viernes, 18 de abril de 2014

Una conversación entre Pedro y Juan


-Pedro, ¿seguiste a Jesús después que lo apresaron en el huerto de los olivos?

-Sí, fui hasta la casa del Sumo Sacerdote, y me quedé toda la noche en el patio esperando para ver qué pasaba.

- ¿Hiciste algo? ¿Pudiste ayudarlo?

-No, Juan. Tú mismo viste que, en el huerto de los olivos, Jesús se enojó cuando saqué mi espada para defenderlo. ¿Qué iba a hacer? Había soldados por todas partes.

-No sé, me imaginaba que, quizás, habías podido hablar con alguien que tuviera autoridad o la posibilidad de ayudarlo.

-No, además estaba solo, Ustedes, los del grupo más cercano y otros que también seguían a Jesús lo abandonaron. Me encontré, como perdido, en el medio de un montón de personas que querían que condenaran a Jesús. Hacía frío y yo me puse con ellos alrededor del fuego. Creo que algunos me reconocieron como su amigo, fijate que me preguntaron si yo era uno de los que lo seguían.

- ¿Y? ¿Qué les dijiste? ¿Aceptaste ser discípulo de Jesús?

-No, tuve miedo, mucho miedo, Temía que me encerraran a mí también. Parecían como cazadores buscando una presa. Me miraban e insistían en que yo era uno de los que lo seguían. ¡Tres veces tuve que negarlo!

-¿Lo negaste tres veces? ¡Ah, claro! Si Jesús ya te había dicho que iba a. pasar.

-Sí, ya lo sé, porque, justo después de la tercera vez que lo negué, cantó el gallo y, encima, no me lo vas a creer, Jesús pasó a mi lado y me miró.

- ¿Y qué? ¿Estaba enojado? ¿Te lo reprochó?

-No, me miró con el mismo amor de siempre aunque tenía una sombra de tristeza en sus ojos. La verdad, hubiera preferido que me mirara enojado.

-Al contrario, Pedro, Jesús nos conoce y sabe que somos débiles, Pero él también sabe que lo queremos aunque a veces lo traicionemos.

-Y ahora, ¿qué hacemos, Juan?

-Mantengámonos unidos. María va a venir a vivir a mi casa. Esto recién empieza. ¿Te acuerdas el día de la transfiguración?

Jesús nos dijo que iba a resucitar, así que tengamos paciencia y permanezcamos juntos.

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