miércoles, 2 de marzo de 2011

La celebración del Carnaval

A comienzos de la Edad Media la Iglesia Católica propuso una etimología de carnaval: del latín vulgar carne-levare, que significa 'abandonar la carne' (lo cual justamente era la prescripción obligatoria para todo el pueblo durante todos los viernes de la Cuaresma).

Pero a fines del siglo XX varios autores comenzaron a sospechar el origen pagano del nombre. Carna es la diosa Celta de las habas y el tocino. También estaría conectada con fiestas indoeuropeas, dedicadas al dios Karna (que en el Mahabhárata aparece como un ser humano, hermano mayor de los Pándavas, hijo del dios del Sol y la reina Kuntí). Algunas personas creen que la palabra carnaval hace referencia a una supuesta antigua tradición pagana en la que se ofrecía carne al dios Baal (carna-baal) en una fiesta de donde todo vale.

El origen de su celebración parece probable de las fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del buey Apis en Egipto. Según algunos historiadores, los orígenes de esta festividad se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años, con celebraciones muy parecidas en la época del Imperio Romano, desde donde se expandió la costumbre por Europa, siendo llevado a América por los navegantes españoles y portugueses a partir del siglo XV.

El carnaval está asociado principalmente con el catolicismo, y en menor medida con los cristianos ortodoxos orientales; las culturas protestantes usualmente no celebran el carnaval o tienen tradiciones modificadas, como el carnaval danés. En la Edad media, tan inflexible en los ayunos, abstinencias y cuaresmas, y con persecuciones a quienes no respetaban las normas religiosas, sin embargo, renació el carnaval y se continuó la tradición hasta la actualidad en muchos lugares del mundo. En esta época, se celebraba con juegos, banquetes, bailes y diversiones en general, con mucha comida y mucha bebida, con el objeto de enfrentar la abstinencia con el cuerpo bien fortalecido y preparado.

EL OSO CAROLINA

En la Argentina, en Buenos Aires, un personaje infaltable durante los festejos del Carnaval era el “Oso Carolina”. Una piel lo cubría completamente y dentro de ella un hombre caminaba a los saltitos, al compás de la música de tamboril, arrastrado por una cadena como si estuviera amaestrado. Un hombre llevaba el extremo de la cadena y señalaba que correspondía hacer.

El oso Carolina salía a caminar a la media tarde. Hacía su recorrido de cuadras y cuadras, esperando las horas de la noche cuando comenzaban a encenderse las luces de los corsos, porque era entonces cuando realizaba su entrada triunfal para susto de los chicos, regocijo de los más grandes y lástima de los mayores.

Cuando llegaban las primeras comparsas, el Oso procuraba encabezar una de ellas para que lo vieran mejor. Iba en silencio, cuadras y más cuadras, atado a la cadena que le arrastraba su compañero y atento a las variaciones de la música para llevar con dignidad los pasos de baile. El oso Carolina y sus guardianes hacían un alto, previamente a la presentación ante las comisiones de los concursos de máscaras. Se metían en un almacén y entre todos lo despojaban de la enorme careta, que dejaba sobre una silla mientras reclamaba a gritos algo para beber y calmar su sed.

Bebido el refresco, volvía a calzar la careta y se dejaba guiar por las calles y veredas enredándose con las serpentinas. En los concursos ganaba un modesto Diploma. Fue un héroe inútil que sufrió el Carnaval, a veces con riesgo de su vida, cuando algún gracioso intentó incendiar su disfraz. Personajes inolvidables de un Buenos Aires que se fue.

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