martes, 28 de abril de 2015

¿Qué lleva a personas normales a volverse terroristas?

¿Cómo se radicalizan los extremistas musulmanes? Es decir, ¿cómo pasan de ser ciudadanos normales a asesinos que, premeditadamente, matan a personas inocentes para sembrar el terror en la sociedad? ¿Por qué las últimas décadas de combate al terrorismo no acabaron con la escalada y con la brutalidad de atentados como el de París y como los de Nigeria, país en el que, del 3 al 7 de enero, se estima que Boko Haram masacró a cerca de 2.000 nigerianos, entre hombres, mujeres y niños? ¿Por qué alguien comete este tipo de acto? Simplemente, no lo sabemos. Ni siquiera los terroristas saben a ciencia cierta cuáles son sus motivaciones. Si fuéramos honrados, observaremos que ni nosotros, en general, sabemos por qué hacemos las cosas. El proceso de decisión humana es extremamente complejo. Los terroristas, en general, presentan tendencia a:

- Sentirse irritados, alienados o marginalizados;
- Creer que su actual entorno político no les permite realizar cambios reales;
- Identificarse con las víctimas de la injusticia social que ellos combaten;
- Sentir la necesidad de tomar medidas en vez de sólo hablar del problema;
- Creer que la violencia contra el Estado no es contraria a la moral;
- Tener amigos o parientes simpatizantes con la causa;
- Creer que la adhesión a un movimiento produce recompensas sociales y psicológicas como la aventura, la camaradería y un sentido reforzado de la identidad.

¿Cómo se radicalizan los extremistas islámicos? La idea de que la radicalización provoca el terrorismo es, tal vez, el mayor mito vivo hoy en la investigación sobre terrorismo. En primer lugar, la abrumadora mayoría de las personas que mantienen creencias radicales no llegan a la violencia terrorista.
Segundo, hay cada vez más evidencias de que las personas que se implican en el terrorismo no necesariamente tienen creencias radicales. Es importante reconocer que, tras las grandes “razones sociales, políticas y religiosas que las personas presentan para unirse al terrorismo”, como, por ejemplo, la ocupación de un país por otro país, los ataques de drones que matan inocentes y limitan las actividades diarias, la percepción de que su cultura está siendo aniquilada, “también hay una gran cantidad de razones menores, como fantasías personales, la búsqueda de aventura, de camaradería, de sentido de la vida, de identidad”, y esas “razones pueden tener un gran poder de atracción, especialmente para personas que creen que no sucede nada en su vida”.

Sin embargo, la búsqueda de “causas de raíz”, es mucho menos útil para la investigación sobre el terrorismo que el análisis de los caminos y de las “rutas” concretas que llevan al terrorismo: cómo los individuos son reclutados o se unen a un grupo, cómo son entrenados, cómo lidian con los problemas logísticos de encontrar una “casa segura”, recibir dinero, armas y suplementos para bombas, cómo y dónde aprenden a tirar con armas automáticas, cómo consiguen vehículos y cómo pasan de posiciones periféricas a ejecutores directos de actos de violencia.

El contraterrorismo puede contar con informaciones de mejor calidad y utilidad si los investigadores estudiaran el terrorismo como algo que los terroristas hacen y no como algo ligado a lo que los terroristas son. Históricamente, la guerra implica a grandes ejércitos constituidos por personas que valoran la propia vida y la vida de sus compañeros. En Occidente raramente encuentras combatientes que prefieren el martirio (suelen venir a nuestra mente sólo los pilotos kamikazes en Pearl Harbor). Para las naciones occidentales amenazadas por los terroristas, no es nada fácil saber quiénes son los buenos y quiénes son los malos. ¿Quién puede garantizar que una intervención militar dirigida a impedir la masacre de inocentes lo haga? La intervención en Siria, por ejemplo, acabó probablemente proporcionando recursos occidentales a los terroristas del Estado Islámico.

Algunos líderes políticos prefieren el diálogo y la conciliación, pero, al mismo tiempo, apoyan a los terroristas mediante el pago de millones de dólares para rescatar víctimas de secuestros. Otros líderes optan por la acción militar y efectivamente derrotan a un grupo, pero esa derrota se puede transformar en herramienta de reclutamiento de muchas otras personas para los grupos terroristas.

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