martes, 9 de abril de 2013

¿Por qué Jesús no quiso tomar vino en la cruz? - 1º Parte


Según los Evangelios, cuando crucificaron a Jesús le ofrecieron de beber en dos oportunidades. La segunda vez, la más conocida, tuvo lugar cuando Jesús ya estaba colgado en la cruz, a punto de expirar, y uno de los presentes le acercó a la boca una caña con una esponja embebida en vinagre (Mc 15,36; Mt 27,48; Lc 23,36; Jn 19,29-30). ¿De dónde sacaron ese vinagre? San Juan nos da la respuesta. Explica que cerca de la cruz “había una vasija llena de vinagre” (Jn 19,29). No se trata del vinagre que empleamos nosotros como aderezo en nuestras mesas (que sin duda es intomable), sino de una especie de mosto ácido y agrio, que los soldados romanos solían usar como bebida.

La Biblia menciona varias veces este vinagre como algo delicioso (Nm 6,3; Rt 2,14). ¿Con qué intención se lo dieron a Jesús? El texto bíblico no lo dice. Quizás para reanimarlo, al ver que se moría tan rápido. O quizás para acelerar su muerte, ya que según una antigua creencia la muerte de un crucificado se aceleraba al darle de beber. O tal vez para mofarse de él. Pero sea cual fuere la razón, lo cierto es que se trató de un acto humillante y ofensivo. Pero hay otra bebida anterior, que también le ofrecieron a Jesús durante su pasión. Ésta tuvo lugar cuando Jesús recién llegó a la colina del Gólgota, acompañado por los soldados romanos para ser crucificado junto a los dos ladrones. Mientras lo desvestían, dice San Marcos que “intentaron darle vino con mirra, pero él no lo tomó” (Mc 15,23). En vez de mirra, Mateo cambia, y dice que “le ofrecieron vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no lo quiso tomar” (Mt 27,34).

O sea que tenemos dos diferentes bebidas: una antes de la crucifixión; y otra, cuando ya estaba clavado en la cruz. La primera era vino; la segunda vinagre. A la primera no quiso tomarla; a la segunda no sabemos si la tomó o no (sólo Juan 19,30 dice que sí la bebió). De la que nos ocuparemos aquí es de la primera, la del vino. ¿Por qué le ofrecieron vino a Jesús? Antiguamente existía la costumbre de dar de beber a los condenados a muerte un sorbo de vino mezclado con aromas, para anestesiarlos y disminuir en parte los terribles sufrimientos que les esperaban. Ya en el Antiguo Testamento se decía: “Dad bebidas alcohólicas al que está por morir, y vino al que vive amargado; que beba, olvide su miseria y no se acuerde más de su desgracia” (Pro 31,6-7). También sabemos que en Jerusalén solía haber un grupo de mujeres piadosas que, como obra de caridad, daban de beber a los condenados a muerte un vaso de vino fuerte con granos de incienso, que servía como narcótico.

Esto ayuda a entender quién le ofreció el vino a Jesús. A primera vista parece que hubieran sido los soldados romanos; pero eso es imposible, ya que éstos no solían mostrar clemencia con los condenados. Quienes lo hicieron, pues, fueron estas mujeres piadosas de la ciudad, que quisieron mitigar en parte sus padecimientos en la cruz, pero vayamos ahora al tema que nos interesa: ¿por qué, según Marcos, Jesús rechazó el vino que le dieron de beber antes de la crucifixión? Los estudiosos de la Biblia han propuesto varias explicaciones.

Unos piensan que el vino que le ofrecían era un gesto de burla, y por eso no quiso probarlo. Pero ya vimos que en la escena no hay ningún detalle que insinúe que se estén burlando de Jesús. Otros opinan que, al rechazar el vino, Jesús quiso dejar establecida la prohibición de beber vino para los cristianos. Siguiendo esta interpretación, muchas iglesias y sectas cristianas actualmente prohíben a sus fieles beber alcohol, diciendo que se trata de un mandato del Señor. Sin embargo, sabemos que Jesús durante su vida bebía normalmente, y nunca rechazó el vino que le ofrecían cuando iba a comer a algún lado (Mc 2,16). Incluso sus enemigos le habían puesto el mote de “borracho” (Mt 11,19). Si Jesús nunca despreció la alegría de beber un poco de vino, ¿qué sentido tenía que, unas horas antes de morir, se pronunciara a favor de la “ley seca”? Una tercera opinión sostiene que, como el vino que le ofrecieron a Jesús era para disminuir los sufrimientos de la cruz, no quiso beberlo para poder así sufrir al máximo cada detalle de su pasión.

Pero esta interpretación tampoco parece aceptable. En efecto, dice el Evangelio que antes de su muerte, cuando Jesús rezaba en el huerto de Getsemaní, le pide a Dios: “Padre, aparta de mí este cáliz” (Mc 14,36). O sea que el mismo Marcos afirma que Jesús no buscaba ni deseaba los sufrimientos físicos. Nada, pues, hace pensar que Jesús hubiera deseado sufrir al máximo los tormentos de la cruz. Y es difícil imaginar que fuera su Padre quien le exigiera experimentar hasta el final cada detalle de dichos tormentos. Por lo tanto, es improbable pensar que Marcos contó el rechazo del vino para mostrar que quiso sufrir lo más posible en la cruz. ¿Cuál fue entonces la razón de su negativa?

Quizás la respuesta se encuentre en un episodio de la última cena. Según Marcos, la noche en que Jesús cenaba por última vez con sus apóstoles tomó una copa con vino, y luego de dar gracias a Dios la pasó a sus discípulos para que todos bebieran de ella, diciéndoles: “Ésta es mi sangre de la Alianza, que va a ser derramada por muchos”. Y agregó: “Les aseguro que ya no volveré a beber del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios” (Mc 14,25).

Fuente:
Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo (Argentina)

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