martes, 23 de junio de 2015

¿CÓMO MURIÓ JUAN EL BAUTSTA? - Primera Parte

La muerte de Juan el Bautista, ocurrida en el transcurso de una trágica fiesta de cumpleaños, es una de las muertes más conocidas de la historia. Únicamente la cuentan los evangelios de Mateo y Marcos. Lucas y Juan la omiten. Marcos trae el relato más completo y original, sobre el que se basa Mateo. De los libros bíblicos, Marcos es quien proporciona la información mejor y más precisa sobre el hecho. Ahora bien, ¿es histórico el relato de la muerte de Juan el Bautista narrado por san Marcos? ¿Podemos aceptarlo así como está, con todos sus detalles? El problema se plantea porque existe una versión distinta, contada por un historiador judío llamado Flavio Josefo, del siglo I. Este escritor compuso, alrededor del año 93, una obra titulada Antigüedades Judías, en la que presenta el episodio de un modo diferente.

Veamos primero el relato de Marcos: “Herodes había hecho arrestar a Juan y lo había encadenado en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan le decía: «No te es lícito vivir con la mujer de tu hermano». Por eso Herodías odiaba a Juan, y quería matarlo. Pero no podía, porque Herodes admiraba a Juan; y como sabía que era un hombre justo y santo, le tenía respeto. Por eso lo protegía. Y al oírlo, quedaba asombrado y lo escuchaba con gusto”. “Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, con motivo de su cumpleaños, dio un banquete para los nobles, los oficiales y la gente importante de Galilea. Entonces entró la hija de Herodías a bailar. Y le gustó tanto a Herodes y a sus invitados, que el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Lo que me pidas te daré, aunque sea la mitad de mi reino». Ella salió y le consultó a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le respondió: «Pídele la cabeza de Juan el Bautista». Inmediatamente la muchacha corrió adonde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja». El rey se puso muy triste, pero no quiso negárselo porque se lo había jurado delante de los invitados”.

“Al instante mandó el rey a un verdugo para que le trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel, y le cortó la cabeza. Luego la puso en una bandeja y se la trajo a la muchacha. Y la muchacha se la dio a su madre. Cuando se enteraron los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cadáver y lo llevaron a enterrar” (Mc 6,16-29). Al comienzo del relato ya encontramos un error. Marcos afirma que Herodías (esposa de Herodes) había estado casada antes con un hermano de éste llamado Filipo (6,17). Es cierto que Herodías había estado casada antes con un medio-hermano de su marido, pero no se llamaba Filipo, sino Herodes como su actual marido. Puede parecer raro que dos medio-hermanos se llamen igual. Pero sabemos que la familia de Herodes era sumamente complicada. El rey Herodes (su tronco central) estuvo casado con diez esposas, algunas con el mismo nombre; y con ellas tuvo numerosos hijos, varios de los cuales se llamaron Herodes (los historiadores suelen distinguirlos con un sobrenombre). Por eso no es extraño que Marcos, que no era un minucioso historiador, se haya confundido y haya puesto como primer marido de Herodías a Filipo (que en realidad era otro hermano de su marido). Algunos comentaristas de la Biblia, para salvar el error de Marcos, dicen que el primer marido de Herodías se habría llamado “Herodes Filipo” (uniendo los dos nombres: el correcto, “Herodes”, y el erróneo que le da Marcos, “Filipo”). Pero un personaje llamado “Herodes Filipo” no existió jamás, fuera de la mente de esos comentaristas.

Un segundo desliz que comete Marcos, es llamar a Herodes “rey” (6,14). En efecto, hubo dos Herodes en la vida histórica de Jesús. El primero es el famoso “rey Herodes”, que gobernaba el país cuando Jesús nació. Es el cruel monarca que, según Mateo, luego de recibir en Jerusalén a los Magos venidos de Oriente, ordenó matar a todos los niños de Belén y sus alrededores buscando eliminar al Niño Dios. En cambio, durante la vida adulta de Jesús, quien gobernaba el país era un hijo del rey Herodes, llamado también Herodes, y con el sobrenombre de Antipas. Pero este Herodes no era “rey” sino sólo “tetrarca” (es decir, un título inferior al de rey; viene de “tetras” = cuatro, y “arqué” = gobernante; o sea, “el que gobierna la cuarta parte de un territorio”). Este “tetrarca Herodes” es quien hizo matar a Juan Bautista. Y más tarde participó en el juicio a Jesús (Lc 23,8-12). A este segundo Herodes, Mateo y Lucas lo llaman correctamente, es decir, “tetrarca” (Mt 14,1; Lc 3,1). En cambio Marcos lo llama “rey”, como su padre. Lo cual ha llevado a muchos lectores a confundirse, y a pensar que este Herodes de la vida adulta de Jesús es el mismo que el de la infancia.

Un tercer elemento dudoso del relato de Marcos es el motivo del arresto de Juan. Según el evangelista, Herodes Antipas lo arrestó porque el Bautista lo había criticado por su matrimonio irregular con Herodías (6,17). En efecto, en un viaje que Herodes Antipas hizo a Roma hacia el año 28, se alojó en casa de su medio hermano Herodes. Éste llevaba una vida privada tranquila en la capital del Imperio, viviendo como ciudadano común. Estaba casado con Herodías, mujer ambiciosa y de carácter, que no se resignaba a la oscura existencia que llevaba. Cuando Herodías y el poderoso Antipas se conocieron, se encendió la vanidad de ella y la pasión de él; y ambos se pusieron de acuerdo en que ella abandonaría a su marido de Roma y se iría con su cuñado; y que éste, apenas llegara a Galilea, despediría a su mujer. Este segundo matrimonio del tetrarca debió de producir gran escándalo e indignación en Galilea, ya que violaba abiertamente la Ley de Moisés (de Lv 20,21), que prohibía el casamiento con dos hermanos. Ahora bien, según Marcos, Juan el Bautista se atrevió a denunciar públicamente semejante inmoralidad, y por eso terminó con sus huesos en la cárcel.

Sin embargo, por Flavio Josefo sabemos que el motivo del encarcelamiento de Juan fue otro. El historiador judío escribe: “Grandes muchedumbres acudían a escuchar a Juan (el Bautista), debido a la enorme fuerza de atracción que ejercían sus palabras. Entonces Herodes tuvo miedo de que Juan aprovechara esta extraordinaria influencia que tenía para incitar a sus seguidores a una rebelión, pues parecía que todo el mundo hacía caso a sus palabras. Y consideró que era mejor eliminarlo a tiempo, antes que tener que lamentar más tarde las revueltas que este hombre peligroso pudiera ocasionar. Y de ese modo Juan, a causa de esta sospecha, fue encadenado y conducido a la fortaleza de Maqueronte, en donde fue ejecutado” (Antigüedades Judías, 18,5). Según Marcos, entonces, el motivo de la prisión del Bautista fueron sus críticas al segundo matrimonio del gobernante. Según Flavio Josefo, fueron los temores de Antipas a una rebelión.

La versión de Josefo parece más apropiada. Porque si bien Juan pudo haber criticado a Herodes por su situación matrimonial ilícita, como afirma Marcos, el tetrarca debió de haber tenido motivos mucho más graves para hacer encarcelar a alguien tan popular y querido por el pueblo, con el riesgo que eso significaba. Además, el mismo Marcos cuenta que Herodes frecuentaba al prisionero para oírlo, y que lo escuchaba con agrado (Mc 6,20). ¿Cómo Herodes podía escuchar con agrado a alguien que lo trataba de inmoral y pervertido? ¿Y cómo Juan accedía a platicar apaciblemente con él? Un cuarto elemento dudoso del relato evangélico es el extraño proceder de Herodes. En efecto, en el versículo 17 leemos que el tetrarca mandó a encerrar al Bautista sin consideración alguna; y que no sólo lo encarceló, sino que lo tenía “encadenado”. Pero a partir del versículo 19 el cuadro cambia. Ahora dice que era Herodías la que perseguía a Juan y quería matarlo. En cambio Herodes lo “admiraba”, lo consideraba “justo y santo”, lo “respetaba”. Incluso lo “protegía” y defendía de las asechanzas de su mujer (el verbo “synetêrei” significa literalmente “defender a alguien de daños y muerte”); la misma cárcel parece más una custodia protectora para Juan, que un suplicio.

Un quinto detalle problemático del evangelio es el lugar de la muerte de Juan. Marcos no dice dónde ocurrió; sólo señala que fue durante la fiesta de cumpleaños de Herodes Antipas. Pero por el contexto de su relato podemos deducir que fue en Galilea. En efecto, el evangelio dice que Antipas organizó su fiesta de cumpleaños “para los nobles, los oficiales y la gente importante de Galilea” (6,21). Lo cual resulta lógico, pues la ciudad de Tiberíades, en Galilea, era la capital donde vivía Antipas, donde tenía su palacio, y por lo tanto el lugar más adecuado para imaginar el festejo de su aniversario. Sin embargo, Flavio Josefo cuenta que Juan el Bautista no murió en la provincia de Galilea sino en la provincia de Perea, en una fortaleza llamada Maqueronte. Es que Herodes Antipas gobernaba sobre dos provincias: una era Galilea, al norte del país (en donde estaba la capital, Tiberíades), y la otra era Perea, al sudeste (en donde estaba la fortaleza de Maqueronte). Su jurisdicción era, pues, bastante incómoda, ya que gobernaba dos provincias separadas entre sí.

Ariel Álvarez Valdés
Biblista

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