martes, 5 de agosto de 2014

El relato de Lucas sobre la desobediencia de Jesús a los 12 años - Primera Parte

Lucas relata un extraño episodio que le sucedió a Jesús cuando apenas tenía 12 años. Dice así: “Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los 12 años subieron ellos a la fiesta, como era costumbre. Al terminar los días de la fiesta ellos regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Pensando que iba en la caravana, caminaron todo un día. Pero al buscarlo entre los parientes y conocidos, no lo encontraron. Entonces se volvieron a Jerusalén para buscarlo. Después de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando sus padres lo vieron, se sorprendieron. Y su madre le dijo: ‘Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, angustiados, te hemos estado buscando’. Él les contestó: ‘¿Y por qué me buscaban? ¿No sabían que es necesario que yo esté en la Casa de mi Padre?’ Pero ellos no comprendieron estas palabras. Entonces regresó con ellos a Nazaret, y allí vivió obedeciéndoles en todo. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia, ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,41-52).

Este relato, que es el único recuerdo que se ha conservado de la adolescencia de Jesús, tiene una gran importancia en el evangelio de Lucas, por dos razones. Primero, porque contiene las primeras palabras pronunciadas por Jesús, según ese escrito. Y segundo, porque esas palabras de Jesús no son sobre ningún tema, sino que se refieren a su propia persona; y afirman que él es el Hijo de Dios, obediente a la voluntad de su Padre que está en el cielo. Sin embargo, si analizamos detenidamente el episodio, descubrimos que contiene una serie de incoherencias y detalles sorprendentes:

1) Resulta increíble que el niño Jesús haya decidido quedarse solo en Jerusalén, sin decir nada a sus padres, sabiendo que les ocasionaba una gran angustia. ¿Por qué no se los advirtió? ¿De puro desobediente, nomás? ¿Es posible un comportamiento tan irresponsable en un niño tan inteligente?

2) ¿Cómo pudieron José y María emprender el viaje de regreso de Jerusalén a Nazaret sin asegurarse de que su hijo, de apenas 12 años, estuviera en la caravana? Algunos, para justificar el hecho, piensan que, como en aquel tiempo los hombres y las mujeres viajaban en grupos separados, María creyó que el niño estaba con José, y José pensó que estaba con María. Pero si el pequeño se había quedado en el Templo antes de que partiera la caravana, ¿cómo no lo notaron sus padres?

3) ¿Es posible que sus padres caminaran un día entero sin darse cuenta de que faltaba Jesús? La distancia entre Jerusalén y Nazaret es de 140 kilómetros, y los peregrinos solían recorrer unos 30 kilómetros por día, deteniéndose a mitad de la jornada unas dos horas para comer todos juntos. ¿Es imaginable que José y María hiciesen esta parada y esta comida sin darse cuenta de que Jesús no estaba con ellos?

4) Dice Lucas que sus padres se volvieron a Jerusalén a buscarlo, y después de tres días lo encontraron en el Templo. ¿Cómo demoraron tanto en hallarlo, si lo más natural era que lo buscaran en el Templo, a donde habían ido de peregrinación?

5) ¿Dónde y con quién pasó Jesús las dos noches que estuvo solo y perdido en Jerusalén, hasta que lo hallaron sus padres?

6) Al hallarlo, su madre le dirige unas palabras de reproche al niño, por el dolor que les había provocado. ¿Cómo María se atreve a reprender a quien ella sabe que es el Hijo del Altísimo, concebido virginalmente, y que, según ella también sabe, tenía que estar sometido a las cosas de Dios?

7) Cuando el niño responde que su obligación era estar en la Casa de su Padre, dice el evangelio que José y María “no comprendieron” lo que les quería decir. ¿Es posible que María, a quien el ángel Gabriel ya le había contado que su hijo “será Santo, y será Hijo de Dios” (Lc 1,35), no comprendiera estas simples palabras?

8) Después de la solemne respuesta de Jesús, de que su obligación era estar en la Casa de su Padre, esperaríamos que el niño se quedara en el Templo cumpliendo con su deber. Sin embargo vemos que inmediatamente se vuelve a Nazaret, y se queda allí a vivir con José y María, obedeciéndolos a ellos en todo. ¿Para qué les dijo, entonces, que él tenía que estar en el Templo?

Para ello, hay que tener en cuenta que en los primeros tiempos el Evangelio se transmitía oralmente. Es decir, que más o menos entre el año 30 (en que murió Jesús) y el 70 (en que se redactó el primer evangelio), los cristianos anunciaron la Buena Noticia de Jesucristo de boca en boca. Y aquellos predicadores, cuando comunicaban el Evangelio, comenzaban siempre a contar la vida de Jesús a partir de su bautismo en el río Jordán (como si éste fuera el primer episodio importante de su vida), y terminaban con su muerte y resurrección en Jerusalén. Así lo vemos, por ejemplo, en el libro de Los Hechos. Cuando los apóstoles tuvieron que elegir un reemplazante de Judas Iscariote, que se había suicidado, pusieron como condición que el sucesor conociera bien la vida de Jesús “desde su bautismo hasta el día en que fue llevado al cielo” (Hch 1,21-22). Es decir, que la vida completa del Señor abarcaba estos dos períodos.

Pero en aquellas primeras comunidades surgió pronto un problema. Como la prédica de la vida de Jesús comenzaba con su bautismo, algunos cristianos pensaron que Jesús había “comenzado” a ser Hijo de Dios a partir del bautismo. Es decir, creían que Jesús había sido un hombre común y corriente, que en determinado momento de su vida fue “adoptado” por Dios como hijo suyo. Por eso, luego de bautizarse, una voz del cielo le decía por primera vez: “Tú eres mi Hijo”. Predicar con la infancia. Esta peligrosa creencia (que años más tarde dio lugar a una herejía llamada “adopcionismo”, porque sostenía que Jesús no fue Hijo de Dios desde siempre, sino por una “adopción” posterior), se empezó a extender poco a poco en algunas comunidades.

Ariel Álvarez Valdés
Biblista

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