miércoles, 20 de febrero de 2013

Homúnculo


Del latín “homunculus”, “hombrecillo”, es el diminutivo del doble de un humano y se usa frecuentemente para ilustrar el misterio de un proceso importante en alquimia. En el sentido hermético es un actor primordial incognoscible, puede ser visto como una entidad o agente. Los alquimistas creen que el proceso para crear esta entidad es simbólico. El término parece haber sido usado por primera vez por el alquimista Paracelso, quien una vez afirmó haber creado un homúnculo al intentar encontrar la Piedra Filosofal. 

La criatura no habría medido más de 30 centímetros de alto y hacía el trabajo normalmente asociado con los GOLEMS. Sin embargo, tras poco tiempo, el homúnculo se volvía contra su creador y huía. La receta para crearlo consistía en una bolsa de carbón, mercurio, fragmentos de piel o pelo de cualquier humano o animal del que el homúnculo sería un híbrido. Todo esto había de enterrarse rodeado de estiércol de caballo durante cuarenta días, tiempo en el cual el embrión estaría formado en el seno de la Tierra.

Hay también variantes citadas por otros alquimistas. Una de ellas implicaba usar mandrágora. Las creencias populares sostenían que esta planta crecía donde caía al suelo el semen que los ahorcados emitían durante las últimas convulsiones antes de la muerte (o putrefacción en alquimia), además, sus raíces tiene una forma vagamente parecida hasta cierto punto a un ser humano. La raíz había de ser recogida antes del amanecer de una mañana de viernes por un perro negro, siendo entonces lavada y «alimentada» con leche y miel y, en algunas recetas, sangre, con lo cual se terminaría de desarrollarse en un humano en miniatura que guardaría y protegería a su dueño.

Un tercer método, en el siglo XVIII, era tomar un huevo puesto por una gallina negra, practicar un pequeño agujero en la cáscara, reemplazar una porción de clara del tamaño de una alubia por esperma humano, sellar la abertura con pergamino virgen y enterrar el huevo en estiércol el primer día del ciclo lunar de marzo. Tras treinta días surgiría del huevo un humanoide en miniatura que ayudaría y protegería a su creador a cambio de una dieta regular de semillas de lavanda y lombrices.

En 1694, Nicolás Hartsoeker descubrió “animalúnculos” en el esperma de humanos y otros animales. La escasa resolución de aquellos primeros microscopios hizo parecer que la cabeza del espermatozoide era un hombre completo en miniatura. A raíz de ahí se desataron las teorías que afirmaban que el esperma era de hecho un “hombre pequeño” (“homúnculo”) que se ponía dentro de una mujer para que creciese hasta ser un niño; éstos llegarían más tarde a ser conocidos como los “espermistas”.

Se pensaba que ya desde Adán estaba enclaustrada toda la humanidad, que se iría transmitiendo a su descendencia. Esta teoría biológica permitía explicar de forma coherente muchos de los misterios de la concepción (por ejemplo, por qué necesita de dos). Sin embargo más tarde se señaló que si el esperma era un “homúnculo”, idéntico a un adulto en todo salvo en el tamaño, entonces el “homúnculo” debía tener su propio esperma. Esto llevó a una reducción al absurdo, con una cadena de “homúnculos” “siempre hacia abajo”.

Por su parte Goethe también popularizó el término, ya que denominó “homunculus” al pequeño ser que creó el antiguo alumno de Fausto; Wagner, mediante operaciones quirúrgicas. Actualmente el término se usa de determinadas formas para describir sistemas que se cree que funcionan gracias a los “hombrecillos” de su interior. Por ejemplo, el “homúnculo” sigue siendo una de las principales teorías sobre el origen de la conciencia, que afirma que es una parte (o proceso) del cerebro cuyo cometido es ser “tú”. El “homúnculo” se cita con frecuencia también en la cibernética, por razones similares.

El término “homúnculo” se usa también comúnmente para describir una figura humana distorsionada dibujada para reflejar el espacio sensorial relativo que nuestras partes corporales representan en la corteza cerebral. Los labios, manos, pies y órganos sexuales son considerablemente más sensibles que otras partes del cuerpo, por lo que el “homúnculo” tiene labios, manos y genitales extremadamente grandes.

En relación con el “Golem”, en el folclore medieval y la mitología judía, es un ser animado fabricado a partir de materia inanimada normalmente barro, cerámica y materiales similares. En hebreo moderno, la palabra “Golem” significa “tonto” o incluso “estúpido”. El nombre parece derivar de la palabra gelem, que significa “materia en bruto”. Scholem, en su obra "La Cábala y su Simbolismo", escribe que el “Golem” es una figura que cada treinta y tres años aparece en la ventana de un cuarto sin acceso en el gueto de Praga. La palabra “Golem” también se usa en la Biblia (Salmos 139:16) y en la literatura talmúdica para referirse a una sustancia embrionaria o incompleta. Similarmente, los “Golems” se usan primordialmente en la actualidad en metáforas, bien como seres descerebrados o como entidades al servicio del hombre bajo condiciones controladas pero enemigos de éste en otras.

Las primeras historias sobre “Golems” se remontan al principio del judaísmo. Los “Golems” fueron creados por personas creyentes y cercanas a Dios. Como Adán, el “Golem” es creado a partir del barro, insuflándole después una chispa divina que le da la vida, de manera que la creación de Adán es descrita en un principio como la creación de un “Golem”. Desde este punto de vista, algunas personas con un cierto grado de santidad y acercamiento a Dios podrían adquirir algo de su sabiduría y poder.

Uno de esos poderes sería el de la creación de vida. Sin embargo, no importa qué grado de santidad tuviera una persona, el ser que creara sería solamente una sombra del creado por Dios, ya que, entre otras cosas, el “Golem” carece de alma. La incapacidad principal del “Golem” era la incapacidad de hablar. Tener un “Golem” era visto como el símbolo final de la sabiduría y la santidad, y hay muchos relatos de “Golems” conectados con rabinos ilustres durante toda la Edad Media.

Otros atributos del “Golem” fueron añadidos gradualmente con el tiempo. En muchas historias para hacer funcionar un “Golem” había que meterle un papel con una orden por la boca o por otro orificio (oreja). Otra manera de hacerlo funcionar era Grabando los Nombres de Dios en su frente, (o en una tablilla de arcilla bajo su lengua), o bien la palabra “Emet” (“verdad” en lengua hebrea) en su frente son algunos ejemplos frecuentes. Al borrar la primera letra de “Emet” para formar “Met” (“muerte” en hebreo) el “Golem” podía ser destruido o desactivado, quedando solamente su cuerpo de barro inerte.

El relato más famoso relativo a un “Golem” involucra a Rabí Judá Loews, el Maharal de Praga, un rabino de siglo XVI. Se le atribuye haber creado un “Golem” para defender el gueto de Praga de Josefov de los ataques antisemitas, así como para atender el mantenimiento de la sinagoga. La historia del “Golem” aparecía en la letra en 1847 en una colección de relatos judíos, publicado por Wolf Párcheles de Praga. Aproximadamente sesenta años después, una descripción ficticia fue publicada por Yudl Rosenberg (1909).

De acuerdo con la leyenda, el “Golem” podía estar hecho de la arcilla de la orilla del río Vltava (río Moldava) en Praga. Tras realizar los rituales prescritos, el Rabí desarrolló el “Golem” y lo hizo venir a la vida recitando los conjuros especiales en hebreo. Cuando el “Golem” del Rabí creció más, también se puso más violento y empezó a matar a las personas y difundir el miedo. Al Rabino e prometieron que la violencia en contra de los judíos pararía si el “Golem” era destruido. El Rabí estuvo de acuerdo. Para destruirlo, fue así que eliminó la primera letra de la palabra "Emet" de la frente del “Golem” para formar la palabra hebrea que representaba la muerte. (De acuerdo con la leyenda, los restos del Golem de Praga están guardados en un ataúd en el ático del Altneuschul en Praga, y puede ser devuelto a la vida de nuevo si es necesario.)

La existencia de un “Golem” es a veces algo con pros y contras. Los “Golems” no son inteligentes - si se les ordena llevar a cabo una tarea, la llevarán a cabo de modo concienzudo pero lento y ejecutando las instrucciones lo más literalmente posible. A este respecto, es famosa una anécdota, según la cual la mujer del rabino le pidió al “Golem” que fuera "al río a sacar agua" a lo que el “Golem” accedió exactamente al pie de la letra; fue al río, y comenzó a sacar agua del mismo sin parar hasta que inundó la ciudad.

A finales del s. XIX, el grueso de la sociedad europea adoptó la figura del “Golem”. Diferentes historias atestiguaron un cambio dramático del “Golem”, por ello pasa a convertirse en la creación de místicos ambiciosos que inevitablemente serían castigados por su blasfemia, muy similares al Frankenstein de Mary Shelley y al “homúnculo” alquímico. Algunos han considerado al “Golem” como precursor de los androides.

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