miércoles, 6 de marzo de 2013

Luis XVII: el misterio del rey niño


No se puede decir que Luis XVII, el delfín de Francia, haya gozado de una apacible vida palaciega. En agosto de 1792 fue tomado prisionero por las fuerzas revolucionarias republicanas, junto con su hermana María Teresa y con sus padres, el rey Luis XVI y la reina María Antonieta. Entonces Luis XVII tenía apenas siete años. El 18 de enero de 1793, Luis XVI, fue condenado a muerte por alta traición, sentencia que se cumplió tres días después. En octubre de ese mismo año, igual suerte iba a correr María Antonieta. Luis XVII, fue a parar a una celda de la torre del Templo; su hermana a otra. Un testimonio de la época, deja en claro cómo pasaba las horas el delfín: El niño rey vive en el medio de la basura, con las ropas hechas jirones, e invadido por los parásitos, está muy flaco.

Dos años más tarde, el 9 de junio de 1795, se anuncia la muerte oficial de Luis XVII. El infortunado niño fue de inmediato sepultado en la fosa común del cementerio de Santa Margarita de París. Eso, al menos, es lo que dice la historia oficial. No bien se anunció la muerte de Luis XVII, cuatro cirujanos le practicaron la autopsia y certificaron que el cuerpo pertenecía al niño. A lo largo de 20 años se aceptó ese diagnostico, pero cuando en 1814, Luis XVIII, hermano del monarca decapitado, asumió el trono de Francia, otra vez se volvió a hablar del joven príncipe muerto en la torre del Templo. Circulaba el rumor de que Luis XVII, había sido rescatado de la cárcel por Simón, su carcelero. El rey Luis XVIII, ordenó buscar el cuerpo de su sobrino. Se realizó una segunda autopsia que coincidió con la llevada a cabo en 1795.

Sin embargo, se continuaba insistiendo en que los despojos que estaban en el interior de ése féretro no eran los del joven príncipe. Por entonces, no cesaban de presentarse los franceses trasnochados, que aseguraban ser el rey sin corona. Pero de todos los presentados, sólo Karl Naundorff, un relojero que vivía en Alemania, ofreció tres pruebas inquietantes: la letra era casi igual, recordaba a la perfección los años de su infancia palaciega y los sobrevivientes del palacio de Versailles, aseguraron que se parecía muchísimo al príncipe. Karl Naundorff murió en Holanda, en el año 1845. Un año después de ésa muerte, se realizó una nueva autopsia al cadáver del niño. Los resultados, volvieron a coincidir. Por ese entonces, aparecía otro nombre y otro personaje, Pierre Benoit, llegó al puerto de Buenos Aires, el 1 de julio de 1818; este joven francés no aparentaba más de 30 años, hablaba varios idiomas, jamás habló de su pasado pero parecía un encumbrado miembro de la nobleza europea, vivió en un caserón de la calle Bolívar 793, que fue derribado hace casi 20 años, cuando se decidió ensanchar la Avenida Independencia.

En principio, su notable parecido físico y su letra, y además era un artista, un pintor que dejó numerosos cuadros; que curiosamente sólo cinco de ellos reflejan figuras humanas, todos miembros de la familia real francesa. Recién en 1894 aparecieron las primeras dudas científicas, un grupo de antropólogos y luego confirmado por un grupo de médicos, entre ellos el Dr. Edmond Locard en 1951, comparó los cabellos del cadáver con los del príncipe y llegaron a la conclusión de que se trata del cadáver de un muchacho de más de 15 años de edad y casi un metro y medio de estatura. Al morir, Luis XVII, recién había cumplido los 10 años, y no media más de un metro de altura. ¿Cuál habrá sido el destino final del delfín francés? ¿La oscura fosa común en el cementerio de Santa Margarita? ¿Una relojería en un pueblito de Alemania o la búsqueda desesperada de un puerto en la lejana Sudamérica?... Los interrogantes aún siguen sin respuestas.

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