martes, 27 de enero de 2015

El Evangelio según el Espiritismo

“El Evangelio según el Espiritismo” (L'Évangile Selon le Spiritisme) es un tratado sobre espiritismo y religión escrito por el ocultista francés Allan Kardec, publicado en 1864. Es un intento de relacionar las enseñanzas de Jesucristo con el espiritismo, tarea que Kardec encaró con verdadera obsesión; ya que fue él mismo quien instaló las bases morales de la práctica espiritista, de manera que estaba particularmente interesado en reconciliar esa visión con las ideas católicas dominantes.

Como era de esperar, “El Evangelio según el Espiritismo” arrastró terribles críticas de la comunidad eclesiástica, pasando a engrosar rápidamente su lista de libros prohibidos. Consta de veintiocho capítulos. Veintisiete están dedicados a diseccionar un verso en particular de los Evangelios, asociándolos con las enseñanzas del espiritismo. El último capítulo, acaso el más extraño, contiene plegarias sugeridas por Kardec y sus médiums por ciertos “espíritus desencarnados”.

Allan Kardec fue, sobre todo, un católico ferviente. Sus intentos de reconciliar la Iglesia Católica con el espiritismo, su pasión, fueron tan loables como impotentes. Su conocimiento de la Biblia hizo que la batalla fuese interesante, al menos para el observador imparcial, pero esto no le evitó ser masacrado por el brazo académico de Roma.

“El Evangelio según el Espiritismo” señala que las traducciones de los Evangelios son imperfectas, y que resultan ininteligibles si no los asociamos correctamente con la cultura y el contexto histórico de los pueblos de medio oriente. Acto seguido, elabora una serie de teorías descabelladas pero muy interesantes. Finalmente, Allan Kardec propone un cambio de enfoque en relación con Jesús, y sugiere que sus enseñanzas verbales son apenas un matiz menor de su esencia, cuyo significado absoluto se encuentra en sus acciones, reflejos simbólicos de una verdad más noble y alta.

La segunda parte de “El Evangelio según el Espiritismo” compara la moral cristiana y asegura que el espiritismo es su descendiente más acabado, incluso lo ubica más cerca de las enseñanzas de Jesús que la propia iglesia. Para ello, Allan Kardec apunta a la poca o nula contradicción existente en el espiritismo, ya que los todos los espíritus elevados que fueron convocados a través de médiums y sesiones espiritistas dan una sola versión del mensaje, lógico, consistente y coherente con las ideas cristianas primigenias.

La tercera parte de “El Evangelio según el Espiritismo” es un rápido recorrido por los Evangelios, explicando el significado perdido de algunos conceptos y palabras que sólo se encuentran allí. A continuación resumimos las conclusiones de este libro, las cuales explican por sí solas la controversia que generó en su época:

La revelación de Dios en continua, no se limita a los textos sagrados. Existieron tres revelaciones directas: Moisés, Sócrates -fallida por cierto- y Jesús.

Los espíritus son inmortales y reencarnan para perfeccionar su moral e inteligencia y de este modo ser dignos de estar en presencia de Dios.

La religión debe ser libre, flexible.

La moral debe estar basada únicamente en el amor.

Todos los espíritus son salvados, aún los más perversos, conocidos como demonios; aunque luego de un tiempo que excede la capacidad humana para concebirlo.

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