más fuerte que ningún otro pueblo de la tierra. Israel mismo, en virtud de la elección gratuita de que fue objeto por parte de Yahvé, no podía olvidarlo. Se perderían, con el tiempo, algunos detalles, pero los hechos fundamentales, particularmente el Pacto de la Alianza en el Sinaí, así como la actitud rebelde del pueblo y la justicia misericordiosa de Yahvé, serían objeto de reflexión constante para Israel. Y en diversos momentos de su historia afloraría la nostalgia del desierto.

Los profetas considerarían la época del desierto como la edad de oro de Israel: “Ve a gritar a los oídos de Jerusalén: Así habla el Señor: Recuerdo muy bien la fidelidad de tu juventud, el amor de tus desposorios, cuando me seguías por el desierto, por una tierra sin cultivar. Israel era algo sagrado para el Señor, las primicias de tu cosecha: todos los que comían de él se hacían culpables, les sobrevenía una desgracia -oráculo del Señor-.” (Jr 2,2-3).

Los profetas anatematizarían siempre en tono mayor la idolatría y la prevaricación de Israel, pero ninguno tendría expresiones tan vivas para pintar su infidelidad como el profeta Oseas. Y aunque la misericordia de Dios aparece inagotable, será necesario, no obstante, que Israel vuelva a pasar por la experiencia del desierto, para así disponerse a escuchar la voz del único que le puede salvar, Yahvé, su Dios: “Por eso, yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón. Desde allí, le daré sus viñedos y haré del valle de Acor una puerta de esperanza. Allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto”. (Os 2,16.17).

En el año 587 es destruida Jerusalén por Nabucodonosor, como antes lo había sido Samaría por Sargón 11(722), y sus habitantes llevados al destierro. Para Israel, sin templo ni altar ni sacrificios, Babilonia era un desierto peor que el de arena y sol abrasador. Y cuando al cabo de cincuenta años, el Resto de Israel, será puesto en libertad, el libro de la Consolación se hará eco de este retorno como de un nuevo éxodo triunfal y símbolo de la liberación final. El Señor mismo caminará al frente de su pueblo para conducirlo a la Jerusalén nueva. El desierto quebrado se allanará y no será ya más un camino de prueba, sembrado de dificultades:

“Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios! ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies! Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor”. (Is 40,3-5).

“¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa!2 ¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo! Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sharon. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios”. (Is 35,1-2).

Naturalmente los profetas, con mirada lejana, están viendo en este pequeño grupo que vuelve del destierro la liberación final del pueblo de Dios en la Era Mesiánica. La transformación del desierto es, en ciertos pasajes apocalípticos, como el signo de la salvación final, ya que, según ellos. El Mesías aparecerá en el desierto (cf. Mt 24,26; Ap 12,6-14).

“Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”, (Mc. 1,3) así comienza Marcos el pregón de la "Buena Nueva", recogiendo las palabras del vaticinio de Isaías anteriormente citadas: “Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!” (Is 40,3).

“…así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados…”. Y salían todos al desierto para ser bautizados por Juan en el río Jordán. Una vez más la salvación se iniciaba en el desierto. La liberación estaba a punto de pasar de la profecía a su cumplimiento: “…En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán…” (Mc 1,9).

Los cuarenta días que Jesús pasa haciendo penitencia nos recuerda los cuarenta años de travesía de Israel por el desierto. En los dos casos, el desierto serviría como escenario elegido por Dios para la prueba a la que ambos iban a ser sometidos. El autor del libro del Deuteronomio es claro por lo que respecta a Israel: “…Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos…”. (Dt 8,2).

Y los tres evangelios sinópticos son unánimes en afirmar que Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por Satanás. Podemos decir que, en toda la tradición bíblica, el desierto tiene un doble sentido que se complementa: Uno, como lugar de elección y otro como medio de purificación, constituyendo ambos la preparación inmediata a la entrada en la Tierra Prometida, en el Reino de Dios.

Pero lo más importante es recalcar que donde Israel sucumbió, Jesús triunfó y su triunfo fue la liberación nuestra. De aquí, que, para nosotros, la imagen del desierto, su simbolismo, toma en Cristo realidad. Superando él toda prueba, consumada en su muerte, nos ha abierto a nosotros las puertas de la verdadera Tierra Prometida, la Nueva Jerusalén.

TSUNAMI INTERIOR

Los noticieros del pasado viernes 11 de Marzo, nos sorprendían con imágenes que impactaban sobre el terrible sismo y el tsunami que asolaron Japón causando 3.373 muertos confirmados, 6.746 desaparecidos y 1.897 heridos, pero las autoridades temen que el balance final supere los 10.000 muertos teniendo en cuenta el número de desaparecidos.

El sismo de 8,9 grados en la escala de Richter que ha sacudido a Japón, se trata del quinto mayor sismo conocido en la historia de la humanidad desde que existen registros y el de mayor magnitud producida en Japón desde los últimos 140 años. La violenta sacudida de la tierra ha librado una energía equivalente a 10.000 bombas de Hiroshima, o lo que es lo mismo a 200 toneladas de dinamita.

Las pérdidas económicas causadas por el terremoto y el tsunami en Japón alcanzarían los US$182,000 millones, equivalentes al 3% del PBI de ese país. Las pérdidas directas, incluidos los daños sufridos en los aeropuertos e instalaciones portuarias en el área de Sendai, significarían la tercera parte de esa cifra, en tanto que los daños indirectos ascenderían a unos US$121,000 millones.

Empezar la editorial del programa con esta tragedia natural que tiene en alerta a todo el mundo, nos hace parar un momento y ponernos a reflexionar. Ante este devastador hecho climático vemos la pequeñez del hombre ante la creación, ante la naturaleza, y muchos nos preguntamos ¿Por qué permite Dios los desastres naturales como los terremotos, tornados, huracanes, tsunamis, tifones, avalanchas de lodo, y otros desastres naturales?

La tragedia del tsunami en Asia a finales del 2004, El huracán Katrina en 2005, en el sureste de los Estados Unidos, y las avalanchas de lodo en el 2006 en Filipinas y ahora el sismo y tsunami en Japón, en Marzo de 2011, tienen a mucha gente cuestionando la bondad de Dios. Es triste que con frecuencia los desastres naturales sean nombrados como “la mano de Dios” mientras que no se le da “crédito” a Dios por años, décadas, o aún siglos de un clima benéfico.

La mayoría de los desastres naturales son el resultado de estas leyes en acción. Los huracanes, tifones y tornados son el resultado de la colisión de diferentes patrones climáticos. Los terremotos son el resultado de desplazamientos de las placas en la estructura de la corteza terrestre. Un tsunami es causado por un terremoto submarino.

La Biblia proclama que en Jesucristo subsiste el control de la naturaleza, como nos dice Colosenses 1:16-17: “…porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de él y para él. El existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él…”

¿Podría Dios prevenir los desastres naturales? ¡Absolutamente! ¿Algunas veces Dios influye sobre el clima? En el libro Deuteronomio 11-17, nos dice: “Porque entonces la ira del Señor arderá contra ustedes: él cerrará el cielo y ya no habrá más lluvia; el suelo dejará de dar sus frutos, y ustedes no tardarán en desaparecer de esta tierra fértil que les da el Señor” ¿Algunas veces Dios causa los desastres naturales como juicio contra el pecado? Lo afirma el libro de Números 16, 30-34. “…Pero si el Señor realiza algo inusitado - si la tierra abre sus fauces para tragarlos con todos sus bienes y ellos bajan vivos al Abismo - ustedes sabrán que esta gente ha despreciado al Señor…”

¿Es cada desastre natural un castigo de Dios? Absolutamente no. De forma muy parecida a la que Dios permite que la gente mala cometa actos malvados, Dios permite que la tierra demuestre las consecuencias que tiene el pecado sobre la creación. Romanos 8:19-21 nos dice: “En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios. Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios” La caída de la humanidad en el pecado tuvo efectos en todo, incluyendo el universo que habitamos. Todas las cosas en la creación fueron sujetadas a la “vanidad” y a la “corrupción”. El pecado es la causa final de los desastres naturales, así como lo es la causa de la muerte, la enfermedad y el sufrimiento.

Así que, regresamos donde empezamos: podemos entender por qué ocurren los desastres naturales: no... lo que no comprendemos es por qué Dios permite que ocurran. Y viene la pregunta: ¿Por qué permitiría que millones de personas pierdan la vida o queden sin hogar como ha ocurrido en Japón hace unos días…? lo que podemos saber es esto... hay muchos milagros asombrosos, que ocurren durante el proceso de desastres naturales –evitando una mayor pérdida de vidas, estos desastres naturales causan que millones de personas reevalúen sus prioridades en la vida.

En síntesis: 
Al comenzar esta editorial destacaba cómo la fuerza de la naturaleza va contra el hombre y su entorno, destruyendo a su paso lo que los seres humanos hemos construido…cegando vidas y dejando miles de desaparecidos y personas sin hogar… y esto sucede en tiempo de Cuaresma, en ese tiempo de conversión, de aridez espiritual, de búsqueda interior, de comenzar un camino de 40 días para la Pascua… y me pregunto no debería ser -pero en otro contexto y sentido- dejar a Dios que nos envíe un tsunami interior para que arrase con todo lo que nos aleja de su presencia, de sus virtudes, deseos y gracias que tiene para cada uno de nosotros… y cuando bajen las aguas arrastren todo lo malo y perjudicial que nos aleja de su presencia y así comenzar a reconstruir nuestra vida espiritual.

Alfredo Musante
Director responsable
Programa radial
EL ALFA Y LA OMEGA

viernes, 11 de marzo de 2011

La liturgia como fuente de Vida - 1º parte

"La sagrada liturgia no agota toda la acción de la Iglesia" (SC 9): debe ser precedida por la evangelización, la fe y la conversión; sólo así puede dar sus frutos en la vida de los fieles: la Vida nueva según el Espíritu, el compromiso en la misión de la Iglesia y el servicio de su unidad” (Catecismo de la Iglesia, 1072)

La implicación entre liturgia y vida ha dado mucho que hablar. Que si la vida va por un lado y los ritos van por otro, que si no somos consecuentes… El AT nos revela cómo Dios no olvida al hombre y éste recibe y actúa según la alianza entre ambos. La vida no es un ámbito extraño para Dios.

La iniciativa de Dios ha de tener una respuesta en el pueblo: la aceptación y el compromiso con la Ley santa que Yahvé le propone. Israel es así el pueblo de Dios para servicio del mismo Dios.
En este contexto Dios no se contenta con un culto exterior o con una adoración fuera de la vida:

"Ahora Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que respetes al Señor tu Dios; que sigas sus caminos y lo ames; que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma; que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien" (Dt 10,12-13). Esta forma de entender el culto está en la conciencia del pueblo, pero Israel lo va a olvidar y va caer en la “ritualización” de su relación con Yahvé. Entonces los profetas, hombres de fe en el Dios de la alianza, sacudirán la conciencia del pueblo y le recordarán que, sin misericordia, justicia y amor, todos los actos culturales son vanos y no tienen ningún valor para Yahvé (Is. 1,11-16; Jer. 7,1-11: Am. 5,21-25). Fue dura esta crítica profética que también es llamada de atención a nuestra vida.

Cristo también era duro con la hipocresía.

El hombre nuevo del que habla Jesús en el evangelio es un hombre en el que tiene primacía la interioridad. Su vida está orientada y dirigida por el Espíritu (Jn 4,14; Mc 1,18). Para Jesús el culto tiene como fuente la misma interioridad. Por eso, Jesús entra en la corriente profética que critica el culto compatible con la injusticia y otros intereses ajenos (Mc 11,15-17) y propone lo que de verdad agrada a Dios: la ofrenda sin odio (Mt 5,23) el amor verdadero a Dios y al prójimo (Mc 12,33); la purificación que nace del corazón (Mc 7,21-23).

Jesús no es un reformador del culto: anuncia el fin del templo como espacio cultual por excelencia (Jn 2,19) y el del mismo culto (Jn 4,21). Con Jesús se inaugura una nueva era donde el templo será su cuerpo glorificado (Jn 2,21) y el culto el de la propia existencia realizada según el modelo dejado en su vida (Jn 4,22-24). El mismo Jesús personifica y ejemplifica el culto que quiere que den los suyos al Padre. La comunidad cristiana así lo va a entender. En la reflexión que desde la fe hace la comunidad interpreta la vida de Jesús desde la figura del Siervo de Yahvé, que ofrece su vida como sacrificio (Mc 10,45; Lc 22,37; cf. Is 53,10).
En este sentido, la reflexión de la carta a los Hebreos es significativa. Jesús entra en el mundo en actitud sacrificial, se va a ofrecer a sí mismo entregando la vida en obediencia hasta la muerte (Hbr. 9,14; 10,4-10).

Con la muerte de Jesús acaba el tiempo del antiguo sacrificio ritual que se ofrece en el templo y se abre la nueva etapa en la que el culto no consistirá ya en el sacrificio de las cosas sino en el sacrificio de la propia vida consumada en la fidelidad y en el amor. El culto agradable al Padre será, pues, cumplir la voluntad del Padre. De momento vale para acentuar un poco la novedad que supone la persona de Cristo para nosotros. (Más adelante seguiremos explicando esto porque puede dar la sensación de que si esto es así para nada valen los ritos y símbolos litúrgicos).