martes, 11 de octubre de 2016

YOM KIPUR EN LA BIBLIA

En la Biblia se conoce como el “Día de Expiación”. Es la culminación del período de arrepentimiento que da inicio en el mes 6 (Elul).

(Levítico 23, 27-28,31-32) A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. Ningún trabajo haréis en este día, porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová...Estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.

Esta es una de las fiestas más solemnes del calendario hebreo. Es un día dedicado al ayuno y a la oración.

(Números 29-7) En el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis.

(Levítico 16, 29-31) Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo.

¿Qué significa “hacer expiación”?
La Expiación tiene dos perspectivas. Aunque parezcan opuestas, ambas aplican:

1.- Una es pagar la pena impuesta por un delito cometido.
2.- Otra es borrar la culpa por medio de algún sacrificio.

Cuando uno comete una falta, debe pagar la pena. La única forma de no hacerlo es pagar una compensación o esperar que alguien más lo pague por uno. El principio de expiación también aplica en un sentido espiritual: Todos hemos pecado, y debemos dar cuentas a Dios. La pena del pecado es la muerte, por lo tanto, eso es lo que todos merecemos. Pero no quiere que muramos. Por eso nos presentó otra opción: que otra persona pagara por nuestra pena. Esto fue lo que hizo Jesús, cuyo sacrificio en la cruz cubre nuestra deuda. El expió por nuestros pecados.

¿Quiénes son beneficiarios de la expiación realizada por Jesús?
En teoría, todos. Entonces, ¿por qué no todos son salvos? Porque para recibir ese beneficio, se requiere algo de nosotros: arrepentimiento. Jesús ya pagó el precio de nuestra condena. Todo lo que debemos hacer es aceptarla. Debemos reconocer nuestro pecado, pedir perdón, y aceptar la expiación que Jesús hizo por nosotros.

(Juan 3, 16-18)  Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgarlo, sino para que el mundo sea salvo por El. El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Todas las fiestas tienen un “cumplimiento mesiánico”, es decir, un día en la historia en que se cumplen en la persona de Jesús el Mesías (heb. Yeshua HaMashiaj). El Día de Expiación se cumplirá en el “Día del Señor”. Es el día en que el Señor vendrá por segunda vez a la Tierra. Ya no vendrá como un bebé, ni como el Cordero de Dios, tal como se presentó en Su Primera Venida. En esa ocasión se presentará como el León de Judá, y vendrá como Juez a pedir cuentas a toda la humanidad, y como el Rey a gobernar sobre todas las naciones—por mil años en esta Tierra, y para siempre en los cielos nuevos y la Tierra nueva (Apoc. 21).

El Día de Expiación el Señor vendrá a juzgar a las naciones. Quienes se hayan arrepentido, serán perdonados. Quienes no lo hayan hecho, tendrán que dar cuentas de sus acciones. Será el día más glorioso para algunos, pero será el día más terrible para otros.

(Malaquías 4, 1-2) Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. Más a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

El único día en que el Sumo Sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo era en este día: el Día de Expiación (Lev. 16-2; Heb. 9, 6-7). Pero antes, él debía lavar todo su cuerpo, no las manos y los pies como se requería en otras ocasiones. Debía estar absolutamente limpio para poder hacer expiación en nombre de todo el pueblo. Este era el único día en que el sumo sacerdote podía ir más allá del velo del Templo. Se presentaba con la sangre de un macho cabrío como ofrenda de perdón de pecados. Allí, en el Lugar Santísimo, rociaba la sangre sobre el propiciatorio. Mientras tanto, la nación esperaba afuera ansiosamente, ya que el destino de ella dependía de que Dios aceptara el sacrificio ofrecido. En ese momento, el sumo sacerdote se encontraba “cara a cara” con Dios, pues Su Presencia se manifestaba sobre el propiciatorio del Arca del Pacto, que estaba en el Lugar Santísimo.

La Fiesta de Trompetas (heb. Yom Terua, también conocido como Rosh HaShana) es el día en que se tocan las trompetas (o Shofar). Sin embargo, también en el Día de Expiación se toca la trompeta una vez. Esta es la que se conoce como la “Gran Trompeta”

Hay varias referencias bíblicas de esta trompeta:

Esta trompeta marca el inicio de la recolección de los esparcidos.
(Isaías 27-13) Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén.

(Mateo 24-31) Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

El Año de Jubileo da inicio en el Día de Expiación, y se anuncia con el sonido del shofar. En ese año se perdonan todas las deudas, y los esclavos son puestos en libertad.

(Levítico 25, 9-10) Entonces tocarás fuertemente el cuerno de carnero el décimo día del séptimo mes; en el día de la expiación tocaras el cuerno por toda la tierra. Así consagras el quincuagésimo año y proclamaras libertad en la tierra para todos sus habitantes. Será de jubileo para ustedes, y cada uno de ustedes volverá a su posesión, y cada uno de ustedes volverá a su familia.

La última ceremonia del día de Yom Kipur se conoce en hebreo como Neilá, en la cual se cierran las puertas de la sinagoga. Este cierre de puertas representa que la última oportunidad de arrepentirse ya pasó. En el cumplimiento mesiánico, cuando venga el Día del Señor, esa ceremonia no será un ensayo, sino el evento real. Cuando llegue el Día, ya será demasiado tarde para arrepentirse.

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