miércoles, 2 de julio de 2014

La Cité Catholique - Primera Parte

A los pocos días de la asunción del gobierno militar instaurado en 1966 en la Argentina, comenzaron a circular rumores sobre los grupos de derecha que actuaban en el entorno del flamante presidente, el general Juan Carlos Onganía. Al respecto, el propósito de este trabajo es analizar  el surgimiento, la organización, el modus operandi y las propuestas de uno de estos grupos, denominado la Ciudad Católica. En el abordaje de esta organización nos centraremos en el período comprendido entre 1959, cuando dicho nucleamiento se estructuró en el país, y 1967, cuando luego de su entusiasmo y participación inicial, experimentó cierta desazón frente al rumbo que adoptó el gobierno militar. El corpus seleccionado para realizar este análisis se centra en el boletín Verbo, considerado por sus promotores como el “libro del maestro”.

Las inquietudes que motivaron el estudio de esta organización derivan del interés por abordar una doble cuestión. Por una parte, buscamos indagar en las problemáticas englobadas tras las propuestas comunitaristas que cobraron dimensión pública bajo el gobierno de la “Revolución Argentina”, y cuya maduración se condensó en la Secretaría de Estado de Promoción y Asistencia de la Comunidad, inaugurada en 1966. Por otra parte, interesa profundizar en el estudio de grupos de derecha y su articulación con el proceso de radicalización política experimentada a partir de la década de 1960. Si bien en los últimos años se multiplicaron los escritos referentes al amplio arco de la izquierda, los de la derecha no han recibido esa misma atención. En este sentido, cabe señalar que los miembros de la Ciudad Católica compartieron y fundamentaron las doctrinas de la “guerra contrarrevolucionaria”.

Raíces francesas: La Cité Catholique y Verbe

La “Ciudad Católica” en la Argentina se inspiró en la iniciativa del teólogo francés Jean Ousset. Este representante del integrismo católico inició su itinerario en la “Acción Francesa” como secretario de Charles Maurras. Su añoranza por un coup de force restaurador que derribara a la República lo llevó a apoyar al gobierno de Petain. Al finalizar la guerra fundó, en 1946, la Cité Catholique, cuyo medio de formación y difusión fue la revista Verbe. La influencia mundial de Verbe fue y es amplia, propagándose por  naciones africanas, europeas y americanas –como México, Chile, Brasil y Argentina–, entre otras. Verbe se autopresenta como un órgano contrarrevolucionario, defensor último de la cristiandad amenazada por el comunismo. Durante la lucha anticolonialista argelina, influyó en los cuadros de la armada francesa, dándole a este conflicto la dimensión de una lucha civilizatoria –una nueva cruzada mística– entre el comunismo y Occidente.

Ousset escribió –entre otras obras– Pour qu'il règne (1959), Le Marxisme-Léninisme (1960) y, con  Michel Creuzet, Le Travail (1962). Su corpus doctrinario se entroncaba con el ideario maurrasiano e implicaba una reactualización del pensamiento antimodernista francés.  Como discípulo de Maurras, el teólogo francés no retomaba una herencia contrarrevolucionaria pasiva y nostálgica sino una activa. Es decir que además de principios proponía un programa concreto, con el fin de adecuar sus concepciones a la coyuntura. Sus seguidores visualizaron a las Fuerzas Armadas como el único espacio que mantenía los valores de tradición, orden y jerarquía, a la vez que se mantenía como baluarte anticomunismo.

¿Cómo estructuró e impulsó Ousset su apuesta política concreta? Tal como apareció en su trabajo “Deberes y condiciones de eficacia”, la tarea central de la Ciudad Católica consistía en formar un pequeño número de “Apóstoles”, una “verdadera elite difundida en los grupos sociales”, a partir de la creación de “redes de distribución” que debían llevar a cabo una “operación cemento” con el fin de unificar la “Verdad” (V-69-abril-1967-pp.38-45). Se trataba de reclutar a las “elites naturales para suministrarles una doctrina”. A la sazón, esta perspectiva parte de un “sentido de jerarquía de los núcleos sociales” (V-70-mayo-1967-pp.33-44). Es decir que el grupo selecto al que orienta su prédica debe estar formado doctrinalmente –a partir de los escritos papales–, pero también debe estar ubicado entre aquellos que posean un saber técnico, en contacto con lo real, en sus ámbitos profesionales.

Resulta interesante señalar que en la práctica de Ousset se observa una noción instrumental de la acción ligada a la idea de legitimación de los medios por los fines. Por ejemplo, se apropiaba de ciertos textos “marxistas”, pero invertía su direccionamiento para emplearlos en la lucha anticomunista. A diferencia de los comunistas, sin embargo, Ousset rechazaba la organización partidaria. En su visión integrista, ella se oponía a una sociedad naturalmente orgánica.

Pareciera que el posicionamiento de Ousset y sus afinidades con los sectores derechistas antigaullistas –enardecidos por la liberación de Argelia– ocasionaron problemas políticos al grupo. En 1964, la sede central de la Cité Catolique se trasladó a Lausanne, Suiza, donde se fundó la “Oficina Internacional de las obras de Formación Cívica y Acción Doctrinal según el Derecho Natural y Cristiano”, órgano de enlace de las tareas formativas de los distintos países. 

La Ciudad Católica en Argentina

El 19 de mayo de 1959, bajo el auspicio de Georges Grasset, un grupo de católicos visceralmente anticomunista organizó la “Ciudad Católica” en la Argentina. Su órgano articulador de las problemáticas orientadoras fue la revista Verbo, que comenzó a publicarse en Junio de ese año. Su director era Mateo Roberto Gorostiaga. Según relató uno de sus fundadores, el núcleo originario se formó con Juan Carlos Goyeneche, Roberto Pincemin, Roberto Gorostiaga y el coronel Juan Francisco Guevara  ¿En qué medida estos sujetos respondían a las cualidades propias de una “minoría actuante”? Grasset, miembro francés de la Cité Catholique, ha sido vinculado con la OAS, Organisation Armée Secrete. En 1958 llegó a la Argentina y, después de la formación de la CC, se trasladó a España.

A dos meses de su aparición, Verbo publicó una “Carta de un sacerdote a un militar”, que sostenía la centralidad de “formar las cabezas y los corazones de los oficiales y suboficiales [...]. Hay que empezar de uno en uno. Cursos, conversaciones privadas, retiros, etc. [...]. Hay que elegir a los mejores, a los que podrán encuadrar a los otros” (V-4-agosto-1959-pp.26-30). Aunque no está explicitado, la firma –Padre G. G.– y el contenido permiten colegir que es una correspondencia de Grasset a Guevara.

De firme personalidad y convicciones, el coronel Guevara participó en variadas apuestas políticas comunitaristas. Formado en el catolicismo restaurador, pareciera que en su juventud simpatizó con el nazismo pero se desencantó por el “neopaganismo” y la persecución racial. Colaboró en el golpe de Estado de 1955, bajo cuyo influjo ocuparon puestos de relieve distintas personalidades del nacional catolicismo. Sin embargo, mientras se extendía el aura de la modernización económica y social, el accionar de los grupos integristas debía reposicionarse. Guevara realizó enormes esfuerzos para sostener su apuesta. Así, tradujo al castellano una obra central de Ousset, “El marxismo leninismo”, cuya edición argentina fue prologada por el cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Antonio Caggiano.

Además, estrechó contactos con otros miembros de la jerarquía católica y de las FF.AA. para propagar la acción del grupo.  Goyeneche fue un tradicionalista católico con un largo itinerario militante. En la década de 1930 participó en los Cursos de Cultura Católica, en publicaciones nacionalistas, y durante la 2ª Guerra Mundial realizó una misión en Europa, donde fue recibido por el general Franco, por Ribbentrop y por Mussolini.  Llegó a ser funcionario de Perón, pero desencantó con lo que visualizó como demagogia y por su enfrentamiento con la Iglesia. En 1955, Lonardi lo nombró Secretario de Prensa y Actividades Culturales. El hecho de que participara entre los miembros fundadores de la Ciudad Católica pareciera responder a su importancia como figura de prestigio y a los contactos que mantenía, más que a su colaboración activa en el grupo.

El ingeniero Gorostiaga, en cambio, tuvo un protagonismo continuo. Católico fervoroso –hasta promovió la consagración de la Argentina al “Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María”, en 1969–, fue director de Verbo desde su aparición en 1959 hasta 1966, cuando quedó al frente de la SEPAC. Desde esta Secretaría, intentó plasmar las propuestas comunitaristas impulsadas por la CC. Junto con el ingeniero Roberto Pincemin, activo participante del grupo –incluso brindó hospedaje para que Verbo funcionara–, publicó “Cogestión y Empresa”.

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