martes, 23 de junio de 2015

UN SANTO EN EL TITANIC

El Titanic no sólo albergaba a ricos, sino a un futuro santo. Esto será así si sigue adelante la campaña para beatificar al padre Byles, el sacerdote inglés que viajaba en el buque y que cuando éste empezó a hundirse se negó dos veces a ser rescatado para poder seguir estando con la gente. Rezó y estuvo con las víctimas hasta el final. El 14 de abril se han cumplido 103 años del hundimiento del Titanic en el que fallecieron 1.500 personas. El padre estaba en este barco porque iba a Nueva York a la boda de su hermano William.

En el barco había mayoritariamente cristianos (protestantes y católicos) y judíos, y el padre Byles prefirió asistirles espiritualmente –se le recuerda rezando el Rosario- a ser salvado. Es otro sacerdote inglés, el padre Graham Smith, de Saint Helen, en Chipping Ongar, condado inglés de Essex, quién está detrás de la petición para que Byles suba a los altares. Por ahora, el padre Smith pide a los fieles que invoquen al padre y en el caso que ocurra un milagro, se incoaría la causa de beatificación.

Una página web www.fatherbyles.com recoge la vida del padre Byles, así como sus escritos y los textos de su última misa, celebrada el día del hundimiento, el segundo domingo de Pascua del año 1912. La homilía es particularmente estremecedora: diserta sobre necesidad de un rescate espiritual mediante la oración y los sacramentos en caso de que se produzca un naufragio (físico o espiritual). Al cabo de pocas horas, el Titanic se hundió.

El padre Byles era hijo de un pastor congregacionalista y se convirtió al catolicismo en Oxford. Fue a estudiar a Roma y al regresar fue destinado a Saint Helen.

Fuente:
www.aleteia.org/es

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