miércoles, 1 de mayo de 2013

Historia del Cementerio de la Recoleta


Antiguamente, los muertos eran inhumados en los llamados "camposanto", en la parte posterior de las iglesias y las personalidades importantes en el interior de las mismas. En 1820, aquí en la Argentina, durante el gobierno de Martín Rodríguez y su ministro, Bernardino Rivadavia, fueron expropiados los terrenos ocupados por el huerto de la Congregación Franciscana, siendo destinados a la construcción del Cementerio del Norte (el primer cementerio público en la ciudad de Buenos Aires).

Antes del cristianismo al lugar donde enterraban a los muertos se le llamaba "necrópolis" (ciudad de los muertos, en español). La palabra cementerio viene del griego (koimeterion) y en español significa "dormitorio". Esta palabra fue introducida por los cristianos, con la esperanza cristiana en la resurrección. De ahí que decimos que los muertos están "descansando en paz" a la espera de la resurrección.

En el actual Cementerio de la Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires, en un principio se llamó “Cementerio del Norte”, que en principio era solo para católicos, siendo inaugurado en el año 1822. Los primeros en recibir sepultura fueron una joven uruguaya llamada Dolores Maciel y un joven llamado Juan Benito. En 1863 el presidente Mitre firmó un decreto que permitía que fuesen enterrados los practicantes de otras religiones. Con el tiempo, el cementerio del Norte llegó a un estado de abandono hasta que en 1880, el primer Intendente de la ciudad de Buenos Aires, Torcuato de Alvear, encomienda al Arq. Buschiazzo, su remodelación. Se pavimentaron sus calles, se rodeó con un muro de ladrillos y se embelleció con un pórtico de entrada con doble hilera de columnas de fuste acanalado de orden dórico. En el friso se destacan 13 alegorías, símbolos de la vida y de la muerte.

Al ingresar al peristilo se observan en el piso tres fechas: 1822 (año de creación del cementerio),1881 (fecha de su primera remodelación ) y 2003 (tercera remodelación). A la derecha se encuentra una capilla dedicada a la religión católica, en cuyo altar se observa un Cristo realizado en mármol de Carrara blanco de una sola pieza por el escultor italiano Giulio Monteverde (quien fue maestro de Lola Mora). Debajo, en el altar realizado en granito, se lee la siguiente frase: "Ego sum resurrectio et vita" (Yo soy la resurrección y la vida). En el peristilo, frente a la capilla, se halla un púlpito utilizado para ceremonias practicadas por otros cultos.

Al ingresar al cementerio, encontraremos los primeros símbolos de la vida y de la muerte, representados en once alegorías:

El huso y las tijeras: simboliza el hilo de la vida que se puede cortar en cualquier momento.

La cruz y la letra P: la paz de Cristo en los cementerios.

La corona: voto de recuerdo permanente.

La esfera y alas: el proceso de la vida y de la muerte que gira incesantemente como la esfera.

Cruz y corona: muerte y recuerdo.

Abeja: símbolo de laboriosidad.

La Serpiente mordiéndose la cola: el principio y el fin.

Manto sobre urna: abandono y muerte.

Antorchas con llamas hacia abajo: la muerte.

Búho: vigila atentamente y según algunas creencias, anuncia la muerte.

Reloj de agua o Clepsidra: el transcurrir del tiempo, el paso de la vida.

También suelen utilizarse las letras del alfabeto griego "alfa y omega" (primera y última), simbolizando el principio y el fin.

Los ángeles son los intermediarios entre lo terrenal y lo celestial.

Antorchas con llamas apagadas: la vida que se extingue.

Espada con el filo hacia abajo: una espada que ya no luchará.

La palma: simboliza el martirio.

El olivo: simboliza la paz.

El roble: simboliza el valor militar.

Los laureles: simbolizan la gloria.

En relación a los símbolos del Cementerio de la Recoleta, encontramos mucha simbología masónica, la intuición está presente en varios símbolos y alegorías. Las cinco puntas de la estrella representan, entre otras cosas, los cinco sentidos y es el símbolo, desde la escuela pitagórica, del hombre.

La Masonería llegó al Río de la Plata a fines del siglo XVIII influida por la masonería española. Cuando San Martín (miembro de la Logia Lautaro), Alvear y otros patriotas llegaron a Buenos Aires en 1812, la Orden ya estaba implantada.

La numerología está íntimamente ligada a la geometría que por fuerza de la profesión de los antiguos Francmasones (albañiles-libres) era utilizada en la construcción de catedrales, palacios y otros predios. En la base de la numerología esotérica están los números 3 y 5 como puntos de partida, para una construcción de figuras geométricas como el triángulo y el pentágono. Hacemos mención de algunos:

El triángulo es una figura geométrica que da origen a la pirámide y ambos son parte de la simbología masónica.

El triángulo es símbolo de la luz. Como también el vértice de su cima representa el fuego y la virilidad, con el vértice para abajo se representa el agua o el sexo femenino.

El triángulo equilátero es usado como símbolo de la divinidad masónica y representa los tres atributos divinos: Fuerza, Belleza y Sabiduría, y también los tres reinos: Mineral, Vegetal y Animal.

El triángulo con un ojo en el centro representa la omnipotencia, la omniciencia y la omnipresencia.

La pirámide es un sólido derivado del triángulo y simboliza el hombre en busca de la divinidad y de las energías cósmicas que supuestamente son captadas por el ápice e irradiadas al área de la base. La pirámide es el símbolo de la jerarquía espiritual de la nueva era, y es en su ápice es donde se encuentra "el ojo del dios".

La calavera y las tibias cruzadas son el símbolo de la fugacidad de lo material. Símbolo también de la muerte.

Águila bicéfala, poder temporal y espiritual.

La escuadra, el compás, el triángulo, la plomada (elementos utilizados para la construcción).

La Plomada simboliza el equilibrio, medida y rectitud.

En los techos de algunas bóvedas también puede apreciarse un pequeño angelito de rodillas e implorando al cielo: simboliza la obediencia a la ley.

El Cementerio de la Recoleta ocupa actualmente cinco manzanas y media y cuenta con alrededor de 4870 sepulcros a perpetuidad. Más de 70 bóvedas fueron declaradas Monumento Histórico Nacional y el Cementerio en sí es considerado Museo Histórico Nacional desde el año 1946, por los personajes ilustres que aquí descansan, por la calidad arquitectónica y por sus magníficas esculturas. Es uno de los más importantes del mundo junto con el de Génova y el de París.

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