martes, 13 de septiembre de 2016

EL CASTIGO CORPORAL COMO DISCIPLINA DE LA IGLESIA-SEGUNDA PARTE

Igual que en 1260 los flagelantes en 1348-49 se unieron en fraternidades que usualmente comprometían a sus miembros a una época penitencial de 33 días y medio. En tales tiempos vagaban lejos de sus casas en grandes procesiones. La admisión a la fraternidad tenía que ir precedida por un acto de confesión general, reconciliación con los enemigos y promesa formal de obediencia incondicional al superior de la fraternidad. Toda relación, incluso toda conversación, con mujeres estaba prohibida en la mayoría de las fraternidades. Los flagelantes generalmente vestían atuendos blancos, o mantos y gorros marcados con cruces rojas, de ahí que fueran conocidos comúnmente en Alemania como "HERMANOS DE LA CRUZ". El auto-castigo era realizado dos veces al día, preferiblemente en plazas públicas, entre la entonación de himnos y según un ceremonial descrito detalladamente.

En muchas ciudades durante varias semanas y casi diariamente aparecían nuevas compañías de peregrinos de varios cientos de personas. Al final surgieron procesiones de flagelantes de mujeres y niños. Para la Iglesia, cuya influencia sobre las multitudes estaba completamente paralizada por el movimiento flagelante, oponerse al movimiento con las armas más afiladas se convirtió en un simple acto de auto-defensa. El 20 de octubre de 1349 el papa CLEMENTE VI emitió una bula condenando a los flagelantes y su causa en los más severos términos y exigiendo su supresión; el auto-castigo sería tolerado sólo dentro de los límites de la regulación eclesiástica. El fermento popular amainó tan súbitamente como había surgido. Hacia mediados de esa década la flagelación en Alemania casi había desaparecido y si permaneció siendo practicada fue en la esfera privada por los sectarios proscritos.

En 1399 apareció un nuevo movimiento de flagelación de amplia extensión en los países romances con el surgimiento de los denominados "BLANCOS"; desde Provenza el movimiento se esparció por Francia, España e Italia. El impulso en este caso vino por revelaciones ficticias de juicios divinos futuros y el supuesto mandato de la Virgen María. El movimiento se vio fortalecido por la llegada del conocido dominico español y popular predicador VICENTE FERRER, quien profetizó el fin inmediato de todas las cosas. Multitudes innumerables de flagelantes le siguieron por Francia, España e Italia entre los años 1400 y 1417. Esas cruzadas de flagelantes provocaron en el concilio de Constanza no poca ansiedad. JEAN GERSON, en 1417, presentó al concilio un memorial en el que se pronunció decididamente no sólo contra las procesiones de flagelantes, sino también contra el auto-castigo del laicado en general.

El procedimiento de la Iglesia contra las fraternidades flagelantes alemanas en el período tras 1349 tuvo su igual en el hecho de que de esas asociaciones surgió una secta flagelante herética, cuyo combate ocupó a la Iglesia hasta finales de la Edad Media. Esta secta poseyó una fuerte organización en Turingia hacia 1360 por el apocalíptico KONRAD SCHMID. Él calculó la fecha del juicio final para el año 1369 y sus numerosos seguidores se prepararon para el suceso mediante la flagelación penitencial. Es probable que Schmid y sus seguidores estuvieran también fuertemente influenciados por las doctrinas de los valdenses, que estaban ampliamente diseminados en Turingia.

Los flagelantes de Turingia supuestamente habrían rechazado todos los sacramentos y el sistema ceremonial y jerárquico eclesiástico; había que levantar en su lugar un reinado milenial, a cuyo gobierno SCHMID se creía llamado. En 1369 muchos flagelantes, entre ellos él mismo, fueron quemados. Pero sus seguidores desde entonces le identificaron con ENOC y ELÍAS y esperaron que ejecutara el juicio final en lugar de Cristo. Desde finales del siglo XIV la Iglesia católica repetidamente combatió con severidad sanguinaria a los flagelantes turingios, aunque ellos furtivamente se mantuvieron hasta finales del siglo XV.

Desde el siglo XVI en adelante la Compañía de Jesús promovió, con apasionado celo, la difusión del auto-castigo. En estrecho contacto con los jesuitas estaban también las fraternidades penitenciales y flagelantes francesas del siglo XVI, que tuvieron mucha influencia en la vida política de Francia bajo el rey ENRIQUE III (1574-89). También en Alemania, debido principalmente a la influencia de los jesuitas y capuchinos, el auto-castigo de laicos se difundió ampliamente en el siglo XVI. El erudito alemán más notable de los jesuitas, JACOB GRETSCHER, compiló (1606-13) una historia y vindicación completa del auto-castigo, con la idea de promover su difusión tanto como fuera posible. Gracias de nuevo a la propaganda jesuita, la flagelación obtuvo brillantes triunfos, tras el siglo XVI, en partes más allá de Europa, especialmente en la India, Persia, Japón, Filipinas y particularmente en las provincias americanas de España.

De hecho, incluso hasta el día presente, la flagelación ha sido tenazmente practicada en Sudamérica, México y en el sudoeste de los Estados Unidos; las fraternidades (hermanos penitentes) de Nuevo México y Colorado llegaron a contar entre sus miembros a miles y llevaron su fanatismo hasta el punto de crucificar a sus miembros, por lo que LEÓN XIII se sintió obligado a oponerse a sus procesiones. En Sudamérica la flagelación de laicos todavía se practica en muchos lugares como práctica costumbrista regular en iglesias específicas y según formas rituales.

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