martes, 19 de abril de 2016

REFUGIADOS: HABÍA TANTOS NIÑOS, TANTO DOLOR EN LESBOS, DIJO EL PAPA

A horas de regresar de su viaje a la isla griega de Lesbos, donde se hacinan miles de refugiados que huyen de la guerra en Oriente Medio, el Papa recordó emocionado su visita al campamento de Moria y en especial su encuentro con un viudo, que “lloraba tanto”, padre de dos hijos. “¡Vi tanto dolor!”, exclamó ante una multitud reunida en la plaza de de San Pedro, en su tradicional plegaria dominical. Al dirigirse a miles de fieles que lo aclamaban, Francisco explicó que, junto al patriarca de Constantinopla Bartolomé y el arzobispo ortodoxo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo, “visitamos uno de los campos de refugiados” el sábado, durante su visita a Lesbos. Entre estos migrantes, “había tantos niños: algunos de estos niños vieron morir a sus padres, a sus amigos, en el mar”. El Papa prosiguió: “Ví tanto dolor. Querría contarles un caso particular, el de un hombre joven, tenía menos de 40 años”.

“Lo conocí ayer (por el sábado), con sus dos hijos. Es musulmán y me explicó que estaba casado con una cristiana, que se querían y se respetaban mutuamente”. Pero, su mujer “fue degollada por los terroristas porque no quiso renunciar al Cristo y abandonar su fe”, continuó Francisco “¡Es una mártir!”, exclamó. “Y este hombre lloraba tanto...” El sábado en Lesbos, la puerta de entrada a Europa, el Papa hizo un llamamiento al mundo para que responda de forma “digna” al éxodo iniciado en 2015, recordando que “todos somos migrantes”. Al regresar de Lesbos, el Papa trajo en su avión –en un gesto sorpresivo que apareció como un reproche a la inacción de muchos gobiernos europeos– a doce refugiados sirios, a los que acogió en el Vaticano. “Francisco nos ha devuelto la vida”, es nuestro “salvador”, “estaremos a la altura de esta oportunidad”, agradecieron ayer los doce emigrantes al llegar a Roma. Las tres familias, musulmanas y en situación regular, pasaron su primera noche en Italia, hospedados por la Comunidad católica de San Egidio en el barrio romano del Trastévere.

En un gesto desafiante del pontífice hacia Europa, Francisco había reconocido ante la prensa que “es una gota en el mar, pero después de esta gota el mar no será más el mismo”. Francisco, nieto de emigrantes italianos, contó que la idea se la sugirió hace una semana un colaborador y que le dijo “enseguida que sí”. “Había también dos familias cristianas, pero los papeles no estaban listos (...) Para mí todos los refugiados son hijos de Dios”, insistió. Tras su llegada a Roma, los refugiados sirios agradecieron a Francisco “la suerte que (les) ha sido dada, con su gesto de esperanza que (los) ha conmovido”, según informó el diario La Stampa. Si al principio pensaban en ir hasta Alemania o el norte de Europa, ahora se sienten totalmente agradecidos con el pontífice argentino: “Somos los invitados del Papa. Vimos morir amigos y parientes bajo los escombros, huimos porque en Siria no teníamos ninguna esperanza”, explica Hasan, ingeniero originario de Damasco, acompañado por su mujer Nour y su hijo de dos años. “Esperamos que la opinión pública comprenda nuestras razones y que el gesto del Papa tendrá sus consecuencias en la política respecto a los refugiados”, declaró por su parte Nour al diario La Repubblica.

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