martes, 28 de abril de 2015

El Primero de Mayo y su transformación en San José Obrero


La celebración del Primero de Mayo, tradición creada por los trabajadores, ha venido siendo considerada como «el más ambicioso de los rituales obreros a escala internacional» A partir de 1890 cada primavera, de forma reiterada, los obreros de distintos países se movilizan para afirmar una identidad colectiva, demostrar su fuerza ante la sociedad y los poderes públicos y el consenso en torno a reivindicaciones comunes. Tal vez por una magia especial el día adquiere una gran capacidad de convocatoria, de participación, encendiendo la ilusión de la comunidad obrera.

A las manifestaciones y huelgas se suma en seguida la idea de fiesta, que propicia la unidad, la comunión y modifica mentalidades. Como es sabido, el Congreso Internacional Socialista de 1898, en París, decide que todos los obreros se manifiesten el Primero de Mayo con el fin de reivindicar la jornada de ocho horas. La fecha elegida ya gozaba de significación especial en Estados Unidos, por su coincidencia con el «Día del Traslado», fecha tradicional de finalización de contratos de arrendamiento en Nueva York y Pensilvania. La medida ratifica así la decisión del Congreso de 1884 en Chicago, sobre la exigencia en Estados Unidos de las ocho horas de trabajo a partir de 1886.

Además, al mismo tiempo se rinde homenaje a las víctimas de Chicago, mártires de la primera celebración obrera en Estados Unidos. En España, los obreros, que ya habían empezado a pedir la reducción del horario laboral, aprovechan las oportunidades brindadas por la Restauración para aumentar el grado de la petición. Insisten ante la Comisión de Reformas Sociales la Ley de Asociaciones fortalece sus organizaciones y en 1890 comienza también la celebración española del Primero de Mayo. Las reivindicaciones ante los poderes públicos se centran en el horario de trabajo, salario mínimo, supresión de las oficinas de colocación, responsabilidad patronal en los accidentes de trabajo, ayudas para los niños, ancianos e inválidos, prohibición del trabajo nocturno, descanso semanal, etc.

Los socialistas identifican los orígenes de la festividad con las directrices del Congreso de París. Los anarquistas, en cambio, lo hacen con el recuerdo a los mártires de Chicago, de ahí su consideración como día de reflexión y luto. No obstante, la fecha está cargada de simbolismo desde su origen. La celebración evoluciona con sucesivos cambios. Sepultada con la guerra civil, reaparece en los años cincuenta transformada en Fiesta de San José Artesano, patrón de los trabajadores católicos. Sin embargo, en pocos años se recupera la memoria colectiva del Primero de Mayo como fiesta obrera por excelencia, de lucha, de reivindicación de mejoras laborales y, por entonces también, de libertades políticas.

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