martes, 7 de junio de 2011

CON LA EXCUSA DEL HAMBRE Y EL NO TRABAJAR



“Porque ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes, y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes. Aunque tengamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar. En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma. Ahora, sin embargo, nos enteramos de que algunos de ustedes viven ociosamente, no haciendo nada y entrometiéndose en todo. A estos les mandamos y los exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse su pan”.

Comienzo mi editorial con un texto del Nuevo Testamento, precisamente de la Segunda Carta a los Tesalonicenses 3, 7-12 y donde Pablo dice: el que no quiera trabajar, que no coma. El que trabaja, cumple un deber social. Ahora bien, si el trabajo es un deber, si el hombre debe trabajar, el hombre tiene el derecho ineludible de poder trabajar, de tener la posibilidad de ejercer el deber que le viene impuesto por la propia naturaleza, por el mismo Dios Creador, Trabajador, Redentor y Santificador.

Traigo este texto y mi comentario por la movida que realiza la Central de Trabajadores de la Argentina -CTA- donde realizó una marcha en todo el país este pasado miércoles 8 de junio, donde justifican su accionar: “por los sectores más vulnerados, el hambre de los pibes y por los jubilados que reclaman el 82 por ciento móvil”, en jornada de paro nacional que incluye la serie de reclamos planteados sobre la base de “la falta de derechos básicos como salud, justicia educación, vivienda y trabajo digno”. En el marco del paro nacional, movilización y más de 100 cortes de ruta para ese día, cuyo acto central confluirá en Plaza de Mayo en la capital del país denunciando que “el hambre es un crimen”

Esto me hace acordar lo que los obispos argentinos reunidos en Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina Buenos Aires, 10 de agosto de 2001, en el punto e) del documento llamado: “Queremos ser Nación” nos dicen: “A los trabajadores de todos los sectores. Les recordamos el principio del bien común que, respetado, hace que sean justos sus reclamos, incluso el recurso a la huelga, pero fuera del cual éstos se convierten en injusta agresión contra el todo social, y pueden dificultar grandemente la reconstrucción de la Argentina”.

Más adelante los obispos dirán en el documento “La Doctrina Social de la Iglesia. Una luz para reconstruir la Nación” del 11 de Noviembre de 2005: “El problema así llamado de la distribución del ingreso tiene relación con la falta de trabajo y con los bajos ingresos que obtienen muchos trabajadores. Mientras personas y sectores diversos de la economía argentina pueden crecer e integrarse al mundo desarrollado, amplios sectores de la población permanecen excluidos, sin trabajo o con un trabajo por el que obtienen una muy baja remuneración. Más allá de la auspiciosa solidaridad voluntaria por la cual muchas personas ayudan a los más necesitados -cosa que para los cristianos es un deber de caridad-, la solución de fondo al problema no es redistribuir lo que se produce quitando al que trabaja el fruto de su trabajo, sino crear condiciones para favorecer la inversión y para que así se multipliquen las oportunidades de trabajo. Sólo un genuino desarrollo económico hará posible el aumento real de los ingresos para los más pobres”.

Después de leer esto pienso en el PARO NACIONAL que la CTA plantea: “por los sectores más vulnerados, el hambre de los pibes y por los jubilados que reclaman el 82 por ciento móvil”, me hace pensar porque en vez de no trabajar, no ponen en práctica la leyenda urbana conocida como HUELGA JAPONESA, la historia explica que es un fenómeno que surge en Japón como medida de presión sindical. La realizan aquellos trabajadores que acudiendo a su puesto de trabajo se dedican con esfuerzo y dedicación mayor del normal a sus tareas, provocando con ello un exceso de producción que los propietarios de la industria no pueden colocar en el mercado, causándoles graves trastornos económicos.

El fundamento de este tipo de huelga son sus peculiaridades culturales y su realidad económica. Parte de (hoy día con menor intensidad) la mutua lealtad entre los trabajadores y la empresa, siendo una práctica general que los trabajadores desarrollaran toda su carrera profesional en la misma empresa al garantizarles ésta ascensos de forma casi automática. La creación de excesos de producción incrementa los costes de las empresas, acostumbradas a la producción todo en su justo tiempo. Por último, al no dejar sus obligaciones laborales, el empleado tiene derecho a seguir cobrando su sueldo, al contrario que en una huelga tradicional.

Pensado esto para la Argentina es una locura: pedir que trabajen más, me hace reflexionar por un lado y reír por el otro… paradojas de un pueblo que aún busca su destino… eso me hace acordar de lo que entre otras cosas dijeran los obispos en “Reunión Extraordinaria de la Comisión Permanente” y elaboraron un documento con el nombre de “La Nación requiere gestos de grandeza” del 5 de junio de 2008, que en el párrafo 6 nos dice: “Es necesario que los habitantes de esta tierra bendecida abundantemente por la Providencia hagamos un profundo examen de conciencia y nos decidamos a obrar como ciudadanos responsables. Pensemos más en qué podemos aportar a la Patria y no tanto en qué tiene que darnos el país. Todavía son muchos los hermanos que viven en pobreza y exclusión y que esperan de todos los argentinos un compromiso firme y perseverante por la justicia y la solidaridad”.

En síntesis: 
No se solucionan los problemas parando un país y perjudicando a mucha gente que trabaja y necesita el empleo porque depende de ello su familia, solo porque unas organizaciones que haciendo sus movidas políticas en un año electoral aquí en la Argentina, desean demostrar que ellos hacen lo que quieren y bajo la fachada “por los sectores más vulnerados, el hambre de los pibes y por los jubilados que reclaman el 82 por ciento móvil”, me gustaría que en este año electoral sabemos sin duda las alternativas a enfrentar son realmente desafiantes: entre ellas me vienen tres a la memoria de lo que plasmaran los obispos argentinos en la declaración de la Comisión Permanente del Episcopado: “Recrear la voluntad de ser Nación”,del 14 de marzo de 2003

- Encarar a fondo las reformas institucionales pendientes que fundamenten una democracia real, o respaldar una supuesta “legalidad democrática” que privilegia los intereses de las distintas corporaciones.

- Implantar una cultura del trabajo o seguir cultivando la cultura de la dádiva y del clientelismo.

- Delinear una política educativa y socio-económica que revierta el dinamismo de la pobreza creciente o pretender calmar el hambre de los pobres con la sola distribución de planes sociales.

Cuando implementemos estos temas a fondo y de verdad ya no habrá que parar a un País: “por los sectores más vulnerados, el hambre de los pibes y por los jubilados que reclaman el 82 por ciento móvil”

Alfredo Musante
Director Responsable
Programa radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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