martes, 15 de noviembre de 2016

MARÍA-BISTRICA

Pocos países católicos poseen una historia de luchas y fidelidad a la Iglesia, como Croacia. Situada en el este de Europa, veía como los pueblos vecinos a ella apostataban y se apartaban de la fe. El pueblo croata, sin embargo permaneció fiel. Los serbios, sus más cercanos vecinos, adhirieron en primer lugar al cisma de los griegos. Ese cisma devoró a varias naciones, pero al llegar a Croacia se estancó. Luego fue la herejía de los BOGOMILOS en el siglo XIII que contaminó diversas regiones de Europa oriental, pero que en la frontera croata fue detenida. Surgió después un peligro mucho mayor, el ISLAMISMO DE LOS TURCOS, que llegaron con una fuerza avasalladora, ante el cual los pueblos vecino de Croacia se rindieron. Los croatas, muy inferiores en número, sin embargo superiores en cuanto a su fe, decidieron resistir. Apelaron a María, pidieron su auxilio maternal y... resistieron contra toda esperanza por mucho tiempo. Su territorio era invadido, pero después los invasores eran expulsados. Tal resistencia evitó que los turcos entrasen en Italia, Austria y Alemania. Croacia fue un dique que defendió toda Europa. Por eso el Papa León X le concedió en el siglo XVI el título de “ANTEMURALE CHRISTIANITATIS”, o sea, BALUARTE DE LA CRISTIANDAD.

No culminaron ahí los inestimables servicios que los católicos croatas prestaron a la Iglesia y a la Civilización Cristiana. En el siglo XX los croatas supieron permanecer fieles a su fe, cuando el comunismo subyugó toda Europa Oriental, sufriendo varios croatas el martirio o terribles persecuciones, como el heroico CARDENAL STEPINAC. Y en la reciente guerra que estalló en el territorio de la ex Yugoslavia, los croatas demostraron una vez más sus cualidades guerreras en la defensa de sus santuarios, varios de ellos ferozmente bombardeados por las fuerzas del régimen comunista de Belgrado. Fue en el medio de uno de esos combates en defensa de la fe que comenzó la historia del Santuario considerado hoy un símbolo de la nación croata. Cuando en 1545 los musulmanes se aproximaron a una capilla en la colina del vino, el pueblo de la región se refugió en la cercana ciudad de BYSTRICA, llevando consigo una pequeña imagen que representa a Nuestra Señora vestida como dama noble de la región, con el Niño Jesús en brazos. El párroco de la ciudad, temiendo la invasión de los turcos, tomó la imagen y la escondió en un agujero efectuado en el muro de la iglesia.

Los turcos dominaron la ciudad, el párroco huyó y murió sin haber revelado a nadie donde había escondido la imagen. La lucha continuó algunos años, y los católicos reconquistaron la ciudad. En 1588, el nuevo párroco de la iglesia se sorprendió al ver que una luz salía de adentro del muro. Con ayuda de los parroquianos, el sacerdote perforó la pared encontrando la imagen de Nuestra Señora. La noticia del milagroso hecho se difundió rápidamente por la región, comenzando las peregrinaciones hacia BYSTRICA. Pero, en el correr de aquellas incesantes guerras, los musulmanes invadieron una vez más la ciudad. Nuevamente, en 1640 el párroco escondió la imagen atrás de la pared del altar mayor de la iglesia. La devoción a la imagen disminuyó en medio de la confusión de la guerra. Años después ya nadie se recordaba más a la Virgen. Esta vez, la victoria de los turcos parecía que se llevaba a cabo. En 1683, ellos ya estaban a las puertas de Viena. Todo indicaba que el BALUARTE DE LA CRISTIANDAD sería destruido. Sin embargo, los turcos fueron aplastados en Viena por las tropas del Rey de Polonia JAN SOBIESKI; los turcos se retiraron y Croacia se mantuvo firme como frontera entre los católicos y los infieles.

En un domingo de septiembre, luego del sermón del párroco, los católicos presentes en la Misa subían hasta el púlpito de la iglesia para rezar a fin de obtener ciertas gracias. Entre esas personas, apareció una señora vestida de azul, teniendo en sus manos una vela. Ella pidió: “Rezad con todo el pueblo para que yo pueda volver a ver”. El pedido no dejaba de ser extraño, una vez que dicha señora había subido y bajado del púlpito sin ayuda. Luego de la Misa, el párroco fue a visitar a otro sacerdote, y se encontró a mitad de camino con la señora que había hecho tal pedido. Deseó preguntar el motivo, pero la señora desapareció repentinamente. El párroco concluyó que se trataba de la Virgen Santísima. Solicitó ayuda al obispo el cual recordaba que, cuando era niño, peregrinó descalzo hasta la imagen milagrosa de BYSTRICA. El párroco no tenía idea que imagen podía ser esa, pero, estimulado por el Prelado, y luego de minuciosa búsqueda, acabó por derrumbar la pared del altar mayor, descubriendo así la imagen, que de esta manera volvió a ver a su pueblo. La historia de esa imagen constituye un símbolo para los croatas devotos en nuestros días. María puede estar escondida de nuestra visión, debido a las persecuciones. ¡Pero si confiamos y resistimos, Ella misma operará los prodigios necesarios para reaparecer a nuestros ojos! Y si por cualquier razón cometemos la desgracia de olvidarnos de Ella, María jamás se olvidará de nosotros, y deseará vernos nuevamente.

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