miércoles, 28 de diciembre de 2016

JANO EL DIOS DE LOS INICIOS

La bella Creusa, hija de Erecteo, rey de Atenas, tuvo un hijo con Apolo, Jano, que creció en Delfos, alejado de su madre. Pero he aquí que Creusa se casó con Xifeo, mortal que sufría por no poder tener hijos de ella. Desesperado fue ante el oráculo, el cual le encomendó secuestrar al primer niño que se cruzara con él al día posterior. Y he aquí que al primero que encontró fue precisamente a Jano, hijo oculto de Creusa. Cuando el dios Saturno fue destronado y expulsado por su hijo Júpiter de su lugar en el mundo de los dioses, se refugió en el reino de Jano y, en agradecimiento, dotó a éste del poder de ver el futuro y el pasado al mismo tiempo y poder así tomar decisiones sabias y justas y lo convirtió en un dios.

Para el historiador griego Plutarco, sin embargo, la explicación a estas dos caras, se encuentra en que, gracias a la intervención de Saturno, el reinado de Jano pasó de ser caótico a convertirse en civilización. Para Ovidio, por su parte, el motivo se encuentra en su capacidad para abrir o cerrar todo lo que se halla sobre la Tierra con su simple voluntad y para controlar tanto el cielo como el mar, además del giro del planeta sobre sí mismo. Además, habla de que este dios mira simultáneamente a oriente y a occidente, consiguiendo así equilibrar el cosmos. Otras de las facultades atribuidas a Jano es la de que miraba al solsticio de verano por un lado (entre el 20 y el 22 de junio) que simbolizaba la puerta de entrada para aquellas almas que iban a llegar a la Tierra gracias a los nacimientos, y al solsticio de invierno por otro (21 de diciembre) que es por donde las almas abandonaban los cuerpos físicos que habían encarnado para dirigirse a otras dimensiones.

Jano prestó además su nombre para denominar el primer mes del año, (Ianuarius en latín y January en inglés) y era venerado en Roma, donde una estatua que lo representaba, situada justo en el centro del templo, miraba hacia las dos puertas, una se encontraba en el oriente y otra en el occidente del edificio. Era el dios que tenía el poder sobre todos los inicios. Pero "empezar" puede tener también el sentido de "nacer", pasar de un estado a otro, de una forma de vida a otra, bien sea en el tiempo, bien sea en el espacio o como dimensión de la conciencia. Era el dios de los cambios y las transiciones. En Roma, Jano se encontraba en el "umbral", tanto del tiempo como del espacio, y por ello es el protector sagrado de las puertas. A él se dirigían las exhortaciones para entrar y para salir, y también a él las que se usaban cuando se debía abrir o cerrar las puertas de un templo.

Jano era el primer dios invocado en todas las oraciones, tanto en las ceremonias del culto privado como en el ruego del general romano que pide la victoria para sus armas. Siempre aparece representado con dos cabezas que miran en dirección opuesta, porque todo pasaje presupone dos lugares, momentos o estados de conciencia: aquel que se abandona y aquel en el cual se penetra. Su doble cara está también relacionada con los solsticios, que son las "puertas del año", el cierre de un ciclo y el comienzo de otro nuevo. Su fiesta se celebraba en las cercanías del solsticio de invierno, lo que remarca su carácter de dios de los comienzos, ya que es el primer día del sol nuevo y el último del viejo. Jano llevaba en la mano derecha una llave, que abre todas las puertas y descorre todos los cerrojos, permitiendo penetrar en nuevos caminos. En la mano izquierda porta un báculo, símbolo de su dominio, el poder que ostenta por ser dios de los inicios y, por tanto, el gobierno sobre las cosas subordinadas al tiempo.

A Jano se le honraba a comienzos de enero; sus fiestas y ceremonias permitían a los hombres comprender e identificarse mejor con los ciclos, leyes y misterios de la naturaleza. Cada celebración señalaba un hito importante en la conexión del hombre con el orden universal. En su fiesta nadie permanecía ocioso, puesto que lo que se hiciera en ese momento iba a marcar el carácter del resto del año, así que todos se entregaban a su oficio con la mejor actitud. Y esto es lo que, en fondo, hacemos a la media noche del 31 de diciembre, despidiendo con gratitud y con un brindis al año que termina y al mismo tiempo recibiendo con esperanza y entusiasmo el año que viene. La Iglesia Católica remplazo la festividad “pagana” a Jano, el 1 de enero, y en su lugar, se celebra la Solemnidad de María Madre de Dios.

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