miércoles, 30 de diciembre de 2015

HISTORIA DEL AÑO NUEVO

Es una fiesta que conmemora el inicio de un nuevo año. La fecha en que se realiza esta celebración depende del tipo de calendario utilizado, siendo la más utilizada el 1 de enero, fecha según el calendario juliano/gregoriano, usado en la mayoría de los países del mundo. Tradicionalmente, el calendario romano comenzaba el primer día del mes de marzo. Sin embargo, era en el mes de enero (el 11º mes) cuando los cónsules de la Antigua Roma asumían el gobierno. Julio César, en el año 47 adC, modificó el sistema creando el calendario juliano, que con algunas modificaciones realizadas en tiempos del Cónsul Marco Antonio 44 adC, el Emperador Augusto César 8 adC y finalmente por el Papa Gregorio XIII 1582, se utiliza hasta hoy. En éste se da inicio al año el día 1 de enero. Posteriormente, el calendario juliano/gregoriano mantuvo la costumbre y la celebración se caracterizó con un significado religioso durante la Edad Media y los siglos posteriores. Llamar Calendario Gregoriano al Calendario occidental es una seria injusticia para su verdadero creador, el Cónsul Julio César.

Hace 4.000 años los babilonios vieron en esta repetición de las estaciones un motivo digno de celebrarse e instauraron un ciclo festivo que dejaría corta la juerga más movida de nuestra época: eran 11 días de celebración, que comenzaban cuando la primavera describía sus primeros trazos entre los jardines colgantes de Babilonia. Los egipcios también recibían con algarabía las señales que preludiaban el nuevo año. Su rostro se tornaba festivo cuando llegaba el ansiado momento en que el río Nilo empezaba a crecer y el caudal se hacía propicio para la siembra. Entonces, la tierra era labrada con confianza en los tiempos venideros.

Desde siempre, el nuevo año ha significado el festejo de un triunfo inexistente, una victoria que se desea pero aún no ha ocurrido, un elogio a la esperanza que se renueva cada 365 días. En las diferentes culturas de todos los tiempos los cambios de ciclo han llevado implícitos ritos que atraen salud, amor y dinero, los tres pilares básicos de la felicidad del hombre. Por eso, no es extraño encontrar ritos ancestrales, propios de cada cultura y pueblo, que busquen la felicidad, el éxito y la abundancia. La espera de fin de año es especial en Venezuela. Antes que den las 12, las familias se reúnen en sus hogares y preparan la hallaca, una especie de humita exuberante, repleta de condimentos y relleno especial, que se regala a los amigos durante la noche de víspera de Año Nuevo. Es una forma de reafirmar la amistad y de desear buena suerte para el próximo año.

En Alemania desafían al destino mediante la “ceremonia” del BLEIGLESSEN. Este ritual consiste en develar los misterios del futuro con una barra de plomo. El plomo se pasa por una soldadora, se funde hasta hacerse agua y las gotas plateadas se vierten en un vaso cuando el alba empieza a despuntar. El plomo líquido se vuelve sólido nuevamente y alcanza formas extrañas que -con una buena dosis de imaginación germánica- pueden predecir lo que depara el mañana.

Los escoceses festejan en el HOGMANAY. El procedimiento es sencillo: se busca un barril de madera, se le prende fuego y se lo pone a rodar por las calles. Según dicen, es para permitir el paso del nuevo año. Además, después de medianoche, llega el momento de presentar su "primer pie". A esa hora van a ver a sus allegados para desearles feliz año nuevo y les ofrecen un trago de whisky y un pedazo de pastel de avena. Los más viejos se quedan y esperan que el "primer pie" en sus casas sea el de una persona bella y alta y, sobre todo, de cabello negro (que trae suerte).

En Rumania las mujeres solteras suelen caminar hacia un pozo, encender una vela y mirar hacia abajo. El reflejo de la llama dibujará en las oscuras profundidades del agua el rostro de su futuro esposo. Las que se quedan en sus casas toman una rama de albahaca y la colocan bajo la almohada: el sueño de esa noche tendrá como protagonista al hombre que las espera.

SAN JOSÉ, CABEZA DE LA SAGRADA FAMILIA

El 15 de agoto de 1989, Juan Pablo II daba a la Iglesia la Exhortación apostólica REDEMPTORIS CUSTOS, sobre la figura y la misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia. En ella recordaba como «desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, inspirándose en el Evangelio, han subrayado que San José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con mucho empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo Místico, la Iglesia, de la que la Virgen es figura y modelo». Nos alentaba a crecer en devoción al Patrono de la Iglesia universal, tan eficaz para llevar el primer anuncio de Cristo como para volver a llevarlo allí donde está descuidado u olvidado. San José, es la cabeza de la Sagrada Familia, y nos pareció oportuno dedicarle una meditación, aquí en el programa.

Con sobria y densa elocuencia la Escritura lo presenta proclamando la alteza incomparable de su dignidad y misión, sólo inferiores a María. San Ireneo le llamó «esposo destinado, desde lo eterno, a María». Cualquiera en su lugar se hubiera enamorado de Ella. Pero era José quien había de custodiarla intacta y ser padre virginal del Dios hecho hombre, Jesús. Los teólogos tardaron muchos siglos en manifestar la dignidad y el papel excepcional que desempeño en este mundo el humilde carpintero de Nazaret. El pueblo cristiano, en cambio, intuyó desde siempre, con sobrenatural sentido la grandeza del patriarca. Un estudio teológico sobre la Persona y la Misión de María no puede darse por concluido sin una exposición sobre la Persona y la Misión de José, al considerar con palabras de la Escritura que "Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre" (Mt. 1,16). Consta por la Revelación que José es inseparable de María y de Jesús. Si Dios ha unido a "la trinidad de la tierra", la ciencia teológica y la piedad no pueden ni deben separarlos.

El estudio teológico sobre José tiene su fundamento en la Revelación, tal Y como lo muestra la Escritura y la Tradición y ha sido declarado por el Magisterio de la Iglesia. Sobre esa base, la reflexión teológica trata de descubrir todas las virtualidades que encierran las enseñanzas magisteriales y el sentir de la piedad del pueblo cristiano. La dignidad de San José se desprende de su condición de esposo de María y padre virginal y legal de Jesús. De estas relaciones con Jesús y con María se deduce de modo inefable su relación con la Santísima Trinidad como lo expresa el siguiente texto pontificio:

"He aquí el misterio, el secreto de la divina Encarnación, de la Redención, que la Santísima Trinidad revela al hombre. Realmente es imposible subir más alto. Estábamos en el orden de la unión hipostática, de la unión personal de Dios con el hombre. Es en este momento cuando Dios nos invita a considerar al humilde y gran santo; es en este momento cuando Dios pronuncia la palabra que explica todas las relaciones existentes entre San José y todos los grandes profetas y los demás grandes santos, aun aquellos que han desempeñado misiones públicas de gran relieve, como los Apóstoles. No hay honor que supere al de haber recibido la revelación de la unión hipostática del Verbo de Dios... El divino Redentor es la fuente de toda gracia; después de El está María, la dispensadora de los tesoros celestiales. Pero, si alguna cosa hubiese que pudiera despertar en nosotros una confianza todavía mayor, lo sería, en cierta manera, el pensar que José es el único que puede hacerlo todo así con el divino Redentor como con su Madre divina, y eso de tal manera y con tal autoridad que sobrepasa la de un mero administrador o guardián... En consecuencia, nuestra confianza con este Santo debe ser muy grande, puesto que se funda en tan prolongadas, más aún, en tan únicas relaciones con las mismas fuentes de la gracia y de la vida, la Santísima Trinidad" (Pío XI, Homilía, 19-111- 1935).

Como se desprende de este testimonio, San José tiene una dignidad tan alta y es tanta su grandeza que tiene primacía sobre todo otro santo en virtud de las relaciones que sólo a él correspondió mantener con María y, a través de Ella, con Jesús. José recibió de Dios la gracia necesaria para ser digno esposo de María y digno padre de Jesús. Su misión fue única e irrepetible en la historia de la salvación. A tanta gracia y a tan alta misión correspondió de modo admirable que la misma Escritura lo llama hombre justo (Mt. 1, 19). La eximia santidad de San José y el carácter especial del culto que la Iglesia le rinde, ha movido a los teólogos a aplicarle a su culto el título de suma dulía, que expresa su inferioridad frente al culto a María de hiperdulía y, su superioridad respecto al de los santos, de simple dulía.

José habla poco pero vive intensamente, no sustrayéndose a ninguna responsabilidad que la voluntad del Señor le impone. Nos ofrece ejemplo atrayente de disponibilidad a las llamadas divinas, de calma ante todos los acontecimientos, de confianza plena, derivada de una vida de sobrehumana fe y caridad y del gran medio de la oración. José ha sido, en lo humano, maestro de Jesús; le ha tratado diariamente, con cariño delicado, y ha cuidado de El con abnegación alegre. Eso nos enseña la vida de San José: sencilla, normal y ordinaria, hecha de años de trabajo siempre igual, de días humanamente monótonos, que se suceden los unos a los otros.

La expresión cotidiana de amor en la vida de la Familia de Nazaret es el trabajo. El texto evangélico precisa el tipo de trabajo con el que José trataba de asegurar el mantenimiento de la Familia: el de carpintero... La obediencia de Jesús en la casa de Nazaret, es entendida también como participación en el trabajo de José. El que era llamado el hijo del carpintero había aprendido el trabajo de su padre putativo. El trabajo humano y, en particular el trabajo manual tienen en el Evangelio un significado especial... José acerco el trabajo humano al misterio de la redención.

Una antigua oración, que se remonta al siglo XVII, dedicada a San José reza así: «Dios te salve, José, lleno de gracia del Espíritu Santo, el Señor es contigo, bendito eres entre todos los hombres, como tu Esposa bendita entre las mujeres. Porque Jesús, fruto bendito del vientre virginal de Nuestra Señora la Virgen María, fue tenido por tu Hijo. Ruega por nosotros, Virgen y Padre de Cristo, para que el que en esta vida quiso ser súbdito tuyo, por tus merecimientos nos sea propicio ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén»

HISTORIA DE LA CIRCUNCISIÓN - 1º PARTE

El pueblo judío cimentó su identidad sobre dos ejes: la fuerte cohesión interna y el máximo aislamiento respecto a los pueblos de alrededor. La circuncisión fue el rito principal que se creó para dar cuerpo a estos dos objetivos. Dios cerró con Abraham un pacto en virtud del cual se comprometía a ser el Dios del pueblo que de él nacería, a condición de que él se comprometiese a ser su pueblo. Y que la señal de ese pacto sería la CIRCUNCISIÓN de todo varón que de él naciese, como señal de su consagración a Dios.

La práctica de la circuncisión no es exclusiva del pueblo judío, pero sí que lo es con los caracteres singulares que tiene en Israel: la circuncisión es un acto de vasallaje del pueblo hacia su Señor, mediante el cual le sacrifica simbólicamente cada uno de los hijos que le nacen, sacrificándole una parte ínfima pero significativa de su cuerpo, en señal de aceptación del sometimiento total a Dios, tanto de ellos mismos como de sus hijos.

Son muchos los pueblos, sobre todo africanos, que practican la circuncisión, también ritual; pero la mayoría como un rito de iniciación del adolescente, que pasa así a formar parte de la sociedad de los adultos. Reviste la ceremonia una gran importancia y constituye una prueba del valor y resistencia del iniciado. En el caso de Israel lo más singular es que siendo el pacto entre el pueblo y su Dios, a quien realmente quiere éste ver circuncidado, es a su pueblo, teniéndolo así separado y distinguido de todos los pueblos, a fin de evitar que se mezcle con ellos, con su cultura y con sus dioses.

Esta práctica, además de diferenciar cultural y religiosamente al pueblo de Israel de los de su alrededor, constituía una considerable barrera genética, porque en la medida en que se mantenía en vigor esa diferencia cultural y religiosa con los pueblos vecinos, hacía imposible el matrimonio de un circunciso en un pueblo de incircuncisos, y el de un incircunciso con una mujer israelita, y muy difíciles las relaciones sexuales esporádicas. De este modo la circuncisión contribuía poderosamente a mantener separado al pueblo de Israel de los demás pueblos, justo en la circunstancia en que la mezcla adquiere carácter irreversible, en el acto de engendrar.

La circuncisión era el signo de la alianza dado al pueblo de Dios, obligado a toda Ley, y destinado a participar en las promesas mesiánicas. Significaba, además participar de circuncidar el corazón con sus malos afectos y concupiscencias, para llegar a la vida eterna. El Niño – Dios, legislador y jefe del Antiguo Testamento, estaba sobre esta ley positiva. Pero, no habiendo desdeñado a "forma de esclavo" en la Encarnación, quiere llevar ahora la nota servil del pecado sobre su divina carne, como habría de cargar más tarde con la pena del mismo. Concebido de Espíritu Santo, que o santificaba todo; unido en persona al Hijo de Dios, que es el Santo de los Santos por esencia, no necesita ser circuncidado.

Pero, siendo el Mesías, que realiza todas las figuras y promesas antiguas, se presenta como verdadero hijo de Abraham; honra la Ley, que era el camino hacia Cristo, sujetándose a ella para "cumplir toda justicia" (Mt. 3,14), dando el maravilloso ejemplo de perfecta obediencia y humillación, a fin de hacernos libres de ese yugo de servidumbre. Por su sangre debe ser nuestro Salvador. Esta poca sangre que derrama, obliga a Dios a todo lo demás; con ella empieza a comprar el inefable nombre de Jesús.

En el sigo VI en las Galias conmemoraban en ella la Circuncisión del Señor. En Roma tomó carácter de Octava de Navidad, para equiparar a la Pascua o Pentecostés, únicas entonces, decoradas con este breve ciclo de magnificencia. En otras partes se daba especial relieve a la Maternidad de María que admirablemente, como la luz de la aurora en Adviento, y como realidad espléndida en toda la conmemoración navideña.

San León Magno insiste en el misterio de la Encarnación con sus fórmulas inmortales, que han venido a ser clásicas en la materia y San Ambrosio, a su vez, expone cómo en la circuncisión de aquel, "sometido a la Ley, para granjearse a aquellos que estaban bajo a Ley", "se prefiguraba la futura expiación de toda culpa"La esclavitud de Jesús nos ha hecho libres. Caminemos, pues, no en el espíritu del temor servil, sino en la libertad amorosa y confiada de los hijos de Dios. La circuncisión es, además, figura del bautismo, diciendo el Apóstol: Hemos recibido la circuncisión espiritual de Cristo, siendo sepultados con Él por e bautismo, y con Él resucitamos a la vida de la gracia por la fe, perdonándonos graciosamente todos los pecados. (Col. 2,11 – 13).

LAS VACACIONES SON PARA DESCANSAR

Por definición, se denomina como vacaciones a ese período, dentro de un año, en que las personas que trabajan o estudian toman un receso en sus actividades, casi siempre en la época estival. La mayoría de los departamentos de Relaciones Humanas de las empresas apoyan este beneficio, no siempre pensando en la salud de las personas, sino, también, porque, a través de este tiempo de descanso, se logra incrementar la productividad de los trabajadores durante el resto del año.

A medida que trascurre tanto el período laboral como el escolar, los trabajadores y estudiantes comienzan a tener menos energía, y sensación de fatiga (astenia), para realizar las tareas habituales. El sistema inmune se debilita, y aparecen ciertos síntomas que se atribuyen a otras causas: cansancio, fatiga, falta de apetito, dolores musculares, de cabeza y molestias en el estómago. Entre estos síntomas psicológicos, surge la tristeza, irritabilidad, intolerancia, ansiedad, trastornos del sueño, somatizaciones, disfunciones o baja actividad sexual y disminución de la libido, falta de concentración y creatividad, y un gran desinterés y desmotivación por el trabajo.

Es sorprendente percibir que, a menudo, por no saber “vacacionar” el estrés, en vez de eliminarse, se incrementa. Los niveles de tensión aumentan haciendo del “supuesto descanso” una experiencia tan agotadora como la vida habitual. Se mantiene la misma inflexibilidad, convirtiendo las vacaciones en un trabajo de verano. Existe algo llamado “ocio culposo”, que es ni más ni menos que esa incapacidad que manifiestan las personas por estar inactivas o cumpliendo otras actividades que no son las cotidianas. Para algunos, este cambio brusco de ocupación a vacío puede suponer un grave problema y un estrés añadido. El no tener nada que hacer es tan malo como tener siempre frenéticamente algo que hacer. En vacaciones, se debe dormir más, dedicarse a la familia, aprovechar los espacios verdes y relajarse. Los padres descargan esta imposibilidad sobre sus hijos buscándoles tareas o entretenimientos y no les permiten, así, disfrutar un verdadero descanso. Las colonias de vacaciones imponen, también, sus exigencias propias.

Las vacaciones son para descansar

Es fundamental olvidarse de los horarios. No obligarse, por ejemplo, a salir a caminar o ir a la playa porque hay que aprovechar todo al máximo. Pero sí gozar de aquello que se pospuso en el correr del año, como estar con uno mismo, meditar o reflexionar. Hay personas con niveles elevados de ansiedad o estrés que no se desconectan de las rutinas y no logran relajarse. Si los niveles de ansiedad no disminuyen en vacaciones o, por el contrario, se incrementan, el período de receso termina transformándose en un estrés en lugar de un descanso. Los días de vacaciones deben ser sinónimo de tranquilidad, descanso y ocio. Si los niveles de ansiedad no descienden y se suman a los que ya se traen, el agotamiento será aún mayor, originando diferentes patologías.

Las vacaciones, masificadas a partir del desarrollo de la sociedad industrial como tiempo necesario para restaurar la potencia laboral, hoy están desvirtuadas cuando dejan de cumplir ese fin. El reposo, en sus dimensiones física (distensión del cuerpo), psíquica (relajación de la mente) y social (desconexión de la rutina), precisa reunir algunas condiciones para ser efectivo. Cuando no se alcanza una cantidad de días suficientes, no se corta con las rutinas habituales o las exigencias de organización del descanso se tornan un trabajo más agobiante que las tareas habituales, se funciona bajo estados de tensión, donde simplemente se cambia el estrés laboral habitual por un estado de estrés vacacional… Una vez en el lugar del supuesto descanso, se continúa con las conductas propias de la supervivencia del más apto: apurarse para encontrar el mejor lugar, consumir exacerbadamente por la necesidad de “disfrutar intensamente todo”, no parar para no “perder tiempo”, competir antes que compartir, cuidarse de los otros.

Por supuesto que estas conductas no son antojadizas, sino que responden a un modelo social donde se sobrevaloran el estatus socioeconómico, el éxito y la capacidad de consumir o mostrar, aun a costa de cierto vacío existencial generado por la carencia o minusvalía de valores intangibles, como pueden ser los culturales, artísticos, afectivos o éticos. Lo importante es que cada uno encuentre su mejor manera de descansar y disfrutar sin presionar o presionar a los demás. Vivir el día a día de las vacaciones contribuye a que éstas se prolonguen más.

----------------------------------------------------------------------------
Fuente: Revista On Line San Pablo Nº 476

martes, 22 de diciembre de 2015

POR QUÉ SE REALIZO EL CENSO CUANDO NACIÓ JESÚS

“En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. El nacimiento de Jesús en Belén, ocurre cuando Cesar Augusto, emperador de Roma, promulga un edicto para que el mundo se empadronase”. (Lucas 2-1-7)

Si podemos fijar la fecha de ese censo y también el periodo en el cual CIRENIO fungió como gobernador de Siria, podemos entonces aproximarnos a la fecha del natalicio del Cristo. Por un lado, CIRENIO es la voz griega del nombre latino QUIRINO, y sabemos que un tal PUBLIUS SULPICIUS QUIRINIUS, oficial del imperio romano, fue nombrado gobernador de Siria. Curiosamente, esta información, que debería haber arrojado luces sobre el nacimiento de Jesús, se prestó como un escollo insalvable en la cronología bíblica. La razón era que Lucas escribió que CIRENIO era el Gobernador de Siria (Lucas 2:2), pero los historiadores lo ubican como Procurator de esa provincia entre los años 6 y 9 d.C. Además, hubo tres procuradores durante los años anteriores y posteriores al nacimiento de Jesús: SENTIUS SATURNINUS (9 a.C. – 6 a.C.); QUINTILIUS VARUS (6 a.C. – 4 a.C.), y PUBLIUS SULPICIUS QUIRINIUS, el CIRENIO que menciona Lucas (6 a.C. – 9 d.C.).

Algunos historiadores concluyen que Lucas cometió el error de confundir a QUIRINIUS con QUINTILIUS, el nombre del procurador VARUS, que según todos los datos gobernaba Siria durante el nacimiento de Jesucristo. Finalmente los arqueólogos terminaron dándole la razón a Lucas, ya que se desenterró una losa romana cuya inscripción indicaba que QUIRINIUS había servido dos veces en Siria. La primera como militar, cuando VARUS era el procurador para asuntos civiles; y la segunda entre los años 6 a.C. y 9 d.C. como procurador. El mismo Lucas nos da un dato revelador para este ajuste de fechas, al indicarnos que el de CIRENIO fue el primer censo cuando “era gobernador”, ya que luego nos hablará de un segundo censo, cuando CIRENIO fue procurador (Hechos 5:37).

De Augusto se conocen varios censos parciales y tres totales. Uno de éstos fue el 746 de Roma, que corresponde a unos ocho años antes de la fecha actual del nacimiento de Jesús. Cuando leemos el Evangelio, interpretamos que este empadronamiento fue el primero de QUIRINO, siendo él gobernador de Siria. Flavio Josefo, historiador judío, fariseo, descendiente de familia de sacerdotes, entre el año 38 y 94, dice que este personaje fue gobernador de Siria del año 6 al 12 después de Cristo, siendo el año 6 cuando hizo el censo en Judea. Por otra parte, cuando nace Jesús, reinaba el rey Herodes el Grande, y no hay constancia de que QUIRINO fuese además prefecto de Siria reinando Herodes.

Una de las principales figuras del siglo III para el cristianismo, Tertuliano, hijo de gentiles de Cartago, que tras una juventud disipada y licenciosa según su propio testimonio se convirtió al cristianismo en la ciudad de Roma, hacia el año 195 d.C. siendo después, según Jerónimo, presbítero de la iglesia de Cartago, parece excluirlo, pues dice, tomando los datos de los archivos de la Iglesia romana, que este censo se hizo siendo prefecto de Siria Sentio Saturnino

Entonces ahora nos encontramos que debemos intentar solucionar esta duda de fechas, reconociendo que no es el hecho más importante, pero no deja de ser interesante. Hagamos una breve biografía de Quirino, que fue miembro del senado de Roma y cónsul. Tras la destitución de Arquelao, hijo de Herodes I el Grande, Quirino llegó a Siria, enviado por César Augusto para hacer el censo de los bienes con vistas a establecer el impuesto. Con él fue enviado Coponio, para gobernar a los judíos. Como Judea había sido anexionada a Siria, Quirino la incluyó en el censo.

El censo tuvo lugar 37 años después de que Octavio derrotó a Antonio en la batalla naval de Actium, el 2 de septiembre (Flavio Josefo), lo que correspondería al año 6 de nuestra era. Según Flavio Josefo (Ant. XVIII 1), este censo supuso una revuelta armada, dirigida por Sadoc y Judas el Galileo, natural de Gamala. Algunos autores dudan de si podría haber estado ya antes en Siria, hacia el año 6 AC, gobernando conjuntamente con Saturnino o con Quintilio Varo. Un documento de estudio de la Biblia, dice que QUIRINO, sobre el año 9, dio principio al empadronamiento que llevó a cabo Sentio Saturnino (9 a 6 a. C.) Pero no consta positivamente de otra prefectura de QUIRINO, y habría además que adelantar acaso demasiado la fecha del nacimiento de Cristo.

También dice que se sabe que en ocasiones se efectuaban en forma simultánea los legados imperiales en la misma región. Existe una prueba de esto en año 73 d. C. había en África un legado al frente de las tropas y otro tenía la misión de hacer el censo. Cabría suponer una simple legación de QUIRINO simultaneada con la de Saturnino. Otro dato de la época dice que siendo QUIRINO prefecto de Siria, Aemilius Secundus, hizo por mandato de QUIRINO el censo de Apamea y combatió a los itureos del monte Líbano del 10 al 6 a.

El empadronamiento se hizo como era la costumbre de los judíos, y era costumbre de Roma respetar las formas locales. Así es, como las personas se fueron a censar a sus lugares de orígenes. Este es el motivo de porque José, que era de la casa de David, viaja hasta a Belén, ubicada a unos 140 km. de Nazaret, trayecto que se hacía entre 3 y 5 días. Dice el evangelio: José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.

Algunos textos dicen por ser de “la casa y familia de David” La frase puede ser una figura retórica consistente en emplear en la oración palabras innecesarias para su exacta y completa comprensión, pero que aportan gracia y fuerza expresivas, es decir, para indicar que José era verdaderamente de esta estirpe, Es decir, algunos entienden “casa” como equivalente a tribu, y por “familia” el ser de la misma estirpe davídica.

Dice también el evangelio: “…y se dirigió a Belén de Judea”. Esta frase se dice siempre para ir de cualquier lugar de Palestina a Jerusalén o cercanías de ésta, ya que por la conformación topográfica, siempre se viaja de subida. Sigue el evangelio: “…para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada”. Pero va a “…inscribirse con María, su esposa…” Podemos deducir que José sube con su esposa para que también se empadrone, porque se sabe que las mujeres casadas también se censaban en sus lugares de origen y María era de la casa de David.

ORIGEN DE LA HISTORIA DE PAPA NOEL

En Argentina lo llamamos Papá Noel, en Chile es el Viejito Pascuero; en Brasil; Papai Noel; en los Estados Unidos se lo llama Santa Claus; en Francia, Père Noel y en los países europeos nórdicos se lo conoce como Sinterklaa. Sin embargo, pese a las diferencias lingüísticas, este es uno de los pocos personajes tan popular a nivel mundial. La pregunta es de dónde viene. Como muchos sabrán la imagen de Papá Noel está inspirada en la vida del obispo de Mira (la actual Turquía), conocido hoy como San Nicolás. Pero ese Papá Noel era flaco, alto y se vestía -evidentemente- como un sacerdote.

Se dice que ayudó a un hombre a casar a su hija que tenía la fecha encima pero no así, la dote, indispensable para llevar a cabo la unión. San Nicolás se conmovió e intervino, donándoles tres bolsas de oro. Esta leyenda reforzó la costumbre de intercambiar regalos en la época. De todas formas ya estaba arraigada en otros pueblos. Por ejemplo los chicos italianos recibían regalos de un "hada" llamada Befana, o en Cataluña (España) y algunas zonas de Aragón, un tronco mágico guardaba regalos que al ser golpeado, los escupía junto con algunas golosinas. Además en los pueblos de algunos valles, los regalos los traía el carbonero Olentzero y también duendes de barba blanca, botas altas y gorro. Con el tiempo y con los prodigios conocidos de San Nicolás, éste fue remplazando a algunos de estos personajes considerados paganos.

En el siglo XII la tradición católica de San Nicolás se expandió por toda Europa y hacia el siglo XVII emigrantes holandeses llevaron la costumbre a los Estados Unidos. Aunque la leyenda de Papá Noel sea antigua y compleja, y proceda en parte de San Nicolás, la imagen familiar con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes es una invención norteamericana de principios del siglo XX. El escritor inglés Clement Moore lo imaginó en un trineo llevado por ocho renos, antes Papá Noel repartía sus regalos a pie o montado en un caballo. Su aspecto de hombre gordo de mejillas rojas y barba blanca se debió al arte del caricaturista norteamericano Thomas Nast, quien lo representó en una ilustración que la marca Coca-Cola popularizó en 1931, en una campaña publicitaria. Sin embargo, las vestimentas rojas y blancas no fueron un invento de la gaseosa.

Hay muchas ilustraciones y descripciones casi fidedignas anteriores al spot como la de Thomas Nast o St. Nicholas Magazine (1926), entre otras; eso sin considerar además las antiguas representaciones religiosas del obispo San Nicolás de Mira ó San Nicolás de Bari, en las que es común el color rojo y blanco de la vestimenta religiosa. Hoy en día, se cuenta que Papá Noel vive en el Polo Norte junto a su esposa y una gran cantidad de duendes navideños, que lo ayudan en la fabricación de los juguetes y otros regalos que le piden los niños a través de cartas. Para poder transportar los regalos, los guarda en un saco mágico y los reparte a las 00:00 horas del 25 de diciembre, en un trineo mágico volador, tirado por renos navideños, liderados por Rodolfo (Rudolph); un reno que ilumina el camino con su nariz roja y brillante, siendo el último en agregarse a la historia.

martes, 15 de diciembre de 2015

¿EN QUÉ AÑO NACIÓ JESÚS?

Cuando Jesús vino al mundo nadie lo estaba esperando. A pesar de su nacimiento había sido anunciado durante siglos por los profetas, y anhelado ansiosamente por el pueblo, y los dirigentes de Israel, ni siquiera trascendió la noticia, como para quedar registrada. Después de su muerte, los primeros cristianos no se preocuparon en averiguar la fecha de su cumpleaños, sino en salir a predicar el Reino que él acaba de fundar.

Y a esta tarea se abocó de lleno la Iglesia durante siglos, sin interesarse por los detalles históricos de su vida. Mientras tanto, ¿Qué calendario empleaban los miles y miles de cristianos que a lo largo de esos años había abrazado la fe? Inmersos como estaban dentro del Imperio Romano, y siendo éste quien imponía las estructuras y normas de vida corriente, seguían el cómputo empleado por Roma en toda el área de influencia de su gobierno.

El sistema consistía en contar el tiempo a partir de la fundación de la ciudad de Roma. Ese año era considerado el 1º, y de ahí en adelante se sumaban los siguientes. Como difícilmente se recordaban en el Imperio, acontecimientos anteriores a aquella lejana fundación, no había mayores dificultades. Para hacer alusión a este calendario, se colocaba las iniciales U. C., que significaban URBIS CONDITAE (de la fundación de la Ciudad).

Pero al entrar de lleno en los tiempos cristianos, muchos empezaron a pensar que la fundación de la ciudad de Roma, que había sido pagana durante los mil primeros años de su existencia, no era el hito más adecuado para empezar a contar los años. Al contrario, consideraban el nacimiento de Jesús como el suceso central del la historia.

La idea se impuso con más fuerza cuando 450 años después de Cristo el Imperio Romano se desmorono ante los embates de los pueblos bárbaros. Ya no quedaba nada que ligara a los cristianos con él, ni razón alguna para seguir considerándolo como el centro histórico de sus vidas. Había que crear un nuevo calendario, que tuviera como eje a la persona de Jesucristo.

Entonces cayeron en la cuenta de que nadie sabía el día, ni el mes, ni siquiera el año de su nacimiento debido a que los autores de los evangelios habían omitido el detalle. Estos escritos más bien contaban episodios aislados de la vida del Salvador sobre la base de una catequesis oral previa, pero no había en ellos la pretensión de una exacta cronología de su vida.

Es en ese momento, cuando se yergue la figura de un monje llamado Dionisio, natural de Escitia, región de la actual Rusia, pero que vivió casi toda su vida en Roma. Tenía por sobrenombre “El Exiguo”, que significa pequeño, minúsculo, por lo que se ha supuesto que era de baja estatura. Pero parece más bien que él mismo quiso llevar ese apodo por humildad.

Era uno de los hombres más eruditos de su época, brillante teólogo, y gran conocedor de la historia de la Iglesia y de las cronologías. Por aquel tiempo había compuesto una célebre colección de decretos de los papas y de decisiones de los Concilios con valiosos comentarios propios.

Decidió este monje acometer la colosal empresa de calcular la fecha de nacimiento de Cristo, para lo cual contaba con algunas informaciones útiles que los evangelios podían aportar. Así, de Lucas tomó el dato de que al comenzar su vida pública “Jesús tenía unos 30 años” (Cf. 3,23). Esto ya era un buen comienzo. ¿Pero en que año empezó su vida pública? Unos versículos antes tenía la respuesta: “en el año 15 del gobierno de Tiberio César” (Lc. 3,1).

Confrontando largas tablas de fechas y cronologías, Dionisio dedujo que el año 15 de Tiberio, en que Jesús salió a predicar, correspondía al 783 U. C. Ahora bien, restando los 30 años de vida de Jesús, obtuvo que había nacido en el 753 U. C.

Para ubicar a Jesucristo en el comienzo de una nueva era, el 754 U. C. tenía que pasar a ser el año 1, el 755 el año 2, y así sucesivamente. Después de cada número, Dionisio añadió las siglas “d. C.”, es decir, “después de Cristo”. A los años anteriores al nacimiento de Cristo, en cambió, los etiquetó “a. C”, es decir, “antes de Cristo” En este nuevo calendario la fundación de Roma ya no figuraba más en el año 1, sino en 753 a. C. Y Dionisio, que se encontraba viviendo por entonces en el año 1275 del calendario romano (U. C.), se dio con que vivía en el 526 de la nueva era cristiana.

La idea del nuevo calendario tuvo un éxito extraordinario, e inmediatamente comenzó a ser aplicada en Roma. Poco después llego a las Galias (la actual Francia) y a Inglaterra. Tardaría un poco aún en ser aceptada en España: en Cataluña se la adopta tan sólo a partir en 180; en Aragón, desde la Navidad de 1350; en 1358 se la admite en Valencia; en Castilla desde 1383. Y llega a Portugal sólo en 1422.

Poco a poco, y no sin vencer grandes dificultades, se generalizó en todas partes para fines de la Edad Media. La gloria de Dionisio destelló en cada rincón del mundo antiguo, y cuando falleció catorce años más tarde, se habría podido anotar con orgullo en su obituario que había muerto “en el año 540 de la era inventada por él”

martes, 8 de diciembre de 2015

8 COSAS QUE NECESITAMOS SABER SOBRE LA INMACULADA CONCEPCIÓN


¿A quién se refiere la Inmaculada Concepción?

Hay una idea popular que se refiere a la concepción de Jesús por la Virgen María pero no es a este hecho al que se refiere esta solemnidad, sino a la manera especial en la cual fue concebida María. Esta concepción no fue virginal (es decir, que ella tuvo un padre humano y una madre humana), pero fue especial y única de otra manera…

¿Qué es la Inmaculada Concepción?

La explicación está en el mismo Catecismo de la Iglesia Católica:

490 Para ser la Madre del Salvador, María fue "dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante". El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como "llena de gracia". En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios.

491 A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María "llena de gracia" por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:

‘... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano’.

¿Significa esto que María nunca pecó?

Sí. Debido a la forma de redención que se aplicó a María en el momento de su concepción, ella no solo fue protegida del pecado original, sino también del pecado personal. El Catecismo lo explica:

493 Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios "la Toda Santa", la celebran "como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo". Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

¿Significa que María no necesitaba que Jesús muriera por ella en la cruz?

No. Lo que hemos citado es que María fue concebida inmaculadamente como parte de su ser “llena de gracia” y así “redimida desde el momento de su concepción” por “una singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso y por virtud de los méritos de Jesucristo, salvador de la raza humana”. El Catecismo afirma:

492 Esta "resplandeciente santidad del todo singular" de la que ella fue "enriquecida desde el primer instante de su concepción", le viene toda entera de Cristo: ella es "redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo". El Padre la ha "bendecido [...] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo" más que a ninguna otra persona creada. Él la ha "elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor".

508 De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, "llena de gracia", es "el fruto más excelente de la redención"; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

¿Cómo es entonces ese paralelo entre María y Eva?

Adán y Eva fueron creados inmaculados –sin pecado original o su mancha. Ambos cayeron en desgracia y a través de ellos la humanidad estaba destinada a pecar.

Cristo y María fueron también concebidos inmaculados. Ambos permanecieron fieles y a través de ellos la humanidad fue redimida del pecado.

Jesús es por tanto el Nuevo Adán y María la Nueva Eva..

¿Era necesario para Dios que María fuera inmaculada en su concepción para que pudiera ser Madre de Jesús?

No. La Iglesia sólo habla de la Inmaculada Concepción como algo que era "apropiado", algo que hizo que hizo de María una "morada apropiada" (es decir, una vivienda adecuada) para el Hijo de Dios, no algo que era necesario. Así, en preparación para definir el dogma, el Papa Pío IX declaró:

“…y por eso afirmaron (los Padres de la Iglesia) que la misma santísima Virgen fue por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda mácula de cuerpo, alma y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, de consiguiente, que fue aptísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original”.

Fuente
www.aciprensa.com

miércoles, 2 de diciembre de 2015

NO AL NARCOTRÁFICO, SI A LA VIDA PLENA

1. Los Obispos argentinos volvemos una vez más sobre este tema por la gravedad creciente que significa. “La plaga del narcotráfico, que favorece y siembra dolor y muerte, requiere un acto de valor de toda la sociedad” (1) Con estas enérgicas palabras el Papa Francisco llamaba al compromiso social.

2. Nosotros, como pastores del Pueblo de Dios que peregrina en la Argentina, adherimos con firmeza al contundente mensaje del Santo Padre, y nos sentimos cercanos a quienes más sufren a causa del crimen organizado. En efecto, convencidos de la gravedad del momento que enfrenta nuestra Patria en este tema, queremos alertar a toda la sociedad acerca de la necesidad de una conversión urgente. La problemática es muy amplia. Hoy queremos centrar nuestra reflexión en lo referente al narcotráfico.

3. La complejidad del problema nos lleva a entender que dicha transformación no puede ser comprendida de modo unilateral. Cualquier respuesta lineal resulta tan ineficiente como inútil. San Juan Pablo II sostenía que “La toxicomanía tiene que considerarse como el síntoma de un malestar existencial, de una dificultad para encontrar su lugar en la sociedad, de un miedo al futuro y de una fuga hacia una vida ilusoria y ficticia. (...) El incremento del mercado y del consumo de drogas demuestra que vivimos en un mundo sin esperanza, carente de propuestas humanas y espirituales vigorosas.” (2)

4. Cuando hablamos de narcotráfico nos referimos a un negocio de dimensiones mundiales, que extiende sus redes en los Estados, las empresas y en múltiples sectores de la sociedad. La globalización ha favorecido la acción de grupos supranacionales más allá de los intereses de las naciones. El Estado debe oponer una fuerza organizada  para neutralizar los enormes daños que causa el flagelo que nos ocupa. En este contexto el narcotráfico y otras mafias han crecido enormemente en los últimos años.

Lamentablemente ya se encuentra arraigado en nuestro país; su presencia y difusión es incomprensible sin la complicidad del poder en sus diversas formas. Es doloroso constatar que, además, las drogas, signos de muerte, se producen en la Argentina. El crimen organizado se enriquece también de otras formas de esclavitud, tales como la trata de personas, el tráfico de armas, el tráfico y venta de órganos, el trabajo infantil, entre otros. No se nos escapa el vínculo de esta situación con la violencia o inseguridad social y la agresividad irracional en los asaltos y otros tipos de delitos. Francisco hace un firme pedido de conversión y desea que “La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción. Esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social” (…) “Si no se la combate abiertamente  tarde o temprano busca cómplices y destruye la existencia”. (3)

5. La cultura global del consumismo genera deseos insatisfechos e impone en nuestros países un mercado con una escala inadecuada de valores. Transmite constantemente la idea falsa de que sin determinados bienes no se puede ser feliz. La plenitud del ser aparece identificada con el tener. Esta propuesta es la lógica avasalladora del consumismo que, como el agua, penetra todos los rincones de la sociedad. ¡Cuántos chicos perdieron la vida por seguir la seductora voz del consumo como a su propia ley! ¡Cómo se globaliza la indiferencia cuando nos acomodamos en la búsqueda del confort personal! Por todo el país a nivel capilar las comunidades dan cuenta de que el tendal de enfermos que produce la droga es cada vez mayor.

6. Esta globalización de la indiferencia, que genera una cultura individualista centrada en el consumo es la que da el marco propicio para la expansión de las redes del narcotráfico. No se puede comprender este fenómeno al margen de la actual cultura global. El narcotráfico está en el espíritu del capitalismo más salvaje y de la idolatría del dinero: es inseparable de ellos. Y sabemos que “el amor al dinero está en la raíz de todos los males”. (I Tim 6,10).  Como nos enseña Francisco “No llevamos el dinero con nosotros al más allá. El dinero no nos da la verdadera felicidad. La violencia usada para amasar fortunas que escurren sangre no convierte a nadie en poderoso ni inmortal. Para todos tarde o temprano llega el juicio de Dios al cual ninguno puede escapar” (4)

En esta cadena delictiva se encuentra el “narcomenudeo”. Es creciente la cantidad de gente que produce en su casa el “paco” u otros preparados perniciosos y luego lo comercializan sin escrúpulo, llegando al atropello de mandar a los propios hijos o nietos a vender drogas. Esta realidad atenta contra el quinto mandamiento “¡No matarás!”. No obstante hay una gran distancia entre el grado de responsabilidad del narcotraficante y el del chico pobre que es utilizado finalmente para hacer llegar la droga. Debemos cuidar que sobre estos últimos no se descargue la fuerza del castigo.

7. La guerra contra las drogas -insistimos- está perdida para quien no se opone a la instalación de este sistema. Hoy nadie puede dudar que es necesario poner radares y disponer de las mejores fuerzas de seguridad posibles. Pero la respuesta verdaderamente adecuada consiste en una profunda transformación cultural.

Con dolor vemos que las reservas morales de nuestro pueblo se ven gravemente amenazadas por el narcotráfico, que desintegra el tejido social. En las zonas periféricas, en algunos barrios y villas, el vendedor de droga se ha convertido en un referente social; se crea allí un espacio independiente ajeno a la auténtica cultura. Se banaliza la deshumanización. Cuando una persona, vencida ya sea por necesidad, o algo aun peor, por ambición, se involucra en el narcomenudeo incrementa sus ganancias y comienza a poseer determinados bienes a los que antes no accedía.

¿Cómo educar a los chicos y a las chicas en la cultura del esfuerzo, del trabajo, en la importancia del estado de derecho? El narcotráfico consagra el triunfo de quien con poco esfuerzo consigue mucho y está al margen de la ley, generando un nuevo escenario de supuesto progreso social. Esto desalienta las esperanzas de aquellos que se esfuerzan y anhelan logros, fruto de su trabajo digno. La falta de ejemplaridad es una debilidad moral y cultural en la vida de la sociedad.

8. El narcotráfico está en contradicción con la naturaleza del Estado. Si el primero busca el beneficio de algunos pocos, el segundo debe velar por la justicia para todos. Instalando su propia ley, el narcotráfico va carcomiendo el estado de derecho. Progresivamente los conflictos van abandonando la legislación y los tribunales, para resolverse con la ley de la fuerza y la violencia.

9. Reconociendo el problema del narcotráfico como un drama nacional, como pastores de la Iglesia en la Argentina asumimos nuestra responsabilidad y queremos profundizar nuestro compromiso.

En diversos lugares del país se vive en una gran indefensión institucional, que reclama la responsabilidad de quienes gobiernan y de todos los legisladores y miembros del poder judicial: se necesitan Políticas de Estado que sean adecuadas y explícitas, concretas y firmes, para eliminar el narcotráfico y el narcomenudeo.

Queremos hacer llegar una palabra de aliento a aquellos jueces que incluso arriesgando sus vidas y las de sus familias encaran seriamente su misión respecto de este tema. Necesitamos reforzar el papel de una justicia independiente y su coordinación con las fuerzas públicas profesionalizadas en esta lucha.

10. En esta tarea convocamos a todo el Pueblo de Dios y tanta gente de buena voluntad: comprometámonos con pasión en el cuidado y acompañamiento de aquellas personas que sufren directa o indirectamente a causa del consumo de drogas. La Iglesia quiere estar cerca de las familias heridas por la adicción de algunos de sus miembros; cuenten con nuestra oración y cercanía. Tenemos la certeza que la amistad social, la confianza y el perdón son actitudes que restauran el tejido social y nos acercan al corazón de Jesús.

11. A pocos días de comenzar el Año Jubilar de la Misericordia, unidos al Papa queremos hacer un firme llamado a la conversión. Nos dirigimos especialmente a quienes son parte de grupos criminales, a quienes miran con indiferencia el drama de los hermanos, y a quienes colaboran por omisión o comisión en la expansión de este flagelo.  “Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Ante el mal cometido, incluso crímenes graves, es el momento de escuchar el llanto de todas las personas inocentes depredadas de los bienes, la dignidad, los afectos, la vida misma”. (5)

En nuestra Madre, La Virgen de Luján, Patrona de los argentinos, los bendecimos.

110º Asamblea Plenaria
Conferencia Episcopal Argentina
del 8 al 13 de noviembre de 2015

_____________________________

(1) Discurso del Papa Francisco en el Hospital San Francisco de la Providencia. Río de Janeiro, 24/07/2013
(2) Discurso de San Juan Pablo II a un congreso sobre el fenómeno de la droga organizado por el consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios. 11/10/1997.
(3)  Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia “Misericordiae Vultus” del Papa  Francisco, 11/04/15
(4) Idem.
(5) Idem.

martes, 1 de diciembre de 2015

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

María, plena de gracia santificante desde el primer instante de su concepción, la Iglesia Católica enseña que María es Inmaculada. Con este título se expresa aquel privilegio singular por el cual la Madre de Dios, al ser concebida, no contrajo la mancha del pecado original. Creemos como verdad de fe, que el alma de María desde el primer instante de su existencia, estuvo adornada con la gracia santificante. Creemos que no hubo momento alguno en el cual María se hallase en enemistad con Dios; creemos que en ninguna circunstancia de su vida, ni siquiera en el instante de su concepción, estuvo sometida a la esclavitud del demonio, proveniente del pecado.

La mancha del pecado original, alcanza y contagia indefectiblemente a todos aquéllos que reciben de Adán la naturaleza humana. La generación paterna al dar una naturaleza humana despojada de la gracia santificante, es el vehículo de la transmisión de aquel pecado. Esta ley universal tiene, sin embargo, una excepción gloriosa, pues Dios, en vista de los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, por gracia y privilegio singular, ha suspendido en María la aplicación de esta ley.

Según esto, María, al ser concebida, no recibió como los demás hombres una naturaleza manchada por el pecado, sino una naturaleza adornada con la gracia de Dios, libre de pecado original, o sea, una naturaleza “inmaculada”. En esta inmunidad de la mancha del pecado original y posesión de la gracia santificante, desde el primer instante de su existencia, consiste pues la Inmaculada Concepción de María. Este privilegio muy glorioso, verdadero milagro espiritual, fue que la omnipotencia de Dios la preservó en su concepción del pecado original, lo cual fue concedido en vista de los merecimientos de Nuestro Señor Jesucristo, que en tanto para todos obran restaurando y reparando en ellos lo que el pecado destruye, para María obraron en manera mucho más elevada y profunda, a saber, preservándola de la caída del pecado.

De la misma manera que al pasar el Arca de la Alianza, la mano omnipotente de Dios detuvo ante los israelitas las aguas del Jordán, que no se atrevieron a tocarla (Josué 3,15-16), cuando llegó María a la existencia, el poder misericordioso de Dios detuvo junto a Ella las aguas que traían la infección universal del pecado, no permitiendo que tocaran ni mancharan a aquella criatura escogida entre todas para ser la Madre del Verbo Encarnado. La Inmaculada Concepción se halla indicada en las Sagradas Escrituras, ya desde sus primeras páginas: “Dijo el Señor Dios a la serpiente: por cuanto hiciste esto, maldita eres entre todos los animales de la tierra, andarás arrastrándote sobre tu pecho y tierra comerás todos los días de tu vida. Yo pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu raza y la descendencia suya: Ella quebrantará tu cabeza, y tú andarás acechando a su calcañar” (Gn.3,15).

Este pasaje del Génesis suele llamarse “Protoevangelio”, precisamente por la naturaleza de la profecía encerrada en sus palabras. La serpiente indica al demonio. La Mujer que será su Enemiga y le aplastará la cabeza es María, con su Hijo Divino Jesús, su descendencia. Los Padres y toda la tradición de la Iglesia enseñan que: “Con este oráculo divino fue preanunciado clara y abiertamente el misericordioso Redentor del género humano, o sea el Hijo Unigénito de Dios, Cristo Jesús, y designada su bienaventurada Madre, la Virgen María, y simultáneamente expresada de insigne manera, las mismísimas enemistades de ambos contra el demonio”.(Pío IX, Bula “Ineffabilis Deus”).

La Virgen María, en general, ha de afirmarse que en el orden de la reparación, ocupa aquel lugar que ocupó Eva en el orden de la perdición, pues según enseñan esas insignes palabras del Génesis, todo lo que el demonio escogió para la ruina del género humano, fue dispuesto divinamente por Dios para nuestra salud. Y al nuevo Adán, o sea Cristo, debe unirse con nexo indisoluble, para destruir las obras del demonio, la nueva Eva, o sea María. Si Jesús es el nuevo Adán y María la nueva Eva, María había de ser “Inmaculada” completamente libre de todo pecado, aún libre del pecado original. En las palabras que usa el Arcángel San Gabriel para anunciar a María el misterio de la Encarnación también encontramos claramente implícito el privilegio de la Inmaculada Concepción: “Salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres...” (Lc. 1,28).

Esta plenitud de gracia, tan ilimitada, y tan completa, otorgada y ordenada, según lo indican las palabras del Ángel, a hacer a María digna de la altísima misión a que había sido llamada, no podía decirse de quien alguna vez siquiera hubiese estado manchado con el pecado. Igualmente al decir que el Señor está con Ella, con María, plenamente, sin limitación alguna de tiempo. La expresión griega KEJARITOMENI, Llena de Gracia, hace las veces de nombre propio en la alocución del Ángel: “Salve, Llena de gracia”, tiene que expresar una nota característica en María, la dotación de todas las gracias en plenitud singular por su elección para Madre de Dios, y esto desde el primer instante de su existencia.

Santa Isabel, henchida del Espíritu Santo, dice a María: “Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre” (Lc. 1,42). La bendición de Dios que descansa sobre María, es considerada paralelamente a la bendición de Dios que descansa sobre Cristo en cuanto a su humanidad. Tal paralelismo sugiere que María, igual que Cristo, estuvo libre de todo pecado desde el comienzo de su existencia. En la historia del dogma de la Inmaculada se suelen distinguir tres períodos: El primero se extiende desde los comienzos de la Iglesia hasta el siglo XI. En los primeros siglos del cristianismo, la fe en la Inmaculada aún sin ser formal y explícita, estaba comprendida en la fe sobre la excepcional santidad de María con su singularísima pureza. En el llamado Protoevangelio de Santiago, escrito en el siglo II queda clarísimo que toda fealdad sea excluida de María para que sea digna Madre del Señor, y con más razón esto vale para el alma.

El mártir San Hipólito –hacia el año 235- que comparaba a Nuestro Señor con el Arca de la Alianza, hecha de leño incorruptible dice: “El Señor estaba exento del pecado, habiendo sido formado de un leño no sujeto a la corrupción humana, es decir de la Virgen y del Espíritu Santo”. Y semejantes a éstas se hallan numerosas expresiones y explicaciones en los escritos de los Padres que confirman la fe primitiva en la pureza total y plena de María. Dice San Efrén a Jesucristo y con él toda la Tradición; “Tú y tu Madre sois los únicos que en todo aspecto sois perfectamente hermosos pues en Ti Señor no hay mancilla, ni mancha en tu Madre”.

Los Padres griegos fueron especificando este dogma antes que en Occidente. Ya en el siglo V en Oriente se formula esta doctrina con claridad extraordinaria. Anfiloquio de Sida –que estuvo presente en el Concilio de Éfeso- dice: “Dios creó a la Virgen sin mancha y sin pecado”. Y escribe el adalid de Éfeso, San Cirilo de Alejandría: “¿Quién oyó jamás decir que un arquitecto, después de haberse construido una casa, la ha dejado ocupar y poseer primeramente por su enemigo?”

Así, a lo largo de los siglos se transmite con total claridad, confianza y seguridad, el dogma de la Inmaculada Concepción. En el segundo período encontramos el dogma de la Inmaculada en la liturgia. Es importante destacar la trascendencia de esto porque la liturgia es el culto oficial de la Iglesia. La Iglesia ora en su liturgia conforme a la única y verdadera fe. De allí el dicho secular: “LEX ORANDI, LEX CREDENDI”, la ley de la oración es la ley de lo que se cree (es decir, de la fe).

La fiesta de la Concepción de María, se remonta al siglo V en Oriente. En el siglo VI ya estaba en el Misal de San Isidoro de Sevilla. Sabemos que fue introducida en Nápoles y Sicilia en el siglo IX, extendiéndose luego por Irlanda, Islas Británicas y Normandía y de una forma mucho mayor en el siglo XI. En sus comienzos la fiesta también se llamó de la Maternidad de Santa Ana. Si pensamos que la Iglesia sólo rinde culto a los Santos, vemos que en la celebración ya se profesaba la Concepción Inmaculada de María.

Por otra parte la fiesta fue celebrada por muchas iglesias separadas por siglos de la Iglesia Romana, instituida seguramente antes de esa separación; no parece probable que hayan tomado una fiesta de la Iglesia de la cual se separaron. Un tercer período se extiende entre los siglos XII y XVIII. Es el período de las controversias. La celebración se extendía pero no se aclaraba suficientemente su doctrina. María es la Toda Santa, como la llaman los griegos: La Panaghía. María es la Toda Santa, la siempre Santa, la perfectamente Santa. La santidad perfecta de María es también una verdad revelada, o como dijeron muchos teólogos, “un dogma tácitamente proclamado”.

La definición del dogma de la Inmaculada Concepción se refiere en modo directo únicamente al primer instante de la existencia de María, a partir del cual fue “preservada inmune de toda mancha de culpa original”. El Magisterio pontificio quiso definir así sólo la verdad que había sido objeto de controversias a lo largo de siglos: la preservación del pecado original, sin preocuparse de definir la santidad permanente de la Virgen Madre del Señor.

Las palabras solemnísimas de la Bula Ineffabilis Deus habían resonado en el cielo y en la tierra:

“Después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia nuestras privadas oraciones y las súplicas de la Iglesia, para que se designase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorado el auxilio de toda la corte celestial e invocado con gemidos el Espíritu Paráclito, e inspirándonoslo El mismo: Para honor de la Santa e indivisa Trinidad, para gloria y ornamento de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra propia:

Declaramos, afirmamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María, en el primer instante de su Concepción, por gracia y privilegio singular de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original, ha sido revelada por Dios y, por tanto, debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles. Por lo cual si algunos –lo que Dios no permita- presumieren sentir en su corazón de modo distinto a como por Nos ha sido definido, sepan y tengan por cierto que están condenados por su propio juicio, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia.”

La bula fue traducida en 400 idiomas y dialectos. Al final de su lectura el Papa Pío IX agradece a Dios con gozosa humildad:

“Nuestra boca está llena de gozo, y nuestra lengua de júbilo y damos humildísimas gracias a Nuestro Señor Jesucristo, y siempre se las daremos, por habernos concedido el singular beneficio de ofrecer este honor, esta gloria y esta alabanza a Su Santísima Madre”.

ANDRÉS EL APÓSTOL

Nació en Betsaida, población de Galilea situada a orillas del lago de Genezaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano Simón Pedro. La Sagrada Escritura no especifica si era mayor o menor que éste. La familia tenía una casa en Cafarnaún y en ella se alojaba Jesús cuando predicaba en esa ciudad. Cuando San Juan Bautista empezó a predicar la penitencia, Andrés se hizo discípulo suyo. Precisamente estaba con su maestro, cuando Juan Bautista, después de haber bautizado a Jesús, le vio pasar y exclamó: "¡He ahí al cordero de Dios!"

Andrés recibió luz del cielo para comprender esas palabras misteriosas. Inmediatamente, él y otro discípulo del Bautista siguieron a Jesús, el cual los percibió con los ojos del Espíritu antes de verlos con los del cuerpo. Volviéndose, pues, hacia ellos, les dijo: "¿Qué buscáis?" Ellos respondieron que querían saber dónde vivía y Jesús les pidió que le acompañasen a su morada.

Andrés y sus compañeros pasaron con Jesús las dos horas que quedaban del día. Andrés comprendió claramente que Jesús era el Mesías y, desde aquel instante, resolvió seguirle. Así pues, fue el primer discípulo de Jesús. Por ello los griegos le llaman "Proclete" (el primer llamado). Andrés llevó más tarde a su hermano a conocer a Jesús, quien le tomó al punto por discípulo, le dio el nombre de Pedro. Desde entonces, Andrés y Pedro fueron discípulos de Jesús. Al principio no le seguían constantemente, como habían de hacerlo más tarde, pero iban a escucharle siempre que podían y luego regresaban al lado de su familia a ocuparse de sus negocios. Cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Pedro y Andrés pescando en el lago y los llamó definitivamente al ministerio apostólico, anunciándoles que haría de ellos pescadores de hombres. Abandonaron inmediatamente sus redes para seguirle y ya no volvieron a separarse de EI.

AI año siguiente, nuestro Señor eligió a los doce Apóstoles; el nombre de Andrés figura entre los cuatro primeros en las listas del Evangelio. También se le menciona a propósito de la multiplicación de los panes (Juan, 6, 8-9) y de los gentiles que querían ver a Jesús (Juan, 12, 20-22) Aparte de unas cuantas palabras de Eusebio, quien dice que San Andrés predicó en Scitia, y de que ciertas "actas" apócrifas que llevan el nombre del apóstol fueron empleadas por los herejes, todo lo que sabemos sobre el santo procede de escritos apócrifos. Sin embargo, hay una curiosa mención de San Andrés en el documento conocido con el nombre de "Fragmento de Muratori", que data de principios del siglo III: "El cuarto Evangelio (fue escrito) por Juan, uno de los discípulos. Cuando los otros discípulos y obispos le urgieron (a que escribiese), les dijo: "Ayunad conmigo a partir de hoy durante tres días, y después hablaremos unos con otros sobre la revelación que hayamos tenido, ya sea en pro o en contra. Esa misma noche, fue revelado a Andrés, uno de los Apóstoles, que Juan debía escribir y que todos debían revisar lo que escribiese".

Teodoreto cuenta que Andrés estuvo en Grecia; San Gregorio Nazianceno especifica que estuvo en Epiro, y San Jerónimo añade que estuvo también en Acaya. San Filastrio dice que del Ponto pasó a Grecia, y que en su época (siglo IV) los habitantes de Sínope afirmaban que poseían un retrato auténtico del santo y que conservaban el ambón desde el cual había predicado en dicha ciudad. Aunque todos estos autores concuerdan en la afirmación de que San Andrés predicó en Grecia, la cosa no es absolutamente cierta. En la Edad Media era creencia general que San Andrés había estado en Bizancio, donde dejó como obispo a su discípulo Staquis (Rom. 14,9). El origen de esa tradición es un documento falso, en una época en que convenía a Constantinopla atribuirse un origen apostólico para no ser menos que Roma, Alejandría y Antioquía. (El primer obispo de Bizancio del que consta por la historia, fue San Metrófanes, en el siglo IV).

El género de muerte de San Andrés y el sitio en que murió son también inciertos. La "pasión" apócrifa dice que fue crucificado en Patras de Acaya. Como no fue clavado a la cruz, sino simplemente atado, pudo predicar al pueblo durante dos días antes de morir. Según parece, la tradición de que murió en una cruz en forma de "X" no circuló antes del siglo IV. En tiempos del emperador Constancio II (+361), las presuntas reliquias de San Andrés fueron trasladadas de Patras a la iglesia de los Apóstoles, en Constantinopla. Los cruzados tomaron Constantinopla en 1204, y, poco después las reliquias fueron robadas y trasladadas a la catedral de Amalfi, en Italia. Según una tradición que carece de valor, el santo fue a misionar basta Kiev. Nadie afirma que haya ido también a Escocia, y la leyenda que se conserva en el Breviario de Aberdeen y en los escritos de Juan de Fordun, no merece crédito alguno. Según dicha leyenda, un tal San Régulo, que era originario de Patras y se encargó de trasladar las reliquias del apóstol en el siglo IV, recibió en sueños aviso de un ángel de que debía trasportar una parte de las mismas al sitio que se le indicaría más tarde.

De acuerdo con las instrucciones, Régulo se dirigió hacia el noroeste, "hacia el extremo de la tierra"". El ángel le mandó detenerse donde se encuentra actualmente Saint Andrews, Régulo construyó ahí una Iglesia para las reliquias, fue elegido primer obispo del lugar y evangelizó al pueblo durante treinta años. Probablemente esta leyenda data del siglo VIII. El 9 de mayo se celebra en la diócesis de Saint Andrews la fiesta de la traslación de las reliquias. El nombre de San Andrés figura en el canon de la misa, junto con los de otros Apóstoles. También figura, con los nombres de la Virgen Santísima y de San Pedro y San Pablo, en la intercalación que sigue al Padrenuestro. Esta mención suele atribuirse a la devoción que el Papa San Gregorio Magno profesaba al santo, aunque tal vez data de fecha anterior.