martes, 22 de enero de 2013

Los extraterrestres en el Antiguo Testamento


Hay personas que han rastreado la Biblia para encontrar en ella las huellas de los alienígenas. Hace poco, una de las revistas que se publican en España en torno a temas ocultos y paranormales planteaba a sus lectores la siguiente pregunta: “¿Y si los dioses y ángeles descritos en la Biblia fuesen las mismas entidades que hoy se presentan como seres extraterrestres?”. La respuesta está clara para la gente que vive de estos temas, y es una respuesta –cómo no– afirmativa.

¿Qué dicen los defensores de estas teorías? En resumen, y tomando los elementos comunes a unas posturas y otras, descubrimos que, en primer lugar, las referencias a Dios y a otras divinidades no son más que la prueba del contacto de los hebreos con los habitantes de otros planetas. Y lo mismo sucede con los ángeles. Si son seres procedentes del cielo, la conclusión es clara: son extraterrestres. Además, todo lo relativo a sus apariciones y desapariciones, las teofanías, los momentos de especial encuentro divino y revelación al hombre… se muestran claramente como lo que hoy llamamos avistamientos de los famosos objetos volantes no identificados (ovnis).


Un ejemplo concreto: Moisés se encuentra con una zarza que arde y no se consume. Explicación más lógica, según esta gente: “obviamente, el profeta nada podía saber sobre la luz artificial, porque parece que de eso se trataba”. Éste es el rigor empleado, como podemos leer: “parece que”. De hecho, el artículo continúa diciendo: “O al menos así podemos interpretarla, analizada la escena a varios milenios vista”. Curioso planteamiento hermenéutico que explica un texto religioso de la Antigüedad aplicando dudosas afirmaciones que sólo tienen sentido a la luz del progreso al que ha llegado la humanidad hoy en día.


Si seguimos con el libro del Éxodo, encontramos otra interpretación igualmente extravagante, cuando se relata la marcha por el desierto del pueblo hebreo, guiado por una columna de nube por el día y por una columna de fuego durante la noche. Leemos: “¿Acaso no es lícito concluir que Yahvé era una aeronave que se mantenía a cierta altura, guiando al pueblo elegido tanto de día como de noche, pues emitía luz para que los caminantes pudiesen ver por dónde pisaban?”.


El catálogo de textos veterotestamentarios empleados por los defensores de la hipótesis alienígena es amplio, y cualquier buen conocedor de la Biblia podría elaborar una bastante completa. El diluvio universal, la destrucción de Sodoma y Gomorra, el paso del Mar Rojo, la caída del maná, el encuentro de Moisés con Yahvé en el monte Sinaí, la presencia de Dios en la Tienda del encuentro, los fenómenos ocurridos en torno al Arca de la Alianza, los episodios protagonizados por los mensajeros divinos (ángeles), la desaparición misteriosa del patriarca Enoc y, sobre todo, la ascensión del profeta Elías al cielo en un carro de fuego.


Esta última escena es la más “extraterrestre” de todas, ya que se interpreta en clave de “abducción”, tan de moda entre los aficionados a la ufología. Otro texto muy citado es la visión de la gloria de Dios que relata el profeta Ezequiel en el primer capítulo del libro que lleva su nombre. Una expresión bíblica muy exprimida ha sido el uso que vemos en el Génesis del término “Elohim” (plural de “El”, Dios) para referirse al Creador, y el plural empleado en el texto de la creación: “hagamos”. ¿Solución? Muy sencilla, para algunos: nos encontraríamos ante unos seres extraterrestres, los “Elohim”, que han elaborado al ser humano en un laboratorio con tecnología muchísimo más avanzada que la del planeta Tierra.


Sin ir más lejos, es lo que defienden los raelianos, y se encuentra en el corpus doctrinal de otras sectas y corrientes de la nueva espiritualidad. También encontramos una frase que ponen en labios del prolífico autor español J.J. Benítez (autor de la saga Caballo de Troya, entre otras obras), y que señala que “la Biblia es el mejor libro de ovnis que existe”. Para muchos representantes del mundo esotérico-ufológico, los grandes personajes del Antiguo Testamento no serían más que seres humanos avanzados o con una sensibilidad especial que los hizo capaces de comunicarse con seres de otras “civilizaciones superiores” extrañas a nuestro planeta a través de la telepatía u otras técnicas.


Así se explicarían las apariciones, hierofanías, revelaciones y visiones. Utilizando la terminología actual, no serían tantos profetas cuanto contactados. Esto lo podemos ver en multitud de libros de ese tipo, que en las últimas décadas han tenido una difusión inversamente proporcional al rigor y seriedad de sus planteamientos. Y, cómo no, el tema ha dado el salto a la televisión. Una muestra muy clara son los documentales de “Ovnis en la Biblia”, que se producen y emiten por el canal History Channel. ¿Pero, quiénes son los expertos consultados en esta producción televisiva? Los “estudiosos” de siempre, autores de libros que van entre la ciencia-ficción y el esoterismo. Ésta es la cuestión: el relativismo. 


La exégesis bíblica es un saber contrastado, con sus métodos y su rigor. La lectura creyente de los textos sagrados tiene en cuenta las aportaciones de la interpretación académica y, además, lee la Biblia con la perspectiva de la fe, como un libro en el que Dios se está revelando. 


Ahora quieren demostrarnos que es más moderna y más racional la interpretación extraterrestre, puesto que, como señalaba uno de los tantos documentales que se emiten en History Channel, “cada vez hay más gente que cree que los ovnis existen, y que son alienígenas”. Y por eso se han convertido en el novísimo criterio de lectura de la Sagrada Escritura.


Aquellos pobres hebreos, ignorantes de los adelantos científicos que aguardaban a la humanidad, habrían interpretado los hechos de la única forma que podían: con una explicación sobrenatural, religiosa. Sin embargo, ahora ya somos mucho más inteligentes y estamos avanzados, por lo que no podemos aceptar esa exégesis tan supersticiosa y literal. Nada de espiritualidad celeste: tecnología punta.


Volvemos a encontrarnos con los efectos devastadores de un positivismo que llegó a erigirse en cosmovisión religiosa: el ser humano, en su evolución cultural, vive una transición de la mitología religiosa a la explicación filosófica, para terminar, en el culmen de su intelectualidad, en un pleno saber científico, lo más racional del mundo, desterrada ya toda religión y toda metafísica. Y al final, hemos pasado de creer en Dios con unos fundamentos racionales a creer en los extraterrestres –quiénes son, cuántos, de dónde vienen… no lo sabemos–, sobre multitud de fundamentos irracionales. Porque para el hombre postmoderno da igual creer en uno o en otros.


Y hasta aquí, el análisis ufológico del Antiguo Testamento y la valoración que merece. ¿Y qué pasa con el Nuevo? Aunque lo más interesante quizás sea… ¿qué pasa con Jesús?... esa ya es otra historia…

0 comentarios: