miércoles, 12 de noviembre de 2014

Orden de los Clérigos Regulares de Somasca

Es una congregación religiosa conformada por religiosos que profesaron votos –quienes a la vez pueden ser sacerdotes– que desempeñan un apostolado activo según la regla inspirada en la figura de su fundador, San Jerónimo Emiliani. La orden fue establecida en 1568, sobre la base de la llamada «Compañía de los Siervos de los Pobres» de 1534, que se conformara por sacerdotes y laicos que abandonaban el mundo para practicar las virtudes evangélicas y dedicarse a la asistencia de los pobres en las obras fundadas por el propio Jerónimo. Progresivamente tomó forma la congregación que se llamaría posteriormente «de Somasca» por la localidad donde se estableció la sede.

La llamada «Compañía de los Siervos de los Pobres» de 1534 se dedicaba a distintas misiones de caridad, a imitación de Jerónimo Emiliani, quien se destacara por su habilidad como organizador de variadas obras de misericordia, tales como sus conocidos «Hospital de los Incurables» y «Taller para Huérfanos». Jerónimo ofrendó su vida en 1537, al morir como resultado de la peste contraída asistiendo a los enfermos, durante una de las muchas epidemias que asolaron la comarca.

A imitación de su fundador, la Compañía (posteriormente convertida en Orden) adquirió características peculiares de notable originalidad para la época, que reflejaron algunas de las más significativas experiencias de la renovación espiritual del siglo XVI italiano. A la «Compañía de los Siervos de los Pobres» le correspondía el cuidado material y espiritual de los huérfanos albergados en las casas fundadas por Jerónimo Emiliani, en tanto que la administración de los orfanatos quedaba en manos de las hermandades de laicos de cada ciudad. La vida de la Congregación era regulada por un Capítulo en el que tomaban parte tanto los miembros de la «Compañía de los Siervos de los Pobres» como representantes de distintas congregaciones ciudadanas.

La muerte prematura del Santo en 1537 supuso para la Compañía un momento de dificultad. En esa encrucijada, cabía seguir adelante o disolver la Compañía, constituida entonces por laicos, sacerdotes diocesanos, e incluso religiosos. La crisis se superó gracias a la aprobación diocesana concedida en 1538 por el obispo de Bérgamo. El trabajo en algunas ciudades acarreaba dificultades por la hasta entonces ausente aprobación apostólica. El primer reconocimiento papal fue concedida ex iniuncto por el Papa Pablo III el 6 de junio de 1540, lo que permitió el nombramiento de superiores y la redacción de constituciones.

En los años primeros, la Congregación dedicó sus esfuerzos casi con exclusividad al cuidado de huérfanos, lo que significó una auténtica especialización en ese campo, notable para aquella época. Entre 1546 y 1555, por falta de resolución de ciertos problemas de orden jurídico, los servidores se unieron a los teatinos. Un cambio significativo fue el paso de «cofradía preconciliar» a «congregación religiosa», lo que le valdría la continuidad que estaba requiriendo. Fue Pío V quien dio a los «pobres de Somasca» el espaldarazo definitivo, al otorgarles ex iniuncto nobis el rango de Orden Religiosa, el 6 de diciembre de 1568.

Durante los primeros siglos de su historia, los somascos se unieron a menudo con otras órdenes religiosas: como se mencionó, primero con los teatinos entre 1546 y 1555, y luego con los sacerdotes reformados de Santa Maria de los Pequeños en Tortona en 1566. En 1612, unieron esfuerzos con los sacerdotes del Buen Jesús de Ravena y, por último, confluyeron con los sacerdotes de la Doctrina Cristiana de Avignon entre 1616 y 1647.

En 1769, con la eliminación de pequeños monasterios decretada por la República de Venecia, comenzó un período de crisis prolongado para el orden, el cual se extendió a buena parte del siglo XIX, abarcando los períodos históricos en los que se vivió bajo la férula de José II de Habsburgo y Napoleón Bonaparte, y el proceso conocido como la unificación de Italia, en particular la legislación de 1866 y 1867.

En los países en los que está actuando la Orden, se abrieron centros de enseñanza, centros de asistencia e internados en zona deprimidas. Según los informes internos de la orden, desde la segunda mitad del siglo XX las nuevas fundaciones superan las 80 en Europa (Italia, España, Rumania, Polonia), en Asia (Filipinas, India, Sri Lanka) en América (Brasil, Colombia, Ecuador, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, USA). A España, los religiosos somascos llegaron en 1957, instalándose primero en La Guardia (Pontevedra), luego a Aranjuez,y más tarde en Madrid.

Las líneas maestras de la espiritualidad de la Compañía de los Siervos puede resumirse en:

Estar en Dios: “Si la Compañía estará en Cristo, se alcanzará el objetivo; de no ser así, todo se perderá. Cristo dulcísimo Salvador, dulce Padre nuestro, Amor mío y Dios mío”. (San Jerónimo)

En la presencia de la Virgen María: “Para obtener esta gracia, acudamos a la Madre de las gracias, diciendo: Ave María”. (San Jerónimo)

Adhesión a la Iglesia y a la jerarquía: “Dulce padre nuestro Señor Jesucristo, te rogamos reformes a la cristiandad entera según el estado de santidad de los tiempos de los santos apóstoles”.

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