domingo, 8 de mayo de 2016

CUANDO SUBIÓ JESÚS A LOS CIELOS

Cuentan los evangelios que después de la muerte de Jesús muchas personas aseguraron haberlo visto otra vez vivo en la tierra. Es decir, contaron haber tenido "apariciones" de Jesús resucitado. Entre esos testigos privilegiados figuran María Magdalena (Jn 20,11), los discípulos de Emaús (Lc 24,13), Simón Pedro (Lc 24,35) y muchos más. Sin entrar aquí a preguntarnos cómo fueron esas "apariciones", ni de qué manera lo vieron aparecer, sí queremos averiguar: ¿cuánto tiempo duraron tales "apariciones" de Jesús? Según Los Hechos de los Apóstoles (escrito por san Lucas) fueron exactamente 40 días, ya que después tuvo lugar la famosa Ascensión, en la que Jesús subió a los cielos y no volvió a ser visto por nadie. En efecto, cuenta este libro que luego de aparecerse durante 40 días, Jesús condujo a los apóstoles hasta el monte de los Olivos, donde les dio las últimas instrucciones.

"Y después fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a su vista. Mientras ellos miraban fijamente al cielo, viendo cómo se alejaba, aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: "Galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este Jesús que ha sido llevado al cielo, vendrá del mismo modo que lo han visto subir al cielo" (Hch 1,1-11). Pero este relato presenta un grave problema: contradice a otros textos del Nuevo Testamento. Por ejemplo, a la 1ª carta a los Corintios, la cual enumera una serie de apariciones de Jesús que resultan incompatibles con estos 40 días. En dicha carta escribe san Pablo: "Les recuerdo, hermanos, el evangelio que les prediqué. Qué Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras. Que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras. Que se apareció a Cefas (es decir, a Pedro) y luego a los Doce. Después se apareció a más de 500 hermanos a la vez, la mayor parte de los cuales todavía viven y otros murieron. Más tarde se apareció a Santiago. Luego a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, que soy como un aborto" (1 Cor 15,1-8).

La primera, a Cefas (o Pedro), no ofrece dificultad, pues sabemos que tuvo lugar el mismo domingo de Pascua (Lc 24,34). Pero la segunda, "a los Doce", resulta más difícil de ubicar. Debido a que Judas el traidor se había suicidado, sólo quedaban once de aquel primitivo grupo. Y los evangelios sí nos cuentan que los Once presenciaron una "aparición" de Jesús (Mt 28,16; Mc 16,14; Lc 24,33). Pero "los Doce" sólo se volvieron a formar, según el libro de Los Hechos (1 15-26), después de la Ascensión, cuando Pedro decidió elegir por sorteo a alguien para reemplazar a Judas. Si, pues, Jesús se les apareció a los Doce, debió ser después de la supuesta Ascensión a los 40 días. La tercera aparición, "a más de 500 hermanos a la vez", también resulta imposible de colocar dentro de los 40 días mencionados. Estos "hermanos" no aparecen como "discípulos", ni "apóstoles", sino como simples cristianos que estaban participando de alguna reunión, y que tuvieron la dicha de presenciar a Jesús resucitado. Y para que pudiera darse una reunión de más de 500 personas en un solo lugar y al mismo tiempo, debió de haber tenido lugar bastante tiempo después de Pentecostés, cuando el cristianismo había comenzado a crecer y a extenderse en grupos más amplios.

La cuarta "aparición" es a Santiago, un pariente de Jesús (Mc 6,3) que llegó a ocupar un puesto destacado en la Iglesia de Jerusalén (Hch 12,17). Pablo dice que Jesús se le apareció "después" de hacerlo a aquellos 500 hermanos. Por lo tanto, se trata también de una aparición tardía, cuando la Iglesia ya había crecido. En penúltimo lugar figuran "todos los apóstoles". Este grupo es diferente de los Doce, a quienes Pablo ya ha nombrado. Ahora bien, sabemos que el título de "apóstol" (que significa "enviado"), sólo se les dio entre los primeros cristianos a los que fueron "enviados" a predicar el Evangelio a lugares lejanos. Lo cual ocurrió bastante después de la muerte de Jesús. Por lo tanto estos "apóstoles" debieron de ver a Jesús resucitado mucho después de los 40 días de su Ascensión. Por último san Pablo escribe que el Señor se le "apareció" también a él. Sabemos que se refiere a la visión que tuvo cuando viajaba camino a Damasco, el día de su conversión (Hch 9,1-19). Y ésta ocurrió... ¡seis años después de la supuesta Ascensión de Jesús a los cielos!

Algunos, para evitar tal incongruencia, sostienen que ese día san Pablo sólo vio una luz que lo derribó y oyó una voz que le hablaba. Por lo tanto no se trata de una verdadera aparición de Jesús. Pero Pablo, cuando habla de las "apariciones" en su carta a los Corintios, emplea siempre la misma palabra griega (oráo) para todas, lo cual significa que él considera a todas las apariciones de la misma categoría. Incluso cuando alguien pretende disminuirlo en su autoridad de apóstol, él se enoja y exclama: "¿Acaso no soy apóstol? ¿Acaso no he visto (oráo) a Jesús?" (1 Cor 9,1), poniéndose, así, al mismo nivel de todos los que vieron a Jesús resucitado. Entonces, ¿durante cuánto tiempo vio la gente aparecer a Jesús resucitado? Evidentemente durante mucho tiempo. Pero un tiempo indefinido, imposible de precisar exactamente. Y si las apariciones se prolongaron durante un tiempo indeterminado, ¿cuándo subió Jesús a los cielos? En el Nuevo Testamento tenemos la respuesta: Jesucristo subió a los cielos el mismo día que resucitó, es decir, el domingo de Pascua. Su salida de la tumba y su Ascensión fueron un mismo hecho.

Esto se ve claramente porque nunca el Nuevo Testamento (fuera del libro de Los Hechos) dice que Jesús haya subido al cielo en una fecha distinta a la de su resurrección. Al contrario: cuando afirman que ha resucitado, están diciendo también que ha subido al cielo. Por ejemplo, san Pablo en todas su cartas supone que la resurrección y la Ascensión fueron simultáneas (Rm 8,34; Flp 2,8-9; 1 Ts 1,10). Lo mismo ocurre con san Pedro, el cual enseña que Jesucristo "fue al cielo y está a la derecha de Dios" por su resurrección, no por su Ascensión (1 Pe 3,21-22). Y la carta a los Hebreos presenta a Jesús pasan- do directamente, de su resurrección, al cielo (1,3; 9,12; 10,12; 12,2). Incluso el Apocalipsis, que tantas veces describe a Jesús triunfante en la gloria del cielo, jamás dice que hubo una Ascensión. Pero donde más claramente se nos dice que la resurrección de Jesús y la Ascensión ocurrieron el mismo día es en los cuatro evangelios. San Marcos, por ejemplo, describe a Jesús subiendo al cielo el mismo domingo de Pascua (16,19).

También san Lucas dice que la resurrección de Jesús (24,3), la aparición a los discípulos de Emaús (v.13), a san Pedro (v.34), a todos los apóstoles (v.36), la despedida (v.44), y la Ascensión (v.51), ocurrieron el mismo día de Pascua. Incluso cuando Jesús se les aparece a los discípulos de Emaús, les dice que el Mesías ya ha entrado "en la gloria" (24,26) .En Mateo, cuando Jesús aparece a los apóstoles, les dice: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (28,18), con lo cual da a entender que ya ha tenido lugar la Ascensión. Y en Juan, al describir la "aparición" a María Magdalena el domingo de Pascua, Jesús le dice a ella: "Vete y dile a mis hermanos: Subo a mi Padre y al Padre de ustedes, a mi Dios y al Dios de ustedes" (20,17). 0 sea que describe a la Ascensión ocurriendo el mismo día de la resurrección. Si, pues, los cuatro evangelios (incluido Lucas), cuentan que la resurrección y la Ascensión de Jesús tuvieron lugar el mismo día de Pascua, ¿por qué, entonces, Los Hechos de los Apóstoles dicen que la Ascensión fue a los 40 días de la resurrección?

En realidad el 40 es un número simbólico no real. En la Biblia se emplea muchas veces esta cifra para significar el "cambio" de un período a otro, el "fin" de una generación y el comienzo de otra. Y que el número 40 no es aquí una cifra exacta sino simbólica lo comprobamos porque, más adelante, el mismo libro de Los Hechos dice que Jesús "se apareció durante muchos días" (13,31), pero no dice que eran 40. Y después vuelve a hablar de las apariciones de Jesús pero por tiempo indefinido (10,40- 42), no durante 40 días. ¿Y por qué san Lucas emplea este número simbólico en Los Hechos? ¿Por qué, si en el evangelio dijo que la Ascensión había sido el mismo día de la resurrección, cambió de idea en su segundo libro y la describió como sucediendo 40 días después? Porque cuando escribió Los Hechos, unos diez años después del evangelio, se propuso resolver un grave problema que se había suscitado entre los primeros cristianos.

A partir de las "apariciones" de Jesús a los apóstoles, a las mujeres y a los demás discípulos, muchos pensaron que el Señor había regresado definitivamente a la tierra, como lo había prometido, y que ahora se iba a quedar para siempre con ellos. Que iba a reanudar la misma vida que había tenido antes de morir. Es que Él había dicho varias veces: "Me voy, pero volveré para estar otra vez con ustedes" (Jn 14,28); "No los voy a abandonar; volveré con ustedes" (Jn 14,18); "Volveré a verlos, y ustedes se llenarán de alegría (Jn 16,22). Entonces, cuando se difundió la noticia de que estaba otra vez vivo y actuando en el mundo, muchos creyeron que ya no había de qué preocuparse. Que habían llegado ya los últimos tiempos. Que Jesús había venido a quedarse y a establecer su Reino glorioso en la tierra. Esta idea paralizó la actividad de algunos creyentes de tal manera, que muchos ya no querían salir a predicar, ni evangelizar, ni trabajar, ni hacer ningún esfuerzo (como leemos en 2 Tes 3,10-12). Estando otra vez Jesús en la tierra, él se encargaría ahora de todo. ¿No se aparecía, acaso, a cada rato? Bastaba, pues, invocarlo para que él solucionara todas nuestras necesidades.

Lucas comprendió lo peligroso que resultaba la idea de un Jesús apareciéndose por todas partes. Pero tampoco podía negarla. Simplemente había que ponerle un fin. Y fue así como, iluminado por el Espíritu Santo, decidió contar que Jesús sí estuvo apareciéndose a los apóstoles durante un tiempo, pero que este tiempo se acabó. Que ya no actúa más en este mundo, al menos directamente. Que ahora somos nosotros los que tenemos que salir a trabajar, en lugar de él. De este modo Lucas buscó desalentar la actitud de cuantos vivían contemplando el cielo, esperando que apareciera Jesús a hacer las cosas, sin que ellos hicieran nada. Para expresar más claramente su mensaje, empleó el número simbólico 40, a fin de significar que con la Ascensión de Jesús terminó un ciclo (el de la tarea que Jesús debía realizar en la tierra), y dio comienzo otro (el del trabajo que debían desarrollar los apóstoles en el lugar de Jesús). Y para dar más realismo al relato, describió la Ascensión como un hecho histórico, es decir: como si hubiera sucedido en un lugar preciso (el monte de los Olivos), de un modo determinado (subiendo en el aire, hasta que una nube lo cubrió) ¡y hacia un destino específico! (el cielo).

Esta idea de mostrar a Jesús subiendo a los cielos fue tomada por Lucas de la tradición judía. En ella se contaba de varios personajes importantes que al final de sus vidas habían subido al cielo corporalmente, como Henoc (Gn 5,24), Elías (2 Re 2,1-13), Esdras y Baruc (estos dos últimos mencionados en los libros apócrifos). Por lo tanto, basándose en ellos, imaginó también a Jesús subiendo corporalmente a los cielos. Jesucristo, después de resucitar, no volvió más a la tierra. Se fue inmediatamente a los cielos, junto a su Padre. Y si hubo "apariciones" suyas fueron todas producidas "desde" el cielo. Pero como estas "apariciones" hicieron pensar a muchos creyentes que Jesús había venido a quedarse a la tierra, Lucas dijo que las apariciones fueron sólo por 40 días. Después creó la escena de la Ascensión, en la que los apóstoles lo ven subir y alejarse de este mundo. Así, dejó bien en claro que ya estaba clausurado el período de las apariciones, que había que salir a construir el Reino, y dejar de esperarlo todo de arriba. Por eso el relato de la Ascensión dice también que unos ángeles se presentaron y les reprocharon a los apóstoles: "Hombres de Galilea, ¿qué hacen aquí, mirando al cielo?"

Lucas quiso decirnos que, al "desaparecer" el Señor, debía "aparecer" la Iglesia. O sea, un grupo de hombres y mujeres que hicieran lo mismo que Jesús: trabajar por la justicia, apoyar a los más débiles, promover a los pobres, curar a los enfermos, predicar el amor, luchar por la paz. Ya era hora de dejar de hacer, de las apariciones de Jesús, la solución a todos los problemas, como si fuera la lámpara de Aladino de la cual se puede sacar lo que se quiera. Por eso, a continuación de la Ascensión, Lucas cuenta en el libro de los Hechos la intensa tarea a la que se lanzaron Pedro, Juan, Pablo y los demás apóstoles para sembrar el mensaje de amor que había traído el Maestro. Jesús ya no estaba. Ahora era el tiempo de ellos. El relato de la Ascensión nos enseña que hay que dejar de mirar a las nubes, esperando la ayuda únicamente de arriba. Y que debemos ponernos a trabajar seriamente, con esfuerzo y sacrifico, entre dolores y alegrías, por el Reino que Jesús comenzó. Él algún día volverá a ver lo que hemos hecho.

Extracto de la nota escrita por
el biblista Ariel Álvarez Valdés
REVISTA DIDASCALIA
ABRIL 1999

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