miércoles, 29 de marzo de 2017

LA HISTORIA DEL ASNO QUE MONTO JESÚS

Aunque la mayoría de cristianos preferiría no preocuparse por algunos de los detalles más mínimos de la vida de Jesús que se registran en el Nuevo Testamento, cuando se nos reta a defender la inherencia del Libro que registra la historia hermosa de Jesús, hay momentos en que esos detalles requieren nuestra atención. Este es el caso con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén durante la última semana de Su vida. Los que llevan el nombre de Cristo disfrutan leyendo acerca de los gritos de la gente antigua, “¡Hosanna!”, y meditando en el hecho que Jesús fue a Jerusalén para dar salvación al mundo. Por otra parte, los escépticos leen este evento y gritan, “¡Contradicción!”. Supuestamente, Mateo entendió mal la profecía de Zacarías, y por ende contradijo lo que Marcos, Lucas y Juan escribieron concerniente a la entrada final de Jesús a Jerusalén, Mateo registró lo siguiente:

“Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: «El Señor los necesita y los va a devolver en seguida». Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: "Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga". Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron la asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: « ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mateo 21, 1-9).

Los escépticos señalan rápidamente que los otros escritores del evangelio mencionan solamente que los discípulos adquirieron “un asno” sobre el cual Jesús se sentó. Marcos registró que Jesús dijo a los discípulos que ellos encontrarían “Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo” (11-2). Los discípulos entonces “…fueron y encontraron un asno atado cerca de una puerta, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les preguntaron: « ¿Qué hacen? ¿Por qué desatan ese asno?». Ellos respondieron como Jesús les había dicho y nadie los molestó. Entonces le llevaron el asno, pusieron sus mantos sobre él y Jesús se montó” (Marcos 11-4,7). Notemos que Marcos, Lucas y Juan no dijeron que se consiguió solamente un asno para Jesús, o que solamente un asno viajó a Jerusalén con Jesús. Los escritores simplemente mencionan un asno. Ellos nunca niegan que otro asno (la madre del asno) estuviera presente. El hecho que Marcos, Lucas y Juan mencionaran un asno joven no significa que no hubiera dos. Si dos amigos suyos, José y Bernabé, vinieran a su casa el jueves en la noche, pero el próximo día usted mencionara a un amigo de trabajo que José estuvo en su casa el jueves en la noche (y excluyera a Bernabé de la conversación por alguna razón), ¿sería esa una mentira? Desde luego que no. Usted simplemente declaró el hecho que José estuvo en su casa. Similarmente, mientras que Marcos, Lucas y Juan declararon que un asno estaba presente, Mateo simplemente suplementó lo que los otros escritores registraron.

Aunque Mateo mencionó que Jesús y Sus discípulos fueron a Betfagé, Marcos y Lucas anotaron Betfagé y Betania. Marcos y Lucas indicaron que la cría de la asna que adquirieron para Jesús nunca había sido montado. Mateo omitió esta información. Mateo fue el único escritor del evangelio que incluyó la profecía de Zacarías. Marcos y Lucas incluyeron la pregunta que los dueños de la asna hicieron a los discípulos cuando fueron a conseguir el asno joven para Jesús. Mateo excluyó esta información en su relato. Como puede notar, en esta historia (y en el resto de los relatos del evangelio), los escritores suplementaron consistentemente los relatos de los demás. Este suplemento es evidencia de escritores diferentes—algunos de los cuales fueron testigos oculares. Es muy posible que Mateo fuera específico en su numeración de los asnos, debido a la probabilidad que él fuera uno de los testigos oculares de la entrada final de Jesús a Jerusalén. (Tenga en cuenta que Mateo fue uno de los doce apóstoles; Marcos y Lucas no lo fueron).

Segundo, en cuanto a la acusación que Mateo escribió dos asnos, en vez de uno porque supuestamente entendió mal la profecía de Zacarías, se debe notar primero que la profecía de Zacarías realmente menciona dos asnos (incluso cuando se declara que solamente uno transporta al Rey de Jerusalén). El profeta escribió: “¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna”. (Zacarías 9-9). En este versículo, Zacarías usó paralelismo poético hebreo (un balance de pensamiento entre dos partes consecutivas en la poesía). Los términos asna, e cría designan al mismo animal.

Zacarías mencionó que este asno era el hijo de una asna. Se puede suponer que el profeta estaba simplemente declarando algo obvio cuando mencionó la existencia de la madre, sin embargo, cuando se considera el evangelio de Mateo, aparece la asna que Zacarías 9-9 apenas menciona. La cría y la asna fueron traídas a Cristo en el Monte de los Olivos, y ambos hicieron el viaje a Jerusalén. Ya que el asno joven nunca había sido cabalgado, o ya que nadie se había sentado en él (como Marcos y Lucas declararon), se entiende la dependencia en su madre (como Mateo implica). El punto principal del problema que el escéptico propone en cuanto a la entrada de Jesús a Jerusalén es cómo pudiera haber cabalgado en los dos asnos al mismo tiempo. Ya que Mateo 21-7 declara, “…trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó”, algunos han concluido que Mateo quiso que sus lectores entendieran que Jesús cabalgó como alguna clase de acróbata—entrando a Jerusalén más como un payaso que como un rey. Este razonamiento es absurdo. Mateo pudo haber querido decir que Jesús cabalgó en el asno joven mientras que la asna, su madre, caminaba al lado. Otra solución posible para este “problema” es que Jesús sí cabalgó en ambos asnos, pero que lo hizo en tiempos diferentes. Aunque algunos piensen que esta solución no es probable, no hay nada en la profecía de Zacarías o los relatos del evangelio que la prohíba. Tal vez una respuesta probable a la pregunta, “¿Cómo pudo Jesús sentarse encima (de los asnos) durante su marcha a Jerusalén?”, es que esto no hace referencia a los asnos en absoluto sino a los mantos.

Cuando Mateo escribió que Jesús “se sentó encima”, él pudo haber querido que sus lectores simplemente entendieran que esto se refería a los mantos, y no a los asnos. Si se colocaron los mantos de los discípulos sobre ambos asnos (como Mateo indicó), y luego Jesús cabalgó en el asno más joven, se pudiera concluir lógicamente que Jesús se sentó en los mantos (que se colocaron sobre la cría de la asna). Finalmente, para no dejar ninguna acusación sin responder concerniente a los pasajes que se discuten en este artículo, se debe enfatizar un punto más. Aunque se ha acusado a Jesús y a sus discípulos de “haber robado a la asna y su joven cría” en el desfile a Jerusalén, el texto nunca indica algún hurto. Jesús pudo haber hecho un arreglo en cuanto al uso de los animales. Sin embargo, ya que los dueños de los asnos no conocían quiénes eran los discípulos, había la necesidad de decir a estos lo que Jesús les dijo. Después que los discípulos declararon, “El Señor lo necesita”, los dueños dejaron que se los llevaran (Lucas 19:32-35). Esto fue voluntario. Jesús realmente no apoyó el hurto en esta ocasión, o en ninguna otra (Mateo 19-18; 1 Pedro 2-22; cf. Éxodo 20-15;). La Biblia no tiene la obligación de presentar cada detalle de cada evento, como nos cuenta Juan 21-25: “…pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían”

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