martes, 5 de febrero de 2013

XXI Jornada Mundial del Enfermo


“Anda y haz tú lo mismo”, es el lema elegido por el Santo Padre para su mensaje en la XXI Jornada Mundial del Enfermo que se celebra el 11 de febrero, memoria litúrgica de la Nuestra Señora de Lourdes, y este año tiene lugar en el santuario mariano de Altötting (Alemania). El Santo Padre ha querido mostrar su cercanía a las personas que padecen enfermedades recordándoles que no son inútiles sino, muy al contrario, «llamados por Cristo» para ser «su viva y transparente imagen».

En el texto, el Papa escribe que «esta Jornada representa para todos los enfermos, agentes sanitarios, fieles cristianos y para todas la personas de buena voluntad, «un momento fuerte de oración, participación y ofrecimiento del sufrimiento para el bien de la Iglesia, así como de invitación a todos para que reconozcan en el rostro del hermano enfermo el santo rostro de Cristo que, sufriendo, muriendo y resucitando, realizó la salvación de la humanidad».

«En esta ocasión -prosigue el pontífice- me siento especialmente cercano a cada uno de vosotros, queridos enfermos, que, en los centros de salud y de asistencia, o también en casa, vivís un difícil momento de prueba a causa de la enfermedad y el sufrimiento. Que lleguen a todos las palabras llenas de aliento pronunciadas por los Padres del Concilio Ecuménico Vaticano II: «No están… ni abandonados ni inútiles; son los llamados por Cristo, su viva y transparente imagen».

Para acompañar en la peregrinación espiritual que desde Lourdes, «lugar y símbolo de esperanza y gracia» nos conduce hacia el santuario de Altötting, el Papa propone la figura emblemática del Buen Samaritano. «La parábola evangélica narrada por san Lucas -dice- forma parte de una serie de imágenes y narraciones extraídas de la vida cotidiana, con las que Jesús nos enseña el amor profundo de Dios por todo ser humano, especialmente cuando experimenta la enfermedad y el dolor. Pero además, con las palabras finales de la parábola del Buen Samaritano, «Anda y haz tú lo mismo», el Señor nos señala cuál es la actitud que todo discípulo suyo ha de tener hacia los demás, especialmente hacia los que están necesitados de atención. Se trata por tanto de extraer del amor infinito de Dios, a través de una intensa relación con él en la oración, la fuerza para vivir cada día como el Buen Samaritano, con una atención concreta hacia quien está herido en el cuerpo y el espíritu, hacia quien pide ayuda, aunque sea un desconocido y no tenga recursos».

Benedicto XVI concluye confiando la XXI Jornada Mundial del Enfermo a la intercesión de la Santísima Virgen María de las Gracias, venerada en Altötting, para que «acompañe siempre a la humanidad que sufre, en búsqueda de alivio y de firme esperanza, que ayude a todos los que participan en el apostolado de la misericordia a ser buenos samaritanos para sus hermanos y hermanas que padecen la enfermedad y el sufrimiento».

Fuente: AICA

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