miércoles, 4 de enero de 2017

LOS MAGOS ¿SIGUIERON LA ESTRELLA?

No es un cuento de Navidad, sino una profunda experiencia. Ciertamente, ante el relato de los magos (Mt 2,2-11) surgen diversos interrogantes: ¿es pura leyenda?, ¿es sólo un símbolo, según el cual Jesús sería la estrella de Jacob?, ¿estamos ante un signo, es decir, ante algo que realmente aconteció y que resulta significativo? Del fenómeno de la estrella se dan diversas interpretaciones: un cometa, una nueva estrella, un astro milagroso, una conjunción triple. Por diversos motivos, esta última merece especial atención. El astrónomo J. Kepler hizo esta hipótesis en 1606: una conjunción triple, que se repitió tres veces, extraordinariamente rara, de los planetas Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. En el año 7 a.C. ocurrió el mismo fenómeno y fue particularmente luminoso. La conjunción apareció el 12 de abril y se repitió tres veces, con puntos de culminación el 29 de mayo, el 3 de octubre y el 4 de diciembre.

El fenómeno pudo coincidir con las principales fiestas judías, las tres fiestas de peregrinación a Jerusalén (pascua y Pentecostés en abril y mayo, fiesta de las tiendas en septiembre-octubre): “Tres veces al año, todos los varones se presentarán delante del Señor, tu Dios, en el lugar elegido por él: en la fiesta de los Ázimos, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de las Chozas. Nadie se presentará delante del Señor con las manos vacías. Cada uno dará lo que pueda, conforme a la bendición que el Señor, tu Dios, te haya otorgado”. (Dt 16,16-17). En los Hechos de los Apóstoles (2,1-11) nos encontramos con una fiesta de peregrinación, la de pentecostés (siete semanas). El viaje podía durar mes y medio en aquella época, siguiendo las rutas comerciales, la del Eúfrates o la del desierto.

Es de suponer que los magos (sabios, astrónomos) fueran, como el profeta Daniel (Dn 4,6), judíos de la diáspora, no gentiles. Sólo unos creyentes judíos podrían percibir la señal que les ponía camino de Jerusalén. Para los demás no dejaba de ser un fenómeno más. Los magos percibieron en su trabajo una señal, una señal dada en lo alto del cielo: Los cielos cantan la gloria de Dios (Sal 19,2). Una tablilla en caracteres cuneiformes, que fue dada a conocer en el año 1925 y que se encuentra en el museo estatal de Berlín, revela que la conjunción fue observada en la escuela de astronomía de Sippar, antigua ciudad de Babilonia. En tiempo de Jesús había en Mesopotamia una importante colonia judía.

Los magos llegan preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle. La actitud de adoración, que con razón puede considerarse aquí prematura, sólo se entiende después, a la luz de la Pascua. En los magos sería, más bien, un gesto de reconocimiento y de respeto, como dice Isaías 60,1-6: “¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora. Mira a tú alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti. Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las alabanzas del Señor”.

La pregunta de los magos sobresaltó a Herodes, el rey extranjero (y usurpador) puesto por los romanos. Ciertamente, ese nacimiento no había sido en su casa, sino en otra parte. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Mesías. Ellos le dijeron: En Belén de Judá, porque así está escrito por medio del profeta Miqueas 5,1: “Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial”. Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: “Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. "En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel".

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje”. (Mt 2,4-8) Los magos van de señal en señal y preguntando. Acogen las señales y, también, la información que, por diversos caminos, les llega. Eso sí, con discernimiento. Van camino a Belén y aparece de nuevo la señal: Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría (Mt 2,10). Como Belén está al sur de Jerusalén (8 km), la nueva conjunción se encuentra delante y encima de ellos. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego los cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, volvieron a su país por otro camino (2,11-12).

A finales del siglo I, el historiador judío Josefo habla de un movimiento mesiánico muy vivo el año 6 a.C., indicando que Herodes castigaba con medidas drásticas a todos aquellos que expresaban su esperanza en la liberación del pueblo judío de la dominación romana. Habla también del rumor popular de que Dios había decidido acabar con el dominio de Herodes, pues una señal divina había anunciado la venida de un caudillo nacional judío. El escritor pagano Macrobio, hacia el 400 d.C., recoge una alusión de Augusto a su contemporáneo Herodes, que había ordenado matar a todos los niños de dos años para abajo. El sabio judío Maimónides escribió hacia el año 1170 d.C. que los judíos tenían el convencimiento de que el Mesías surgiría cuando se produjera una conjunción de los planetas Saturno y Júpiter en el signo de Piscis. Simeón, jefe del gran levantamiento judío contra la dominación romana en los años 132-135 de nuestra era, fue llamado bar kochba (hijo de la estrella), en referencia al pasaje: Avanza la estrella de Jacob, como se relata en Números 24,17: “Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca: una estrella se alza desde Jacob, un cetro surge de Israel: golpea las sienes de Moab y el cráneo de todos los hijos de Set”.

Lucas relata el mismo acontecimiento de otro modo. No habla de magos: la palabra tenía (y tiene) connotaciones negativas. Habla de ángeles, mensajeros de Dios, y de pastores, que en la comarca vigilaban y guardaban por la noche su rebaño, así lo relata Lucas 2,8-14: “En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!”

Podemos citar algunos ejemplos:

-Salmo 19-2,7
“El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos; un día transmite al otro este mensaje y las noches se van dando la noticia. Sin hablar, sin pronunciar palabras, sin que se escuche su voz, resuena su eco por toda la tierra y su lenguaje, hasta los confines del mundo. Allí puso una carpa para el sol, y este, igual que un esposo que sale de su alcoba, se alegra como un atleta al recorrer su camino. El sale de un extremo del cielo, su órbita llega hasta el otro extremo, y no hay nada que escape a su calor”

-Carta a los Hebreos 2-5,6
“¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy? ¿Y de qué ángel dijo: Yo seré un padre para él y él será para mí un hijo? Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice: Que todos los ángeles de Dios lo adoren”. Los ejércitos celestiales son - según los antiguos - las estrellas, ordenadas en gran número en el cielo y trazando sus órbitas, pero también los ángeles que las mueven. Los pastores dieron a conocer lo que les habían dicho de aquel niño (Lc 2,17). Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor. Movido por el Espíritu, Simeón fue al templo. Aunque el misterio de Jesús le desbordara, tuvo conciencia de estar delante del Mesías (2,29-32). Sus padres estaban admirados de lo que se decía de él (2,33; ver 2,19). El salmo 110,3 adquiere un significado especial: “Tú eres príncipe desde tu nacimiento, con esplendor de santidad; yo mismo te engendré como rocío, desde el seno de la aurora”.

Los escribas y los sumos sacerdotes escudriñaron la Biblia y encontraron no menos de cuatrocientos sesenta y seis profecías mesiánicas y más de quinientos cincuenta conclusiones sacadas de las Escrituras. Y hasta le indicaron a Herodes el lugar exacto donde podía encontrar al Salvador, al verdadero Rey de los judíos. Sin embargo, ninguno se puso en movimiento. Los Magos, en cambio, nos dejaron el ejemplo de quien está en actitud de búsqueda ante Dios.

En nuestra vida suelen suceder hechos cargados de sentido que reclaman nuestra atención. Ciertamente, si uno no se pone a investigar, a ver qué quiere decirnos Dios, vive más tranquilo, no se cuestiona, no se hace problemas. Pero no avanza, se mueve en un horizonte estrecho, mezquino, sin dimensiones, y se priva de lo que le ofrece su capacidad para progresar. Los Magos estaban a la espera. Aguardaban. Y cuando apareció algo en su cielo, comprendieron que era el signo. No dudaron. No se dejaron enredar con falsas hipótesis. Iniciaron una larga caminata por el deseo de cumplir la voluntad de Dios, y siguieron adelante pese a todos los sacrificios que tal decisión implicaba. En la vida hay que seguir una estrella. Un ideal. Un proyecto de vida. Un modelo de santidad. Esa es la estrella que brilla para nosotros en nuestro cielo azul. Y hay que seguirla a pesar de todos los sacrificios que impone.

Jesús nos espera al final…

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