miércoles, 11 de febrero de 2015

¿Cuál fue la última tentación de Cristo - Segunda parte


¿Qué sentido tiene Jerusalén en Lucas? Aquí no se trata sólo de la capital del país. Es el lugar que Dios eligió para mostrarse a su pueblo, y desde donde manda la salvación a toda la humanidad. Por eso será la ciudad donde se cumplirán los hechos más grandiosos de la historia de la salvación. 

En cambio en Lucas, la figura que aparece destacada es Jerusalén. Al igual que la montaña en Mateo, esta ciudad en Lucas no es un simple "lugar geográfico", sino también "teológico". Para darnos cuenta de su importancia, basta con contar las veces que aparece mencionada en la obra de Lucas, es decir, en el Evangelio y en los Hechos de los Apóstoles: ¡90 veces!, sin tener en cuenta las referencias indirectas que a ella hace.

Es tan grande la veneración de esta ciudad en Lucas, que es el único de los cuatro Evangelios que empieza y termina en Jerusalén. En efecto, la primera escena de Lucas se desarrolla en el Templo de Jerusalén (1,9), cuando el sacerdote Zacarías se entera de que va a tener un hijo. Y la última escena es el regreso de los apóstoles al Templo de Jerusalén, donde "estaban siempre bendiciendo a Dios" (24,53). No sólo el evangelio está encuadrado en Jerusalén. Los grandes acontecimientos de la vida de Jesús suceden en relación con ella. Ya desde recién nacido, sólo Lucas cuenta que al primer lugar donde llevan a Jesús es a Jerusalén, para presentarlo en el Templo (2,22). Esto muestra la estrecha relación que había entre el niño y la ciudad.

A los 12 años, sólo Lucas refiere que el niño se perdió también en Jerusalén, y que lo encontraron en el templo tres días después, sentado entre los maestros de la Ley (2,49). Un exclusivo apego por la ciudad que demostró desde pequeño. Cuando empezó a predicar, y después de unas cuantas enseñanzas en Galilea y en Samaria, sólo Lucas cuenta que Jesús "tomó la firme decisión de ir a Jerusalén" (9,51). Y ya nunca más lo apartará de ella. Comenzará, así, un largo viaje hacia allá, que le llevará todo el resto de su vida, y en donde Jesús aparece seguido por una gran multitud que lo acompaña. Para quien entiende este mensaje de Lucas, no se trata de seguidores ocasionales sino de la gente que quiere ir "al lugar de salvación".

Será a lo largo del viaje a Jerusalén, donde Lucas pone en labios de Jesús sus mejores enseñanzas, sus más bellas parábolas, sus más hermosos diálogos que para los demás evangelistas aparecen pronunciados en otros momentos de la vida de Jesús. Y a cada instante Lucas nos recordará que "Jesús sigue de viaje a Jerusalén", como para que los lectores no pierdan de vista que todas estas enseñanzas y predicaciones del Maestro, pueden conducirnos también a nosotros a Jerusalén, es decir, al encuentro del Dios de la salvación. Y al final del viaje, sólo Lucas describe su entrada en la ciudad como una majestuosa procesión real. En efecto, es el único en contar que la gente lo aclamaba a Jesús como "rey" (19,38). Lo convierte nada menos que en rey de Jerusalén. Para completarlo, sólo Lucas trae la orden de Jesús de predicar a todo el mundo pero "comenzando por Jerusalén" (24,47).

Después de ver esta insistente preocupación de Lucas por presentarlo a Jesús en Jerusalén realizando sus acciones más grandes, no cabe duda de que el orden de su tercera tentación se debe a su especial interés por esta ciudad. Para Lucas, Jesús se libera de Satanás precisamente en la ciudad donde va a liberar a los hombres de todo mal, en el mismo lugar de donde brota toda la fuerza de salvación. ¿Quién tiene pues razón sobre la tercera tentación de Jesús: Mateo o Lucas? Los dos. No existe ninguna contradicción entre ellos. Cada uno, desde su propia teología, dice lo mismo. Para los dos, el clímax de la confrontación entre Satanás y Jesús sucede precisamente en el lugar donde Dios despliega su máximo poder para salvar a los hombres: la montaña en Mateo, Jerusalén en Lucas.

El mensaje que nos dejan ambos evangelistas con las tentaciones es el mismo, independientemente del orden en que cada uno las trae. Cuando el hombre está plenamente cimentado en Dios, no a medias, ni ocasionalmente, siempre vencerá al mal. Para explicar eso, Mateo hace subir a Jesús a una montaña, y Lucas lo lleva volando en un instante a Jerusalén. Es la manera teológica de mostrarlo firmemente apoyado donde sabe que se encuentra Dios. Mucha gente no puede vencer sus tentaciones. Quizás porque no está afirmada totalmente en Dios. Porque a veces le cree a él, y a veces a otros consejeros. Porque acepta algunas cosas de la Palabra de Dios, y otras las deja de lado. Porque a veces confía en Dios, y otras se fabrica falsos ídolos que le prometen vanamente felicidad. Porque no termina de decidirse totalmente por el único Señor. Jesús venció acabadamente al mal cuando subió a la montaña (según Mateo) o cuando subió a Jerusalén (según Lucas), es decir, cuando fue a donde estaba seguro de encontrarse con Dios. Quien así lo haga, también acabará venciendo.

Ariel Alvarez Valdes
Biblista

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