miércoles, 7 de septiembre de 2016

EL CASTIGO CORPORAL COMO DISCIPLINA DE LA IGLESIA

Desde el tiempo de los merovingios en adelante se fue haciendo más común y para el siglo XVII estaba reservado como castigo en casos de blasfemia, simonía, concubinato y otros delitos cometidos por el clero. Hay establecimientos correctivos de la Iglesia católica donde el castigo corporal ha continuado en la práctica contra clérigos infractores, confinados en los mismos hasta el día actual. La flagelación como castigo monástico por iniquidades de los monjes retrocede al primer período del monasticismo y la regla de Benito de Nursia hace extenso uso del castigo corporal.

Las congregaciones que tuvieron su origen en la orden benedictina, así como las otras órdenes monásticas, fraternidades femeninas y órdenes de caballeros fundadas en el siglo XII y posteriormente, adoptaron la flagelación; pero varias órdenes que surgieron después del concilio de Trento no incluyen este castigo en sus reglas. Para ciertos delitos de laicos (profanación del domingo, adivinación, etc.), la Iglesia desde el siglo sexto prescribió castigos corporales, siendo el azote en particular la amenaza contra tales faltas hasta el siglo XVIII. Posteriormente, la Inquisición aplicó la flagelación como uno de los castigos más ligeros en caso de retractación voluntaria de la herejía. En la disciplina penitencial, el castigo corporal y particularmente la flagelación comenzó a tener rápidamente una creciente importancia a comienzos del siglo X. El castigo corporal en este sentido se menciona primero en la colección de cánones de REGINO DE PRÜM (c. 960); aparece como sustituto para la penitencia pública y al principio fue siempre indudablemente ejecutado por alguna mano ajena, mayormente por el sacerdote. Los sermones del predicador de las cruzadas FULCO DE NEULLY intensificaron el celo ascético en París hacia el año 1195 en la gran multitud de penitentes que presentaba sus cuerpos al castigo de Fulco.

Los comienzos de la auto-flagelación ascética, o flagelación propiamente dicha, son todavía oscuros. Se supone que se originaron hacia el año 1.000 entre ciertos ermitaños italianos, cuyo efusivo fervor penitencial se convirtió en entusiasmo visionario y extático, comenzando un movimiento religioso que se difundió por toda Italia. El ermitaño MARINO, que vivió en una isla del Po, y su discípulo ROMUALDO († 1027) así como los discípulos posteriores en monte Sitrio, se castigaban mutuamente con cuerdas y látigos.
El movimiento de reforma monástica que surgió desde Cluny con su profundo sentido del pecado avivado por BERNARDO DE CLAIRVAUX y especialmente el entusiasmo ascético propagado entre el pueblo por las órdenes mendicantes y su predicación de la pasión de Cristo, rápidamente hizo de la flagelación un medio ampliamente extenso de penitencia y expiación. Muchas de las órdenes monásticas y fraternidades femeninas adoptaron la provisión de la flagelación en sus reglas. Sin duda, principalmente por la influencia de las dos grandes órdenes mendicantes, esta práctica ascética fue luego posteriormente popularizada entre los laicos. En la mayoría de las órdenes más estrictas (entre otras los trapenses, cartujos, sacerdotes del oratorio, padres de la doctrina cristiana, carmelitas descalzos, capuchinos, redentoristas y Hermanos de la Caridad), la flagelación ha continuado en la práctica hasta hoy. Es ejercitada en su mayor parte como un acto de devoción, usualmente una o varias veces a la semana, según un ritual prescrito detalladamente. La oposición a la práctica incitada por el reformador monástico JAN BUSCH es un incidente sin paralelo.

La gran peregrinación flagelante del año 1260 fue la primera de su clase. Un significativo preludio fue el poderoso movimiento religioso surgido en Italia en 1223 por la predicación del arrepentimiento y el perdón por varios monjes mendicantes, particularmente el dominico GIOVANNI DA VICENZA. Causas más profundas de ambos movimientos fueron la excitación religiosa y la disposición penitencial de la población a la fenomenal actividad de FRANCISCO DE ASÍS, así como la tensión extrema de sentimientos a causa de los apasionados conflictos entre el papado y el imperio y el desorden general y ruina inducido por la lucha de esas facciones. La situación, de nuevo, se agravó en 1259 por la aparición de una violenta epidemia y sobre todo por la expectativa propagada ampliamente por los seguidores de la enseñanza de JOAQUÍN DE FIORE, de que en el año 1260 ocurriría una revolución general de las cosas, especialmente una purificación y renovación de la Iglesia. La ocasión directa para las cruzadas de los flagelantes de ese año fue provista por la llegada del venerable ermitaño RANIERO FASANI, quien ya en 1258 se dice que había fundado la primera fraternidad flagelante en Perugia, proclamando que le había sido revelada una próxima visitación del juicio.

El gran movimiento flagelante de los años 1348-1349 está estrechamente relacionado con la aparición de la terrible plaga conocida como la PESTE NEGRA. Apareciendo en el este hacia 1347 la plaga había hallado entrada en Dalmacia, Italia superior y sur de Francia y desde esos tres centros se contagió por Europa central en 1348. Probablemente los intentos para conjurar el amenazador desastre mediante las procesiones de flagelantes se realizaron primero en Italia. Desde la Italia superior el movimiento tomó su curso, como precursor de la plaga, camino de Hungría hacia Alemania, luego Holanda, Bohemia, Polonia, Dinamarca e incluso Inglaterra y alcanzó su cima en el verano de 1349. La población ya estaba grandemente excitada por las expectativas apocalípticas, siendo la peste contemplada como el signo premonitorio de la gran revolución de todas las cosas.

La flagelación parecía la preparación adecuada para la llegada del Reino de Dios. Una carta apócrifa de Cristo, originada en fecha anterior, y pretendiendo haber caído a la tierra en Jerusalén, en la que había amenazas de juicios espantosos llamando a los hombres al arrepentimiento, se leyó en todas partes por los flagelantes errantes, pareciendo ser uno de los medios más efectivos en sus manos para extender su doctrina de la penitencia por la flagelación. En más de un caso los flagelantes tomaron una posición hostil contra el clero. También fueron activos en las persecuciones de los judíos en 1348-49, aunque en verdad ya estaban incitadas antes de la aparición de los flagelantes. Probablemente también fue un factor contribuyente, una anticipación apocalíptica de una convulsión social general.

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