miércoles, 30 de marzo de 2011

Qué es el Jueves Santo


Hace miles de años, los judíos vivían en la tierra de Canaán, pero sobrevino una gran escasez y tuvieron que mudarse a vivir a Egipto, donde el faraón les regaló unas tierras fértiles donde pudieran vivir, gracias a la influencia de un judío llamado José. Después de muchos años, los israelitas se multiplicaron muchísimo en Egipto y el faraón tuvo miedo de que se rebelaran contra su reino. Ordenó matar a todos los niños varones israelitas, ahogándolos en el río Nilo. Moisés logró sobrevivir a esa matanza, pues su madre lo puso en una canasta en el río y fue recogido por la hija del faraón.

El faraón convirtió en esclavos a los israelitas, encomendándoles los trabajos más pesados. Dios eligió a Moisés para que liberara a su pueblo de la esclavitud. Como el faraón no accedía a liberarlos, Dios mandó caer diez plagas sobre Egipto. La última de esas plagas fue la muerte de todos los primogénitos del reino. Para que la plaga no cayera sobre los israelitas, Dios ordenó a Moisés que cada uno de ellos marcara la puerta de su casa con la sangre de un cordero y le dio instrucciones específicas para ello: En la cena, cada familia debía comerse entero a un cordero asado sin romperle los huesos. No debían dejar nada porque al día siguiente ya no estarían ahí. Para acompañar al cordero debían comerlo con pan ázimo y hierbas amargas.

Las hierbas amargas ayudarían a que tuvieran menos sed, ya que tendrían que caminar mucho en el desierto. El pan al no tener levadura no se haría duro y lo podían llevar para comer en el camino. Les mandó comer de pie y vestidos de viaje, con todas sus cosas listas, ya que tenían que estar preparados para salir cuando les avisaran. Al día siguiente, el primogénito del faraón y de cada uno de los egipcios amaneció muerto. Esto hizo que el faraón accediera a dejar a los israelitas en libertad y éstos salieron a toda prisa de Egipto. El faraón pronto se arrepintió de haberlos dejado ir y envió a todo su ejército para traerlos de nuevo. Dios ayudó a su pueblo abriendo las aguas del mar Rojo para que pasaran y las cerró en el momento en que el ejército del faraón intentó pasar.

Desde ese día los judíos empezaron a celebrar la pascua en la primera luna llena de primavera, que fue cuando Dios los ayudó a liberarse de la esclavitud en Egipto. Pascua quiere decir “paso”, es decir, el paso de la esclavitud a la libertad. El paso de Dios por sus vidas. Los judíos celebran la pascua con una cena muy parecida a la que tuvieron sus antepasados en la última noche que pasaron en Egipto. La fiesta de la pascua se llamaba “Pesaj” y se celebraba en recuerdo de la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Esto lo hacían al llegar la primavera, del 15 al 21 del mes hebreo de Nisán, en la luna llena.

Los elementos que se utilizaban en la cena eran los siguientes:

El Cordero: Al salir de Egipto, los judíos sacrificaron un cordero y con su sangre marcaron los dinteles de sus puertas.

Karpas: Es una hierba que se baña en agua salada y que recuerda las miserias de los judíos en Egipto.

Naror: Es una hierba amarga que simboliza los sufrimientos de los hebreos durante la esclavitud en Egipto, la comían para recordar que los egipcios amargaron la vida sus antepasados convirtiéndolos en esclavos.

Jarose: Es una mezcla de manzana, nuez, miel, vino y canela que simboliza la mezcla de arcilla que usaron los hebreos en Egipto para las construcciones del faraón.

Matzá: Es un pan sin levadura que simboliza el pan que sacaron los hebreos de Egipto que no alcanzó a fermentar por falta de tiempo.

Agua salada: Simboliza el camino por el Mar Rojo.

Cuatro copas de vino: Simbolizan cuatro expresiones Bíblicas de la liberación de Israel.

Siete velas: estas simbolizan la venida del Mesías, luz del mundo.

El jueves santo se encuentra en la encrucijada entre la cuaresma y la pascua. Es el último día de cuaresma, y su misa vespertina da paso al triduo pascual, que es la preparación inmediata para la pascua, al mismo tiempo que comienza ya su celebración. Domina, pues, en este día el ambiente de preparación. Todo en él se encamina a la pascua. Así ocurrió el primer jueves santo, cuando el Señor envió a Pedro y a Juan para hacer preparativos: “Vayan a prepararnos lo necesario para la comida pascual” (Lc 22,8).

El jueves santo se celebran dos misas: la llamada MISA CRISMAL, que tiene lugar únicamente en las catedrales, y la MISA VESPERTINA en la CENA DEL SEÑOR, en las parroquias y casa religiosas. La MISA CRISMAL incluye la consagración de los óleos que se usan para el bautismo y otros sacramentos. En esta liturgia resalta el tema del sacerdocio y su institución por parte de Cristo. La MISA VESPERTINA conmemora sobre todo la institución de la Eucaristía. Ambos temas están íntimamente relacionados entre sí, pero es conveniente distinguirlos con dos celebraciones.

Como ya dijimos, esta misa se celebra únicamente en las catedrales y tiene lugar por la mañana. El obispo diocesano consagra los óleos y preside como celebrante principal. En esta asamblea del pueblo de Dios tenemos una expresiva manifestación de la Iglesia, porque la diócesis es la Iglesia de Dios en miniatura. El obispo concelebra con sus sacerdotes como señal de unidad y fraternidad, y es asistido por ellos en la consagración de los óleos. Los diáconos y otros ministros también están presentes y tienen parte activa en la celebración.

Todos los sacramentos tienen conexión con pascua; son SACRAMENTOS PASCUALES. Debemos recordarlo cuando asistimos a un bautismo, confirmación u ordenación y se usa el santo crisma; y también cuando se unge a alguien con el crisma de los enfermos. El tema principal de la MISA CRISMAL es el SACERDOCIO. Al entregar el misterio de la Eucaristía a la Iglesia, Cristo instituyó también el sacerdocio. Los textos de la misa presentan un conjunto catequético no solamente acerca del sacerdocio ministerial, sino también relativo al sacerdocio general de los fieles. En la antífona de entrada, la asamblea aclama: "Jesucristo nos ha convertido en un reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre". La expresión se repite en la segunda lectura, y de ella se hace eco también el prefacio.

Una de las partes más impresionantes de la MISA CRISMAL, añadida recientemente, es la renovación del compromiso de servicio sacerdotal. Después del evangelio y la homilía, el obispo invita a sus sacerdotes a renovar su dedicación a Cristo y a la Iglesia. Juntos prometen solemnemente unirse más de cerca a Cristo, ser sus fieles ministros, enseñar y ofrecer el santo sacrificio en su nombre y conducir a otros a él. En este acto de entrega, el obispo pide para sí las oraciones de todo su pueblo. La bendición de los óleos y la consagración del crisma puede hacerse después de renovar los compromisos o en otro punto más avanzado de la misa. La tradición más antigua coloca la bendición del óleo de los enfermos inmediatamente antes de terminar la plegaria eucarística; la bendición del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma tienen un interés especial. Todos los sacerdotes con celebrantes se asocian a la plegaria consecratoria, que es una de las más solemnes de la liturgia. Contiene una auténtica lección sobre la dignidad y poder de los sacramentos, en particular del bautismo. El triduo pascual comienza con la misa vespertina de la cena del Señor.

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