martes, 3 de noviembre de 2015

LA TRAMA POLÍTICA OCULTA DE LOS AÑOS EN QUE BERGOGLIO AÚN NO ERA FRANCISCO

En el nombre del Papa, de Mariano de Vedia, reconstruye las siempre tensas relaciones entre el kirchnerismo y la Iglesia Católica.

No llovía afuera, pero en la Casa Rosada se había desatado una tormenta de ideas. Un día después de asumir en reemplazo de Alberto Fernández como jefe de Gabinete, Sergio Massa había convocado a sus colaboradores a su flamante despacho para que le sugirieran qué cosas podían hacerse para mejorar la situación del país y la imagen del Gobierno, luego de la severa derrota que significó la crisis del campo. Era el viernes 25 de julio de 2008 y estaban, entre otros, Juan Manuel Abal Medina, que lo acompañaba como vicejefe de Gabinete; Amado Boudou, que lo había sucedido en la Anses; Gabriel Mihura Estrada, al frente de su equipo de asesores; José Paesani, subsecretario de Coordinación, y gente que lo había ayudado en su gestión como intendente de Tigre. Allí fueron surgiendo consejos para abordar el problema de la deuda externa y los reclamos de los holdouts, la situación de Aerolíneas Argentinas, la ya visible desconfianza del Indec, el creciente protagonismo e influencia de Guillermo Moreno, que había estado ausente en el acto de asunción, hasta que le tocó el turno a Jorge O'Reilly, un empresario dedicado a desarrollos inmobiliarios en la zona norte del Gran Buenos Aires y a quien Massa había llevado como asesor ad honórem. "Creo que hay que dejarse de pelear con todo el mundo y el primero en la lista es la Iglesia", propuso. Enseguida, el jefe de Gabinete le pidió que asumiera la tarea de intentar recomponer ese frente abierto. [.]

Al margen de los cortocircuitos con el cardenal Jorge Bergoglio, el Gobierno no había podido superar el entredicho con el Vaticano por la frustrada designación de Alberto Iribarne como embajador argentino, a raíz de su matrimonio en segundas nupcias no convalidado por la Iglesia. Incluso, en el entorno de Cristina Kirchner había voces que propiciaban no cubrir la sede diplomática, en señal de descontento con la Santa Sede por el rechazo del nombre propuesto. O'Reilly, ex alumno del colegio Cardenal Newman y vinculado con grupos católicos conservadores, sospechaba que sectores del kirchnerismo le habían hecho jugar adrede una mala carta a la Presidenta, proponiendo un candidato que seguramente la Santa Sede iba a objetar. La propuesta tejida por Massa y O'Reilly para fortalecer los lazos con Roma fue el punto de partida de una estrategia que algunos vislumbraron como un plan que escondía un objetivo más ambicioso: quitarse de encima al molesto arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio. En la propia Iglesia, hay voces que entienden que esa estrategia habría sido acordada con sectores conservadores que mantenían influencia en la Secretaría de Estado del Vaticano y que se mostraban interesados en profundizar el conflicto con el gobierno argentino. [.]

La hipótesis era atribuirle responsabilidad en ese enfrentamiento al cardenal Bergoglio, a quien ya veían como un posible candidato a suceder a Benedicto XVI, para justificar su posible traslado a un cargo en la estructura de la Santa Sede y promover un nuevo arzobispo de Buenos Aires, que garantizara una convivencia más amable con el Gobierno. Todas las versiones coinciden en que el plan para que Bergoglio fuera nombrado en un cargo en Roma y liberar el arzobispado de Buenos Aires contemplaba la idea de promover en su lugar al obispo Oscar Domingo Sarlinga, titular de la diócesis de Zárate-Campana. En una entrevista con este autor, Sarlinga lo confirmó. Admitió que se vio envuelto en el episodio, pero insistió en que no participó de la maniobra. También sectores del propio gobierno kirchnerista, ubicados en las antípodas ideológicas del empresario conservador que rodeaba a Massa, reconocieron que el intento existió, pero que rápidamente funcionaron las antenas de alerta para lograr que el operativo se frustrara. [.]

¿Era un plan de O'Reilly? ¿Era una idea de Massa, para ofrecerle en bandeja a la Presidenta la cabeza del principal enemigo de los Kirchner?

Una fuente que trabajó cerca de Néstor Kirchner fue terminante, en diálogo con el autor de este libro: "Massa fue la persona que tuvo que dar la cara y hacer la jugada. Fue una orden. Ni lo dudes. En la gestión de los Kirchner muy difícilmente un funcionario toma una decisión por sí mismo. La bajada de línea era directa". Bergoglio era considerado en ese tiempo un enemigo del Gobierno. Incluso, según reveló en enero de 2015 el diputado porteño Gustavo Vera, creador de la Fundación La Alameda, los movimientos del cardenal eran seguidos desde despachos oficiales por agentes de la Secretaría de Inteligencia. "El propio Bergoglio me dijo que tenía los teléfonos pinchados y que en el arzobispado había micrófonos por todos lados y de eso se encargaba el agente Antonio Horacio «Jaime» Stiusso, por orden de Néstor Kirchner", denunció el legislador al autor de este libro. "En ese tiempo, Stiusso le respondía y Kirchner lo bancaba", resumió Vera. [.]

"Entre el gobierno kirchnerista y la Secretaría de Estado del Vaticano había más vínculos de los que se suponen", advirtió en una entrevista el obispo Sarlinga, que rompió un silencio de varios años luego de haber escuchado en silencio distintas versiones que lo ligaron al episodio. Con la perspectiva que ofrece mirar los hechos a la distancia, el obispo de Zárate-Campana está hoy convencido de que se trató de una maniobra urdida entre el gobierno kirchnerista y sectores conservadores del Vaticano que conservaban influencia en la Secretaría de Estado. "La idea era presentar a Bergoglio como uno de los responsables de la tensa relación entre la Iglesia y el gobierno argentino, especialmente si se avanzaba con la provocación de la ruptura de relaciones con la excusa de la demora en aceptar un embajador y sacarlo del medio. El argumento era que había que mejorar los lazos con el gobierno de los Kirchner y frenar los conflictos porque se debía evitar la cubanización de la Argentina", reveló el obispo. [.]

Sarlinga relató que la operación se frustró porque intervino un tercer sector, enrolado en el ala izquierda y peronista del gobierno de Cristina Kirchner. "Se ofuscaron porque la operación para sacar a Bergoglio se hubiera llevado adelante sin ellos y los laureles se los habrían llevado Massa y O'Reilly", evaluó el obispo. A renglón seguido, reveló que el canciller Taiana y el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, le hicieron saber a Bergoglio la asonada que se había montado y gestionaron ante Cristina Kirchner para que la maniobra naufragara. "Eso es cierto", admitió Taiana, al dar su versión de los hechos, en una entrevista con este autor. "La maniobra existió. Tenía un sentido político contrario al cardenal y a los mejores intereses del Gobierno. Bergoglio lo supo y en la Cancillería jugamos en contra de esa propuesta y abortamos una cosa que tenía ciertas posibilidades de avanzar", dijo el ex ministro de Relaciones Exteriores. [.]

En el entorno de Massa, en tanto, no admiten el episodio, pero lejos de refutarlo escapan para adelante. "Si hubo tal problema, Francisco no lo tiene presente. Suponer que el Papa, por un problema que pudiera haber sucedido hace tiempo guarda rencor, sería creer que no está en condiciones de perdonar. En ese relato hay personas involucradas a las que Francisco ya recibió en forma pública. No hay razones para interpretar que tenga reparos con Massa", respondió una fuente cercana al líder del Frente Renovador. [.]

"Massa está muy tranquilo. Cuando tuvo posibilidades de comunicarse con Su Santidad, se alegró y se tranquilizó. Las operaciones son muchas. Más allá de todas las interpretaciones que se hagan, es bueno saber que la otra parte piensa de la misma manera", explicó el intendente de San Miguel, Joaquín de la Torre, uno de los vasos comunicantes de Massa con la Iglesia. Como quien da vuelta una página para no volver a releerla, aclara que O'Reilly ya no pertenece al Frente Renovador ni integra ninguno de los equipos que asesoran y acompañan al candidato presidencial. [.]

Cuando el propio arzobispo supo de los trascendidos que pronosticaban un posible traslado, los recibió con humor. "Ni loco me sacan de acá", le comentó a uno de sus colaboradores. Una fuente cercana a la Iglesia, que conoció después la operación, advirtió: "Esas cosas, Bergoglio las podrá perdonar, porque es su obligación como cristiano, pero no las olvida. Su memoria es prodigiosa". [.]

Desacreditada la jugada atribuida a O'Reilly, el sector progresista del gobierno de Cristina Kirchner aceleró un movimiento de piezas y logró que la Presidenta designara en octubre de 2008 embajador argentino ante la Santa Sede a Juan Pablo Cafiero. [.] Con cierta ironía, O'Reilly hizo llegar un mensaje a sus anteriores adversarios internos: "Al final, tuvimos éxito. Se revirtió la idea de dejar la embajada vacante". La diferencia es que fueron a buscar un candidato afín al progresismo". [.]

Fuente:
www.lanacion.com.ar

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