martes, 12 de abril de 2011

JESÚS, CANDIDATO DEL PADRE

América Latina vivirá una intensa agenda electoral, este año 2011, en la que destacan cinco elecciones presidenciales (Haití, Perú, Guatemala, Argentina y Nicaragua). Los cinco países regulan la segunda vuelta, pero con diferencias importantes en relación con los requisitos que exige esta ronda de votación. La reelección consecutiva de presidente sólo está permitida en Argentina y Nicaragua. Salvo en Haití, en los demás cuatro casos los procesos electorales presidenciales tendrán lugar de manera concurrente con elecciones parlamentarias.

Será un año electoral muy duro, donde los candidatos pondrán sobre la palestra todo lo que este a su alcance para conseguir ser reelectos o para apoyar a sus nuevos candidatos y sobre eso se me ocurrió pensar en Jesús, como Candidato del Padre.

En los días de Jesucristo, los judíos se encontraban bajo la dictadura del Imperio Romano. Con la pregunta: "Dinos qué te parece: ¿Esta permitido pagar el impuesto al César o no?", los judíos intentaron atrapar a Jesús en la explosiva lucha política. Jesús les contestó: "Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios". (Mateo 22,17-21). Así Jesús enseñó el respeto a las autoridades terrenales y la obligación de pagarles los impuestos que imponen.

Cristo dirigió palabras muy fuertes en contra de los ricos: "Les aseguro que difícilmente un rico entrara en el Reino de los Cielos" (Mateo 19-23). Sin embargo, nunca habló de reorganizar la sociedad para eliminar la pobreza. Jesús jamás incitó al pueblo a organizarse en contra de la injusticia, sino exhortó: "Tampoco tienen que preocuparse por lo que van a comer o beber; no se inquieten, porque son los paganos de este mundo los que van detrás de esas cosas. El Padre sabe que ustedes las necesitan...." (Lucas 12-29,30).

Jesús jamás se unió a la lucha de las clases. Zaqueo, un rico cobrador de impuestos, al escuchar el mensaje de Cristo, declaró: "Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces mas".Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido".(Lucas 19-8,9). Cristo jamás luchó para cambiar las leyes civiles. Al contrario, luchó para cambiar los corazones. Enseñó mucho sobre el deber de ayudar a los pobres, no por la fuerza, ni por el cambio del sistema político-económico, sino por medio de la buena voluntad.

Cristo rehusó entrar en la lucha por los "derechos humanos". Todo su interés lo puso en los "deberes humanos". Cuando un hombre le suplicó: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o arbitro entre ustedes?" Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no esta asegurada por sus riquezas". (Lucas 12, 13-15). Aquel hombre buscaba justicia social. ¡Cristo le exhortó contra la avaricia del corazón!

En cierta ocasión la multitud quiso apoderarse de Jesús para hacerle rey. Pero Cristo rotundamente rehusó aceptar este poder político. Se dirigió a la multitud y les dijo: "Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello" (Juan 6-27). Más tarde les explicó: "Mi realeza no es de este mundo" (Juan 18-36).

Cristo no vino para reformar a los gobiernos del mundo. Al contrario, Cristo vino para cambiar a los hombres individualmente: "…porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido" (Lucas 19-10).

Pío XI cuando instituyó la Fiesta de Cristo Rey, explicó que el reinado de Nuestro Señor no era sola y principalmente espiritual sino también temporal y social. Que el Reino de Dios sea espiritual, no pareciera necesario que se explique. Son los otros extremos los que deben ser atendidos. «Temporal», decía Pío XI, porque "erraría gravemente el que negase a Cristo Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confirió un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio"; y «social», pues siendo Cristo "la fuente del bien público y privado”, siendo Él “quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, así a los individuos como a las naciones", es Cristo –agrega Pío XI- la firme roca de la paz, la concordia, la estabilidad y la felicidad de las naciones.

En síntesis: si dejamos de lado por unos minutos la divinidad de Jesús y miramos al Maestro desde un punto de vista diferente podríamos ver que: en sólo tres años Jesús definió una misión y formó estrategias para llevarla a cabo. Con un equipo de 12 hombres poco apropiados organizó el cristianismo que hoy tiene sucursales en todos los países del mundo. Esto es lo que Cristo hizo con sus discípulos. Jesús fue el ejecutivo más eficaz de la historia. No hay nada que se iguale a los resultados que logró este gran político y líder sindical.

Hay una pregunta que el mismo Jesús les hizo cierto día a sus discípulos y la encontramos en Mateo 16, 13-15: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas"."¿Y ustedes, les preguntó, quién dicen que soy?"

Alfredo Musante
Director Responsable
Programa radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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